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¿QUÉ ES LA COMUNICACIÓN NO VIOLENTA? “¿Qué prefieres, tener razón o ser feliz? Las dos cosas a la vez no son posibles”

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A menudo trabaja con personas que no conocen su método. ¿Por dónde comienza? ¿Cómo les explica qué significa la Comunicación NoViolenta?

Con frecuencia me invitan a colegios. La mayoría de las veces son colegios en los que hay problemas entre profesores y alumnos, por ejemplo porque casi ninguno de éstos hace los deberes o porque no colaboran durante las clases. Cuando estoy ante la clase, suelo decir:

-“Me llamo Marshall Rosenberg y os propongo que hoy tratemos el tema que más os interese.”

Por lo general al principio los alumnos se irritan, porque ¿desde cuándo se ocupa el colegio de lo que a ellos les interesa?

La mayoría de las veces me preguntan:

-“¿Quién es usted?”

Entonces sólo les digo:

-“Yo me dedico a amansar chacales”.

Los alumnos responden:

-“¿Qué? ¿Qué quiere decir eso?”

-“No me refiero a chacales de verdad, sino a personas que tienen problemas de comunicación. Yo llamo a este tipo de personas “chacales” y les enseño a comunicarse de forma más adecuada. ¿Entendéis a qué me refiero?”

Una chica me dijo hace poco:

-“¡Claro que sí! Mi hermana es un chacal.”

Y otro alumno dijo:

-“El profesor que normalmente ocupa ese lugar es un chacal”.

Todo el mundo conoce chacales. Unas veces es el jefe, otras veces se trata de un niño. También puede que sea la pareja quien utilice el lenguaje chacal. Puede ser alguien a quien usted realmente quiera, pero que también le haga enfadar mucho.

Al final pregunto a los alumnos:

-“¿He respondido a vuestra pregunta? Si no es así, decidme qué más necesitáis saber”.

Y de esa manera iniciamos la conversación.

Imagino que les debe de llevar tiempo elaborar la lista de los “chacales”. A partir de ahí, ¿cómo continúan?

Pido a las personas con las que estoy trabajando que describan el comportamiento de los chacales y que digan exactamente qué es aquello del comportamiento del otro que les quita calidad de vida.

La Comunicación NoViolenta es un medio para establecer una conexión empática con nosotros mismos y con el otro. La empatía es una cualidad muy valiosa y profundamente humana que todos podemos desarrollar. Lamentablemente, la comunicación que hemos aprendido nos distancia de nuestra verdadera naturaleza humana. La Comunicación NoViolenta nos ayuda a recuperar de nuevo nuestra capacidad natural de escuchar con el corazón. Y creo sinceramente que el mayor placer que hay en la Tierra para nosotros, los seres humanos, es el de contribuir al bienestar de nuestros iguales.

La verdad es que, cuando leo el periódico, tengo la impresión de que estamos muy lejos de lograrlo.

Soy consciente de la violencia. En mi trabajo estoy permanentemente en contacto con ella. Pero eso no me impide creer que la alegría de dar y recibir empáticamente forma parte de nuestra esencia. Y, ¿por qué surge entonces la violencia?

Durante toda mi vida me he hecho esta pregunta. Empecé en mi infancia, cuando en el año 1943 mi familia se trasladó a Detroit, Michigan, justo a tiempo para vivir la violencia racial que se desencadenó en nuestro barrio. Durante días no salimos de casa, mientras a nuestro alrededor tenía lugar una guerra racial.

A mis ocho años de edad, fue una experiencia que me marcó. Aprendí que la gente puede agredirse y matarse por el color de su piel. Y cuando fui al colegio empecé a notar que mi apellido judío violentaba a otros. Así que crecí con la pregunta. ¿Qué lleva a las personas a agredir a otros? ¿Qué les aporta ver sufrir a alguien?

Al mismo tiempo tuve la suerte de vivir justo lo contrario en mi familia. Cuando mi abuela estaba a punto de morir –tenía todo el cuerpo paralizado–, mi tío venía todas las tardes y ayudaba a mi madre a cuidar de ella. Yo veía resplandecer a mi tío; parecía que esto le llenaba de una profunda alegría. Y pensaba: ¿por qué hay personas como mi tío y otras que son capaces de matar al prójimo? Al hacerme adulto seguía planteándome estas preguntas. Estudié Psicología porque pensaba que así comprendería algo al respecto. Terminé mis estudios con un doctorado, pero sin encontrar respuestas tranquilizadoras a mis preguntas. En Psicología aprendí que las personas que son violentas tienen un trastorno. Sin embargo, creo que considerar la violencia como una enfermedad es un punto de vista simplista y peligroso. ¡Ojalá fuera tan sencillo!

Mientras tanto, he llegado a la conclusión de que todo esto tiene que ver con el lenguaje y la comunicación. La respuesta a la pregunta sobre la causa de la violencia está, creo, en la manera en que hemos aprendido a pensar, a comunicarnos y a gestionar las relaciones de poder.

Cuando salí de la universidad no tenía claras estas interrelaciones de causa y efecto y monté mi propia consulta como psicoterapeuta. Tuve bastante éxito; de repente tenía una gran casa, mis tres hijos iban a colegios privados y yo llevaba una vida agradable. La mayoría de mis pacientes eran mujeres con depresión. Poco a poco iba aumentando mi sensación de que como terapeuta sólo estaba tratando síntomas aislados, cuyas causas más profundas se ocultaban en otra parte, concretamente en las estructuras de las relaciones, en nuestro lenguaje, en las relaciones de poder. Esas mujeres no estaban deprimidas porque estuvieran enfermas. Creo que el papel que jugaban las mujeres en esa época hubiera llevado a la depresión casi a cualquiera. Por eso me planteé: ¿por qué no cambiar las estructuras, si son dañinas para las personas que viven en ellas?

De ahí que tuviera tanto éxito mi trabajo con pacientes depresivas, porque las escuchaba. Podría haberlas diagnosticado y haberles recetado antidepresivos, pero lo que las ayudaba de verdad era que ofrecía empatía a su increíble dolor y desesperación. Y esto fue lo que las ayudó, lo que les dio la fuerza para hacer algo por cambiar su situación vital.

Cada vez me costaba más identificarme con mi papel como terapeuta y finalmente dejé mi consulta y busqué formas para cambiar las estructuras de pensamiento y de poder, quise desarrollar un método capaz de transformar nuestra educación. Y así surgió la Comunicación NoViolenta.

La Comunicación NoViolenta también se conoce como “el lenguaje jirafa”. En sus talleres usted no sólo utiliza al chacal como símbolo de comunicación desconectada de nuestras emociones, sino también a la jirafa como símbolo del lenguaje del corazón. Las jirafas tienen un corazón enorme con el que bombean la sangre a lo largo de su cuello hasta la cabeza; no tienen enemigos naturales y están fantásticamente bien dotadas para simbolizar toda clase de cualidades positivas. Por el mundo entero podemos encontrar marionetas en forma de jirafas o de chacales animadas por formadores en CNV. ¿Qué es lo que hace de la Comunicación NoViolenta un método de resolución de conflictos tan eficaz?

Al principio la gente piensa que la Comunicación NoViolenta es muy sencilla. Luego descubren lo difícil que es. Sin embargo, la idea básica del método es muy sencilla.

• En primer lugar, obsérvate a ti mismo: ¿qué está vivo en ti?

• En segundo lugar, ¿cómo mejoraría tu calidad de vida?, ¿qué es lo que enriquecería tu vida?

• Luego, aprende a comunicar estas dos cuestiones, con sinceridad, sin ningún tipo de crítica.

Todo está incluido en estas dos preguntas. El ejercicio consiste en compartir esta toma de conciencia con otros seres humanos y en escuchar de manera empática lo que expresa nuestro interlocutor.

Responder a estas dos preguntas requiere manejar un lenguaje particular, que permita decir las cosas con precisión. Cuando nos molesta algo en el comportamiento de otra persona, es importante ser preciso. En el lenguaje jirafa hay cuatro componentes que me parecen muy útiles.

En primer lugar, observa sin juzgar. El primer paso en la Comunicación NoViolenta es, por tanto, transmitir a la otra persona lo que no nos gusta, sin juzgar ni interpretar su comportamiento. Una observación clara implica mantenerse fiel a los hechos.

Por ejemplo, un hombre le dice a su mujer: “tú no sabes administrar el dinero”. Y ella le responde: “siempre me tienes que estar controlando”. Esto no son observaciones. Son interpretaciones y juicios respecto a un comportamiento.

El filósofo indio Krishnamurti dijo: “la forma más elevada de inteligencia consiste en observar sin juzgar”. Los estudios sobre racismo y sexismo demuestran que las personas que tienen un pensamiento discriminatorio no tienen en cuenta esta distinción. Creen que sus juicios responden a la realidad.

Esto quiere decir que con la Comunicación NoViolenta deberían desaparecer todos los prejuicios. Pero, ¿cómo podemos ir por la vida sin valorar las cosas? La capacidad de valoración es en realidad una habilidad necesaria para sobrevivir.

Sí, desde luego que es esencial saber valorar las cosas. Se trata de que encontremos una forma de valoración que esté al servicio de la vida. Cuando, por ejemplo, juzgo el comportamiento de otra persona, lo puedo hacer sin ponerme por encima de ella. Todo depende del uso que hago de mi poder. Quiero tratar a las demás personas de modo que nos beneficiemos conjuntamente de dicho poder.

Desgraciadamente, observo que, con frecuencia, tienen otra forma de ejercer el poder: intentan dominar al otro. La culpa, por ejemplo, es una forma usual y perversa de utilización del poder. Asumimos que son las otras personas las que crean nuestros propios sentimientos. Y hago a mi prójimo responsable cuando me siento mal. Le digo por ejemplo: “me haces daño”. O: “me has decepcionado”, “me pones furioso”.

Un aspecto central de la Comunicación NoViolenta es la toma de conciencia de que los demás no son responsables de nuestras emociones. Lo único que puede influir en nuestras emociones es la actitud interior con la que reaccionamos. Si creo que una afirmación es verdadera, si me la tomo como algo personal, entonces me siento mal, me avergüenzo. La vergüenza es otra forma de mal uso del poder.

Para aquellos que se quieran sentir mal, mi receta es la siguiente: utiliza a menudo las palabras “está mal”. Piensa en cómo te has comportado, tanto si has actuado inadecuadamente como cuando has tenido un comportamiento ejemplar. Pregúntate: ¿soy atractivo? ¿soy competente? Si realmente quieres ponerte de un humor de perros, piensa largo y tendido sobre cómo son otras personas, si son normales o no, si su comportamiento es adecuado o no.

Y si todavía no tienes suficiente, puedes también preguntarte qué pensarán otras personas de ti. Si te encontrarán simpático. A ser posible utiliza también las palabras “tengo que”. ¿Qué tendría que hacer, qué tendrían que hacer los demás? ¿Qué creen los demás que tengo que hacer?

¡Ah, sí! Esto me resulta familiar. ¿Cómo podríamos entonces, ejercer nuestro poder de forma productiva?

• Conectándonos con nosotros mismos y con los demás con delicadeza y compasión.

• Focalizando nuestra atención sobre nuestras necesidades y las de los demás.

• No actuando a partir de la culpa o la vergüenza.

• Aprendiendo un lenguaje con el que podamos expresar cómo nos sentimos en cada momento, qué necesidades y emociones tenemos; así nos será posible mantener un contacto empático con otras personas.

Todas las culturas que he conocido plantean, a su modo, la misma pregunta: “¿Qué tal estás?” Es completamente natural preguntarlo.

• Si queremos vivir en armonía,

• Si queremos ser parte de la vida de otros,

• Si queremos apoyarnos mutuamente,

• Entonces, es importante saber cómo están las personas a nuestro alrededor.

A esto me refiero con esta pregunta tan importante para mí:

-¿Qué está vivo en ti?

Y a pesar de que esta pregunta es universal, se ha convertido en un ritual sin contenido. Las personas ya no saben cómo hacer esta pregunta y no saben cómo responder, porque no han aprendido un lenguaje que cuida la vida.

Es muy inusual la pregunta sobre lo que está vivo en nosotros. La mayor parte de las veces -en especial cuando hay conflictos- usamos toda nuestra energía para buscar al culpable y después para ver quién tiene razón.

En el libro Un curso de milagros (1), he descubierto esta pregunta crucial:

“¿Qué prefieres, tener razón o ser feliz?”

Es una cuestión importante, que debemos preguntarnos en cada instante de nuestra vida. Las dos cosas a la vez no son posibles.

Para profundizar en esta pregunta –¿qué está vivo en ti?– he llamado al primer componente de la Comunicación NoViolenta observación.

• ¿Cuál es el desencadenante? ¿Qué ha hecho la otra persona que hace que te sientas limitado?

Los sentimientos constituyen el segundo componente.

• ¿Cómo te sientes cuando la otra persona actúa así?

Y el tercer componente son las necesidades, que están ligadas a los sentimientos.

• Cuando mis necesidades están satisfechas, mis sentimientos son agradables.

• Cuando no están satisfechas, sentimos emociones desagradables.

Cuanta más conciencia tengamos de nuestras necesidades, mayor será la autonomía con la que podamos vivir y mejor entenderemos a otras personas. Porque todas las personas tenemos las mismas necesidades. Esto quiere decir que, en la medida en que, en vez de agredir y criticar al otro, compartimos con nuestro prójimo nuestras necesidades, tendremos más posibilidades de que esa persona esté dispuesta a aportar algo para satisfacer esas necesidades.

Y si mis necesidades no están satisfechas, entonces entra en juego la siguiente pregunta que ya he mencionado: ¿cómo mejoraría tu calidad de vida? Y para contestarla he desarrollado el cuarto componente de la comunicación no violenta: la petición. El cuarto paso consiste en formular una petición clara, es decir, formulando positivamente lo que quiero de la otra persona –no lo que no quiero– ofreciendo propuestas de acción claras: ¿qué le pido a la otra persona, qué quiero de ella? No se trata de lo que tenga que pensar o cómo deba sentirse, ni de cómo deba ser, sino que se trata de acciones concretas que le pido para enriquecer mi vida.

Por ejemplo, una mujer le dice a su marido: “no quiero que trabajes tanto”. Esto no es una petición concreta.

A muchas personas les cuesta hacer peticiones concretas. Se debe tomar conciencia en ese momento de lo que realmente se quiere. Este cuarto paso es muy importante, porque pidiendo algo muy sencillo puede cambiar el mundo. Y a mucha gente le da miedo preguntarse lo que quieren en este momento. Esto implica responsabilizarse de crear el mundo en el que se quiere vivir.

¿Cómo podría ser la petición de la mujer que no quiere que su marido trabaje tanto?

Por ejemplo: “me gustaría que me dijeras si estás dispuesto a pasar conmigo una noche a la semana y otra con los niños”.

La causa fundamental de que nuestras necesidades estén insatisfechas es que no formulamos peticiones claras y concretas.

En definitiva, la cosa es muy sencilla. La pregunta es: ¿qué está vivo en mí, qué está vivo en ti y cómo podemos colaborar para que nuestra vida sea más rica y hermosa?

Resolver los conflictos con la comunicación noviolenta

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