Читать книгу Sexpresso - María Guadalupe Estrella González - Страница 12

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La sexualidad humana es diversa como la naturaleza, y los conceptos para nombrarla igualmente diversos en sus significados. Es un derecho ciudadano contar con información confiable y accesible, fundamentada en información científica pero también en el respeto y afecto, sobre todo si son palabras relacionadas a la intimidad de las personas, como su vida sexual.

Es importante conocer el uso correcto de ciertos términos relacionados a este tema, ya que muchos de ellos son potencialmente peyorativos y tienen un efecto negativo entre quienes son estigmatizados con tales palabras.

Presentamos un vocabulario sexual básico, no es un recuento exhaustivo pero sí un listado con conceptos que nos permitirán reconocer nuestro lugar y hacer frente a esa presión para cumplir con expectativas socialmente aceptadas y encajar en diversos estereotipos, muchas veces alejados de la realidad cotidiana, que establecen cómo debería ser un hombre o una mujer ideal, no sólo en su vida social, también en lo privado, para imponer cierto control de nuestra vida sexual.

Sexo y género

Sexo, del latín sexus, corte, y secare, cortar, separar. Tal palabra nos remite, en primer lugar, a esa diferenciación biológica de acuerdo a los genitales con los que nacemos: de hombre o de mujer.

De acuerdo a David Barrios (2003)1, el género hace referencia a los estereotipos, conductas, ideas, sensaciones, percepciones, sentimientos, creencias y expectativas normativas diferentes para hombres y mujeres.


Sexualidad y genitalidad

Sexualidad es un concepto complejo que abarca dimensiones más allá de lo biológico, como el género, la identidad y preferencia sexual, el erotismo y nuestra propia visión del mundo femenino o masculino.

Genitalidad es la actividad sexual genital, el coito. Es común que los dos términos anteriores se relacionen con este último con efectos negativos, pues los genitales suelen asociarse con lo sucio, lo feo y lo vergonzoso. Muchas veces el término sexualidad es reducido a genitalidad, pero en realidad es mucho más que eso.

Así como las plantas tienen a las flores como órganos sexuales, los nuestros podrían ser ese símbolo de belleza, incluso con ese importante poder energético positivo que las flores poseen. La propuesta es concebirlos así, como una flor en nuestro cuerpo y desechar cualquier idea que los satanice.


Identidad y orientación sexual

Todos tenemos una forma única de estar en nuestro propio cuerpo y de percibir la vida a través de él. La identidad sexual incluye la manera en que hemos aprendido a ser hombres o mujeres y cómo proyectamos ese aprendizaje a la sociedad. En otras palabras abarca la expresión de cómo nos concebimos a nosotros mismos como hombres o mujeres, cómo vivimos esto y cómo nos presentamos frente a los otros.

La orientación sexual, muchas veces llamada preferencia sexual, hace referencia al deseo y a la atracción que se siente por otras personas, ya sea del mismo sexo o no. No decidimos quién nos atrae, nuestra orientación no es un acto volitivo, no es como elegir entre una fruta u otra, una sandía o un melón. Aunque ahora este término tiene una connotación más positiva, en otras épocas, que una persona sintiera atracción por otra de su mismo sexo, era considerado una aberración, una desviación que implicaba aspectos de malignidad. Hoy en día la palabra tiene un sentido más neutro. Así, hay quienes se sienten atraídos por personas de su mismo sexo (homosexuales en general o lesbianas, específicamente para las mujeres), por el sexo contrario (bugas, en el ambiente gay) o personas que por igual sienten atracción tanto por hombre como por mujeres (bisexuales).

La diversidad de la naturaleza también se ve reflejada en la sexualidad humana, por lo que no podemos concebirla como algo blanco o negro pues tiene múltiples matices. En resumen: la identidad sexual es si te sientes hombre o mujer y la orientación sexual si te atraen los hombres o las mujeres.

Transgénero y transexual

El determinismo biológico ya no es absoluto, en la actualidad se conocen diversos casos de personas que no sienten afinidad entre el sexo con el que nacieron y su propia psiqué, es decir, su vida interior, su “alma”.

Hay quienes no se sienten cómodos en su cuerpo, como si estuvieran atrapados en él, porque su manera de sentir y percibirse es diferente a lo que su cuerpo expresa de acuerdo a los genitales con los que se ha nacido.

Una persona transexual es aquella a quien su identidad sexual no corresponde con su sexo, digamos que se identifica con el sexo contrario al que ha nacido y entonces se somete a diversos procedimientos médicos o quirúrgicos para conseguir que su psiqué corresponda con su cuerpo.

Las personas transgénero tampoco encuentran correspondencia entre su sexo biológico y su identidad sexual, por lo que adecúan su apariencia y conducta de acuerdo al género con el que sí se identifican. Por ejemplo una mujer transgénero es un hombre que adopta los roles de género femenino y se maquilla, calza y se viste como mujer.

Los transexuales, hombres o mujeres, pueden tener cualquier preferencia sexual. Es posible que a un hombre transgénero, es decir, una mujer que adopta el rol social de un hombre, pueda sentir atracción sexual hacia las mujeres o una mujer transgénero se sienta atraída por los hombres.


Nota final

Hay una frase popular, bastante sabia, que dice que cuando el amor es puro no importa el sexo. El amor implica el deseo de convivir con el otro en pareja y por supuesto compartir nuestra sexualidad con esa persona. Reconozcamos que una relación en diversidad sexual no es solamente una relación genital, y que entre dos personas, cualquiera que sea su preferencia y orientación sexual, puede darse una relación afectiva sana, un deseo de quererse y de estar juntos como en cualquier pareja “normal”.

En todo momento interactuamos con nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestro cuerpo, nuestro espíritu. Aceptar a todos ellos e integrarlos a nuestro ser, relacionarnos con nosotros mismos de una manera amorosa y dignificada, elevará nuestro nivel energético. Entonces superaremos ese miedo y descalificación al placer y viviremos nuestro derecho a disfrutarlo.

Barrios Martínez, David (2003). Resignificar lo masculino. Guía de supervivencia para varones del siglo XXI. México: Vila Editores.

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