Читать книгу Ciencistorias - Alexis Hidrobo - Страница 24
ОглавлениеRICITOS DE ORO Y LA VIDA EXTRAÑA
Para ponernos en contexto de la posible vida en otros lugares del universo, veamos la siguiente metáfora. En un soleado día campestre, Ricitos de Oro se dirige hacia la casa de su abuela que se encuentra enferma. Sin mucha prisa, se desvía del camino para jugar por los alrededores y pierde la noción del tiempo. Consciente de que el bosque es peligroso en la tarde, porque los depredadores buscan presas para su festín, decide buscar refugio urgentemente. No muy lejos encuentra una pequeña casa. Al ingresar se encuentra con las fotos de sus dueños: una familia de ositos. Sin encontrar a quién pedir permiso y con su estómago crujiendo del hambre, piensa en buscar qué comer. Ingresa a la cocina y siente un delicioso olor a sopa recién preparada. Mira en la mesa y encuentra tres platos de una magnífica sopa de letras. Toma el plato más grande, el de papá oso, y, al llevar la sopa a su boca, siente que su lengua arde del dolor a causa de la quemadura. Prueba la sopa del plato más pequeño, el del bebé osito, y ahora la encuentra demasiado fría. Finalmente, intenta con la del plato de tamaño intermedio, el de mamá osa, y la temperatura es perfecta.1* Se la termina toda. El final de la historia es conocido…
Lo importante en este relato es que Ricitos de Oro, una vez adulta, decide convertirse en astrofísica y dedicar su existencia a explorar la vida en otros planetas. Tomando como referencia la experiencia en la casa de los ositos, logra convencer a otros científicos de que la vida en un planeta específico es posible siempre y cuando se encuentre a una distancia adecuada de su estrella (el plato de mamá osa). Si dicho planeta está muy cerca de la estrella, tal como sucedió con el plato de papá oso, la temperatura será demasiado alta para permitir una atmósfera adecuada, y no existe la posibilidad de agua líquida en la superficie. Si el planeta está demasiado lejos de su estrella (el plato del osito), la temperatura es tan baja que el planeta solo puede contener agua congelada, y un clima gélido. Desde aquel momento, y aquí termina la metáfora, los astrofísicos denominan “zona de Ricitos de Oro”, o zona habitable, a la franja de espacio dentro de la cual debe encontrarse un planeta para tener una temperatura adecuada y permitir la presencia de agua en estado líquido.
La astrobiología es una disciplina científica en la cual confluyen la química, la biología, la geología y la astronomía (física), cuyo fin primordial es buscar posibles escenarios cósmicos que puedan albergar vida, es decir, planetas habitables fuera de los límites impuestos por nuestro sistema solar. En efecto, los astrobiólogos creen que las sustancias químicas básicas con las que se construye la vida (aminoácidos) se encuentran en muchas partes y, en consecuencia, sería muy extraño que solo la Tierra presente vida en el universo. Este hecho, en conjunto con la zona de Ricitos de Oro, hace que la búsqueda sea lenta y difícil, pero no imposible.
¿Qué tipo de vida esperan encontrar los astrobiólogos? Ellos están seguros de que, en principio, la búsqueda no se trata de descubrir vida inteligente, ni mucho menos escuálidos humanoides con grandes cabezas y ojos saltones. Lo esperado es vida no compleja con base en carbono. Este, según nuestros conocimientos, es el mejor elemento químico para formar una casi infinita cantidad de moléculas compuestas por muchos átomos. Estos átomos deben ser estables y poder almacenar gran cantidad de información, características que son necesarias para la existencia de la vida en el único lugar en el universo en donde estamos absolutamente seguros de encontrarla: la Tierra.
VIDA EXTRAÑA Y LA EXPLORACIÓN ESPACIAL
La visión de quienes exploran el espacio es muy amplia. Se basan en la gran variedad de vida que existe en la Tierra. En el mundo de los seres microscópicos existen organismos que pueden adaptarse a los ambientes más inhóspitos posibles. Estos seres se denominan extremófilos, por vivir en lugares extremos y prosperar en ambientes letales para los demás seres. No es de extrañar que microorganismos pertenezcan a este peculiar grupo de seres vivos. Se conocen microorganismos que soportan la radiación de un reactor nuclear, otros que viven a 100 grados centígrados y alta presión o, por el contrario, a muy bajas temperaturas; también existen algunos que viven en medios con altísimo contenido en sal, y otros cuyo “hogar” presenta una elevada acidez, denominados acidófilos o “amantes del ácido”.
Según los últimos avances científicos y gracias a los nuevos telescopios como el Gran Telescopio Canarias y el Very Large Telescope (ubicado en Chile), además del lanzamiento de las sondas Cassini, Huygens, y, recientemente, las sondas francesa Corot y la estadounidense Kepler (enviada en 2009), se ha logrado delimitar una zona, todavía dentro de nuestra galaxia, desde 400 años luz hasta los sorprendentes 6 000 años luz (por Kepler). Tomando en cuenta los datos finales hasta cuando Kepler se desactivó en 2018, solo en esta pequeña región del universo existen 2600 planetas candidatos a girar en torno a una estrella; de estos, se espera que al menos unos 10 sean rocosos y con tamaño similar a la Tierra, y orbiten estrellas parecidas a nuestro Sol. Quizá alguno de ellos tenga lo necesario para la vida, se encuentre en la zona de Ricitos de Oro y, si ha tenido el tiempo adecuado, incluso contenga vida similar a la de nuestros extremófilos o nuestras bacterias. Ya veremos qué nos dice el futuro… ■