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La ilusión tras la Gran Guerra
Traducción de
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Wilson dejó los detalles técnicos del armisticio en manos de los líderes militares aliados. El mariscal francés Ferdinand Foch, comandante en jefe de las tropas aliadas, expuso en París el 1 de noviembre de 1918 su idea del armisticio a los representantes gubernamentales del principal rival de Alemania en París. Según Foch, el armisticio tenía que ser equivalente a una capitulación. Esta era la única manera de ganar la guerra evitando la última y sangrienta batalla final que él llevaba mucho tiempo esperando en su fuero interno. Ante todo, era imprescindible que durante las negociaciones los aliados insistieran en ocupar la orilla derecha del Rin. De lo contrario, al amparo del río, los alemanes podrían utilizar el alto al fuego para reorganizar sus tropas y llevar a cabo un nuevo ataque, o al menos ejercer una considerable presión sobre las negociaciones planeadas. Los paisajes de la guerra también tenían un papel importante para Foch, aunque él no pensaba en bosques fantasmales como los que la guerra había dejado tras de sí, sino en el “paisaje ordenado” sobre el que escribe Kurt Lewin en 1918. Este psicólogo social berlinés teorizó en su obra que las estrategias de los conflictos militares imponían en la naturaleza fronteras y direcciones, zonas y corredores, un “delante” y un “detrás”. Esta era exactamente la idea de paisaje que tenía Ferdinand Foch. En su cuartel general, más parecido a la sede de una gran empresa o a la oficina de un ingeniero que al despacho de un militar, el mariscal de Francia administraba el territorio y asignaba recursos humanos y materiales a las diferentes áreas. Su mentalidad de logista militar instaba a Foch a cruzar el Rin con el ejército aliado. Para él era cuestión de números y probabilidad. ¿Sería posible poner fin a una guerra que había sido estratégica y táctica, una guerra moderna, con una paz logística y también moderna? Su respuesta: de no hacerlo, peligraría el futuro que esperaban forjar tras la esforzada victoria.
Las condiciones de los aliados, que se corresponden en gran medida con la idea de Foch, se acuerdan el 4 de noviembre. Se envían de inmediato a Washington. Ese mismo día llega la petición de la comisión alemana para el armisticio solicitando entablar negociaciones en París. Foch da instrucciones para recibir a los emisarios alemanes. Unos días después, durante la noche del 6 al 7 de noviembre, le llega un radiotelegrama en el que se especifican los nombres de los apoderados alemanes.
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