Читать книгу Diario del piloto de la Real Armada, D. Basilio Villarino, del reconocimiento, que hizo del Río Negro, en la costa oriental de Patagonia, el año de 1782 - Basilio Villarino - Страница 4
DIA 1.º DE NOVIEMBRE.
ОглавлениеAl amanecer se fué Villalba y el peon, y yo continué siguiendo mi viage hasta la 1½ de la tarde, habiendo navegado al ONO 5 millas de distancia. A esta hora llegó el dragon Antonio, me entregó las cartas de oficio del Super-Intendente, y me pidió un peon para ayudarle á traer el ganado que estaba cerca: hice alto en este sitio, y volvió con el ganado á los cuatro de la tarde, que constaba de 30 reses. A las dos de la tarde llegaron indios con la lenguaraza Teresa, la que trajo noticia que Francisco con sus toldos habia caminado rio arriba, á un parage donde esperaba porcion de Aucas: que mucha gente, de la que estaba con él, se habian vuelto rio abajo, hasta un paso que habia, á donde iban á pasar las mugeres y niños, para que estos siguiesen al Colorado, y ellos volverse á robarnos los caballos y matar los peones; y que esta noticia la mandaba el cacique viejo, que fué el único que se quedó con su toldo en el parage á donde estaba. Esta noche puse 5 marineros á caballo á rondar el ganado y caballada, con los 5 peones que tengo, y los 6 que vinieron del pueblo: con este dragon vino el calafate José de los Santos y un peon con 8 caballos.
DIA 2.
Esta mañana se fueron los indios, á quienes regalé y ofrecí amistad y buena armonia, y yo continué mi viage. Esta noche, habiéndole dado á la lenguaraza bastante aguardiente, me confesó que Francisco se habia ido de miedo, pero á juntar indios, y que el viejo no habia caminado con ellos, porque estaba tan enfermo que no podia montar á caballo. A mediodia observé el sol en 39° 00′ de latitud S: vinieron algunos indios, á quienes regalé y obsequié bastante. Al anochecer largaron los indios sus caballos entre los nuestros, y dijeron que les mandaba el cacique que dormiesen entre nosotros. Mandé á los peones y gente de guardia tuviesen mucho cuidado con ellos, pues dicen que ya se vuelven á unir los toldos y á juntar los indios. A mediodia estaba inmediato á una horqueta, que por los indios no pude averiguar si es de algun otro rio que entra por el N del principal, ó si es formada por alguna isla. Este dia hice el rumbo del NO ¼ O, 4 millas de distancia directa que por las vueltas del rio se hicieron.
DIA 3.
Salí siguiendo mi viage á las cinco de la mañana: á mediodia llegó el cacique Francisco con un número como de 30 á 40 indios; los regalé y convidé con aguardiente, tabaco y bizcocho, y se les hizo de comer á todos, y á las dos de la tarde continué, y los indios anduvieron entre el ganado y la caballada, por lo que inmediatamente hice venir todo al costado de las embarcaciones. Al anochecer acampé, y vinieron 6 indios de parte de Francisco, con una botija á pedir aguardiente: se la dí, así por esegurar los chasques que vengan del pueblo, como por adquirir noticias, y por medio de sus indios ó esclavos mandar ahora chasque con nuestra gente al pueblo, á fin de tener pronta respuesta á los oficios que envio. Este dia fué la distancia directa de 1½ millas al NO: aquí hay excelentes potreros y buenas tierras.
DIA 4.
Salí de mañana, y á las 9 del dia llegó uno de los nuestros con la noticia de que los indios habian levantado los toldos, y ya caminaban las chinas con ellos, menos el de Francisco, y del viejo: y luego llegó Francisco con su familia y mas de 50 indios y chinas, y viendo yo la mucha canalla que venia, tiré á navegar sin arrimar á tierra; y á las dos de la tarde volvieron: se les dió de comer y aguardiente; y á la noche se repitió lo mismo. Navegué este dia dos millas al NO ¼ O, y hay muy buenas tierras. Esta tarde, que navegué en una sola vuelta 9 millas de distancia, cuando paré á la noche tenia, desde el parage de donde habia salido al mediodia de camino en línea recta 180 varas, que así son las vueltas y potreros de este rio, los cuales regularmente es buena tierra, y no necesitan otra cosa que abrir zanja de media vara, para por cualquiera parte sacarles riego.
DIA 5.
Hoy á las 8 de la mañana acabé de despachar al dragon Antonio, y yo seguí mi viage y me siguieron todos los indios y chinas, sin embargo de haberles dado de almorzar, y luego aguardiente, bizcocho, tabaco, azucar, &a. A mediodía pararon á donde yo paré, para dar de comer á la gente: tuve la paciencia de obsequiarlos de la misma suerte. Pasado esto me pidió el cacique Francisco una vaca para dar de comer á su gente: á esto le dije que esperaba comprar ganado á los Aucas: que mandariamos un indio de sus toldos al pueblo; que si me mandaban ganado que le daría, pues bien veia que el ganado que yo tenia era poco, y que ya se me acababan los víveres, y que no tenia que comer la gente: que mi viage era muy largo, ni tampoco tenia donde hacer bastimento, ni menos adonde comprar. Ensilló su caballo, y se puso en camino muy enojado.
Es imposible hacer cosa buena con los indios, y lo mas seguro es el rigor, pues con un escarmiento en una tolderia como la de Francisco, no se atreverian los otros á estas y otras burlas que nos hacen; y mas cuando esta gente es tan acreedora á que se les castigue. Al anochecer me acampé, y algunos indios se quedaron entre nosotros; y navegué en todo este dia 2 millas al ONO corregido en línea recta, que por las vueltas fueron 8.
DIA 6.
A las 6 de la mañana salí con viento al SE flojo, y se fueron loa indios: antes de irse me llamó Teresa con secreto, y me dijo que el cacique Francisco se iba huyendo rio arriba, porque tenia en sus toldos dos cristianos, el uno llamado Mariano y el otro Francisco: y asimismo que ya habiamos pasado el Choelechel, que es una loma que está en la cuchilla, á la cual los indios dan este nombre, pero que el paso de las indiadas está mas arriba, y que allí iba á parar Francisco, y los del viejo que van tambien á su solicitud. Navegué hasta de noche: se pescaron 13 truchas que son muy ricas, y desde luego me parece pesarian 50 libras. La distancia que he navegado segun las vueltas del rio llegó á 15 millas, pero en línea recta al NO corregido, 6. En estos tres dias próximos pasados todas las tierras han sido superiores, tales que desde aquí al desague del rio ni por asomo se hallan otras que les igualen; pero las que pasé hoy sobre todas. El potrero adonde estaban los toldos del cacique viejo, á mas de ser excelentes tierras, tiene la mejor proporcion que dar se puede para invernar, fortificarse y guardar el ganado: su entrada, como mas arriba tengo dicho, es de 250 varas; á esta se le puede hacer estacada de palo á pique, que para los indios es inexpugnable; con la misma y aun con mas facilidad se le puede abrir un foso de agua, por ser el terreno tan bajo que está elevado solamente dos palmos sobre la superficie del agua. Hecho esto, y poniendo un puente levadizo, con seis hombres, hay bastante: y no se piense que esto es muy difícil, porque, yo solamente con los marineros que tengo, toda esta obra tendria concluida en el término de un mes.[1]
Muchos y buenos potreros ó rinconadas he pasado desde que salí del establecimiento, pero ninguna como la que llevo dicho para el expresado intento. Tiene dicha rinconada otra excelencia, que sino es mas superior que las antecedentes no cede á ninguna de ellas, y es que por la parte del N no es tierra firme sino isla, y la parte del rio que pasa por la parte del N de ella, es de tanto caudal como la que pasa por la parte del S por la cual navego. Esta isla es muy grande, pues el principio de ella lo hallé el dia 2 del corriente, de cuya horqueta hago referencia en dicho dia.
DIA 7.
Salí al ser de dia, continuando mi navegacion, y mandé á los calafates y carpintero que montasen á caballo, y junto con los peones acompañasen ganado y caballada, y que llevase tres armas de fuego cada uno. Supe por los indios, que los fuegos é incendios del campo eran señal de reunion entre ellos, y seña de venir algun enemino de aquella nacion, á los cuales sus aliados y parientes le hacian esta seña. Desde el dia siguiente que se hallaron los primeros indios, hemos visto diariamente algun fuego, y siempre mas arriba de nosotros, pero nunca como desde antes de ayer, porque á las 4 horas de salir el cacique Francisco, empezó á arder el campo por diversos parages por la orilla del rio, y segun el camino que dicho Francisco llevaba: pero no por eso dejó de proseguir, pues el dia de hoy nos abrasamos entre las llamas de los fuegos, que parecia todo el campo un infierno. A la 1 de la tarde llegaron tres indios junto á nosotros, el hermano del capitan Chiquito con otros dos, y nos dijo que ya sus toldos iban delante á incorporarse con los de Francisco: lo regalé y se fué. A las 4 de la tarde pasaron los indios, y hablaron con los peones, los cuales llevaban un caballo que habian dejado cuando vinieron con el ganado, por estar despeado: estos dijeron que venian del Colorado con su cacique Guisél, el cual quedaba acampado en el mismo sitio donde estaban los toldos del Cacique Viejo, y que este los habia mandado á los toldos de Francisco. Navegué este dia al NO 6 millas de distancia, y por el rio 14.
Pusieron los indios el campo tan abrasado, que no hallé en todo el dia parage alguno adonde comiese algo el ganado. A la tarde hice matar una res, porque no era posible sugetarla, y se repartió entre la gente. A las 11½ de la noche dispararon los caballos.
DIA 8.
Al salir el sol continué mi camino con viento al SO, que aprovechaba en las vueltas adonde venia bien. A las 9 llegamos á una que fué preciso pasarla toda á espias, por ser el viento contrario: hoy se vieron pasar otros dos indios, uno hácia abajo y otro hácia arriba, sin llegar á las embarciones, antes bien, particularmente uno, caminaba á media rienda y por la orilla de la barranca. Estos movimientos de los indios, y el conocer su doblez é intencion depravada hácia nosotros, me tienen con cuidado. A mediodia monté á caballo á reconocer el campo, y en mas de 2 leguas no se halla pasto alguno para nuestro ganado, por haberlo quemado los indios.
Navegué este dia al NO corregido 3 millas de distancia, siendo por el rio 7 y de tierras muy inferiores: de la banda del S y la del N no puedo hacer juicio, porque por la orilla todo lo que hoy hemos caminado es bañado en esta isla.
DIA 9.
Reflexionando en los movimientos de los indios, los inconvenientes que tenemos de dejar los de Guisél atras, que se puede decir con seguridad que estos interceptarán nuestros chasques y la correspondencia que debe tener libre la expedicion con el caballero Super-Intendente, para que este, segun el estado de las cosas, le comunique sus órdenes: el no saber si los indios de dicho Guisél habrán hallado á la partida que trajo el ganado, como asimismo el no saber adonde van, qué intenciones llevan, y si se juntaron ya con Francisco: si este está en parage donde se le pueda atacar, qué indiada se juntó con él, qué hacienda tiene; ó si está en parage adonde no pueda ser atacado con las embarcaciones, ó si teniéndolo debajo del tiro, tener seguro nuestro ganado, y de no tomar otro medio que tierra, qué paso en el rio, &c.; para esto mandé al marinero Miguel Benites Paraguayo, (porque reusando hacer este servicio todos los peones, este se ofreció libremente) mozo bastantemente vivo y avisado, para que llevase una botija de aguardiente de regalo al cacique Francisco, con pretexto de que me mande un indio que vaya al pueblo de chasque; y que en viniéndome vacas le daré una y otras cosas á este tenor, solo con el fin de que el dicho Benites se informe de todo lo dicho, y me traiga si puede á la lenguaraza Teresa para informarme: porque de quedarme de invernada por falta de auxilios, debo volver al potrero adonde estaban los toldos del Viejo, y nos han dicho los tiene ahora Guisél, así por la bella proporcion que tiene de fortificarse y guardar los ganados, como por hacer caminar rio arriba al cacique Guisél, y tener libre el acopio y transporte de víveres y todo auxilio, como las órdenes del Super-Intendente y las noticias que segun lo que acaesca debo irle remitiendo; y si estuviese allí Guisél y los pudiese tener á tiro, esperar en aquel sitio la resolucion del Super-Intendente. Mandé á dos peones que lo acompañasen hasta cerca de dos toldos, y sin que los viesen los indios se volviesen: y asimismo lleva la órden Benites, que si me puede traer el chasquero del Colorado me lo traiga, que es uno de los que pasaron. Esto tenia yo premeditado desde anoche, que encargué al capataz viese algun peon para hacer esta diligencia, y yo seguí rio arriba á fuerza de espia al salir el sol, habiéndose ido el marinero á esta hora. A las 9½ llegó un indio de los toldos de Francisco, el que habia salido de ellos, segun dijo, y le pude comprender despues de haber llegado el marinero: que el cacique Guisél estaba allá y que habia muchos toldos, y esto casi por señas. Despues se explicó diciendo, que el cacique Guisél le habian muerto los Aucas. En este punto estaba en el extremo del codillo que hace aquí una península, que desde ayer estoy navegando por ella, cuya grande rinconada es de tierras muy inferiores. A las 3½ de la tarde todavia no habia venido el marinero que fué á los toldos; y me dijo un peon que habia visto venir un indio, y que luego que nos avistó retrocedió á la furia. Esto, con no haber llegado el marinero, me puso en cuidado, y aunque procuro adelantar camino con el mayor trabajo, se dejó venir un viento tan fuerte y contrario, acompañado de la veloz corriente, juntamente sauceria por las orillas, que apenas basta toda la gente para poder llevar muy despacio las embarcaciones á la espia; de suerte que se pasan bastantes horas para adelantar una cuadra en algunos parages. A las 5½ llegó el marinero de los toldos: dijo eran 21, y contó en ellos 53 indios, sin la muchachonada, ó mozuelos. Dice que están en buen parage, que tienen de 500 á 600 caballos, y entre ellos muchos reyunos; que le han dicho que Guisél está en el Colorado: que de este rio no han venido mas que dos indios: que el cacique Toro ha llevado mucho ganado á vender al establecimiento: que hay otro cacique en los toldos, á excepcion de Francisco, á quien no conoce: que Francisco va á caminar rio arriba: que habló con un desertor nuestro, llamado Mariano, á quien exortó para que se viniese, y que no pudo conseguirlo. Que otro desertor llamado Francisco, caminó rio arriba con algunos indios, que se fueron ayer. A este marinero le regalé una camisa por la diligencia.
Navegué todo el dia de hoy al SO corregido 2 millas de distancia.
DIA 10.
Salí al amanecer aprovechando todo el dia, á fin de llegar á los toldos, por asegurar, estando yo inmediato á ellos, el ganado y caballada. Seguí todo el dia á vela y remo y espias. A las 5 de la tarde monté á caballo, y fuí á reconocer la distancia que habia, y las vueltas que daba el rio, para hacer juicio si podria alcanzar de dia, y de no, buscar parage proporcionado para hacer noche con la posible seguridad. Cuanto llegué á parage de donde podia observar los toldos, he visto que ya los indios los habian levantado, y por los rastros siguieron rio arriba: volví inmediatamente á las embarcaciones, y navegué hasta ponerse el sol, siendo el rumbo corregido de este dia 6 millas al O ¼ NO, y por las vueltas 14 millas. A la una de la noche me dió parte el peon Miguel que el marinero Miguel Benites, que fué á los toldos el dia 9 á llevar el aguardiente al cacique Francisco, le habia encargado la noche del dia 8, que fué cuando determiné y hablé á los peones para hacer la expresada diligencia, que si le tocase á él llevar el aguardiente, le dijese de su parte al cacique, que yo llevaba intencion de inmediatamente que llegase á la tolderia avanzarlo con toda la gente para matarlos á todos, y que á lo menos llevase su hija muy lejos, porque no le acaeciese su muerte, y de la cual me dicen estaba muy prendado. Reconvine al expresado peon de no habermelo dicho antes; pero este no dió respuesta á esto, y solo me dijo que el dicho marinero habia hecho muy mal en haberse ofrecido á ir, respecto estaba viendo que los peones lo reusaban, y que en algo se fundarian cuando se eximian de ello; pero que el marinero lo habia hecho por acreditarse de hombre de mas valor que ninguno. Estas razones indujeron en mi una sospecha ó duda grande de ser el hecho cierto, inclinándome á que lo diria sin mas verdad que su antojo, picado de que Miguel Benites hubiese hecho un servicio sin mas informe que el de talvez un enemigo suyo. Por otra parte pensaba en que el no haber venido el cacique Francisco con la lenguaraza (á quien con él habia mandado á llamar) estribaba en algun grande motivo, aunque Benites me habia dicho que el cacique lo habia acompañado hasta medio camino, y que él no lo habia querido traer porque no traia la lenguaraza, y esta habia dicho que estaba cansada de caminar, y que no pudiendo entender á Francisco aunque este viniese, no se conseguia el fin, que era el informarme de él. Este marinero estaba de ronda á la caballada y ganado, y le tocaba el cuarto de alba: no me pareció conveniente prenderle, así porque dudé del hecho, como porque aquí no hay prisiones ni comodidad para esto; y ya dado por entendido, precisamente era menester proceder contra él rigorosamente, y esto no me pareció justo, pues podia estar inocente. Solo tomé la providencia de llamarlo á él, al capataz de la caballada, peones y patrones, y les dije, que una vez que habian mudado los indios los toldos, que alguna cosa tenian intentado, por lo cual era menester entre todas las 24 horas del dia, fuesen la de mayor cuidado las del cuarto de alba, que es cuando regularmente hacen los indios sus travesuras: para cuyo fin era menester que todos rondasen sin apearse del caballo. Doblé las centinelas de apié: hice recoger todo el ganado á la orilla del agua, y puse una guardia avanzada de 4 hombres, y un patron á la espalda de los rondadoras y animales, y otro patron velando las centinelas y yo. Ya se habian disparado los caballos una vez, y por estar así la gente prevenida no pude romper muy á fuerza: llamé al capataz de los peones y le encargué, que siempre que hubiese algun rumor de indios el primero, á quien debia asegurar de un pistoletazo habia de ser á Benites, y le dije lo que pasaba, (quien me dijo se lo acababan de decir), y que se lo encargase así á los peones, y que tuviese mucho cuidado con él. Pero el tal Benites, al amanecer, le dijo á uno que estaba á su lado, que volvia al instante, que iba á hacer una precisa diligencia, el que no ha vuelto. Luego que fué de dia pregunté por él, y me dijeron lo que llevo referido: registré su petate, y hallé unos calzoncillos llenos de galleta, y una media con la misma provision, y unos pedazos de hojas de lata y dos cojinillos viejos. La prevencion de la galleta precisamente dá á conocer el que Benites tenia de antemano premeditada la fuga y desercion á los indios, porque el pan aquí lo tienen á su libertad por no ser posible hacer otra cosa: luego precisamente esta prevencion era para llevarse.
DIA 11.
Luego que aclaró bien el dia procuré examinar los rastros, y hallé en un cerrito de árboles espinosos las pisadas de bastantes indios á pié, que habian tenido los caballos por atras de dicho cerro: hallé las pisadas de un muchacho que habia estado metido en el pantano de una laguna bien cerca de nosotros, y para salir y venir á gatas se conocia que traia la daga en la mano, pues habia quedado el cabo de ella estampado en la tierra ó greda. Registré todo aquel terreno por ver si hallaba parage en que fortificarme, teniendo resguardado gente, ganado y caballada, y no hallé, porque aunque hay uno allí muy bueno, formando con el rio una laguna, toda su orilla cubierta de sauces con una entrada de menos de 50 varas, tenia mucha maciega, y sin ser quemada no era posible tener allí el ganado, y si se quemaba se quedaba sin pasto. Por esto, y porque no puedo fiarme de lo que me dijo el desertor, temiendo que estuviese el cacique Guisél en el potrero adonde estaba el Viejo, y por ser un parage tan á propósito para fortificarme, acordé volver al expresado sitio para esperar allí los víveres que necesito para continuar rio arriba. A las 8 del dia me largué á son de corriente, y á cada paso arrimando á tierra y pasando, á fin de que no saliese el ganado del costado de las chalupas, á cuya custodia puse 16 hombres á caballo armados: esto es, acompañando á los 6 peones, 10 de la tripulacion. A la media hora no cabal de haber salido, avistamos de los topes dos ginetes, en el mismo sitio donde habiamos hecho noche: seguimos el rio aguas abajo, hasta las 6 de la tarde que llegué al expresado sitio. A la noche monté los pedreros, esmeriles y alisté todas las armas, puse 4 centinelas avanzadas, una patrulla de 4 hombres y un patron á pié, y 12 caballos para defensa y ronda de la caballada.
DIA 12.
Esta mañana hice recoger todos los remos rompidos, y mandé al carpintero y algunos marineros hiciesen de ellos astas para chuzas, se enastaron 12 para los de á caballo: mandé 18 marineros á cortar posteria para cerrar la boca del potrero de palo á pique, y hacer primeramente un corral, porque siéndome preciso invernar, no hallo parage mas seguro ni de mas conveniencia: porque puesto, como tengo premeditado, la estacada de palo á pique, y abriendo por la parte de afuera un pozo de agua, que se hace con mucha facilidad, ayudando ó trabajando en él mucho mas la corriente del agua que los trabajadores, al cual puesto un puente levadizo, queda el dicho potrero inexpugnable aunque vengan 50,000 indios. Este potrero es capaz, tiene dentro leña, madera, caza, pescado que abunda de ricas truchas, y pasto para siempre para el ganado que tengo, y aunque venga mas; para cuyo fin se encavaron palas, zapapicos y azadas. Esta grande isla por estar á la banda del N, es la mayor excelencia de dicho parage: tiene 9 leguas de largo, y por algunas partes 3 de ancho: las tierras de las inmediaciones de este parage ó potrero en espacio de 4 leguas, son las mejores que he visto desde aquí al desague de este rio en el Oceano. A las 11 del dia divisamos ginetes que fuimos á reconocer, y era el dragon Antonio de Sosa con dos peones, que vino con las órdenes del Comisario Super-Intendente, en las que me dice me remitirá los auxilios que pido dentro de 10 ó 12 dias: en vista de lo cual cesó mi proyecto, y solo determiné hacer un corral sencillo, á fin de tener mas seguro el ganado y mas descansada la gente, permaneciendo en este sitio hasta que lleguen las carretas.
DIA 13.
Esta mañana hice que toda la gente registrase todo el bizcocho para saber el que hubiese averiado, y cargar con la chalupa San Juan todo cuanto pueda llevar, mas que el que tiene. Se condujeron á donde se debe hacer el corral ciento y cincuenta postes; y desde antes de ayer creció el rio mas de media vara: á la noche se doblaron las centinelas, y se llevó el mismo método que en la antecedente.
DIA 14.
Esta mañana hallaron los descubridores rastro de haber venido un ginete á un potrero, ó rinconada cerca de nosotros, se compusieron algunos cabos rompidos, y á la noche se observó el mismo método y cuidado que las antecedentes, y se mató un novillo.
DIA 15.
Al amanecer despaché á Antonio de Sosa, que salió á las 6½ para el establecimiento: á este tiempo mandé 25 hombres á cortar postería á una isla de la banda del N.
A la 1 de la tarde se hizo una balsa con 260 postes, y se pasó á la banda del S un cabo nuevo de 3 pulgadas de grueso para remolcarla: pero fué tal la fuerza de la corriente, que habiendo hecho firme dicho cabo á un sauce, rompió y se llevó la balsa con 16 hombres encima, la que no fué posible traer á esta orilla hasta media legua mas abajo.
Esta mañana salieron á la descubierta, y volvieron á mediodia los descubridores, sin haber hallado novedad. A la noche se llevó el mismo método en las guardias, y se mató un novillo.
DIA 16.
Esta mañana mandé 25 marineros á cortar postes á la banda del N, y se condujeron á esta banda 240, y esta noche se llevó el mismo método en las guardias que en las antecedentes.
DIA 17.
Amaneció claro, viento al N, y descansó la gente, que fué el primer dia de descanso; á las 12 vinieron los descubridores, y no hubo novedad. A la noche se dió la órden de observar el mismo método en las guardias y centinelas, que en las antecedentes.
DIA 18.
Esta mañana fueron dos peones á hacer la descubierta: el dia 16 empezó á bajar el rio, y el dia de hoy hallé que habia bajado desde dicho dia 4½ pulgadas; por cuyo motivo no domina el campo la artilleria de las chalupas, y para precaver este inconveniente, mandé se buscase un sauce bastante grande y capaz, para hacer en él 6 tragantes para los pedreros, y otro proporcionado para los tragantes de los 6 esmeriles, y se acopió posteria. A las 5 de la tarde vino el viento por el SE fresco, y es el primero que he visto desde que salí á este reconocimiento: duró toda la noche.
Hoy cayeron 4 hombres enfermos.
DIA 19.
Amaneció el viento al SE, y se prosigue acopiando madera. A las 4 de la tarde dí principio á la estacada para cerrar el potrero: vinieron los descubridores y no hallaron novedad: se observó el mismo método en las guardias que en las noches pasadas.
DIA 20.
Amaneció cerrado de neblina, y el viento al SE: á mediodia vinieron los descubridores sin novedad. Se prosiguió con la estacada, y se cortaron y condujeron dos sauces grandes para poner en ellos los tragantes para los esmeriles y pedreros, formando una especie de trinchera por no poder usar ya de esta artilleria en las chalupas; pues bajó tanto el rio, que ya la barranca las domina.
DIA 21.
Se prosiguió en la estacada, y se pusieron los sauces que se trajeron para trinchera en su lugar: á mediodia vinieron los descubridores del campo. Siguen las guardias del mismo modo que las noches antecedentes.
DIA 22.
Se prosigue con la estacada: puse 6 pedreros en bateria: vinieron los descubridores, y no hubo novedad.
DIA 23.
Se prosiguió con la estacada, y no hubo novedad en el campo.
DIA 24.
Se mató una res: vinieron á mediodia los descubridores sin novedad.
DIA 25.
Se prosiguó con la estacada, y no hubo novedad en el campo.
DIA 26.
Se hicieron almohadas para los pedreros. A la 7 de la mañana me avisó el patron Eusebio Gonzalez, que se habia hallado una bolsa, y esta que era de Miguel Benites, la cual pasé á registrar, y tenia dentro tres cuchillos y la hoja de otro, dos agujas de las con que se prenden las chinas, con un hilo de cuentas, y un peine blanco viejo, una braza de tabaco negro, medio manojo idem blanco, y tres pesos fuertes, todo lo cual deposité en poder de dicho patron: y concluí la estacada, habiendo cerrado la boca del potrero de palo á pique, en la que entraron 1,670 estacas, habiendo dejado solo una boca angosta por donde entrar y salir, habiendo concluido la fortificacion de dicho potrero al anochecer.
DIA 27.
A las 2½ de la mañana se vió fuego al SE que parecia en la costa del rio. A las 3 mandé 4 á caballo á ver si podian reconocerlo, 2 de ellos han vuelto á las 5, sin haber descubierto nada. A las 7, viendo que no parecian los otros dos, mandé 8 bien armados, los 2 primeros vinieron á las 10 sin novedad, y los 8 á la 1 de la tarde, con la de haber hallado rastro fresco de dos ginetes; pero no pudieron hallar el parage del fuego. Este dia se mantuvo el viento al O medianamente fresco.
DIA 28.
Esta mañana salieron los descubridores, y volvieron á las 10½ sin novedad, y se cortó madera.
DIA 29.
Este dia se acabó de carenar el bote, y concluí un galpon que hice, á fin de conservar la carne, por haberse perdido la mayor parte de la res que se mató el dia 24. Este galpon tiene doce varas de largo y 7 de ancho: sirve, ademas de lo dicho, de cuerpo de guardia, y de defensa á la gente de los rayos del sol, que son los calores excesivos; no hubo novedad en el campo.
DIA 30.
A mediodia vinieron los descubridores del campo sin novedad, y se mató una res.