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Capítulo 2

¿Qué es la atención?

Los determinantes de la atención

La atención puede definirse como una cualidad de la percepción. Es una suerte de llave hacia la memoria y funciona como filtro de los estímulos que una persona recibe del medio ambiente: selecciona los que son más relevantes y establece prioridades.

Dos personas van juntas en un automóvil. La que conduce está por comprar una casa en la zona por la que circulan. La otra, no.

Seguramente, la primera “ve” todos los carteles inmobiliarios colgados en las propiedades, mientras que la segunda ni siquiera los registrará: pasarán totalmente desapercibidos.

Esto ocurre porque el que quiere mudarse está atento a los estímulos relacionados con su interés de ese momento.

Existen dos grandes determinantes de la atención:

 Los internos, que son propios de cada individuo y tienen que ver, como en el ejemplo, con sus intereses y sus aspiraciones, con sus gustos, con las cosas que le sirven.

 Los externos, que se originan en el medio ambiente.

El mundo que nos rodea está repleto de estímulos, pero solo atendemos aquellos que son relevantes para nosotros (determinantes internos) o los que es imposible que nos pasen desapercibidos (determinantes externos).

Entre los primeros se encuentran los hechos, las personas, los objetos, los lugares o cualquier otro elemento que nos interese particularmente.

Entre los segundos, lo inesperado. Un ruido insoportable, una columna de humo que se levanta en el horizonte o un corte en la calle que nos obligue a focalizar “selectivamente” la conciencia y observar lo que está ocurriendo.

La atención depende de la percepción: es un fenómeno que filtra constantemente la información sensorial que recibimos y lo hace en función de determinantes mayoritariamente internos.

Ahondaremos en breve sobre la importancia de estimular nuestra capacidad de percepción.

¿Cuál es la diferencia entre “atención” y “concentración”? Lo primero implica aplicar la mente a un objetivo en particular; lo segundo, mantener la atención en forma prolongada en dicho objetivo.

En el ejemplo del conductor que busca una casa, prestar atención es la capacidad de “ver” los carteles, mientras que concentrarse es observar alguno en particular, tomar nota de los datos que incluye o memorizar la información.

Principales funciones de la atención

1. Focalizar selectivamente la conciencia.

2. Regular la entrada de información.

3. Filtrar información.

4. Desechar información.

5. Resolver la competencia entre estímulos para su procesamiento en paralelo.

6. Activar zonas cerebrales para temporizar las respuestas apropiadas.

7. Facilitar la memoria y aprendizaje.

¿Por qué se producen los despistes?

Los motivos por los cuales se producen los despistes son de origen diverso.

Algunos pocos ejemplos:

 Un individuo que esté enojado o abrumado por algún tipo de angustia personal tendrá dificultades para prestar atención y concentrarse.

 Un adolescente que pasó la noche entera en una fiesta retendrá poco de lo que estudie si no descansa lo suficiente.

 A una persona con lesiones en algunas zonas del cerebro, por ejemplo, en su cíngulo anterior, le será difícil administrar sus sistemas atencionales.

Más allá del origen, lo que ocurre en general cuando nos despistamos es que algunas zonas del cerebro “quedan en blanco”, se desactivan, se duermen.

Todo esto afecta el desempeño de las funciones ejecutivas.

Las consecuencias de esto en la vida cotidiana pueden ser leves. Un caso habitual es el de perder mucho tiempo buscando los anteojos perdidos (y que tal vez estén puestos o en el bolsillo más cercano) o la media que falta para completar el par.

Pero también pueden producirse problemas moderados (es posible perder un trabajo por pérdida de eficiencia, en particular si estos despistes son frecuentes) y hasta muy graves.

La mayor parte de los “errores humanos” en las grandes tragedias, de descarrilamiento de trenes a explosiones que tiran abajo edificios completos, se deben a distracciones.

A nivel neurológico, muchos despistes se producen porque algunas zonas del cerebro se desactivan: aparecen en las neuroimágenes como si estuvieran dormidas.

Una de las últimas investigaciones en confirmar este fenómeno procede de la Universidad de Wisconsin-Madison, de los Estados Unidos, publicada en la revista Nature en 2013 y focalizada en las tareas motoras.

Allí se observó que en el sistema nervioso de un individuo que no ha descansado lo suficiente hay zonas que pueden permanecer en un estado similar al del sueño, aunque esté despierto, mientras el resto del cerebro permanece en estado de vigilia.

Además, se observó que las neuronas que quedaban “fuera de servicio” (el término utilizado por los profesionales a cargo del estudio para definir a esas zonas “apagadas”) se ubican en la corteza cerebral.

El déficit de atención e hiperactividad (ADHD)

Durante muchos años, se pensó que los problemas en la atención afectaban a los niños. En el caso de los adultos, simplemente se los solía calificar como “hiperactivos y despistados”.

Sin embargo, las últimas investigaciones dan cuenta de que el ADHD (trastorno o desorden de déficit de atención e hiperactividad) afecta la planificación, la organización y la realización de tareas simples a muchísimos hombres y mujeres con dificultades para focalizar y sostener la atención.

En el mundo del trabajo, esta dificultad pasa desapercibida debido a que las personas con ADHD suelen tener habilidades cognitivas normales o superiores: son inteligentes y creativas, lo que les allana el camino para ascender hasta ocupar posiciones de liderazgo.

Es común que este trastorno se confunda con características de personalidad. Gente que se considera despistada por naturaleza podría estar ante un problema neurobiológico cuya solución les puede cambiar la vida.

El ADHD tiene una base psicológica y neuroquímica: puede existir un trastorno de los mecanismos de neurotransmisión en la corteza prefrontal.

El grado en que cada persona está afectada depende de la intensidad de los síntomas, que frecuentemente se confunden con problemas de memoria.

Olvidar el pago de los impuestos, volver a casa sin las compras por las que habían salido o no tener registro de dónde quedó el auto estacionado son algunos indicios que podrían indicar la presencia de ADHD.

Lo mismo ocurre con el acelere (la necesidad de comenzar a realizar una tarea antes de escuchar las consignas porque no se soporta el tiempo de espera) o la hiperactividad (vivir corriendo).

En algunos casos, las dificultades en la organización pueden llevar a las personas con ADHD a incumplir tratos y ser proclives a los pensamientos negativos.

En resumen, las características principales del déficit de atención e hiperactividad son:

 Deficiencias en la atención: tendencia al desorden, a la desorganización y a los olvidos.

 Impulsividad: toma de decisiones desacertadas, carácter explosivo, desbordes emocionales…

 Hiperactividad: Necesidad de moverse, viajar o cambiar de lugares, dificultades para disfrutar del ocio y las gratificaciones, urgencias innecesarias (“¡Necesito esto ya!”)…

El primer paso ante la sospecha de padecer ADHD es recurrir a un neurólogo.

Si el diagnóstico se confirma, los mejores tratamientos combinan más de una opción:

 Diseño de un programa personalizado de entrenamiento a cargo de neuropsicólogos, en consultorio o instituciones especializadas (gimnasios cerebrales).

 Terapias individuales: en caso de depresión como consecuencia de haber recibido el diagnóstico, es aconsejable el acompañamiento de un psicólogo o un psiquiatra.

 Tratamiento farmacológico: definido por especialistas, normalmente neurólogos y psiquiatras.

También existen fármacos para reducir los síntomas y ayudar a la concentración, esto es, a mantener la atención en un tema en forma prolongada.

Dado que afectan los niveles de algunos neurotransmisores, como la dopamina y la norepinefrina, es importante que antes de comenzar un tratamiento se realice más de una consulta a profesionales especializados.

Relación entre atención y memoria de trabajo

La memoria de trabajo está estrechamente ligada a la capacidad atencional.

Este tipo de memoria, también llamada “operativa” o “de corto plazo” es la que se utiliza para manipular temporalmente la información.

Por ejemplo, cuando nos habla a otra persona, existe una capacidad de retención de lo escuchado que habilita, a su vez, la posibilidad de elaborar una respuesta.

Si bien hay varias regiones cerebrales involucradas en los mecanismos de esta memoria, es interesante destacar el rol de los lóbulos frontales y parietales, ya que durante ejercicios de entrenamiento neurocognitivo se ha observado un incremento de la actividad en ambos.

Las personas que tienen una buena memoria de trabajo son las que suelen ser elogiadas por su velocidad mental.

Ello les abre las puertas a determinados puestos para los cuales esta habilidad es imprescindible (controladores aéreos, croupiers, corredores de bolsa…), ya que no podrían desempeñarlas si no fueran capaces de manejar información con rapidez, sin equivocarse y atendiendo varios temas simultáneamente.

En síntesis:

 La memoria de trabajo opera con lo que una persona está pensando en un determinado momento.

 Involucra un estado de la mente en el que se retiene y utiliza la información para resolver un problema, razonar, comprender un texto o tomar una decisión.

 En comparación con la memoria de largo plazo, su capacidad es muy limitada: algunos experimentos sugieren que dura entre 15 y 30 segundos, excepto que haya repetición de la información o que siga siendo utilizada.

De todo lo antedicho se desprende que un buen desarrollo de la memoria de trabajo representa, por lo tanto, la vía de acceso a una buena calidad de la atención.

Atención y concentración

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