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¿De qué hablamos cuando hablamos de digitalización?

Cuando Luna estudió periodismo y su correspondiente máster, creyó hacer una apuesta que le daría estabilidad para toda la vida. Con una madre funcionaria, en su casa siempre le habían inculcado la importancia del trabajo seguro. A lo largo de los años no han sido pocas las veces que se ha preguntado cuáles fueron las razones que le llevaron a tomar aquella decisión. Recordaba las conversaciones interiores que tenía antes de marcar la casilla que te hacía elegir tu futuro.

La información es un pilar fundamental de la democracia. No puede dejar de existir. Muchos son los que llaman a los medios de comunicación el cuarto poder. Siempre harán falta profesionales que nos cuenten lo que está pasando. Todos los periodistas más mayores que conozco tienen buenos sueldos. Además, es una profesión muy alejada de la automatización esa que dicen que va a pasar en las fábricas, ¿verdad?

Lo que es verdad es que empezó haciendo unas prácticas después del máster en el periódico que lo patrocinaba. Al tiempo le ofrecieron un contrato con un salario bajo. Al poco, le dijeron que para continuar debía darse de alta como autónoma. Falsa autónoma más bien. El periodismo ya empezaba a notar los efectos de la digitalización en sus primeros años. A esto se le añadía una la crisis económica larga, con drásticos recortes en publicidad, que provocaron que el periódico se viera obligado a hacer un ERE (Expediente de Regulación de Empleo). De ahí saltó a uno de los diarios “digitales” –que no publicaban en papel y que se nutrían en sus orígenes principalmente mediante colaboraciones–. Eran los únicos que crecían y que contrataban gente. Siguió siendo autónoma y siguió ganando poco. Escribe sobre varios temas, pero habitualmente le toca economía, industria y, ahora bastante, digitalización. Está de moda. Además, como su periódico es digital y siempre está en la pelea por sobrevivir, hace un poco de todo. Ahora están probando un programa de inteligencia artificial que se ha hecho popular en Reuters para escribir noticias. Según el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo,1 los medios ven a la inteligencia artificial como la tecnología más poderosa para el periodismo en los próximos años.

Como muchos jóvenes, se siente a menudo harta y frustrada con la falta de avance en su vida. Para colmo ahora hay veces que a sus preocupaciones habituales se le añade la pregunta del millón: ¿acabaré siendo sustituida por un algoritmo?

Sustituir es una palabra muy grande. Aunque es lógico e incluso conveniente hacerse esta pregunta. Nadie tiene la bola de cristal, pero seguramente las máquinas harán algunas de las tareas que Luna o que muchas de nosotras hacemos. Empezaremos a relacionarnos con ellas en el entorno laboral, de la misma manera que llevan años relacionándose los operarios de las fábricas con los robots. Estoy convencida de que habéis visto fotos de cómo son las cadenas de montaje de los automóviles o de cómo pequeños robots mueven palés en los almacenes de los grandes centros logísticos. Lo que pasa es que la incorporación de la tecnología a la oficina no se verá tanto, será por así decirlo, “menos aparatosa”.

No va a ser una convivencia complicada, no vais a tener que daros los buenos días o pelearos por la silla, porque eso que llamamos “las máquinas” no se ven, son principalmente programas informáticos. Las películas han hecho mucho daño a nuestro imaginario robótico. Los sistemas se irán incorporando a nuestros trabajos de forma progresiva, pero también, imparable. Según el Foro Económico Mundial (FEM), se prevé que en 2025 los humanos y las máquinas dediquen el mismo tiempo a las tareas en el trabajo. Dependiendo del tipo de trabajo que tengas, las máquinas podrán hacer una determinada parte de tus funciones diarias, que será mayor cuanto más rutinarias y simples sean estas.

Si lo vemos con perspectiva, es probable que hagan las tareas que menos nos gusten o las más duras. ¡Habrá que empezar a pensar en cómo ocuparemos el tiempo que nos liberan! Bien gestionado es una oportunidad para vivir mejor, para que millones de personas que están alejadas de los grandes núcleos urbanos tengan acceso a las mismas oportunidades profesionales o para mejorar las condiciones laborales. El trabajo es un eje fundamental para casi todas nosotras, es ese sitio en el que pasamos gran parte de las horas de nuestro día y, por tanto, de nuestra existencia. El 30% aproximadamente. Lo que sí me interesa que interioricemos es que la incorporación de la tecnología no será para todos igual, ni se hará a la misma velocidad, por eso, voy a dedicar todo un capítulo a interpretar lo que está pasando y cómo podemos prepararnos para ello.

estamos en un momento crítico

La digitalización y la tecnología provocan transformaciones en muchos ámbitos. Y lo hacen con intención de ser positivas, vienen con la esperanza de inmensos beneficios para mejorar a la humanidad. Cuando nos cuentan cómo será el futuro transformado por la inteligencia artificial, nos hablan de los genomas editados para prevenir enfermedades, los vehículos autónomos que reduzcan la contaminación y optimicen el tráfico, las monedas sin Estado y los viajes espaciales privados para cambiar de aires. Es indudable que existe un enorme potencial para el biene­star humano. ¿Os imagináis cuántas espaldas sanas habría si tuviéramos robots que levantaran todos los pesos que millones de trabajadores levantan cada día?, ¿o cuidadoras de mayores que se sirvieran de máquinas para dejar de subir a pulso a los ancianos cuando los tienen que duchar? ¿Cómo sería la vida de un taxista si tuviera una flota de coches autónomos y no tuviera que conducir horas y horas? Sin embargo, nada de lo anterior está exento de incertidumbre. Y eso nos genera ansiedad. También miedo. La automatización, la inteligencia artificial y la robótica prometen un mayor crecimiento económico, pero también pueden incrementar la desigualdad en y entre las naciones.

muchas vidas laborales

Es probable que la madre de Luna, que es administrativa, vea en el futuro casi todas sus tareas realizadas por una máquina. Le pasará a ella y a muchas otras personas que tienen poca cualificación profesional. Ella podría terminar siendo expulsada del mercado laboral o en su caso, como es funcionaria, condenada al ostracismo hasta que se jubile. Y si por si acaso estáis pensando –ojalá tuviera yo un trabajo en el que me pagaran por no hacer nada– os recomiendo el libro de David Graeber Trabajos de Mierda, donde explica lo desalentador que es. Esto es algo que podría sucederle a millones de personas si no se actúa a tiempo. ¿A cuántas? Depende de a quién se consulte.

La cantidad de puestos de trabajo afectados puede estar entre el 12% y el 47%, según los expertos a los que se escuche. El siguiente gráfico resume las conclusiones de los estudios más fiables al respecto.

Podrías ser la madre de Luna o podrías ser una de muchas otras que verán completamente alteradas sus condiciones laborales, convirtiéndose en trabajadores en remoto que hacen tareas de gig workers o microtareas, sin un empleo fijo ni posibilidad de decidir con tranquilidad su futuro. ¿Habéis oído hablar del crowdworking? Es el más puro de todos los mercados. Lanzas una tarea a un montón de personas dadas de alta en una determinada plataforma –que no en la seguridad social–, ellas compiten por hacerlo lo más rápido y lo más barato posible (pensemos en que quieres etiquetar imágenes para una investigación que estás haciendo o que quieres transcribir una entrevista de un programa de radio. Lo mandas a esta plataforma y habrá una carrera para que uno de esos trabajadores, que tienen que estar siempre conectados y atentos, responda lo antes posible para llevarse el gig).


Proporción de trabajos con riesgo de automatización en España. Fuente: Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia del Gobierno de España (coord.) (2021): “España 2050. Fundamentos y propuestas para una Estrategia Nacional de Largo Plazo”, Madrid, Ministerio de la Presidencia, p. 303

la digitalización es un ‘must’

Lo que es evidente es que la digitalización es necesaria. Y las empresas lo tienen claro. A nivel mundial, entre 2020 y 2024, las inversiones directas en transformación digital van a alcanzar cifras que rondan los ocho mil millones de euros.2 Un ejemplo que todos conocemos es ZARA, que ha apostado por la digitalización y ha impulsado su tienda virtual como alternativa a la tradicional. Es decir, ha evolucionado su negocio de la tienda física al comercio en línea 24/7. Haber estado trabajando este ámbito desde hace años les ha permitido mantener gran parte de sus ventas durante la pandemia cuando sus tiendas estuvieron cerradas y no despedir así a la plantilla. ¿Cómo hacerlo bien? Para tener una buena tienda online no solo hace falta crear una web, sino digitalizar los procesos para, por ejemplo, conocer mejor a tus clientes. En el caso del departamento de diseño de ZARA, se sigue lo que compran los clientes para hacer nuevos diseños que se parezcan a los que más éxito tienen. Así, se puede diseñar, producir y entregar productos con mayor probabilidad de ser comprados, lo que reduce el almacenamiento y la obsolescencia de las prendas.

En general todos los sectores van a tener que acelerar su digitalización adoptando tecnología para subir datos a la nube, usar más herramientas para la colaboración, apoyar sus decisiones en datos o implantar la tan temida automatización de procesos. Va a pasar.

BBVA es otro ejemplo de empresa tradicional que comenzó a digitalizarse impulsando la interacción con los clientes a través de una aplicación móvil que ha llegado a convertirse en la número uno del sector bancario porque usa inteligencia artificial para ofrecer mejores soluciones a sus clientes. Tienes a una persona al otro lado de la aplicación que está a tu disposición durante el horario laboral y la mayoría de los trámites los haces directamente tú porque es muy intuitiva. Se han automatizado los procesos que antes te hacía una persona en la ventanilla del banco. Como contraposición no ves a la persona casi nunca, ni vas a la oficina y, por supuesto, necesitas habilidades digitales para navegar en este espacio de banco virtual.

Algunos lo llaman la cuarta revolución industrial o revolución digital. Da igual el nombre. Es necesario entender lo que implica. Es un proceso tan dinámico que hace que modifiquemos nuestros hábitos de consumo y a la vez modifica la economía, el mercado de trabajo y la sociedad en su conjunto. De hecho, se podría decir que desdibuja las líneas entre las personas y la tecnología; fusiona mundo físico, digital y biológico.

aceleración digital

Cada vez se usan más las tecnologías digitales. Hablamos de la nube, de algoritmos, automatización, robótica, o dataficación, pero sobre todo de la adopción de la inteligencia artificial.3

La inteligencia artificial4 es una de las tecnologías basadas en datos más populares y de mayor crecimiento que se utilizan en todo el mundo. Según la consultora Gartner, el número de empresas que aplican la inteligencia artificial creció el 270% en los últimos cuatro años. El mercado es muy apetecible porque promete grandes beneficios. Por hacernos una idea, en 2019 su tamaño era de veintisiete mil millones de dólares. Se prevé que alcance los doscientos setenta mil millones en 2027, lo que supone un aumento de casi diez veces en solo ocho años. Como hay una batalla por personalizarlo todo para ganar clientes, las empresas están incorporando masivamente estos sistemas y así ser más competitivas.

No es algo del futuro, la inteligencia artificial ya está presente en nuestras vidas. A veces hace cosas que hacían persona como, por ejemplo, cuando hablamos con chatbots de atención al cliente; otras veces, se ocupa de lo que antes no hacíamos porque no existía –recomendarte una peli–. En realidad, está por todos lados: los asistentes virtuales, la domótica, los mapas que te dicen el estado del tráfico o la sugerencia de una canción. Quiero decir con esto que también ha traído a nuestras vidas nuevos usos sin por ello sustituir a nadie. Incluso ha generado nuevos trabajos como por ejemplo el de la persona que genera las listas de Spotify que después el algoritmo te recomienda. Sabemos que va a seguir creciendo porque nueve de cada diez empresas tienen previsto invertir en esta tecnología. Parece ser que es muy rentable porque la mitad de los negocios que la han incorporado, han sido más productivos. Es tal el éxito que está teniendo que va a revolucionar los entornos laborales por completo. Recordemos que, dicho de manera muy simple, la inteligencia artificial es “la capacidad de un ordenador de hacer tareas que antes hacían seres inteligentes”. Y que hasta donde yo sé esos seres inteligentes somos nosotros, los humanos. Tengo que reconocer que me ha despistado un poco el concepto.

¿Habéis pasado por un Decathlon recientemente? Cuando vas a la caja solo tienes que dejar lo que vayas a comprar encima de un contendor y te dice cuánto es. Sin moverlo. Gracias a unos chips pequeños, como pegatinas, que van en la ropa, se conectan con el receptor y listo. Seguramente la cajera esté ahora recibiendo a los clientes o solucionando dudas. Este es un ejemplo de cómo la automatización de una tarea hace que una persona, en este caso, una cajera, vea desplazado su trabajo porque hay una máquina que hace esa función. No está en la calle, está haciendo otras funciones. Digo cajeras porque según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en España, más del 80% son mujeres.

No son pocas las tecnologías que ya permiten sustituir el trabajo humano mejorando la eficiencia y la precisión de los procesos. Esto pasa en las tiendas, pero también pasa en muchos servicios de atención telefónica donde acabamos gritándole al teléfono porque la máquina no deja de repetir “Lo siento pero no le he entendido”. ¿Te suena? Antes, ahí había una persona. Una mujer probablemente. También pasa en los gimnasios low cost donde ahora te da las clases un profesor en una pantalla en lugar de un monitor de carne y hueso. Dicen que algún día llegarán los camiones autónomos y los camioneros dejarán de poner su vida en peligro conduciendo miles de kilómetros. Lo veremos.

Y estarás replicándome que las cajeras y las telefonistas están ahora sin trabajo. Pero estos son ejemplos donde la persona ha sido o podrá ser desplazada de su trabajo, pero no obligatoriamente despedida. Creo que es útil entender este matiz de cara a nuestras angustias tecnológicas. Es decir, nuestro trabajo cambia, pero no necesariamente va a peor. Lo que hay que hacer es garantizar que esa persona trabajadora tiene una alternativa cuando sus tareas cambien y que cuenta con las habilidades digitales necesarias para desenvolverse en este nuevo mundo híbrido en vez de verse expulsada del mercado laboral con difícil reciclaje.

Es verdad que la digitalización y sobre todo la automatización van a afectar a las tareas repetitivas y básicas. Pero no solo. Como toda revolución, implica cierto grado de incomodidad y reajuste ante el cambio. Así pasó en las revoluciones industriales anteriores. Sin embargo, a diferencia de estas, creo que ahora tenemos la oportunidad de mitigar el sufrimiento social que supusieron las otras grandes transformaciones tecnológicas. Y no podemos ignorar que no lo estamos haciendo bien.

La automatización seguirá avanzando y cada vez serán más las tareas que se vean afectadas. También serán más complejas porque las máquinas cada vez hacen más cosas. ¿Os imaginabais que un programa como Google Translate podría sustituir a traductores?, ¿o que habría una máquina que hiciera diagnósticos médicos acertando más veces que un médico y sin cansarse? Así seguirá pasando en casi todos los ámbitos de nuestra vida. Llegará un robot barato y las hará. Va a pasar.

Conocemos tres grandes transformaciones que trae la tecnología y que debemos tener en cuenta por su impacto: en primer lugar, la automatización de procesos, que hace que muchas de las tareas simples y repetitivas que hacemos los humanos ahora las pueda hacer una máquina. Como las cajeras de la tienda de deportes. En segundo lugar, el boom de las plataformas digitales que sustituyen la interacción física por la virtual y no siempre con personas al otro lado. Aquí están los que pedalean con mochilas llenas de comida por nuestras calles, el alquiler de casas en Airbnb o la compra en un marketplace como Amazon. En tercer lugar, la digitalización masiva de procesos, bienes y servicios que da lugar a nuevos modelos de negocio y de organización laboral. El programa informático que están probando en el periódico para hacer noticias y que a Luna le impide no temer por su futuro.

Sabemos que, a lo largo de la historia, las innovaciones tecnológicas han revolucionado los métodos de producción, aumentando la productividad y, en general, el bienestar. Solo hay que imaginarse cuando se descubre la máquina de vapor y la fuerza manual es sustituida por máquinas. Aquello supuso un verdadero cambio en la vida de muchas personas que, de hecho, dejaron el campo y se fueron a la ciudad. Se podía producir más y se podía producir mejor. Igual pasó con la electricidad o internet. Fueron cambios que, simplificando mucho, sumando lo bueno y restando lo malo, han dado un saldo positivo. No obstante, deberíamos aspirar a reducir el coste social que suele conllevar la introducción de bruscos cambios en el sistema sin una planificación. La historia nos invita a pensar que es probable que ocurra lo mismo con la nueva oleada de tecnología en la que vivimos. Esta vez tiene forma de robotización, uso masivo de datos, machine learning e inteligencia artificial, pero es la misma idea. Por eso debería interesarnos cómo impacta la digitalización en el mundo laboral, porque como en tantas otras ocasiones, nos va a afectar. No por igual, pero sí en general. Y añado que, por primera vez, podemos estar preparados.

ansiedad tecnológica y tecnofobia

En el diseño de nuestro Estado del bienestar y nuestro contrato social no había tecnología, y los lugares de trabajo eran prácticamente tres: fábrica, campo o empresa. El sistema se basaba en la localización física y el modelo era básicamente trabajar para el sector público o para la empresa con sus diferentes modalidades contractuales: indefinido, temporal o a tiempo parcial, todas ellas con limitaciones claras que buscaban garantizar que las personas trabajadoras tenían acceso a trabajos de por vida.

La vida de los padres de Luna fue así. Su padre entró a trabajar en una promotora inmobiliaria y lleva en ella más de veinte años. Su familia es de un pueblo de Extremadura y le tocó empezar a trabajar pronto en la obra, que era lo que había. A los años decidió irse a Madrid a probar suerte y consiguió trabajo en la cafetería de un ministerio en el que estuvo casi quince años y donde conoció a la madre de Luna. Después, ya pensando en la familia, decidió cambiar y le contrataron en una empresa del sector de la construcción. Un grupo muy conocido en España. Siempre cuenta que las ha visto de todos los colores. La época dorada del euro, del boom y también la de la crisis, cuando se despidió a mucha gente.

También la más reciente de la digitalización. Le cuesta mucho. A él se le dan bien las personas. Cuando trabajaba en la cafetería estaba todo el día dándole conversación a la clientela. Por eso acabó siendo después uno de los mejores en la promotora. Es de la vieja escuela, de las comidas donde se cierran los tratos y de conocer a la gente, de patearse los sitios y de saber detalles de la vida de las personas con las que trata. Ahora su día a día ha cambiado. Tiene que hacer muchas cosas en la web porque la mayoría de los clientes entran a través de un portal donde están anunciados sus pisos. Va todo muy rápido. Le llega una petición de información y tiene que agendar la visita lo antes posible en una aplicación interna para optimizar los procesos de alquiler y venta. No estamos para perder oportunidades. No lo lleva bien, se siente torpe y además no entiende por qué tiene que ir todo tan rápido: contestar, concertar las visitas, actualizar fotos, mirar los precios de la competencia, ver si salen bien en términos de posicionamiento online, si está vendiendo menos que sus compañeros o no, decidir si necesita meter más publicidad para que sus casas tengan más visibilidad… Siente que está en una competición y que cada vez se tiene que poner más grande el tamaño de la letra del móvil porque se está quedando ciego de tanto mirarlo. Le llegan correos, whats­apps y notificaciones de la web que es incapaz de gestionar al mismo tiempo. Antes eran un equipo, cada uno hacía lo suyo y la parte administrativa la llevaba una compañera. Prácticamente se han convertido sin querer en inmobiliarias individuales. Hace tiempo que con la aplicación y el resto de herramientas de marketing online se prescindió de la ayuda administrativa, se redujo a la mitad el personal y los que quedaron asumieron individualmente muchas más funciones además de un portafolio completo de principio a fin. Ha notado mucho el cambio en los últimos cinco años, aunque se consuela pensando que ya le queda poco para jubilarse. Gracias a una carrera estable en la que ha llegado a ser responsable territorial de la promotora, ha podido tener una familia de tres hijos, una casa comprada en Madrid, dos coches y un apartamento cerca de Torrevieja, donde hicieron una promoción y le salió prácticamente a precio de coste. Después de cuarenta años cotizados sabe que va a tener la pensión íntegra.

Este era el plan inicial del que hablábamos antes. El Estado redistribuía para reducir la desigualdad a cambio de impuestos provenientes de una parte de los salarios. Sector público y privado darían formación educativa y profesional, se crearían empleos dignos con salarios que permitirían progresar. Los que tuvieran mala fortuna o se hicieran mayores serían protegidos mediante los subsidios, las pensiones y la sanidad. No habría pobreza. Los números salían si las personas trabajaban de media una serie de años, con un salario mínimo que previsiblemente se incrementaría con el tiempo. Todo más o menos estaba pensado. Hasta que llega la digitalización y hace que se tambaleen los cimientos de aquel diseño del siglo pasado. Nos lo cambia prácticamente todo. Y se ven afectadas: productividad, competencia, fiscalidad, educación y, por supuesto, trabajo.

A muchas personas les preocupa. En febrero de 2021, la consultora PwC encargó una encuesta en la que participaron más de treinta mil personas representativas de todos los estados laborales posibles y de dieciocho países.5 ¿Conclusión? Casi el 40% cree que su trabajo quedará obsoleto en cinco años y a seis de cada diez les preocupa que las máquinas les sustituyan. Es lo que muchos llaman “ansiedad tecnológica”. El miedo a un futuro digital donde no hay espacio para las personas. Después de un tiempo crítico con gran impacto en el mundo del trabajo, y en el que ciento catorce millones de personas han perdido su empleo, es normal que las preocupaciones se hagan más presentes.

Cuando Luna se pregunta “¿me va a sustituir un algoritmo?”, está sintiendo sin saberlo esa tecnofobia. No sabe cómo debería actuar ante una realidad amenazante con la que convive desde que empezó a trabajar. Quiere probar cómo pueden ayudar los algoritmos a hacer mejor su trabajo, a dedicarle más tiempo al trabajo de fondo y a los contenidos de calidad, pero no sabe si eso tendrá consecuencias negativas para algunos compañeros. Cada vez las redacciones son más pequeñas.

La realidad de Luna la viven miles de personas. Más que una respuesta individual, requiere de un plan común. Dar respuesta a los temores que tanta incertidumbre están generando debe ser el punto de partida para aquellos a los que hemos encargado gestionar nuestro presente y prepararnos para el futuro.

menos mal que estamos en europa

Como en anteriores revoluciones, los beneficios que se supone que traerá la digitalización, no son automáticos. Tenemos que hacer todo un proceso de conversión primero. Hay que adaptar nuestros mercados laborales, la educación o la formación, además de los sistemas de protección social para garantizar que la transición sea mutuamente beneficiosa. Los Gobiernos nacionales tienen un papel crucial que desempeñar, garantizando que las condiciones con las que parten los trabajadores permitan aprovechar las oportunidades. Necesitamos ordenadores, buena conexión, saber usar la tecnología e inglés para entenderla. Tenemos que prepararnos a fondo y rápido. Por desgracia, en España ha faltado una conciencia común sobre el impacto que la digitalización va a tener y eso nos hace salir desde más atrás que el resto.

No todos los territorios viven igual la digitalización, no todos tienen la capacidad de decidir el tipo de transición digital que quieren. De hecho, hay algunos que deciden mantener unas condiciones laborales tan precarias que les sigue compensando contratar en lugar de usar la tecnología. Es lo que pasa principalmente en la industria textil del Sudeste Asiático, donde por ahora sale más a cuenta pagar noventa euros al mes que automatizar partes de la cadena de producción de ropa. Lo creamos o no, hay lugares del mundo donde las personas son más baratas que las máquinas. Tengamos en cuenta que digitalizar una industria no es solo incorporar máquinas, también es promover la economía digital y la inclusión financiera, por ejemplo, mediante la incorporación de pago de salarios electrónicos a monederos personales.6 Y hablando de inclusión financiera, seguramente aquí no podamos entender lo importante que es para el empoderamiento de la mujer en los países en los que no tienen derechos y están sometidas al control patriarcal del dinero. Por suerte, nosotros en Europa sí tenemos los medios para aprovechar las oportunidades y la determinación de garantizar la inclusión y los derechos fundamentales.

Por situarnos en el punto en el que estamos, en 2019 se nombró una nueva Comisión Europea, que, simplificando, es el equivalente a nuestro Gobierno en Europa. Su presidenta, Ursula von der Leyen, ha puesto la transición digital como una de sus prioridades estratégicas, junto con la ecológica; ambas son los pilares de la estrategia europea de crecimiento que determinará nuestros años venideros. Tras la pandemia, nos hemos dado cuenta de que la digitalización es un aspecto además estratégico a nivel geopolítico. No solo tenemos que adaptarnos y avanzar, sino que también tenemos que reforzar la soberanía digital para garantizar que tenemos autonomía para depender cada vez menos de otros países en estos temas tan importantes. Un ejemplo de lo que sería la soberanía digital ha sido la polémica europea por usar tecnología 5G creada por europeos. A Luna le tocó escribir en el periódico sobre este tema precisamente cuando Estados Unidos dijo que Huawei podría ser utilizado por China para espiar, a través de su tecnología 5G, y después Reino Unido decidió prohibirla directamente.

La tecnología tiene muchas formas de ser desarrollada y nosotros queremos una que promueva nuestros valores, respetando las libertades, incluyendo la protección de datos, la privacidad o la seguridad. Es verdad que esta carrera nos pilla algo atrasados y todo el mundo lo sabe: los fuertes son Estados Unidos y China. Por diferentes razones el Viejo Continente ya venía rezagado en lo digital y ponerse al día no es fácil. Cuando uno se plantea un reto de esta magnitud hay que entender que no solo se trata de cómo usar tecnología y sus reglas, sino que ha de analizarse desde una perspectiva holística: datos, ciberseguridad, derechos digitales, competencias digitales, competitividad empresarial, estrategia industrial digital y, sobre todo, estar muy atentos a que no se agranden más las brechas de nuestro sistema.

Dicho esto, la cosa ha avanzado bastante y la Comisión Europea ha creado la Brújula Digital con ambiciones digitales concretas para 2030. ¿En qué nos vamos a centrar a nivel europeo? Principalmente en una regulación sobre plataformas y en las condiciones laborales de las personas que trabajen en ellas; en desarrollar la economía de los datos con una estrategia europea de datos y una ley de gobernanza de datos; en aumentar la inversión en inteligencia artificial; en el desarrollo de computación en nube, tecnologías cuánticas e informática de alto rendimiento; además de una conexión rápida y una ciberseguridad a la altura.

La digitalización de la economía es un tema multifacético con grandes implicaciones para todos. Trae beneficios sí, pero hay que saber hacerlo. Con las estrategias adecuadas, puede conducir a más y mejor empleo, pero para ello es necesario que la ciudadanía tenga las habilidades digitales que demanda el mercado. No hay que tenerle miedo. La transición conlleva una adaptación forzosa y tenemos que asumir que algunas tareas desaparecerán o cambiarán. Hemos visto cómo le sucedía a la compañera del padre de Luna que hacía toda la parte administrativa.

Para no acabar teniendo un país de personas desempleadas y sin competencias para encontrar un nuevo empleo, tenemos que anticiparnos al cambio y darles la oportunidad para que se puedan ir formando. Solo así podremos tener éxito en la era digital. Se deben tener en cuenta muchos aspectos en este cambio de mentalidad. Tenemos que pensar en nuevas formas de organización, en que las condiciones laborales han cambiado o en la importancia de la conciliación. La tecnología debe ser accesible en toda la economía y todos los territorios. Nuestro país además necesita enfoques específicos para que las pymes, que suponen más del 90% del tejido productivo, puedan aprovechar esta oleada digital. ¿Creéis que alguien ha enseñado al padre de Luna algo sobre apps, marketing digital, SEO, gestión de agenda o multitasking? ¿Alguien se ha preocupado de formar a la administrativa-recepcionista-teleoperadora-secretaria que llevaba diez años en la inmobiliaria, para que encontrara trabajo en un mundo donde su labor está prácticamente automatizada? ¿Cómo se espera que hagan frente a estos cambios?

1 NEWMAN, Nic (2021): “Periodismo, medios y tecnología: tendencias y predicciones para 2021”, Reuters Institute for the Study of Journalism. Disponible en https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/periodismo-medios-y-tecnologia-tendencias-y-predicciones-para-2021 [consultado el 30/09/21].

2 MLITZ, Kimberly (2021): Global digital transformation spending, 2017-2024, Statista (web). Disponible en https://www.statista.com/statistics/870924/worldwide-digital-transformation-market-size/ [consultado el 30/09/21].

3 Kenneth Cukier y Viktor Mayer-Schöenberger introdujeron el término dataficación, que es la transformación de la acción social en datos cuantificados en línea, lo que permite el seguimiento en tiempo real y el análisis predictivo. En pocas palabras, se trata de tomar un proceso/actividad que antes era invisible y convertirlo en datos, que pueden ser supervisados, rastreados, analizados y optimizados.

4 LIN, Jin (2020): 10 Artificial Intelligence Statistics You Need To Know in 2021, Oberlo (blog). Disponible en https://www.oberlo.com/blog/artificial-intelligence-statistics [consultado el 30/09/21].

5 Alemania, Australia, Canadá, China, Francia, la India, Japón, Kuwait, Malasia, Países Bajos, Polonia, Qatar, Arabia Saudí, Singapur, Sudáfrica, España, Emiratos Árabes Unidos y Reino Unido.

6 Según el Banco Mundial, la inclusión financiera significa, para personas físicas y empresas, tener acceso a productos financieros útiles y asequibles que satisfagan sus necesidades –transacciones, pagos, ahorros, crédito y seguro– prestados de manera responsable y sostenible.

¿Te va a sustituir un algoritmo?

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