Moviendo los marcos del patriarcado

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Marilar Aleixandre. Moviendo los marcos del patriarcado
Отрывок из книги
Moviendo los marcos
del patriarcado
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Un movimiento relevante para tomar su destino en sus manos, construirse como intelectual y seguir su vocación de escritora, es la ruptura con los modelos anteriores de mujeres escritoras —y, como señala Isabel Burdiel, católicas— mediante su adscripción al naturalismo, erigiéndose en la voz pública de esta corriente, tanto en los ensayos recogidos en La cuestión palpitante (1882), como en las novelas Un viaje de novios, publicada en 1881, y La Tribuna en 1883. La primera fue calificada por el periódico republicano El Globo como «un grito de independencia» refiriéndose a lo personal e ideológico. Veintitrés años antes, en Lieders, uno de sus textos más explícitamente feministas, Rosalía de Castro afirmaba «Solo cantos de independencia y libertad han balbucido mis labios», expresión de la que María Xesús Lama17 tomó el título de su biografía.
Vinculada a su identificación como escritora, está la decisión de separarse de su marido José Quiroga y Pérez de Deza. El documento de separación fue firmado en 1884, pero el distanciamiento venía de algunos años antes, alrededor de 1881, cuando nace Carmen, su tercera hija. Tal vez el viaje a Francia de 1880, y las lecturas de novelistas franceses como Balzac y Zola influyeron decisivamente en su proyecto intelectual y de vida. Aunque tradicionalmente, a partir de la biografía de Carmen Bravo Villasante, se habían relacionado las desavenencias con la publicación de La cuestión palpitante y La Tribuna, hay otros elementos que, según el Grupo de Investigación La Tribuna,18 pudieron ser relevantes. Así el escaso interés de José Quiroga por la sociedad intelectual, o el comportamiento del padre de Quiroga, favoreciendo al primogénito en perjuicio de José, lo que repercutiría en la herencia que correspondía a los hijos. Es necesario reconocerle a Quiroga el mérito de aceptar una separación amistosa, pues de no ser así, con la legislación de la época, una mujer casada no podría disponer de sus bienes ni obtener el pasaporte para viajar sin la autorización del marido, conocida como «licencia marital».
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