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En el mercado de pieles

AMunlik le gusta la parte moderna de su ciudad.

Pero prefiere pasear por Gandan, donde está el mercado de pieles. Allí está también el monasterio de los lamas, monjes que pasan su vida rezando a Buda, que ha sido el dios de los mongoles durante muchos siglos.

Lo que más les gusta a Munlik y a su padre cuando van a Gandan es el mercado de pieles. Es una gran explanada, en la que gentes alegres, sonrientes, miran, tocan y revuelven piezas de tela, botas de cuero negro y, sobre todo, pieles.

—Gandan es un mercado de pieles muy importante —le dice Toghrul a su hijo— . Pero para nosotros, los mongoles, es, so bre todo, un lugar donde encontrarnos y charlar.

El mercado de Gandan está cercado con una valla de cañas. Al otro lado, hay un gran barrio de yurtas, la redonda tienda blanca que durante siglos ha sido la vivienda de los mongoles.

Y lo sigue siendo. Porque aunque en el centro de Ulan Bator se han construido bloques de viviendas, muchos mongoles prefieren seguir viviendo en sus yurtas y pisar la amarillenta tierra de la estepa. Por eso, en las afueras de Ulan Bator hay extensos barrios de yurtas, que forman un cinturón blanco entre la ciudad y la estepa.

Más allá se ven los tejados del Palacio Verde, un antiguo monasterio que ha sido convertido en museo. Las tejas verdes y doradas del tejado brillan al sol de la tarde, que se oculta tras el monte Bogdo.


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