La fidelidad en el tiempo
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Mercedes Navarro Puerto. La fidelidad en el tiempo
La fidelidad en el tiempo. Notas teológicas sobre el uso del concepto en la vida religiosa de las mujeres
1. Fidelidad en contexto
Mi punto de partida
Perseverancia y fidelidad
Fidelidad y cambio en la VR en la historia reciente
La fidelidad y sus acepciones
La fidelidad y sus tentaciones narcisistas
2. Fidelidad y miedo
El mimetismo defensivo
El mimetismo patriarcal
El mimetismo creativo
Fidelidad y confianza
3. Fidelidad y violencia
4. Fidelidad e institución
5. Fidelidad y temporalidad
La fidelidad y la infinitud
6. Fidelidad y proceso
Proceso o procedencia (origen)
Proceso o sucesión (destino)
Proceso o trayectoria (itinerario)
7. Fidelidad en las Escrituras
8. Fidelidad y verdad (claridad, opacidad)
9. Fidelidad y vida buena
Resistencia, fidelidad y solidez
La fidelidad como amenaza al patriarcado capitalista neoliberal
10. Fidelidad y vida religiosa profética
La fluidez de la solidez
El atractivo de la solidez y sus riesgos
11. Fidelidad a una misma, a Dios, al prójimo
12. Fidelidad y contemplación
Contemplación e individualidad
Contemplación y libertad
Contemplación y gratuidad
Contemplación y hermenéutica
Отрывок из книги
Mercedes Navarro Puerto, mc
Editorial Claretiana
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Esta advertencia sobre la tentación y la trampa narcisista de ciertos usos de la fidelidad no es exclusiva de la VR. Se percibe también en nuestro contexto social. Con otras connotaciones, de otra manera, pero, a fin de cuentas, mediante el mismo dinamismo. Un ejemplo concreto sería el estímulo, convertido en imperativo, a que cada cual sea fiel a sí mismo. Se trata de una frase cargada de ambivalencia. Es un imperativo que ha pasado, también, a la VR. Ello, en uno u otro contexto, nos confronta con un uso ambiguo del concepto de sí mismo/a, pues no sabemos a ciencia cierta cuál es su punto de referencia (13). La fórmula habitual, de la que se hacen eco la publicidad y los medios de comunicación, se expresa mediante el mandato “¡sé fiel a ti mismo!”. Puede estar llena de buenas intenciones, pero, de hecho, es sospechosa de esconder mucha violencia. La violencia, desde fuera, se introduce en la persona interpelada de manera que en lugar de resonar como mandato externo, susurra, como voz interior y propia, con la fuerza de la verdad, pues si algo tiene la frase “sé fiel a ti mismo/a” es su apelación a la verdad.
Esta conversión de fuera adentro alienta la falsa convicción de libertad de la persona que se exige ser fiel: nadie me obliga, yo sé que tengo que ser fiel a mí mismo, a mí misma. Pero ¿qué quiere decir eso, concretamente? ¿Quién es uno/a mismo/a? ¿La persona que fui hace diez, veinte o cuarenta años? ¿La institución que fue hace cien o cincuenta años? ¿Hay, por caso, un ente, personal o institucional, que responde a un sí mismo/a? Estas preguntas, lejos de ser vanas, acaban siendo ineludibles debido a que en ellas, de forma más o menos intencionada, encontramos una peligrosa idea de preexistencia, debido a que en ellas resuena un cierto esencialismo. En realidad, no es nada nuevo. El neoplatonismo ya postulaba la idea de una entidad preexistente, pura y auténtica, a la que cualquier concreción personal debía ajustarse en el transcurso de su vida. Es evidente que necesitamos cautela ante esta especie de moda que viene de tan antiguo.
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