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lAs llAvEs DEl Amor EN KolloNtAy

Hay un antes y un después de los aportes, escasa­mente valorados, de Alexandra Kollontay en cuanto a muchos aspectos referidos a la emancipación de la mujer. Hay un antes y un después adormecido en la in­justicia de la historia patriarcal, vedado por generacio­nes enteras en las sombras de un relato sin su potencia real. Alexandra fue una revolucionaria de su época y también es figura de la nuestra, porque a 100 años de distancia la actualidad de su pensamiento y su obra son herramientas útiles para la construcción del fe­minismo popular.

La riqueza de su producción posee múltiples aristas, y una de ellas es la referida al “enigma del amor” y su perspectiva ligada al desarrollo histórico. Alexandra nos dirá con mucha lucidez que a lo largo del tiempo la humanidad ha intentado diversas formas de resol­verlo y que las “llaves” para acceder a él dependen de la época, de la clase y del espíritu del tiempo, o lo que podemos llamar la cultura.

El amor en Kollontay no tiene una ligazón estricta con los determinantes sexuales, instintivos, biológicos

o naturales, sino que es situado como un factor psicosocial. Valorar esta ruptura de sentido y su ubicación a partir del registro histórico, nos lleva a la evidencia de la construcción de un fenómeno usualmente em­parentado a lo natural y en particular a la naturaleza de la condición femenina. En esta apuesta por situar el amor a partir de una perspectiva histórica, Alexandra nos aporta elementos centrales para la interpretación y elucidación de cuánto y cómo, desde la ideología y moral burguesas, se ha construido el amor en tanto pasión ciega, absorbente, exigente, anclada en un sen­timiento de propiedad espejando los valores capitalis­tas que producen subjetividad.

Comprender que el amor no es un asunto personal e individual, permite reflexionar meramente sobre los efectos disciplinadores de su alineamiento bajo una cultura que construye desde el romanticismo la ex­clusividad y habilita la violencia. Kollontay le reprocha al sistema la producción de deseo egoísta, de el “apro­piarse” para siempre del ser amado, y las consecuen­cias desiguales de este esquema en tanto fortalece la arrogancia masculina mientras en la mujer opera una “monstruosa renuncia de sí misma”.

Alexandra puso bajo sospecha la construcción hegemónica del amor, considerándolo un fenómeno his­tórico, psicosocial y proponiendo que el proletariado no deje “de prestar atención al papel psicosocial del amor”, entendiendo el rol amplio de este fenómeno más allá de las relaciones sexuales, es decir, en la po­sibilidad del reforzamiento de los lazos, no solo conyu­gales o familiares, sino como fuerza para el desarrollo de una solidaridad colectiva universal.

De esta manera la autora consolida una propuesta ba­sada en la igualdad recíproca, en el reconocimiento de los derechos del otro/a, rompiendo con la pretensión de po­seer y promoviendo el amor como camaradería, desarro­llando de manera más amplia y amorosa las aptitudes de escucha y comprensión de lo anímico, tradicionalmente restringidas a las características “femeninas”.

En esta clave de camaradería y unidad es que Alexandra cifra la realización posible de una sociedad nueva, con “hilos tendidos de alma a alma, de corazón a corazón, de espíritu a espíritu”. Es en la interacción de la esfera emocional y material que el amor podrá tener un lugar privilegiado, en tanto sentimiento co­lectivo, potenciador de lazos sociales.

Si bien parte de lo que plantea Alexandra en este y otros de sus aportes fue luego desarrollado y hasta superado como parte del despliegue del movimiento revolucionario en el siglo XX, así como por reflexiones contemporáneas del feminismo, las llaves del amor en sus escritos nos permiten repensar la continuidad y sentido histórico de su construcción en nuestra épo­ca, signada por valores que no son tan diametralmente opuestos o distantes con aquellos que predominaban en la Rusia de hace un siglo, como la individualidad y encorsetamiento del sentimiento amoroso, su carác­ter privado y exclusivo entre las personas.

En las condiciones de posibilidad que nos abre el fe­minismo para dar batallas culturales y en la necesidad de ponerlas al servicio de un proyecto emancipatorio estratégico, es que los aportes de Alexandra suman en calidad a los procesos de mayor concientización y sen­sibilización que en la actualidad de nuestra época, en la Argentina del Ni Una menos, se encuentran en mar­cha a partir de emergencias sociales, políticas, cultu­rales y subjetivas.

El amor como factor construido en una trama o en otra posee distintos significados y sobre todas las co­sas, funcionalidades que es necesario deconstruir. Con determinaciones históricas y en tanto fenómeno psicosocial, nos permite politizar y subvertir los vín­culos y las construcciones sexoafectivas diseñadas por el patriarcado.

La perspectiva de Alexandra Kollontay añade a otros aportes del feminismo análisis y propuestas, y nos invita a pensarnos en la construcción de cada paso firme por la liberación en la construcción de la mujer nueva, libre de violencias y opresiones; libre del romanticis­mo y su contracara de amorencierro; y libre a través el amor como fuerza social.

Diana Broggi

Colectiva Feminista Mala Junta en Patria Grande

Octubre 2017

El amor y la mujer nueva

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