Читать книгу Hipócrates sobre la naturaleza del hombre - Alvaro Ernesto Pizarro Herrmann - Страница 9
ОглавлениеIntroducción
1. Filosofía y medicina
Para algunos de los más destacados conocedores del pensamiento antiguo la medicina hipocrática tuvo un significativo componente práctico, incluso más importante que el teórico.1 Se sabe que en el inicio del siglo V a. C. el arte médico (τέχνη ἰατρική) comenzó a entrar en contacto con algunas de las teorías de los filósofos de la naturaleza, y como resultado de ese acercamiento la medicina hipocrática introdujo elementos hipotéticos en sus especulaciones sobre la naturaleza del hombre. El problema es que no es fácil determinar o especificar, en primer lugar, qué se entendió en esa época por ‘arte práctico‛. En segundo lugar, tampoco es sencillo determinar qué tipo de tratados del CH tienen una orientación exclusivamente práctica. Y, en tercer lugar, es complejo establecer cuáles son las obras hipocráticas que poseen una propuesta exclusivamente teórica. La verdad es que por lo general se observa una mezcla entre lo que se puede denominar teoría y práctica en el CH, ya que algunos tratados combinan ciertas teorías filosóficas con determinadas prácticas médicas, o bien hacen derivar sus teorías médicas de las doctrinas cosmológicas de los filósofos presocráticos.2 Tampoco es completamente acertado señalar que todas las obras del CH tienen, en mayor o menor medida, un punto de vista teórico o filosófico de la medicina,3 aunque algunos tratados contienen ciertas ideas o principios filosóficos.4 En términos más precisos, la evidencia muestra que existieron partidarios y adversarios de una medicina filosófica.5 De manera que la cuestión acerca de la relación entre la medicina hipocrática y la filosofía es bastante más compleja, y cualquier intento por esclarecer las críticas de los médicos contra los filósofos es un tema delicado. De hecho, aunque los autores del CH son pródigos en críticas a la filosofía, por lo general no mencionan los nombres de los filósofos. Y cuando por casualidad citan a un filósofo, no es necesariamente un rival directo. El mismo autor de Nat.Hom. cita a Meliso en su polémica contra la filosofía, pero el filósofo que tiene en mente es Diógenes de Apolonia.6
Entre los aproximadamente 70 tratados del CH7 es notable la influencia de la filosofía sobre la medicina,8 sin embargo, se debe precisar que ninguna obra es exclusivamente filosófica. En realidad, existen tratados en los que es difícil hallar algún indicio de esta disciplina.9 Pero también en varios casos se puede observar una especie de mixtura entre medicina y filosofía, y veces la fusión es tal que es imposible decidir si el tratado es obra de un médico o de un filósofo.10 Lo más probable es que algunos de los médicos del CH hayan incorporado a sus doctrinas las teorías físicas de los filósofos de la naturaleza.11 Varios de los supuestos de los filósofos presocráticos parecen haber sido adoptados por ciertos autores hipocráticos que no hicieron una comprobación expresa de las teorías,12 sino que intentaron, con mayor o menor éxito, aplicarlas al conocimiento de la naturaleza humana, y particularmente al de la salud y la enfermedad del hombre.
La influencia de los filósofos presocráticos se encuentra de manera dispersa en varias obras del CH, y en muchos casos es difícil separar los principios filosóficos de los médicos. Esto se explica porque numerosos filósofos se interesaron por la medicina, como es el caso de Diógenes de Apolonia, Alcmeón de Crotona, Empédocles, entre otros. E inversamente, son varios los autores del CH que se sintieron cautivados por la filosofía e hicieron derivar sus doctrinas médicas de las especulaciones teóricas. Bajo cualquier punto de vista, resulta evidente que se produjo un enriquecimiento mutuo entre estas disciplinas y cada una de ellas alcanzó sus propios logros.13 Es por eso que un autor del CH como el de Sobre la decencia reconoce el profundo vínculo entre la filosofía y la medicina, y cree necesario conducir la sabiduría a la medicina y la medicina a la sabiduría, porque el “médico filósofo es parecido a un dios” (5.3). De modo que en la medicina también se puede encontrar una realización plena de la sabiduría, es decir, el médico tiene que ser sabio para ser un completo experto. A pesar de esta conexión entre la filosofía y la medicina, es preciso volver a señalar que el vínculo entre estos dos saberes permanece en gran medida indefinido en el CH.
La relación entre la filosofía presocrática y la medicina hipocrática ha sido bastante tratada por los filólogos más destacados del siglo XX, quienes concuerdan en la influencia de los postulados jonios y sicilianos en determinadas obras del CH.14 Es por eso que las raíces y los fundamentos de la medicina hipocrática han de buscarse en la filosofía griega de la naturaleza, principalmente en los presocráticos que esbozaron por primera vez la idea de que tras el caos aparente de los fenómenos sensibles se oculta un orden racional e inteligible en el mundo.15 Un siglo antes de los tratados hipocráticos más antiguos, la filosofía ya había nacido en Jonia. Desde un inicio del siglo VI a. C. los filósofos más distinguidos como Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímenes, Heráclito, entre otros, comenzaron a estudiar la naturaleza, el cosmos, las relaciones entre los hombres, la religión, la ley, etc. Luego, en el siglo V a. C., la actividad intelectual se extendió por toda la costa mediterránea: Demócrito de Abdera, Diógenes de Apolonia, Empédocles de Agrigento, Hipócrates y la escuela médica de Cos son un buen ejemplo de ello.16 Esto demuestra que una de las características del pensamiento griego, al final del siglo de Pericles, fue la importante unión entre la filosofía y la medicina. Aunque la filosofía nació en Jonia, muy temprano comenzó a penetrar en Occidente sobre todo con la partida de Pitágoras y Jenófanes al sur de Italia.17 La mayoría de estos primeros filósofos se esforzaron en buscar explicaciones racionales en la naturaleza e intentaron alcanzar leyes aplicables universalmente, lo cual proporcionó el marco conceptual necesario para que la medicina griega llegara a ser una verdadera ciencia. Ahora bien, y a pesar de su deuda con la filosofía en la última parte del siglo V a. C., la medicina encontró sus propios principios y desafió en muchos tratados del CH la excesiva intrusión de las hipótesis especulativas de la filosofía en su propio campo.18
Aunque algunas obras del CH evidencian una clara influencia de la filosofía, este punto debe ser precisado. Laín Entralgo (1987: 104-105) discierne de manera un tanto escueta y esquemática dos actitudes en el CH frente a la filosofía, pues señala que, por una parte, están los autores que afirman a la filosofía como principio y fundamento de la medicina, y por otra están los que parecen situarse contra ella. Dan testimonio de la primera, Sobre la dieta, Sobre las carnes, Sobre los flatos y, en cierto modo, Sobre los lugares en el hombre y Nat.Hom. Manifiestan la segunda, Sobre la medicina antigua y, en alguna medida, Sobre el arte. Longrigg (1993: 89), en cambio, realiza una división más acuciosa, debido a que establece cuatro distinciones: 1) unos pocos tratados revelan la influencia de un único filósofo; 2) otros son eclécticos y seleccionan diversas teorías que se adaptan a sus necesidades particulares; 3) algunas obras no adoptan una teoría en particular y revelan estar profundamente influenciadas por los conceptos y las categorías de la filosofía presocrática en general; 4) ciertos tratados –como es el caso de Nat.Hom.– condenan la intrusión de los postulados filosóficos en la medicina, aunque son ambiguos al momento de definir los constituyentes del hombre porque no aclaran si se inclinan por los postulados de la filosofía o por los de la medicina.
2. Sobre el concepto de naturaleza en el Corpus Hippocraticum
Médicos y filósofos compartieron un saber –teórico o práctico– acerca de la naturaleza, y este es el rasgo más destacado del hipocratismo en lato sensu.19 Esto significa, por un parte, que la influencia de los filósofos de la naturaleza impulsó el desarrollo de la medicina. Por otra, que los autores del CH no solo se encargaron de repetir las teorías de estos filósofos, sino que idearon su propio saber con el fin de comprender la φύσις20 a partir de una parte de ella: el ser humano. El interés por el conocimiento de la naturaleza, que parece haberse iniciado a partir de las investigaciones de los presocráticos, se desarrolló con toda su fuerza en el campo de la teoría de la naturaleza humana física.21
La conexión entre la filosofía y la medicina hipocrática en el siglo V a. C. plantea un desafío que no solo radica en comprender el problema histórico de sus mutuas influencias, sino también en reconocer que la idea de naturaleza humana fue discutida en un amplio sentido que traspasó el ámbito de interés de algunos filósofos y médicos. De hecho, esa atención se encuentra en autores como Protágoras22 o Tucídides.23 La evidencia muestra que se desarrollaron nuevas aproximaciones al tema de la naturaleza humana a partir de distintos ángulos y con diferentes propósitos, pero todas con ciertas características en común. Esos nuevos estudios acerca del ser humano no se realizaron exclusivamente desde un punto de vista cosmológico, como fue el caso de algunos filósofos de la naturaleza.24 Además, se tendió a aceptar la idea de que existe una sola naturaleza humana. Lo que describe Tucídides al respecto es interesante, pues considera que, a pesar de que muchas calamidades pueden devastar a las ciudades, la naturaleza humana (φύσις ἀνθρώπων) permanece siendo la misma y sus cambios dependen de ciertas circunstancias (Historia III, 82). Esa misma idea se encuentra en algunos tratados del CH: la naturaleza humana es inmutable en lo esencial, pero varía de acuerdo con el medio ambiente en el que se desarrolla. El autor de Sobre los aires, aguas y lugares, al igual que Tucídides, cree que la φύσις humana posee diversas características que varían de acuerdo con el medio ambiente y el lugar geográfico en el que el hombre habita.25 Esta obra del CH parece ser el producto culminante del pensamiento biológico de esa época y además se aproxima, por primera vez en la historia del pensamiento médico, a una compresión unitaria de la naturaleza humana.26
Un destacado investigador como Hadot (2015: 41), que realizó un estudio sobre el concepto de naturaleza en la antigüedad, considera que en el caso de los tratados del CH el término φύσις “corresponde a menudo a la constitución física propia de un paciente, a lo que resulta de su nacimiento. Este sentido se extenderá poco a poco, en estos mismos tratados, a los caracteres propios de un ser, a su manera de ser primera y original, es decir, normal: lo que es ‘de nacimiento’, lo que es congénito, o incluso la materia de la que está constituido un órgano o, finalmente, el organismo, como resultado del crecimiento”. El autor de Sobre la dieta I, 2, pone en evidencia el problema de la φύσις, pues señala que para la dieta humana “es preciso reconocer (γνῶναι) y discernir (διαγνῶναι) la naturaleza del hombre en general”. Los verbos γνῶναι y διαγνῶναι proporcionan la pista para interpretar el texto. El verbo γνῶναι tiene aquí la acepción de ‘conocer‛; es lo primero que debe realizar el médico al examinar un paciente, porque si no conoce, observa o experimenta lo que tiene frente a él, difícilmente va a poder determinar su naturaleza. En realidad, esto constituye la primera aproximación razonada en la que el médico ejercita su λόγος (razón) frente al oculto λόγος de la φύσις.27 Luego, una vez que se ha conocido lo que ‘es‛, el paso siguiente consiste en distinguir (διαγνῶναι) ese ‘es‛ de las otras naturalezas, es decir, conocer distintamente, juzgar y decidir, lo que se ha observado anteriormente. Sin duda que este pasaje evidencia uno de los grandes problemas de la filosofía griega, dado que al ser la φύσις un principio unitario y radical es posible preguntarse: ¿de qué manera se diversifica en las distintas φύσεις (naturalezas)?, ¿existe algo común entre la φύσις universal y la φύσις individual?, y ¿cómo entender las diferencias entre seres tan disímiles como un hombre, un árbol, una piedra o una enfermedad? Cada ser posee una φύσις particular que la identifica y distingue de las demás, aunque participe de una u otra manera de la φύσις universal. El fundamento (ἀρχή) de la medicina –señala el autor de Sobre las enfermedades en las vírgenes– es precisamente la comunión de las cosas eternas (αἰειγενέων), en razón de que no es posible conocer la naturaleza de las enfermedades (τῶν νουσημάτων τὴν φύσιν) si no se conoce la naturaleza, en cuanto que indivisible (ἀμερεῖ), a partir del principio por el que se constituye (c. 1). De acuerdo con este texto, es probable que la medicina hipocrática se haya visto influenciada por el concepto general de φύσις de los filósofos presocráticos, porque en ellos esta es el fundamento de todas las cosas.
Pero esta visión acerca de la φύσις no fue compartida por todos los autores del CH. Por ejemplo, el autor de Sobre la medicina antigua aborda el problema de la φύσις desde una perspectiva diferente, puesto que critica a los médicos que se dejan influir por algunos filósofos presocráticos en su concepción del ser humano (c. 20). Hadot (2015: 42) observa aquí que el término φύσις comienza a tener en el siglo V a. C. un uso más amplio, lo que significa que no designa únicamente la forma de algo sino, sobre todo, el proceso de formación o el resultado de cómo llegó a ser. Es por ese motivo que el término φύσις no alude en Sobre la medicina antigua al conjunto del universo, sino más bien al proceso natural o funcionamiento de las cosas, es decir, a la relación entre las causas y los efectos de estas. De manera que si en esta obra se critica al filósofo Empédocles porque intenta describir qué es el hombre (τί ἐστιν ἄνθρωπος) a partir de la naturaleza, esto no quiere decir –precisa Hadot (2015: 43)– “a propósito de la naturaleza en general”, sino “a propósito de la constitución en general”, es decir, ‘constitución‛ (φύσις) debe tener aquí una acepción activa y pasiva porque designa dos aspectos o momentos. Por una parte, se refiere a la transformación mediante la cual las cosas nacen, crecen y mueren. Por otra parte, indica la naturaleza intrínseca de algo en virtud de ese proceso dinámico. De manera que estudiar la φύσις significa sobre todo observar la génesis de una cosa particular, sus causas y procesos que le permiten llegar a ser y perecer. Según lo que nos dice Aristóteles en la Política 1252a 24, este debe ser el método de investigación de la φύσις, y se niega a considerarla como algo meramente material; por eso, advierte que la mejor manera para observar estas cosas –se refiere a los fenómenos de la política–, al igual que en otros ámbitos, consiste en ver las cosas nacer en su desarrollo natural y desde el principio.
En el siglo V a. C. el término φύσις comenzó a usarse referido especialmente a la naturaleza humana y, en plural, a la naturaleza de los seres humanos individuales.28 Es por eso que el autor de Epidemias I, 3, se interesa por distinguir entre la naturaleza que es común a todos (κοινῆς φύσιος ἁπάντων) y la peculiar (ἰδίης) de cada uno. Esta investigación sobre la naturaleza humana se va a desarrollar de una manera especial en la medicina hipocrática. A diferencia de algunas concepciones filosóficas sobre la naturaleza del hombre de esa época que lo estudiaron desde una perspectiva ‘espiritual‛,29 los médicos hipocráticos iniciaron por primera vez en la historia del pensamiento occidental un estudio sistemático del hombre en términos físicos, de las diferencias que existen entre las distintas razas,30 de la estructura y función de los órganos,31 y también de los elementos o humores que componen su naturaleza.32
Ahora bien, y a pesar de las numerosas imprecisiones científicas o fantásticas descripciones acerca de la constitución del hombre en el CH,33 la hazaña del arte médico hipocrático no solo estimuló la comprensión de ciertos problemas de la medicina en amplios círculos, sino que concentrándose en un aspecto de la existencia humana como el cuerpo,34 obtuvo valiosos conocimientos filosóficos para una nueva imagen de la naturaleza del hombre.35 El médico hipocrático, luego de practicar el correspondiente examen corporal dirigido por la percepción sensorial,36 presume que existe algo que está más allá de los cambios fenoménicos y lo juzga, en algunos casos, por medio de la inteligencia.37 De lo contrario no habría concebido una naturaleza humana que está compuesta por elementos que existen siempre en el cuerpo del hombre.38
La idea de que el hombre posee una naturaleza se confirma por el uso de φύσις en el CH, y también porque a este sustantivo le corresponden ciertas estructuras sintácticas determinadas. Una de ellas evidencia que se construye con un complemento de genitivo, lo que indica que es la naturaleza ‘del hombre‛ la que se quiere observar.39 Además, como φύσις designa el acto de φύομαι, lo que en realidad expresa es el proceso de desarrollo natural o crecimiento que poseen todas las cosas, como el embrión humano.40
3. El problema de las hipótesis especulativas en filosofía
Uno de los puntos que tensionó la relación entre la filosofía y la medicina fue la disputa que surgió a partir de dos importantes interrogantes: 1) ¿De qué elementos está constituido el ser humano?; 2) ¿La naturaleza del hombre debe ser aprehendida mediante principios teóricos o empíricos? Buena parte de la crítica de la medicina a la filosofía intentó responder a estas dos cuestiones.
A un período fundacional en el CH le sigue otro de autoafirmación que muchas veces es más teórico, reflexivo y crítico del saber filosófico.41 Dos escritos que dan cuenta de esta actitud son Nat.Hom. y Sobre la medicina antigua. En ambos tratados se observa una crítica a ciertos postulados de la filosofía, pero también se destaca la autonomía de la medicina.42 Esta reacción no significó un desconocimiento de la filosofía; más bien todo lo contrario.43 Aunque los dos tratados manifiestan un evidente ataque a los postulados de la filosofía presocrática, al mismo tiempo recurren a ciertas teorías de los filósofos de la naturaleza para explicar de qué está compuesto el ser humano. La vigorosa censura a los filósofos que explican la φύσις del hombre mediante hipótesis (ὑποθέσεις) que no son comprobables empíricamente es significativa al comienzo de Nat.Hom., y tiene un claro paralelo con la invectiva que desarrolla el autor de Sobre la medicina antigua. En esta obra se critica de manera enérgica a los médicos y sobre todo a los filósofos (ἰητροὶ καὶ σοφισταί). En particular se desautoriza el saber filosófico, ya que se preocupa de conocer la naturaleza humana cosmogónicamente a partir de su comienzo (ἐξ ἀρχῆς), de cómo se engendró (ὅπως ἐγένετο πρῶτον) y de cómo se estructuró (ὅπως ξυνεπάγη). Luego se indica que lo escrito por un filósofo o médico sobre la naturaleza (περὶ φύσιος) concierne menos al arte de la medicina que al de la pintura (c. 20). Toda esta crítica muestra que la filosofía constituye un saber inútil y etéreo que no sirve para el conocimiento de la naturaleza humana, puesto que no hay forma de comprobar semejantes hipótesis filosóficas mediante la experiencia médica.44 El autor de Nat.Hom., al igual que el de Sobre la medicina antigua, también se opone a un tipo de teoría de la φύσις del hombre que no es válida para la medicina con la exclusiva finalidad de proponer otra que sí permita fundar un verdadero arte médico.
Ahora bien, y aunque es probable que la concepción de la naturaleza del hombre en Sobre la medicina antigua sea empírica, tanto en su origen como en su formulación, tampoco es exagerado decir que el razonamiento del autor acerca de la naturaleza del hombre comenzó con una preconcepción especulativa. Para entender la razón de esto es preciso establecer una relación entre este tratado con el comienzo de Nat.Hom. El autor de Sobre la medicina antigua podría criticar la hipótesis de que el hombre está compuesto de aire, tierra, fuego o agua, o de cualquier otra combinación de estos elementos de la filosofía natural, de la misma manera que lo hace el de Nat.Hom.45 Ya en el inicio de Nat.Hom. se objeta a los filósofos de la naturaleza que plantean que el hombre está compuesto de aire, tierra, fuego, agua, o de cualquier otro elemento que no sea un constituyente visible en el ser humano (c. 1). También se critica a los médicos que postulan que el hombre es sangre, bilis o flema, y que esta sustancia cambia de apariencia y propiedad bajo la influencia del calor y del frío para transformarse, alternativamente, en dulce, amarga, blanca o negra (c. 2). A continuación, el autor reivindica la idea de la multiplicidad de los humores contra la doctrina que plantea su unidad sustancial y sostiene que el hombre está compuesto por flema, sangre, bilis amarilla y bilis negra (c. 4). Sin embargo, aquí se observa cierta inconsistencia en la teoría del autor de Nat.Hom.,46 dado que desconoce, en parte, la doctrina de las cualidades, pero al mismo tiempo establece un vínculo entre las cualidades elementales (frío-cálido; húmedo-seco), en la que cada una domina según el ciclo de las cuatro estaciones, con los cuatro humores fundamentales (c. 7).47
El autor de Sobre la medicina antigua parece ser más consecuente que el de Nat.Hom., puesto que sostiene que el cuerpo se compone no de cuatro humores sino de varios más, que son lo salado, lo suave, lo amargo, lo dulce, lo ácido, lo astringente, y otros que no especifica (c. 24). Según esto, se puede decir que la concepción del autor de Nat.Hom. sobre los humores es ‘hipotética‛,48 porque no permite probar empíricamente cómo estos jugos conforman la φύσις del hombre, a pesar de que se pueden ver o percibir en el cuerpo y aumentan o disminuyen de acuerdo con el ciclo de las estaciones.49 Pero también la tesis del autor de Sobre la medicina antigua parece contradictoria, en vista de que estos humores, aunque tienen cualidades distintas a las de Nat.Hom., tampoco todos se pueden conocer empíricamente. Por ejemplo, ¿cómo se puede saber que son varios los humores y no solo cuatro?50
Independientemente de estos cuestionamientos, lo que se debe investigar es qué significa una hipótesis en Sobre la medicina antigua. En primer lugar, no existe un empleo del término ὑπόθεσις anterior a Sobre la medicina antigua.51 En segundo lugar, en este tratado la crítica se dirige a un tipo de medicina que emplea ‘hipótesis‛, es decir, que se vale de principios extrínsecos al arte médico y a partir de los cuales se extraen, por deducción lógica, sus consecuencias.52 El arte de la medicina se debe fundar solo en la experiencia y no puede derivar sus argumentos a partir de un postulado (ἐξ ὑποθέσιος).53 El campo de estudio que se le asigna a la hipótesis comprende las cosas del cielo o las cosas que están bajo tierra,54 es decir, cosas que no se ven claramente y sobre las cuales existen dudas.55 Para Platón, este tipo de fenómenos son estudiados por el filósofo de la naturaleza o geómetra que realiza estudios astronómicos que van más allá de los cielos (Teeteto 173e), lo cual parece confirmar que el empleo científico de ὑπόθεσις debe buscarse en los primeros geómetras y astrónomos. Este testimonio del filósofo muestra que las ‘hipótesis‛ son empleadas por otras disciplinas. La ciencia médica, por su parte, parece adoptar una postura crítica respecto de ciertas suposiciones filosóficas, aunque en algunos casos también las explota, como en Nat.Hom. o Sobre la medicina antigua.
Si bien el autor de Sobre la medicina antigua denuncia la influencia de ciertas hipótesis filosóficas en la medicina, suscribe en su teoría sobre la salud y el equilibrio una concepción que puede rastrearse en Alcmeón de Crotona (fr. B 4) y, tal vez, en Anaximandro.56 Su hostilidad a la intrusión de la filosofía en la esfera de la medicina es compartida por el autor de Nat.Hom., pero este tiene un objetivo más restringido y dirige su ataque contra el intento de fundar la medicina mediante una hipótesis unitaria, es decir, critica la idea de que el hombre está compuesto de un solo elemento. A pesar de su polémico propósito, el autor de Nat.Hom. también recurre a algunos de los filósofos presocráticos (probablemente a Empédocles y con toda seguridad a Alcmeón de Crotona) para responder acerca de cómo está constituido el ser humano.
Según el autor de Nat.Hom., el hombre no está formado por aire, fuego, agua, tierra, o por cualquier otro elemento que no se vea en el hombre, porque tales postulados filosóficos van más allá del dominio de la medicina. Su propia teoría, tal como la formula en el capítulo 4, está empíricamente justificada, pues establece que el ser humano se forma a partir de cuatro humores: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. El problema radica en que esta teoría revela ciertas influencias filosóficas y es similar, creen algunos estudiosos,57 a la de Empédocles sobre los cuatro elementos. En realidad, es muy probable que los filósofos, y también los médicos, a los que alude el autor de Nat.Hom. hayan conocido las teorías de Empédocles, dado que eligieron como único elemento para explicar la naturaleza del hombre uno de los cuatro de este filósofo.58
Pero la teoría pluralista de Empédocles es modificada en Nat.Hom. y se ajusta con lo que el autor considera que son los hechos de la experiencia médica. Su propia hipótesis es la contraparte de la teoría de Empédocles, puesto que no solo limita los constituyentes básicos del cuerpo, sino que al igual que el filósofo intenta explicar al hombre como un producto de su medio ambiente conforme a las mismas leyes que operan en el cosmos. Más aún, su doctrina de que la salud es el resultado de que estos cuatro humores se hallan en igual proporción uno con el otro y que el dolor se produce cuando uno de ellos está en un estado de deficiencia o exceso, es una variación de la influencia de la filosofía en general y de la de Empédocles en particular. Tampoco se puede soslayar el hecho de que la filosofía de Empédocles se vio amenazada por las teorías cosmológicas de algunos filósofos jonios, especialmente por Diógenes de Apolonia y ciertos médicos monistas que se pusieron en boga al final del siglo V a. C. Esas doctrinas filosóficas establecieron que la naturaleza humana está compuesta de una única sustancia y tuvieron repercusión en Nat.Hom. y probablemente en Sobre los flatos.
De modo que el autor de Nat.Hom. se opone, por una parte, a la intrusión de la filosofía en la medicina, en particular a la concepción monista de la realidad de filósofos como Diógenes de Apolonia y Meliso. Por otra, manifiesta una influencia de la filosofía, probablemente a partir de Empédocles y Alcmeón de Crotona, que le permite bosquejar una incipiente teoría humoral.59