Читать книгу W. R. Bion, la obra compleja - Arnaldo Chuster - Страница 5
Introducción
ОглавлениеEl tema de este libro es el modelo psicoanalítico propuesto por W. R. Bion.
Es el modelo que los autores hemos estado estudiando juntos en los últimos 25 años. Entonces, uno de nuestros objetivos será compartir con los lectores esta experiencia y la visión particular que surgió de ella.
Por otro lado, consideramos relevante dejar en claro que no es nuestra intención afirmar, con tal elección, que asumimos la existencia de un modelo o teoría mejor que otra. Sin embargo, lamentablemente, sabemos que muchos analistas creen que lo han logrado. Siempre existirán discusiones sobre los objetivos y propósitos del análisis, implícitos en estos modelos y teorías, así como problemas y discusiones institucionales sobre estos objetivos y propósitos. Tales discusiones son parte de la elaboración y del contenido de este libro.
En las páginas que siguen intentaremos exponer una nueva visión evolutiva de la obra de Bion, y señalaremos las aperturas de pensamiento que justificaron nuestra elección. Esta visión, desde el principio, pretende abolir la muy utilizada división didáctica que es la de la obra en fases. Reemplacemos esta forma clásica y recorramos el camino del autor a través de saltos de pensamiento, que lo colocaron mucho más allá de su tiempo. Es decir, pensamos que Bion no se desarrolla en fases, sino en cuestiones que lo llevaron a saltos hacia nuevas cuestiones. Estas, a su vez, están representadas por los textos que produjo y que tienen una lógica interna muy singular. Pero nada que ver con las fases, que sugieren que algo termina y comienza una nueva fase, como lo hace un artista. Bion no es un artista del psicoanálisis, sino un pensador y científico del psicoanálisis que desempeña con arte su función de crear nuevas cuestiones que permanecen abiertas para que el futuro las responda.
También pensamos que estos saltos reflejan la importancia de la obra de W. R. Bion y contemplan la diferencia teórico-clínica con otros autores. Para resaltar esta diferencia, primero necesitamos describir lo que podemos llamar el sentido fundacional (Chuster, A., 1989) de la obra de Bion, un sentido que no se limita a los textos, sino que los trasciende y nos toca como pensamiento vivo.
En Bion, se trata de la riqueza de proponer el renacimiento del psicoanálisis en cada momento de la experiencia clínica, lo que implica, plenamente en este proceso, nuestras singularidades como analistas. Como todo renacimiento, siempre nos lanzará al futuro y, con ello, se requiere imaginación y creación. Implica, de manera única, la responsabilidad de la mente del analista, lo que nos llevará en varios capítulos a abordarla como tema fundamental de este libro. Como han dicho a menudo diversos autores, Bion ha hecho que el psicoanálisis sea más difícil de practicar, pero mucho más interesante.
Sin embargo, para que este sentido fundacional sea captado, pensamos que es necesario considerar un punto importante: el cambio en la forma de pensar provocado por Bion y, luego, considerar las consecuencias de este cambio en el trabajo analítico.
Este cambio ciertamente trajo la marca del genio, que los filósofos de la ciencia definen como aquellos individuos cuyas habilidades –y sobre todo, cuya imaginación– obligan a la comunidad científica a abandonar viejos hábitos de pensamiento y a adoptar nuevos conceptos.
Se presta menos atención a lo que podría llamarse estilo. Sin embargo, en el progreso científico, los cambios en el estilo de trabajo pueden tener un impacto tan grande como el genio convencional. Bion fue un analista que trajo estos dos aspectos al psicoanálisis. Su estilo puede describirse como una mezcla de respeto y crítica por los conocimientos adquiridos. Tenía un talento especial para abordar de forma idiosincrásica temas esencialmente tradicionales: atención fluctuante, sueños, lenguaje de la interpretación, asociación de ideas, transferencia. Esto significaba no solo un sano desdén por el formalismo riguroso, sino también una genuina informalidad en la forma de pensar y de comunicar el pensamiento. Es difícil describir la profundidad del genio capaz de trabajar con este estilo. Pero, ciertamente, esta profundidad mostró cómo el psicoanálisis es una de las actividades humanas más difíciles. Combina conceptos sutiles y abstractos, que a menudo desafían las visualizaciones, con una complejidad técnica que nunca se logra dominar por completo.
Para acompañar esta complejidad, vamos a pedirle a nuestro lector que “piense de manera diferente sobre aspectos fundamentales del psicoanálisis, aunque solo sea por unos breves momentos”. Si de alguna manera tenemos éxito con esta provocación, habremos logrado el propósito de este libro.
El cambio en la forma de pensar, diciéndolo de manera breve y general, implica el paso del objeto simple –herencia científica del siglo XIX y de principios del XX–, al objeto complejo, que aborda las relaciones desde el Principio de Incertidumbre que, a su vez, está contenido en la teoría de la complejidad.
Sin embargo, nuestro camino no es solo mostrar el paso de un objeto simple a un objeto complejo, sino “pasar de la complejidad a una complejidad cada vez mayor”. Y vale la pena repetirlo siempre: el objeto simple no es desechable porque el objeto complejo fue creado, sino que es uno entre varios aspectos de la complejidad del psicoanálisis. Mientras no se reconozca y respete esta característica, siempre habrá comentarios que afirmen que “esto no es psicoanálisis”.
El sentido fundacional es, por lo tanto, una expresión de este “cambio en la forma de pensar”, y podemos inferirlo a través de las diversas expresiones del lenguaje que utiliza Bion. Sin embargo, tenemos una expresión que condensa a las demás. Nos centraremos en ella de varias formas en este libro: “el concepto de pre concepción”.
El camino en el que se desarrolló el concepto se puede llamar el pons asinorum de la obra de Bion. Es un camino que comienza con Una teoría del pensamiento (1962) y va hasta el texto Notas sobre la memoria y el deseo (1967).
La expresión pons asinorum, traducida literalmente, significa “puente de los burros” o “mata burros”, un pequeño puente sobre un arroyo hecho de finos troncos de madera que los humanos pueden cruzar, pero que se convierte en un obstáculo insuperable para los animales. La expresión fue utilizada con fines didácticos por Euclides, el matemático de la Antigua Grecia, cuando les pidió a sus alumnos que demostraran su quinto postulado como condición sine qua non para continuar sus estudios. En la Edad Media, el término se usó en filosofía siempre con la misma connotación, la de un obstáculo esencial que hay que superar para poder continuar con los estudios. En este punto, utilizamos esta expresión para caracterizar, con humor y en forma didáctica, una dificultad que aparece en todos los lugares y grupos en donde se estudia a Bion.
En la obra de Bion tenemos un pons asinorum con dos pilares. Un pilar teórico, que es Una teoría del pensamiento (1962a) y un pilar técnico, que es el artículo Notas sobre la memoria y el deseo (1967). Entre los dos pilares emergen los textos Aprendiendo de la experiencia (1962b), Elementos de psicoanálisis (1963) y Transformaciones (1965). El grado de oscilación e inestabilidad del puente (producción de turbulencia emocional) aumenta de un texto a otro, y produce un número cada vez mayor de abandonos.
Muchos intentan saltarse la parte del puente que corresponde al texto Transformaciones, pero cuando lo hacen y llegan al texto Atención e interpretación (1970), solo logran comprender algunos fragmentos y dejan de lado la profundidad de cuestiones del objeto complejo como, por ejemplo, la cuestión del “acto de fe”.
La disciplina que propongo para el analista, es decir, evitar la memoria y el deseo en el sentido en que usé estos términos, aumenta su capacidad para ejercer “actos de fe”. Un “acto de fe” es característico del procedimiento científico y distinto del significado religioso del que está investido en el lenguaje común; se vuelve aprehensible cuando se representa a sí mismo en y a través del pensamiento. Debe “evolucionar” antes de que pueda ser aprehendido y es aprehendido al constituirse como pensamiento, como cuando la O del artista es aprehendida una vez transformada en una obra de arte (Bion, 1970).
La complejidad, que aparece en el extracto anterior, destaca en primer lugar la singularidad de cada analista transcripta como una evolución del dominio “O”.
En segundo lugar, el “acto de fe” es una forma de desacreditar el ideal de ciencia regido por la lógica determinista. La propia elección de palabras ya realiza esta tarea en el nivel léxico:
para el lector desprevenido, y para los deterministas, nada parecerá tan poco “científico” como la palabra fe en el actuar de un psicoanalista.
En tercer lugar, al equiparar el acto de fe con el acto científico, Bion revierte esta rendición de cuentas a la ciencia hecha por tantos opositores al psicoanálisis cuando deciden criticarlo manipulando criterios científicos. El psicoanálisis es una práctica de orden única en la historia de la humanidad y, por lo tanto, no encuentra ninguna ciencia que pueda abarcarla; a lo sumo encuentra en común con las ciencias el interés por buscar la verdad.
Ciertamente, Bion no tenía las herramientas de la teoría de la complejidad en la época en que vivió. Aparece mucho después de su muerte en 1979. Aun así, la intuyó y aplicó esta intuición en el desarrollo de sus conceptos. Por ello, afirmaremos en este libro, varias veces, que, cuando se utiliza el vértice de la complejidad, la obra de Bion es clara, muy alejada de las innumerables etiquetas de autor difícil y hermético que tantas veces recibió. Por cierto, quienes tuvieron contacto personal con Bion pudieron ver que su estilo era alegre y bastante rápido como su pensamiento, que fluye con ritmo como si estuviera acompañado de una música interior. Hablaba en un lenguaje vivo, claro, rico en imágenes que se conectan en muchos momentos sin un texto explícito. Esto obliga al lector y al interlocutor a crear este texto, lo que marca la diferencia con otros autores que no dejan de imprimir allí su huella.
En otras ocasiones, Bion parece sobreestimar al lector, ya que espera que sea tan erudito y experimentado como él. Sin embargo, si podemos tomar esto como un desafío, siempre habrá mucho que aprender. Pero la dificultad central es situarse en la multiplicidad de conceptos que, en cierto modo, abordan una cuestión que podemos llamar el fin de la verdad. Fin en ambos sentidos: el final y la ausencia de la verdad y también de los objetivos. Esta cuestión orienta la obra y su proyecto global en toda su extensión. De hecho, impregna todas las relaciones con la filosofía y también con la religión y la ciencia.
En cierto modo, al leer Bion, siempre nos enfrentaremos a la pregunta: ¿qué hay detrás de la verdad en su relación con la ciencia, el arte y la religión? ¿Cómo surgió la convicción de que existían ideas verdaderas y de que debíamos hacer todo lo posible por descubrirlas? ¿A qué corresponde tal convicción? ¿Es un prejuicio o un saber? ¿La verdad sirve a algún interés institucional? ¿Cuál es la conclusión a sacar, al verla cambiar de una época a otra? ¿Que no existe en forma duradera? ¿Que deberíamos integrar todos estos elementos parciales en un movimiento conjunto?
Estas son preguntas que atraviesan las generaciones modernas, y Bion no escapa de ninguna de ellas. Incluso podemos ver el transcurso de la filosofía en el transcurso de su obra. En primer lugar, tenemos la presencia de Kant en los textos en los que desarrolla la Teoría del pensar, con todas las ideas que demarcan la revolución del pensamiento que inaugura la modernidad. Bion, fijando marcas para la validación de los saberes, como Kant, decide el campo de los conocimientos relacionados con el psicoanálisis, hace explícito aquellos en los que no se puede discernir lo verdadero de lo falso, alerta sobre la invasión de las creencias en el espacio psíquico y, cuando propone que se prescinda de todas estas interferencias, las resume como provenientes de la memoria, el deseo y la necesidad de comprensión.
En Atención e interpretación (1970), aparece un cambio en Bion con la lectura de Nietzsche. Las interferencias son eliminadas por lo que se enuncia como un acto de fe, y al mismo tiempo alerta para la forma como las propuestas religiosas se basan en las justificaciones más falsas para controlar el saber.
En cierto modo, como en el caso del filósofo, existe la defensa de una especie de verdad artística. La idea de la verdad no está inscripta en el registro de la lógica y de la demostración racional; se expresa en términos de pasiones, mitos y sentidos, áreas de aplicación del objeto psicoanalítico. Así, una ampliación del concepto de la columna ψ, que apareció en la Tabla, sigue demostrando que las categorías de verdadero y falso terminan siendo descalificadas cuando coinciden con el miedo y la resistencia a lo desconocido.
No se puede decir que un pintor o músico sea más verdadero o falso que otro. Como Nietzsche, Bion expresa que necesitamos concebir la diversidad cuando se trata de sistemas filosóficos para los que el psicoanálisis se constituye como la respuesta práctica. La complejidad con la que se construye el mundo se devuelve al psicoanálisis a través de Bion, así como la dificultad para su ejercicio. Ese es nuestro principal mensaje en este libro.