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4. TIMOLEÓN
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1 Una relación que ha sido analizada en concreto por S. SPADA , 2004.
2 Cf. MARIA CESA en Plutarco , 1993, pág. 124, que menciona la observación de Manfredini de que sólo en pocos manuscritos se invierte el orden y, en ese caso, la comparación está entre ambas Vidas , es decir, detrás del Alcibíades , lo que confirma el carácter originario de la secuencia Coriolano-Alcibíades. La sucesión no se discute (cf. PELLING , 1886, págs. 94-96; T. DUFF , 1999 (1), págs. 205-206; S. VERDEGEM , 2005 (2), pág. 479).
3 Véase al respecto la nota de ANNA PENATI en Plutarco , 1996, pág. 140.
4 Por esta razón ZIEGLER , en su edición, sustituye en Tim . 1.1 el mén de los manuscritos por dé , aunque no es necesario. Alcibíades, Antonio y Rómulo comienzan sin la partícula.
5 Quizá porque la referencia se inserta en un contexto en que se habla del provecho que pueden obtener de su lectura romanos y griegos (en este orden). También en otro pasaje (Num . 23[1]) se habla de «la vida de Numa y Licurgo», pero es al comienzo de la comparación en que el orden suele estar invertido por la proximidad de la historia del segundo personaje.
6 Más reelaborada que la de Timoleón , como advierte M. SORDI en Plutarco , 1996, pág. 250. Además, si, como sostiene G. NIKOLAIDIS , 2005, pág. 298, la pareja se publicó inmediatamente detrás del Pericles-Fabio , hay razones cronológicas, además de las morales, religiosas e ideológicas, para que Plutarco alumbre la idea de escribir primero la Vida de Emilio y no la de Timoleón .
7 Frases similares cierran el Cimón, Demóstenes, Filopemén, Licurgo, Lisandro y Nicias .
8 2005, págs. 294-297, con discusión de la bibliografía. Vease también SWAIN , 1989, pág. 315 y nota 6.
9 Cf. NIKOLATDIS , 2005, págs. 313-314.
10 F. FRAZIER , 1987, pág. 74.
11 Cf. D. GRIBBLE , 1999, págs. 269-270.
12 Sobre el tema, cf. T. DUFF , 1999 (2); especialmente para estos dos personajes, págs. 318-321.
13 Como ya hiciera Cicerón en Brut . 42 y Amicit . 42.
14 Véase C. BEARZOT , 1988.
15 Cor . 20.2. Cicerón en carta a Ático de marzo del 49 a. C., lo pone como ejemplo de traidor junto con los tiranos Tarquinio el Soberbio e Hiparco (Att . 9.10,3).
16 Alc . 16.7.
17 Alc . 35.1.
18 Cf. F. FRAZIER , 1996, págs. 128-130.
19 D. GRIBBLE , 1999, pág. 271.
20 Cf. S. C. R. SWAIN , 1990, pág. 136.
21 2003, especialmente págs. 84-94.
22 VI 92-94; VII-19 y 21-67; VIII 1-62, 78 y 84. Hay otras referencia al personaje en CICERÓN , Brut . 41-43; Att . 9, 10, 3, en DIÓN CASIO , V 18; ZONARAS , VII 16 y TZETZES , Chil . 532-560 y en otros autores más o menos tardíos (VALERIO MÁXIMO , I 8.4; IV 3.4; V 2.1. FRONTINO , Strat . 1.8, 1. AULO GELIO , XVII 21.11. FLORO , I 5.9; 17, 3. APIANO , Bell. Civ . 1.1; AMPELIO , Lib. Mem . 27.1. EUTROPIO , Brev. Urb. Cond . 1.14, 15. De vir. illust . 19. JERÓNIMO , Eus. Chron . 1524).
23 II 33-35; 37-40; 52.4; 54.6; cf. VII 40.12; XXVIII 29.1; XXXIV 5.9.
24 Por ejemplo, F. FRAZIER , 1996, pág. 110, subraya cómo a partir de una referencia de Dionisio de Halicarnaso a la envidia de Tulo, Plutarco expande como tema psicológico el motivo de esa envidia que llevará al asesinato del héroe.
25 A. PÉREZ JIMÉNEZ , 2000.
26 Cf. F. ALESSE , 2004, especialmente para las coincidencias entre Plutarco y el estoicismo a propósito de este personaje, págs. 196-197.
27 Véase el reciente trabajo de J. L. CALVO MARTÍNEZ sobre «Oratoria y biografía. El retrato de Alcibíades en Lisias e Isócrates», en A. PÉREZ JIMÉNEZ , J. RIBEIRO FERREIRA y MARIA DO CÉU FIALHO , O Retrato e a Biografia como estratégia de teorizaçâo política . Coimbra-Málaga, 2004, págs. 37-48.
28 Excelentes análisis de las fuentes pueden verse en los libros de D. GRIBBLE , 1999; precisa y certera es la síntesis que sobre la interpretación del personaje en los distintos momentos de la tradición anterior a Plutarco hace L. PRANDI en la introducción a Plutarco , 1993, págs. 260-280. Según algunos autores, y en especial D. A. RUSSELL , 1966, seguido por V. RAMÓN PALERM , 1992, págs. 135-166, el uso de esas fuentes es relativo, pudiendo limitarse con seguridad a Tucídides, Jenofonte, Éforo y Teopompo, y para el resto a colecciones de anécdotas.
29 Cf. T. DUFF , 2005, pág. 157.
30 D. RUSSELL , 1966.
31 Estas anécdotas de la primera parte anticipan en gran medida los rasgos de la personalidad de Alcibíades que van a determinar sus acciones de la parte central de la biografía. Detalles sobre la técnica de Plutarco al respecto pueden leerse en T. DUFF , 2004 y en BECK , 2000, que se centra en su importancia como recurso literario.
32 Marcado de manera clara en los últimos capítulos de la Vida como observa S. VERDEGEM , 2004/2005, págs. 148-149.
33 El tema de la Quellenforschung de esta Vida cuenta con abundante literatura moderna, desde los trabajos específicos de SCHWARZE , 1891 hasta la discusión de W. REITER , 1988 (especialmente págs. 99-100), pasando por estudios más generales como el de H. PETER , 1865, págs. 86-89 y las puntualizaciones bibliográficas de B. SCARDIGLI , 1979, págs. 57-59.
34 Véase la síntesis que hace de ésta R. VIANOLI , 1972.
35 Como un Sócrates lo analiza L. HOLLAND , 2005. Notemos que, como Numa, Emilio es llamado en la vejez y contra su voluntad a su hazaña más importante, la guerra macedónica que, en conjunto, ocupa treinta de los treinta y nueve capítulos de la Vida y, como el sabino, es convencido para que acepte el segundo consulado por sus familiares y amigos.
36 L. L. HOLLAND , 2004, señala la coincidencia entre esta imagen plutarquea de Emilio y la interpretación que ofrece de él Cicerón y propone la posibilidad de una fuente común para ambos, si es que no un conocimiento directo del autor romano por parte de Plutarco.
37 Esta condición de libertador de Grecia es una de las razones que influyen en la decisión de escribir las biografías tanto de Emilio como de Flaminino. Sobre el tema, véase J. MAARTEN BREMER , 2004.
38 L. L. HOLLAND , 2004, pág. 278.
39 Aem . 2.6 (cf. S. SWATIN , 1989, pág. 316). La educación que se le atribuye en las fuentes se inscribe en la mos maiorum (cf. W. REITER , 1988, pág. 102).
40 Aem . 34.8.
41 Vid. supra y F. MUCCIOLI , 2000, págs. 297-298.
42 Cf. L. DE BLOIS , 2000, pág. 131, 133 y, sobre todo, H. G. INGENKAMP , 1997, que destaca la posición especial de este personaje sobre el que Plutarco subraya precisamente el papel de la fortuna en la realización de sus hechos.
43 Incluso respecto a su enfermedad Plutarco se cuida de señalar que era una enfermedad congénita, no debida por tanto al azar (cf. S.-T. TEODORSSON , 2004, pág. 223).
44 Sobre el tema de las fuentes, véase A. J. M. TALBERT , 1974, págs. 22-38, así como los estudios de M. SORDI , 1977, que apunta una lectura directa de Atanis, cambiando su posición anterior a favor de Timeo como fuente casi exclusiva (1961, págs. 91-92) y de V. RAMÓN PALERM , que se inclina claramente por Timeo (1992, págs. 237-252), rechazando por principio la propuesta de una posible fuente biográfica peripatética que había hecho H. D. WESTLAKE , 1938.
45 Véase H. G. INGENKAMP , 1997 y S.-T. TEODORSSON , 2004, pág. 222.
46 1997, págs. 219-224 y 2000, pág. 139.
47 S.-T. TEODORSSON , 2004, págs.
48 Cf. DE BLOIS , 2000, pág. 136.
49 Según P. BICKNELL , 1975, pág. 59, en 451/0 o 450/49.
50 La datación del 499 corresponde a Tito Livio, mientras que, para Dionisio de Halicarnaso, tanto la batalla como la dictadura de Postumio fueron en 496 a. C.