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Оглавление2. Reducir el estrés y la ansiedad
caso práctico: piper courtenay
No suele ocurrir que uno encuentre a alguien dispuesto a hablar abiertamente sobre sus luchas personales sin temor a ser estigmatizado, pero la primera vez que conocí a Piper Courtenay, una colega escritora que está también completamente inmersa en la «ola» del cánnabis, intercambiamos historias sobre nuestros episodios de problemas mentales como si estuviéramos hablando del tiempo. Tras esa cita inicial en un café en la que nos volcamos activamente y sin ningún pudor en lo que muchos considerarían una sobrexposición emocional, nos hicimos no solo colegas en el Georgia Straight,1 sino también y rápidamente amigas (lo que probablemente molestó mucho al resto de compañeros). Tenemos mucho en común: pasión por la escritura, afinidad por el cánnabis, una seria obsesión por los tatuajes y la creencia de que hablar de nuestras batallas con nuestra salud mental puede facilitarnos las cosas —a nosotras y a otras personas— a la hora de sobreponernos a ellas.
«He estado lidiando con la ansiedad y la depresión desde una edad verdaderamente temprana», me dijo Courtenay una tarde en la que nos escabullimos de nuestros cubículos para buscar un lugar más privado para hablar. Un trauma de la niñez la forzó a crecer mucho más rápido que sus compañeras, exponiéndola a altos niveles de estrés muy pronto en la vida.
«Pero cuando tenía veintiuno tuve un aborto y eso fue un terremoto emocional que hizo aflorar un montón de problemas de salud mental». En combinación con los problemas de vivir en una ciudad desconocida donde tenía pocos amigos y una relación que pendía de un hilo, el aborto la sumió en una profunda depresión a la vez que exacerbó su batalla en curso contra la ansiedad, lo que acabó desembocando en lo que los psicólogos denominan una desregulación del sistema nervioso. «Significa que no puedo sacarme a mí misma de los extremos», me dice.
Para Courtenay, estos extremos pueden comportar sentimientos de angustia intensa que pueden desencadenar ataques de pánico y ansiedad, así como sentimientos de autoexclusión y ansiedad social cuando está con gente. En lo más álgido de su lucha, a menudo sufría ataques de pánico y la sensación de soledad la consumía por completo.
Un día sus amigos empezaron a hablar de los matices de la marihuana medicinal en una barbacoa, y escuchó atenta cuando uno intervino diciendo que servía para aliviar la ansiedad. Explicó las diferencias entre variedades, enumerando las características del thc y el cbd, y desglosó la ciencia del sistema endocannabinoide. Esto le ayudó a familiarizarse con la idea de usar el cánnabis antes de lanzarse y, en seguida, cualquier vacilación que tuviera había desaparecido. Empezó a explorar el cánnabis, no como una solución para su ansiedad sino como una herramienta para superarla. La combinación con otras cosas, como la terapia convencional, los mecanismos de enfrentamiento y enormes cantidades de autoamor ha ayudado a Courtenay a mantenerse sin ansiedad durante meses. Con la ayuda de un amigo realizó sus experimentos hasta que, mediante prueba y error, encontró las variedades adecuadas para su ansiedad.
«Aprendí muy pronto que hay unas variedades que funcionan mejor que otras», dice mientras señala que algunas variedades con un mayor contenido de thc tendían a incrementar su ansiedad, mientras que aquellas que se acercaban a una proporción de uno a uno de thc y cbd eran más beneficiosas.
«Otra cosa que me ocurre con el cánnabis es que interrumpe los patrones de pensamiento negativo que acompañan a la ansiedad», dice. «Cualquiera que lo haya padecido sabe que te intentan volver a sumergir, y tú puedes intentar salir, pero el cánnabis realmente ayuda a darte un alivio».
«Plantéatelo como si fuera una manera de conseguir una vista de pájaro o una perspectiva nueva sobre un asunto candente», sugiere. «Añade un nivel de racionalidad que realmente no tienes cuando sufres un ataque de ansiedad».
eternamente estresados: ¿un fenómeno moderno?
Hoy en día resulta fácil atribuir nuestros sentimientos reprimidos de estrés y ansiedad a los largos días en la oficina, a los asuntos en nuestras relaciones personales que nos atormentan, o a las cargas financieras como la reparación del coche o las facturas de la tarjeta de crédito. A menudo percibimos el estrés de forma negativa: puedo culpar a mi ansiedad por mi incapacidad para funcionar en el trabajo, o al estrés por la dificultad para ponerme a meditar con tranquilidad. Pero cuando los humanos modernos evolucionaron hace 200.000 años, el estrés servía para un propósito totalmente distinto.
Aunque podamos proclamar de forma algo estúpida que ir a cazar una comida al súper puede ser estresante, los primeros humanos sobre la faz de la tierra se enfrentaban a un estrés más justificado al tener que competir con otros humanos y depredadores por el alimento, sin mencionar el peligro real de terminar siendo la presa de la caza. Si bien las causas tras el estrés y la ansiedad que sienten los humanos modernos y nuestros congéneres antiguos son enormemente distintas, la respuesta del cerebro es idéntica.
En la década de 1920, el investigador médico Hans Selye acuñó la palabra «estrés» para describir una tensión física o psicológica en el cuerpo humano. Fue el primero en defender que el estrés podía tener un impacto en la salud. Su modelo explica que el cuerpo responde al estrés en tres fases: (1) alarma, (2) resistencia y (3) agotamiento. La primera fase ocurre cuando el cuerpo encuentra una amenaza, o estresor, y reacciona con una respuesta de lucha o huida. El sistema nervioso simpático se activa cuando el cerebro, en particular la amígdala, detecta el estrés y envía una señal al hipotálamo, quien a su vez indica a las glándulas pituitaria y suprarrenales que segreguen hormonas como la adrenalina y el cortisol. Si la secreción de estas hormonas no induce a la homeostasis, entonces se avanza a la siguiente fase. Durante la segunda fase, la resistencia, el cuerpo intenta regresar a los niveles normales de funcionamiento fisiológico mientras la adrenalina y el cortisol continúan circulando. Mientras esto sucede, el sistema nervioso parasimpático también intenta que el cuerpo regrese a la estasis, o estado de equilibrio. Esta fase suele llamarse estrés crónico: los niveles de cortisol permanecen altos, pero el cuerpo todavía puede gestionarlo. La fase final del modelo de Selye, el agotamiento, se da cuando el estresor excede la capacidad del cuerpo ante el estrés, y termina a la postre agotando sus recursos físicos y volviendo a la persona afectada susceptible a la enfermedad e incluso la muerte.
La ansiedad, aunque está estrechamente relacionada, no es lo mismo que el estrés. Si bien el estrés es la respuesta del cuerpo a un estresor que existe y puede resultar en una miríada de sentimientos como el enfado, la tristeza o la preocupación, la ansiedad ocurre en ausencia de un estresor y está básicamente asociada al miedo y a la aprehensión.
A veces resulta fácil identificar las causas de la ansiedad; otras veces aparece de la nada. Aunque la mayoría de la gente experimenta la ansiedad en oleadas, estar en un estado de ansiedad perpetua es como dejar tu interruptor de lucha o huida encendido indefinidamente. Si no se trata, este efecto prolongado puede contribuir al desarrollo de trastornos de ansiedad que pueden hacer que llevar una vida normal sea casi imposible. El trastorno de ansiedad generalizado, el trastorno de pánico, el trastorno de ansiedad social, el trastorno obsesivo-compulsivo, el tept y algunas fobias en concreto: todos están bajo el paraguas de la ansiedad.
Con independencia de cómo los definas, el estrés y la ansiedad son un problema significativo y creciente. La Anxiety and Depression Association of America señala que el 18 por ciento de la población sufre trastornos de ansiedad,2 mientras que la American Psychological Association dice que casi la cuarta parte de los americanos experimenta un estrés extremo con regularidad.3
el uso histórico del cánnabis para la ansiedad
Si bien puede que el fenómeno de sentirse perpetuamente estresado por factores que no amenazan a la vida sea relativamente nuevo, el uso del cánnabis como remedio para el estrés y la ansiedad puede ser descrito como antiguo. El investigador y etnofarmacólogo Christian Rätsch señala que el cánnabis se emplea desde el 3000 a. e. c. para este fin en concreto. En los textos sumerios incluso se referían al mismo como «la planta para olvidar las preocupaciones».4 Hay que reconocer que el cánnabis se consumía de formas muy diferentes a las de ahora, pero las razones para usarlo siguen siendo las mismas.
Hoy en día, puedo usar el cánnabis para aliviar el estrés y la ansiedad disfrutando de unas bocanadas de mi vaporizador o dándome un baño con una bomba de jabón impregnada con thc, pero en la antigua India, una forma popular de combatir el estrés consistía en usar un mejunje llamado bhang, una pasta hecha a base de los cogollos y las hojas del cánnabis que se mezclaba con leche, ghee y especias para confeccionar una bebida. Se usaba a menudo para facilitar la meditación y la trascendencia. En la escritura sagrada Atharvaveda (1400 a. c. e.) se describe el cánnabis como una de las cinco plantas que ofrecen la «liberación de la aflicción». El bhang se utiliza aún hoy en día, y forma una parte tan integral de las prácticas hindúes que fue excluido de la Ley de drogas narcóticas y sustancias psicotrópicas de 1985.
No fue hasta 1843 cuando el cánnabis irrumpió en la medicina occidental. William O’Shaughnessy trabajaba en Calcuta cuando presenció por primera vez el uso del cánnabis como medicina. Pronto adoptó la planta y la empezó a usar para el tratamiento de varias dolencias, a la vez que pedía consejo a los estudiosos indios de su tiempo sobre los métodos de preparación. A la postre, O’Shaughnessy descubrió que las tinturas de cánnabis eran un tratamiento efectivo para el cólera, y esa idea llamó la atención de los clínicos en Europa y América del Norte, que no habían conseguido una cura para esta enfermedad letal.
Esto, a su vez, suscitó el interés de más doctores y científicos y, en los siguientes veinte años, los investigadores del mundo occidental publicaron más de cien artículos sobre el cánnabis y su valor terapéutico. En 1851, la U.S. Pharmacopeia listó por primera vez el extractum cannabis, o extracto de cánnabis, como una medicina reconocida. Se incluyó en las sucesivas ediciones hasta 1942, después de que la Marihuana Tax Act (Ley de Tasación de la Marihuana) de 1937 declarara el cánnabis ilegal a nivel federal. De igual manera, el Dispensatory of the United States of America, una suerte de guía que listaba drogas de origen botánico y sus usos varios, afirmaba que el cánnabis podía «recomponer la inquietud nerviosa» y, en concreto, recomendaba su uso para un abanico de dolencias relacionadas con la salud mental incluyendo la histeria, la depresión e incluso la locura.
cómo puede ayudar el cánnabis
En la actualidad, los investigadores están trabajando para averiguar cómo funciona el cánnabis en el cuerpo para aliviar la ansiedad. Los estudios resultantes hasta ahora han demostrado que el cánnabis y sus compuestos más comúnmente estudiados —los cannabinoides thc y cbd— pueden modular la ansiedad dependiendo de la dosis. Pero para poder entender cómo funcionan estos cannabinoides en la relación a la respuesta de estrés del cuerpo, primero tenemos que entender los sistemas que existen con independencia del uso del cánnabis o de su presencia.
El sistema endocannabinoide, o sec, es un importante sistema regulador que existe en todos los mamíferos. Inicia cambios tanto psicológicos como fisiológicos a medida que nuestros cuerpos se adaptan a nuevos entornos o circunstancias (cabe pensar en el estrés como otra circunstancia a la que nuestros cuerpos se tratan de adaptar constantemente). El estrés y la ansiedad activarán un sec sano para que produzca endocannabinoides —es decir, los cannabinoides en nuestros cuerpos— según la necesidad. A su vez, estos endocannabinoides activan los receptores de endocannabinoides que se encuentran por todo el cuerpo para facilitar la respuesta necesaria. En 2012, un equipo de investigadores alemanes completó un estudio publicado en el Journal of Psychopharmacology que mostraba que la señalización de endocannabinoides podía asegurar una reacción apropiada a los acontecimientos estresantes, y se refería al sec como «un sistema regulador tampón para la respuesta emocional».5
Una metáfora común que los científicos emplean a menudo compara el sec con un sistema de cerraduras y llaves: una vez que se introduce la llave (el cannabinoide) en su cerradura correspondiente (el receptor del cannabinoide), un mensaje químico se abre y se desencadena un cambio en el cuerpo que nos ayuda a adaptarnos al estrés. Si lo contemplamos en términos del modelo de estrés de Selye, el sec juega un papel muy destacado en la fase de resistencia, cuando el cuerpo intenta adaptarse a una fuente persistente de estrés.
Incluso antes de que los investigadores pudieran ilustrar la relación entre la ansiedad y el sec, estaban al corriente de que el estrés y la ansiedad eran la razón más común que daban los usuarios de cánnabis para justificar el consumo de la planta. Un estudio canadiense que examinó el uso del cánnabis para fines terapéuticos en un grupo de 628 personas encontró que el 79 por ciento de los encuestados usaba el cánnabis para aliviar la ansiedad.6 Un artículo de revisión de 2017 corroboró esa afirmación mediante ocho estudios transversales que llegaron a la misma conclusión: el alivio de la ansiedad es una razón básica para el uso del cánnabis.7
Ahora que sabemos cómo produce el cuerpo sus propios cannabinoides para combatir el estrés, resulta más fácil entender la manera en que los cannabinoides derivados del cánnabis funcionan en el cuerpo. Dado que los endocannabinoides se producen a demanda y no se almacenan, puede que se agoten si el cuerpo se ve sometido a tanto estrés que agota la capacidad de producir más. Cuando esto ocurre, el sec se desequilibra. (El lector encontrará una explicación más detallada de los endocannabinoides y sus receptores en el apéndice 1.)
Un sec desequilibrado puede causar problemas, en particular en lo que se refiere a la salud mental. En 2014, unos investigadores de la universidad Vanderbilt consiguieron confirmar que, cuando las personas sufrían estrés crónico o un trauma emocional severo, corrían el riesgo de sufrir una reducción en su producción de cannabinoides,8 lo que a su vez incrementaba las posibilidades de experimentar ansiedad. Y aquí es cuando los cannabinoides del cánnabis pueden resultar de ayuda. El mismo estudio descubrió que, cuando los usuarios con una deficiencia de cannabinoides consumían cánnabis, su ansiedad se reducía. Verás: el thc y el cbd actúan de forma similar a los endocannabinoides del cuerpo, lo que significa que pueden abrir o unirse a los receptores cannabinoides de la misma manera. A un nivel neuroquímico, consumir cannabinoides como el thc y el cbd puede ayudar a regular el sec del cuerpo trabajando para restaurar el equilibrio. Sin embargo y como ya mencionamos, la dosis juega un papel importante: resulta que demasiado cánnabis perturba el sec y puede incrementar la ansiedad.
Encontrar la línea divisoria entre incrementar o reducir la ansiedad personal con el cánnabis tiene mucho que ver con las características de los compuestos dominantes de la planta. Sabemos del capítulo anterior que el thc es el cannabinoide responsable de la euforia o subidón que resulta de consumir cánnabis y, para los usuarios primerizos, esta sensación no siempre resulta agradable. De hecho, algunos sostienen que les provoca más ansiedad. El cbd, sin embargo, no causa euforia. Este hecho por sí solo hace que algunos estén convencidos de que el cbd puede ser más efectivo que el thc para tratar la ansiedad.
Se ha demostrado una y otra vez en condiciones de laboratorio que el cánnabis es bueno para regular la ansiedad. Un artículo de revisión de 2010 sobre el uso terapéutico de los cannabinoides analizó casi un centenar de estudios con animales y humanos para determinar el potencial del cbd como ayuda para tratar problemas psiquiátricos. Los científicos señalaron que, debido a su ausencia de efectos intoxicantes o cognitivos y su relativa seguridad, «posiblemente el cbd sea el cannabinoide más probable cuyos hallazgos se traduzcan en la práctica clínica».9 El mismo estudio sugería que, si bien se ha demostrado que el thc posee propiedades sedantes y promueve el sueño, valdría la pena realizar «una atenta exploración de los efectos benéficos de la asociación entre el thc y el cbd». En general, el estudio encontró que el sec era «un objetivo prometedor para intervenciones terapéuticas novedosas para los problemas psiquiátricos, incluida la ansiedad.
Cuando consideramos las cualidades individuales de cada cannabinoide, otro factor que puede afectar a la potencia de un componente es su interacción con otro compuesto. Los científicos saben desde 1974 que el cbd puede interferir con los efectos deseados (y, a veces, no deseados) del thc,10 y confirmaron en un estudio de 1982 que una dosis de cbd podía combatir de forma efectiva los efectos secundarios de ansiedad causados por el consumo de una dosis de thc.11 (De ahí el consejo a una persona que no se siente bien tras consumir thc de que consuma un producto alto en cbd.)
Si bien el estudio de 2010 ya mencionado sugiere que el cbd puede ser un mejor punto de partida para los pacientes que sufren ansiedad, estudios más recientes sobre la literatura relacionada con el sec y la ansiedad adoptan un planteamiento más amplio, incluyendo los estudios específicos al tept. La gran diferenciación entre individuos con trastornos de ansiedad e individuos con tept es que los segundos forman lo que los científicos denominan «memoria del miedo» o condicionamiento del miedo, tras un acontecimiento traumático. Esto puede causar flashbacks, agresividad, depresión, incremento de la frecuencia cardiaca, tensión muscular e insomnio, entre otras cosas. El tept también conlleva una incapacidad del proceso normal de extinción del miedo, lo que significa que ciertos recordatorios o «desencadenantes» de una experiencia traumática pueden causar respuestas de miedo condicionado mucho después de que termine la experiencia.
Se ha mostrado en estudios con animales que una señalización aumentada de endocannabinoides tiene un efecto en la memoria del miedo, y que las dosis tanto de thc como de cbd muestran su habilidad para alterarlo. Un estudio con humanos mostró que la administración de una dosis baja de thc a individuos sanos ayudaba a modular los circuitos en el cerebro relacionados con la extinción del miedo. El estudio señala que el sistema endocannabinoide del cuerpo podría claramente servir como «objetivo prometedor» para la intervención del tept.12
Otro estudio que examinó los efectos del thc en el cerebro encontró que este aumentaba la conectividad funcional entre varias regiones de la amígdala y el córtex prefrontal,13 lo que sugiere que, en el contexto de una amenaza, el thc puede modular la reactividad, reduciendo potencialmente nuestra percepción de la amenaza o aumentando nuestra regulación socio-emocional. En palabras más sencillas: el thc podría ayudarnos a reaccionar de forma más apropiada cuando nos enfrentamos a algo que nos atemoriza.
el uso del cánnabis para tratar el estrés y la ansiedad
Los estudios demuestran que la diferencia entre reducir la ansiedad con el cánnabis y su incremento accidental reside en la dosis. (El dicho es: «Empieza con poco y ve poco a poco».) En un estudio de 2017 sobre los efectos neuropsiquiátricos del cánnabis, los investigadores escriben que el subidón que se experimenta consumiendo cánnabis «puede conseguirse con dosis de thc tan bajas como 2,5 miligramos en un cigarrillo de hierba e incluyen una sensación de intoxicación, con una reducción de la ansiedad, del estado de alerta, la depresión y la tensión, y un incremento de la sociabilidad».14 Otro estudio centrado en el cbd encontró que dosis entre 300 y 600 miligramos reducían la ansiedad inducida en condiciones de laboratorio, pero parecían no afectar a los niveles de base de la ansiedad. Sin embargo, estas dosis reducían la ansiedad de base de los pacientes con un trastorno afectivo estacional. Los autores de este estudio indican que la evidencia preclínica «demostró de forma concluyente la eficacia del cbd para reducir los comportamientos ansiosos relevantes en múltiples trastornos», incluyendo los trastornos de la ansiedad listados con anterioridad.15
Cabe tener en cuenta que, a pesar de estos y otros estudios que señalan la respuesta positiva del cuerpo al cánnabis en momentos de estrés y ansiedad, a los facultativos de muchos estados de Estados Unidos no se les permite recomendarlo como tratamiento para los trastornos de ansiedad. La mayoría de los estados proporciona a los facultativos un listado de dolencias y síntomas que se considera que pueden ser tratados con cánnabis. Las condiciones de salud física y los síntomas suelen limitarse al dolor crónico, el síndrome de emaciación, náuseas y convulsiones; los problemas de salud mental suelen limitarse al tept. Solo unos pocos estados permiten que los doctores sugieran el cánnabis para otras dolencias persistentes.
El doctor Jeremy Spiegel trabaja en el Casco Bay Medical en Massachusetts, donde se le permite discrecionalidad a la hora de tratar a pacientes cuyas dolencias no se incluyen en la lista del estado. El doctor Spiegel afirma que entre el 25 y 30 por ciento de sus pacientes usa el cánnabis medicinal para tratar problemas de salud mental y trastornos del estado de ánimo que a menudo están muy relacionados con el estrés y la ansiedad. Pero incluso cuando los pacientes tienen acceso al sistema de salud estatal y usan el cánnabis con su aprobación, Spiegel señala que la administración del cánnabis como tratamiento para las dolencias relacionadas con el estrés y la ansiedad entraña un conjunto particular de retos.
El cánnabis tiene más de doscientos compuestos activos, muchos de los cuales aún no han sido estudiados, lo que lo vuelve totalmente distinto a cualquier medicación compuesta por una sola molécula —como ocurre con la mayoría de las medicinas que solo tienen un compuesto— que uno puede tomar para tratar una dolencia en concreto. Spiegel dice que la diferencia entre usar cánnabis y un medicamento con receta puede compararse a la diferencia entre comer alimentos integrales y «comer de una lata».
Un ejemplo lo vemos en el Marinol, una versión sintética del thc que fue aprobada por fda en 1985 y suele recetarse a los pacientes que sufren efectos secundarios asociados a la quimioterapia tales como náuseas. Spiegel señala que, si bien puede parecer lógico extraer la conclusión de que el thc sintético funciona de la misma forma que el thc que se deriva del cánnabis, simplemente no es así. Cuando el thc que se deriva del cánnabis entra en el cuerpo, trabaja de consuno con otros cannabinoides y terpenos, algunos de los cuales también pueden tener efectos contra la ansiedad. (Se trata del efecto séquito que ya mencionamos.) Los terpenos son potentes compuestos orgánicos que existen en una variedad de plantas y son los responsables de sus aromas particulares. Hoy en día se cree que hay más de un centenar en el cánnabis, incluyendo, en particular, los terpenos que combaten el estrés como el linalool (que huele como la lavanda), el mirceno (que se encuentra en la lavanda), y el limoneno (que tiene un perfil de aroma similar a los cítricos). Si bien el doctor Spiegel reconoce la importancia clínica de estudiar cada compuesto individual, dice que administrarlos por separado nunca produce los mismos resultados como el consumo de la planta en su totalidad. Esto hace que el tratamiento con cánnabis sea muy prometedor, pero también más difícil de controlar.
El doctor Spiegel prefiere no hacer recomendaciones sobre las variedades o proporciones de cannabinoides a emplear para el estrés y la ansiedad, pero sí que les dice a los pacientes que mantengan una mente abierta cuando acuden a su dispensario, donde una persona les ayudará a identificar los productos que les pueden ayudar mejor. Señala que los pacientes que no desean colocarse suelen preguntar por los productos con cbd, pero él les recuerda que, si bien el cbd ofrece sus propios beneficios, un paciente que lo use de forma exclusiva puede desarrollar una tolerancia al compuesto que a la larga requerirá aumentar la dosis. Los pacientes se pueden encontrar con que, si utilizan una medicina que contiene un único compuesto, desarrollarán una tolerancia más rápido. (Esto puede volverse muy caro, pues los productos hechos exclusivamente con cbd tienden a ser más costosos.) Cuando esto ocurre, recomienda al paciente introducir thc en forma de tintura, cápsula o variedad para contrarrestar la tolerancia al cbd.
Dependiendo de dónde vivas, tener acceso al cánnabis para tratar un estrés o ansiedad moderados puede ser tan sencillo como dejarte caer en un dispensario, pero elegir el producto adecuado puede ser más difícil. Las diferencias entre las variedades de cánnabis y el sec de cada persona significa que no hay una fórmula mágica para todo el mundo. Puede que en un dispensario recomienden a una persona que padece estrés y ansiedad altos una variedad sedante como Death Bubba o Grandaddy Purple, variedades ambas con una prevalencia de thc que se sabe que relajan la mente mientras que provocan un colocón corporal. Claro que puede ocurrir que el paciente prefiera una variedad como la Cannatonic, en la que prevalece el cbd y tiene una pequeña cantidad de thc, que suele recomendarse para la ansiedad. (Si nos basamos en lo que sabemos sobre la habilidad del thc para aumentar la ansiedad en dosis altas, este puede ser un punto de partida seguro.)
Se recomienda inhalar si lo que pretendes es un alivio rápido del estrés. Si no te interesa empezar a fumar, puede que vaporizar sea lo tuyo. (Los vaporizadores son una solución más discreta que un gran porro humeante para un episodio de ansiedad a mediodía.) Otras opciones como las tinturas y los comestibles ofrecen una clase diferente de beneficios porque sus efectos suelen durar mucho más. Las tinturas y los aceites están disponibles en proporciones específicas de cbd a thc tales como 1:1, 1:2 ó 1:4, y algunos fabricantes han creado productos para distintos momentos del día. Por ejemplo, puede que una tintura o aceite diurno tenga más cbd que thc para que el usuario no experimente el colocón asociado con el thc durante el día, mientras que una tintura nocturna puede elaborarse con mayores niveles de thc. Otras opciones incluyen las cápsulas, elaboradas con extracciones de cánnabis líquido, y que no se diferencian de la ingesta de medicamentos convencionales. Con independencia de lo que prefieras, la mayoría de los expertos en cánnabis está de acuerdo en que la medicina de la planta en su conjunto, y no los productos elaborados con compuestos aislados, ofrecerá siempre a los usuarios una experiencia de tratamiento más flexible, con independencia de la dolencia.
1. Periódico canadiense gratuito de Vancouver, Columbia Británica. (N. del t.)
2. «Facts & Statistics», Anxiety and Depression Association of America, adaa.org/about-adaa/press-room/facts-statistics
3. «Stress in America: Coping with Change», American Psychological Association, February 15, 2017, apa.org/news/press/releases/stress/2016/coping-with-change.pdf
4. Rätsch, Christian, Hanf als Heilmittel: Ethnomedizin, Anwendungen und Rezepte, Nachtschatten Verlag, 2016. [Marijuana Medicine: A World Tour of the Healing and Visionary Powers of Cannabis, Healing Arts Press, 2001]
5. S. Ruehle et al., «The Endocannabinoid System in Anxiety, Fear Memory and Habituation», Journal of Psychopharmacology (Oxford, England) 26, no. 1 (2012): 23-39, ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3267552
6. Zach Walsh, Robert Callaway et al., «Cannabis for Therapeutic Purposes: Patient Characteristics, Access, and Reasons for Use», International Journal of Drug Policy 24, no. 6 (noviembre 2013): 511-516, ijdp.org/article/S0955-3959(13)00135-7/fulltext
7. Zach Walsh, Raul Gonzalez et al., «Medical Cannabis and Mental Health: A Guided Systematic Review», Clinical Psychology Review 51 (febrero 2017): 15-29, sciencedirect.com/science/article/pii/S0272735816300939?via%3Dihub
8. Teniel S. Ramikie et al., «Multiple Mechanistically Distinct Modes of Endocannabinoid Mobilization at Central Amygdala Glutamatergic Synapses», Neuron 81, no. 5 (2014): 1111-1125, ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3955008
9. José Alexandre S. Crippa, Antonio Waldo Zuardi, y Jaime E. C. Hallak, «Uso terapêutico dos canabinoides em psiquiatría». Revista Brasileira de Psiquiatria 32, no. 1 (2010): 556-566, scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1516-44462010000500009&lng=en&nrm=iso&tlng=en
10. Isaac G. Karniol et al., «Cannabidiol Interferes with the Effects of Δ⁹– Tetrahydrocannabinol in Man», European Journal of Pharmacology 28, no. 1 (1974): 172-177, sciencedirect.com/science/article/pii/0014299974901290?via%3Dihub
11. A.W. Zuardi et al., «Action of Cannabidiol on the Anxiety and Other Effects Produced by Δ⁹-THC in Normal Subjects», Psychopharmacology 76, no. 3 (1982): 245-250, ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/6285406
12. Christine A. Rabinak et al., «Cannabinoid Modulation of Prefrontal-Limbic Activation during Fear Extinction Learning and Recall in Humans», Neurobiology of Learning and Memory 113 (septiembre 2014): 125-134, ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3960373
13. Stephanie M. Gorka et al., «Cannabinoid Modulation of Amygdala Subregion Functional Connectivity to Social Signals of Threat», International Journal of Neuropsychopharmacology 18, no. 3 (2015): 1-6, ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4360235
14. Edward Wadieh, Lisa Y. Adams, y Tony L. Brown, «Neuropsychiatric Effects of Marijuana», MOJ Addiction Medicine & Therapy 3 (2017): 61-64, medcraveonline.com/MOJAMT/MOJAMT-03-00034.pdf
15. Esther M. Blessing et al., «Cannabidiol as a Potential Treatment for Anxiety Disorders», Neurotherapeutics 12, no. 4 (octubre 2015): 825-836, ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4604171