Читать книгу Montesquieu y la construcción de la paz internacional - Víctor Antonio Hernández Ojeda - Страница 4

Prólogo

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Montesquieu es una elección curiosa para hablar sobre la paz internacional. La filosofía es un paraje árido y muchas veces solitario. A veces pareciera que el texto filosófico, si no es aburrido, no puede ser considerado serio ni valioso. Montesquieu es de esos autores, como Hume, como Thomas Reid, que son vivos ejemplos de que se puede escribir filosofía de primer nivel sin por ello descuidar el estilo, la simplicidad, la sátira, la belleza del texto que regocija el alma.

Elegí a Montesquieu porque me enamoré de su espíritu, de su alma juguetona, incisiva, profunda y sistemática. Montesquieu es sin duda una de las mentes políticas más brillantes de la humanidad, y también, hay que decirlo, una de las más olvidadas.

Me propuse emprender esta obra inspirado en las palabras de aliento que Charles Louis de Secondat, señor de la Brède y barón de Montesquieu se da a sí mismo en el prefacio de Del espíritu de las leyes, su obra política de madurez:

Si esta obra tiene éxito se lo deberé, en buena medida, a la grandeza del tema; sin embargo, creo que no carezco en absoluto de ingenio. Cuando vi lo que tantos grandes hombres escribieron antes que yo en Francia, Inglaterra y Alemania, me llené de admiración, pero no perdí ánimos y dije como el Correggio: “Yo también soy pintor”.[1]

Cuenta la leyenda que Antonio da Corregio, pintor italiano del Renacimiento, exclamó dicha frase tras contemplar uno de los magníficos cuadros de Rafael.

Igual que Montesquieu, reconozco humildemente que los hombres y mujeres que me precedieron, desde los titanes de la filosofía hasta los docentes que dedicaron su esfuerzo y cariño para formarme, tienen mucho más camino recorrido que yo. Pero no me desanimo y seguro de mi propia voz y de mi esfuerzo, inicio este libro pronunciando como Montesquieu y el Corregio. ¡Anch’io sono pittore! (¡Yo también soy pintor!).

Al sueño de la paz se llega por muchos caminos. Algunos la buscan en aras de evitar los horrores y la destrucción de la guerra. Otros, con el corazón roto, se marchan de este mundo convencidos de que tal sueño es absolutamente inalcanzable. Mi deseo de pensar y hacer la paz inició, paradójicamente, en el lugar menos devoto de la paz, entre los muros del Heroico Colegio Militar.

Dedico los frutos de este esfuerzo intelectual a todos los cadetes e instructores del Curso de Adiestramiento Militar Básico Individual (cambi) 2014. Reímos juntos, sudamos juntos, lloramos juntos. Todos dejamos ese Heroico Colegio Militar con el alma tatuada de verde pixelado. Cara al sol con mi uniforme verde.

[1] Montesquieu, Del espíritu de las leyes, trad. Mercedes Blázquez y Pedro de Vega, Madrid, Tecnos, 2014, p. 5.

Montesquieu y la construcción de la paz internacional

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