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ОглавлениеPuntos de vista sobre la guerra y la paz
El problema de la paz y la guerra se relaciona con el destino de centenares de millones de seres en el mundo. Por culpa de la frenética preparación bélica hecha por los imperialistas, la paz de los pueblos está gravemente amenazada. Por eso, el problema de la paz y la guerra se convierte en problema candente de la época actual.
El problema de la guerra y la paz es la preocupación diaria de las numerosas masas populares; los comunistas no deben ser indiferentes ante este problema; por eso, los comunistas de todos los países ponen mucha atención en su estudio y discusión y buscan medidas para resolverlo. Mientras que los comunistas de todos los países prosiguen deliberando entre sí de manera seria y sincera sobre este candente problema de nuestra época, los revisionistas contemporáneos, cuyo representante es la camarilla de Tito, buscan medios para intervenir en el asunto a fin de provocar, dividir y crear una cortina enceguecedora de humo en torno al problema, mezclando lo negro con lo blanco, contraponiendo lo correcto a lo incorrecto, tergiversando el marxismo-leninismo y propagando el revisionismo. Por eso, en este momento es necesario insistir en los argumentos marxistas-leninistas acerca del problema de la guerra y la paz, conjugándolos con la situación internacional actual, elucidando el problema de la guerra y la paz, distinguiendo lo blanco de lo negro, aclarando lo correcto y lo incorrecto.
El origen y el carácter de la guerra
La guerra es un fenómeno social. Al igual que los otros fenómenos sociales, la guerra tiene su principio y su fin. Los fundadores del marxismo-leninismo aclararon que la guerra es producto de la sociedad de clases. La guerra es un fenómeno histórico de la sociedad, nace conjuntamente con la aparición del régimen de propiedad privada sobre los medios de producción y con la división de la sociedad en clases opuestas. La guerra depende del modo de producción y de la estructura de las clases sociales. El modo de producción tiene influencia decisiva sobre los métodos de llevar a cabo la guerra. Cuando en la sociedad humana no existan más clases opuestas la guerra dejará de existir. En el Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels han declarado: “En la misma medida en que sea abolida la explotación del hombre por el hombre, será abolida la explotación de una nación por otra”.
“Al mismo tiempo que el antagonismo de las clases en el interior de las naciones, desaparecerá la hostilidad de nación a nación”. La vía de eliminar la guerra es llevar a cabo la lucha revolucionaria por el triunfo del socialismo y el comunismo en el mundo entero.
La guerra es una lucha armada organizada entre las clases sociales o entre los distintos Estados para lograr un determinado objetivo político o económico. En el régimen comunista primitivo, no hubo clases ni Estados, por lo tanto no hubo guerra. Cuando desapareció el comunismo primitivo con la división del trabajo en la sociedad nació el régimen de propiedad privada sobre los medios de producción y engendró la aparición de las clases y la formación del aparato estatal para defender los intereses de la clase dominante. Simultáneamente con la aparición del Estado, surgió el ejército. La guerra se volvió desde entonces función permanente del Estado representante de los intereses de la clase explotadora, convirtiéndose en medio para que el Estado amplíe su poder dominante y saquee a los pueblos de los otros países.
Al nacer el capitalismo ensanchó la escala de la guerra. Desatar la guerra de agresión por la conquista de colonias, saqueando sus materias primas o mano de obra a bajo precio y convirtiendo esas naciones en mercado dedicado al consumo de las mercancías, es una cosa necesaria para que pueda desarrollarse el capitalismo. En el período del imperialismo, el capitalismo entró en su estado supremo: la dominación de los organismos monopolistas y del capital financiero fue establecida, la exportación de capitales tomó importancia de primer orden, el reparto del mundo fue realizado entre los trusts internacionales, las potencias capitalistas han determinado entre sí la repartición de la tierra del mundo. El capitalismo monopolista agrava las contradicciones inherentes al capitalismo. Los países imperialistas “avanzados posteriores” que acaban de alzarse ven que ya casi todas las colonias están en manos de los imperialistas “avanzados anteriores” y no dejan de reclamar su parte. El imperialismo abre la era de la lucha enconada entre los países imperialistas para repartir de nuevo el mundo. Las naciones “atrasadas” desgarradas por los países imperialistas no pueden dejar de rebelarse en contra del imperialismo. Los pueblos de los países imperialistas que no pueden soportar más la explotación y el ser utilizados como carne de cañón, también se levantan para luchar contra los dominantes. Por eso el período del imperialismo es el período de guerras cada vez más amplias con una envergadura nunca vista en la historia.
El origen de la guerra es en general la sociedad con clases opuestas y, en particular, el capitalismo y el imperialismo. ¿De dónde emana la guerra? La fórmula siguiente de Lenin lo demuestra claramente: “Guerra = un hecho de intereses vertiginosos = producto directo e inevitable del capitalismo”1. Los revisionistas contemporáneos niegan los puntos de vista del marxismo-leninismo sobre el origen de la guerra. Buscan todos los medios posibles para esconder el verdadero origen de la guerra. Consideran que el origen de la guerra es el armamento, sobre todo el arma termonuclear. Por eso afirman que si se quiere luchar contra la guerra se debe luchar contra las armas, eliminar todo tipo de armamento, y no se debe hacer la lucha antiimperialista, anticapitalista, ni aniquilar el régimen de la explotación del hombre por el hombre. Dicen que el origen de la guerra es la carrera armamentista. En el texto titulado La guerra no es fatal, Tito ha escrito: “Las experiencias del pasado demuestran que toda carrera armamentista conduce inevitablemente a la guerra”2. El hecho de que los países socialistas acrecientan sus fuerzas de defensa nacional es considerado por ellos como “una carrera armamentista” y también como origen de la guerra. Difunden que el motivo de la guerra se halla en la formación de “los bloques” en el mundo. En dicho texto Tito escribió: “La creación de los bloques de muchos países obstaculiza la aplicación de la política de coexistencia y amenaza la paz y la independencia de los pueblos y países”. El sistema socialista mundial, compuesto por los países amantes de la paz ya liberados del yugo capitalista, también fue considerado por los revisionistas como parte de esos “bloques”, y según ellos, eso constituye también el motivo de la guerra. Las naciones víctimas de la desmembración imperialista como Vietnam, Corea y Alemania, según los revisionistas, son también el origen de la guerra. En el mismo texto Tito escribió: “Dentro de los problemas sutiles, consecuencias de la segunda guerra mundial, en primer lugar se debe notar la división de los pueblos de Alemania, Corea y Vietnam, lo cual crea nuevos focos permanentes de pugnas internacionales”. Cada uno de esos países fue dividido en dos partes: una parte ocupada por el Imperialismo y la otra liberada, en la cual el pueblo está edificando el socialismo. Los revisionistas han metido dentro de la misma canasta esas dos partes que tienen regímenes diferentes y consideran que los países socialistas, como la República Democrática de Vietnam, la República Democrática Popular de Corea y la República Democrática de Alemania, todos son “los focos permanentes de pugnas internacionales” y por lo tanto son el origen de la guerra. Consideran también que los pueblos oprimidos que se levantan en lucha enérgica contra los imperialistas han aumentado el peligro de guerra. Con lo cual quieren decir que el origen de la guerra son los pueblos oprimidos. Todos esos argumentos de los revisionistas contemporáneos tienden hacia un único objetivo, cual es el de desviar de los pueblos el conocimiento del verdadero origen de la guerra. Solamente encontrando el origen verdadero de la nueva guerra se pueden preconizar los métodos acertados de lucha contra ella y por la salvaguardia de la paz. Si no se encuentra el verdadero origen de la guerra seguramente no pueden preconizar más que métodos erróneos provocando fracasos en la lucha contra la guerra y por la salvaguardia de la paz. Está muy claro que con esos argumentos acerca del origen de la guerra, los revisionistas contemporáneos juegan el papel de apologistas torpes de los imperialistas que son culpables de tantas guerras de masacre a los pueblos del mundo, y que están preparando febrilmente la nueva guerra mundial con medios de destrucción masiva.
Hay también gente que busca el origen de la guerra no en el régimen social sino en el cerebro de los que encabezan los gobiernos burgueses. Si en la cabeza de los dirigentes del gobierno de un tal país imperialista hubiera la llamada “buena voluntad”, existiría la paz. Al contrario, si en su cabeza hubiera la llamada “mala voluntad”, existiría la guerra. Ya desde hace mucho tiempo Lenin rechazó ese argumento de buscar el origen de la guerra y la paz dentro de las llamadas “buena” y “mala voluntad”. En su obra Sobre las tareas del proletariado en nuestra revolución Lenin escribió acerca de la primera guerra mundial: “La guerra no ha sido engendrada por la voluntad maligna de los bandidos capitalistas aunque es indudable que se hace sólo en interés suyo y sólo a ellos enriquece. La guerra es el producto de medio siglo de desarrollo del capital mundial, de sus miles de millones de hilos y vínculos”3. En la misma obra Lenin señaló claramente que lo necesario para nosotros es que: “Debemos saber explicar a las masas que el carácter político social de la guerra no se determina por la “buena voluntad” de personas, de grupos ni aún de pueblos enteros, sino por la situación de la clase que hace la guerra; por la política de esta clase, que tiene su continuación en la guerra; por los vínculos del capital, como fuerza económica dominante de la sociedad moderna; por el carácter imperialista del capital internacional…”4.
Los marxistas usan el materialismo dialéctico y el materialismo histórico para buscar el origen y analizar el carácter de la guerra. Los marxistas rechazan la manera idealista de analizar el origen y el carácter de la guerra. Si queremos comprender las causas del nacimiento y el carácter de una guerra debemos analizar las políticas (interior y exterior) que tal clase o tal Estado aplicó antes de la guerra y que posteriormente condujo a la guerra. La clase dominante y su Estado tienen una determinada línea política para defender sus intereses de clase. En tiempo de paz, se vale de maniobras políticas, económicas, ideológicas y diplomáticas, etc., para realizar sus líneas políticas. Si esas maniobras tendientes a lograr el objetivo planteado no bastan se apela entonces a la violencia, a la guerra. Por lo tanto, la guerra constituye el medio violento que usa cierta clase para llevar adelante su línea política del tiempo de paz. En toda sociedad con clases antagónicas existe la lucha de clases. La lucha irreconciliable entre las clases conduce a las guerras. La guerra es una de las formas de lucha de clases: la lucha armada. Toda lucha de clases tiene carácter político. La guerra también lo tiene. El marxismo-leninismo señaló claramente las relaciones entre la política y la guerra. Cualquiera que sea la guerra, se vincula estrechamente con el régimen político que le da a luz.
En su obra La guerra y la Revolución Lenin subrayó: “La guerra es la continuación de la política por otros medios. Toda guerra se liga íntimamente al régimen político que la ha desatado. Ésta es la política que un país determinado, una clase determinada en ese país ha seguido desde hace mucho tiempo antes de la guerra, y obliga a la misma clase a seguir llevándola a cabo durante la guerra, con el cambio de forma de acción”5. Si se quiere conocer una guerra deben señalarse claramente las condiciones concretas que la originaron, aclarar cuáles son las clases que la prepararon y llevaron a cabo, y el objetivo seguido por esa clase. No se puede analizar el carácter de una guerra sin subrayar las estrechas relaciones entre esa guerra y la pasada línea política de la clase dominante de los países beligerantes. No existe ninguna guerra que no tenga objetivo político. No existe política superclasista y por lo tanto no existe tampoco guerra superclasista. La política determina el carácter de la guerra y el objetivo concreto para la estrategia militar. La estrategia militar en la guerra toma la estrategia política como base y depende de esta última. Por eso, la tesis leninista de que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, es perfectamente correcta.
Los revisionistas contemporáneos consideran que actualmente esa famosa tesis de Lenin está pasada de moda. En el discurso pronunciado en la 15º sesión de la Asamblea general de la ONU, a fines del año de 1960, Tito, jefe de las filas revisionistas, declaró: “Hoy la definición que dice que la guerra es la continuación de la política por otros medios es incompleta”. Tito mostró este argumento con el objetivo de rechazar el carácter político, el carácter clasista de la guerra. Con dicho argumento, pretende borrar la distinción entre los distintos tipos de guerra, la guerra justa y la guerra injusta; la guerra agresora de saqueo y la guerra de autodefensa y de liberación nacional.
Es lastimoso que el citado argumento de Tito influya sobre cierto número de compañeros de algunos Partidos comunistas y obreros. Suelen aparecer de tanto en tanto en la prensa comunista y obrera artículos que niegan la tesis de que “la guerra es la continuación de la política”. Para justificar su negativa pasaron por alto el nombre de Lenin y hablaron solamente sobre Clausewitz. Dicen que aquella tesis es del teórico militar prusiano Clausewitz y que hoy no es correcta. Precisamente Clausewitz pronunció aquella frase y Lenin la repitió, pero al mismo tiempo le insertó un contenido de clase perfectamente nuevo. En su obra La Guerra y la Revolución, Lenin escribió: “Han conocido el pensamiento de Clausewitz, uno de los destacados autores que estudiaron la filosofía de la guerra y la historia militar: la guerra es la continuación de la política por otros medios. Es una máxima del escritor que estudió la historia de las guerras y sacó lecciones filosóficas, poco después del período de la guerra de Napoleón”. En la obra El socialismo y la guerra, después de haber citado aquella frase de Clausewitz, Lenin escribió lo siguiente: “Aquella famosa frase es de Clausewitz, uno de los autores más penetrantes en la ciencia militar. Los marxistas siempre la consideran como base teórica de la interpretación de cada guerra. Precisamente basándose siempre en este punto de vista Marx y Engels han enfocado las distintas guerras”6. Lenin estuvo de acuerdo con esa tesis de Clausewitz, pero no significa esto que sobre ese problema las ideas de Lenin y las de Clausewitz sean perfectamente semejantes. La verdad es que Lenin adoptó una posición de clase totalmente distinta a la de Clausewitz que era un pensador de la aristocracia prusiana. Clausewitz aparta la política de la economía, por lo tanto le quitó su contenido de clase. Clausewitz no pudo analizar las guerras según el carácter de clase. El pensamiento de Lenin acerca de que la guerra es la continuación de la política por medios violentos, se asienta sobre la base del análisis del carácter de clase de la política para, desde allí, analizar el carácter de clase de la guerra, distinguir los diferentes tipos de guerras según su carácter, y sobre esas bases determinar claramente la actitud hacia cada una de ellas. La tesis de Lenin sobre “la guerra es la continuación de la política” es perfectamente correcta. Ésta nos ayuda a analizar las guerras. Si la política lleva el carácter imperialista, es decir, la política aboga por los intereses de los imperialistas saqueadores y opresores de los pueblos de los países subdesarrollados, la guerra nacida de esa política es una guerra imperialista. Si esa política es la que pretende la liberación nacional, es decir, la política que aboga por los intereses de los pueblos oprimidos en contra de la explotación y opresión de los imperialistas extranjeros, entonces la guerra resultante de esa política es la guerra de liberación nacional. Mientras que en la sociedad humana existan clases antagónicas, lucha de clases, existe aún la posibilidad de desatar la guerra, pues dicho argumento de Lenin sigue siendo válido. En su obra El programa militar de la revolución proletaria Lenin escribió: “Desde el punto de vista teórico sería totalmente erróneo olvidar que toda guerra no es más que la continuación de la política por otros medios”7. Esta tesis leninista conserva hasta hoy su auténtico valor. Considerarla pasada de moda significa renegar del leninismo.
Guerras justas y guerras injustas, paz democrática y paz antidemocrática
No es que el comunista rechace todo tipo de guerra y esté de acuerdo con cualquier tipo de paz. En La Guerra y la Revolución Lenin escribió: “Existe la guerra, y la guerra se debe aclarar por las condiciones históricas que la engendran, las clases que la despliegan y el objetivo seguido por esas clases”8. En su Informe ante el VIII Congreso del Partido Comunista Ruso (bolchevique) del mes de marzo de 1919, Lenin dijo: “Decimos a menudo que existe la guerra y la guerra. Condenamos la guerra imperialista y no rechazamos la guerra en general”9. La actitud de un comunista hacia una guerra (o una paz) depende del carácter de esa guerra (o de esa paz). Esa guerra (o esa paz) ¿a quién le interesa? y ¿a los intereses de qué clase sirve? El comunista toma el punto de vista de clase del marxismo- leninismo para estudiar el problema de la guerra y la paz. “El punto de vista proletario consiste en definir netamente el carácter de clase de la guerra…”10. El marxismo-leninismo nos da la guía para analizar el enredo de los fenómenos sociales; esa guía es la teoría de clase y la lucha de clases. Lenin nos enseñó que: quien no logre todavía percibir los intereses de una u otra clase a través de las palabras, las declaraciones y las promesas de carácter moral, religioso, político y social, será más o menos un inocente que se dejó engañar y que se engaña a sí mismo políticamente.
Durante el estudio y la discusión sobre el problema de la guerra y la paz no debemos apartarnos del punto de vista de clase del marxismo-leninismo; si nos apartamos, caeremos en los errores que Lenin señaló hace medio siglo. En su obra La guerra y la revolución, hablando sobre las discusiones acerca de la guerra y la paz en aquel momento, Lenin escribió: “A mi juicio, me parece que el punto más importante, el que a menudo la gente olvida en el problema de la guerra y no le presta suficiente atención, causa principal de tantas discusiones que considero estériles, vanas, sin objetivo, es la cuestión fundamental del carácter de clase de la guerra, la causa que hace estallar la guerra, las clases que la hacen, las condiciones históricas e histórico- económicas causantes de la guerra”11. Lástima que hasta ahora, un número de comunistas cometa los errores que Lenin señaló ya hace como cincuenta años. En esa obra, Lenin añadió: “Según el punto de vista del marxismo, es decir del socialismo científico contemporáneo, el problema primordial para los socialistas que deliberan acerca de la valorización de una guerra y la actitud justa hacia ella es el de buscar el objetivo que persigue y el ver cuáles son las clases que la han preparado y dirigido”12. En su obra La revolución proletaria y el renegado Kautsky, Lenin puso el problema del punto de vista de clase en la valorización de la guerra como un “problema fundamental”, y lo consideró como criterio de un socialista: “¿Cómo es el carácter de clase de la guerra?, éste es el problema fundamental planteado para todo socialista (si no es un renegado)… Quien se aparta de este punto de vista, no será un socialista”13.
Basado sobre el contenido de clase de la guerra, el marxismo-leninismo distingue claramente dos tipos de guerra cuyo carácter es perfectamente distinto: la guerra justa y la guerra injusta. La guerra justa es una guerra liberadora, y no lleva carácter expoliador. Es la guerra de la clase obrera, del campesinado y de otras capas trabajadoras en un país que luchan contra los capitalistas, los terratenientes dominantes. Es la guerra de un pueblo oprimido contra los imperialistas extranjeros. Es la guerra de autodefensa de uno o de muchos países socialistas que luchan contra la agresión armada de uno o de muchos países imperialistas u otros reaccionarios agresores. La guerra injusta es la guerra de rapiña. Es la guerra de los imperialistas y otros reaccionarios que pretenden reprimir las insurrecciones del pueblo dentro del país, agredir y esclavizar a las otras naciones, y agredir a los países socialistas. La distinción clara de las dos guerras, la justa y la injusta, es una cuestión de principio del marxismo-leninismo. Lenin escribió: “Se debe distinguir con absoluta claridad las guerras imperialistas para el reparto del botín, para la estrangulación de las naciones pequeñas y débiles, de las guerras revolucionarias con miras a preservarse de los capitalistas contrarrevolucionarios y a sacudir su yugo”14. En el mitin del día 23 de agosto de 1918, hablando sobre la actitud del comunista hacia la guerra, Lenin dijo: “Todas las guerras engendradas por los intentos rapaces de los reyes y de los capitalistas son, según nuestra apreciación, criminales, porque son funestas para las clases trabajadoras y traen a la burguesía dominante enormes ganancias. Pero hay guerras que la clase obrera debe llamarlas justas; es la lucha para liberarse del régimen esclavista y de la opresión de los capitalistas. Y esas guerras son necesarias porque no podríamos liberarnos si no lucháramos”15.
La actitud del comunista hacia la guerra se diferencia perfectamente de la de los pacifistas burgueses. El comunista ve clara la relación estrecha entre la guerra y la lucha de clases dentro del país. El comunista considera que no se puede aniquilar la guerra si no se aniquila a las clases y se establece el socialismo. Precisamente por ese sentido, el comunista reconoce el carácter justo, progresista y la necesidad de las guerras revolucionarias. El comunista no pone en la misma canasta todas las guerras, sino que hace el análisis concreto de la historia de cada guerra y precisa su actitud hacia ella. El comunista condena las guerras injustas, guerras saqueadoras, guerras imperialistas; los comunistas aprueban, prestan ayuda, y, cuando es necesario y tienen condiciones, llevan a cabo la guerra revolucionaria. Muchas veces, Lenin nos dijo: “No olvidar que en ciertas condiciones no evitamos una guerra revolucionaria”. Lenin escribió: “Ninguna clase revolucionaria puede renunciar ante la guerra revolucionaria sin atarse con el pacifismo ridículo”16. Además, Lenin criticó enérgicamente a los que plantean de manera indeterminada y abstracta el problema de la guerra para rechazar todos los tipos de guerra. Escribió: “Los socialistas no pueden declararse adversarios de cualquier guerra sin dejar de ser socialistas”17. Lenin criticó severamente a los que rechazan la guerra civil. Escribió: “Las guerras civiles son también guerras. Quien reconoce la lucha de clases no puede dejar de reconocer las guerras civiles, porque dentro de toda sociedad dividida en clases, la guerra civil es la prolongación, la extensión y la agravación naturales y, en ciertas condiciones, inevitables, de la lucha de clases. Todas las grandes revoluciones lo confirman. Negar la guerra civil u olvidarla es caer en un oportunismo extremo y abandonar la revolución socialista”18.
Hoy, existe aún un número de compañeros que dice que clasificar la guerra basándose en el contenido de clase como lo hizo Lenin, está ya pasado de moda. No dividen las guerras en justas e injustas. Dicen: “En nuestra época, hace falta distinguir tres tipos de guerras distintas: la guerra mundial, la guerra local y la guerra insurreccional de liberación de los pueblos”. ¿En qué principios basan tal división de las guerras? Al clasificar las guerras de esta manera, hay casos en que toman como base la envergadura de la guerra (la guerra mundial, local), y otros en que se basan sobre el carácter de la guerra (la guerra insurreccional de liberación de los pueblos). Tomar la envergadura de las hostilidades como principio para clasificar las guerras y determinar la actitud hacia la guerra es apartarse del punto de vista de clase del marxismo-leninismo acerca de la guerra. En una guerra de cualquier escala existen dos beligerantes. Si son todos reaccionarios el comunista les rechaza; al contrario, si un beligerante es progresista y el otro, reaccionario, el comunista se pone al lado del progresista protestando contra el reaccionario. No se puede decir a tontas y a locas que “el comunista es el adversario resuelto de todas las guerras mundiales y locales”. Analizar la guerra sin basarse sobre el contenido de clase y el carácter del conflicto, tomando solamente como base la envergadura de las hostilidades es cometer un grave error y estar en contra de la doctrina marxista-leninista acerca de la guerra.
Hay personas que afirman categóricamente que: “Hoy el carácter de la guerra ha cambiado”. No se sabe a qué tipo de guerra se refieren. Muchas veces Lenin criticó a los que hablaban sobre la guerra de manera general y abstracta. No estamos de acuerdo con el modo de enfocar el problema de la guerra en abstracto, pero bueno, pese a todo, con paciencia, vamos a escuchar la razón de ¿por qué hoy la guerra ha cambiado de carácter? Dicen que porque han surgido las armas nucleares. Afirman: “El arma nuclear es un tipo de arma con calidad perfectamente nueva, se diferencia de todas las armas anteriores y hace que la guerra futura lleve un carácter de ‘calidad’ perfectamente nueva. Si no logran comprender esto significa que no ven todavía la evolución que está desarrollándose en el mundo”. A causa de que “el carácter de la guerra ha cambiado”, el principio, según el cual la guerra es la continuación de la política, pierde su valor, y la distinción entre la guerra justa e injusta carece de significación.
Si tenemos en cuenta la aparición del arma nuclear debemos contar a partir del año 1945. Pero si enumeramos todas las guerras desatadas en el mundo, desde entonces hasta ahora, son demasiado numerosas (más de 10). Hablamos solamente, pues, de algunas guerras recientes. ¿La aparición del arma nuclear hubiera hecho inexistente la distinción entre la guerra justa del pueblo cubano contra el dictador Batista, lacayo de los EE.UU., y la guerra injusta, de saqueo del imperialismo norteamericano en Vietnam del Sur? No, en absoluto.
El carácter de la guerra depende de su contenido de clase. Solamente con el cambio del contenido de clase la guerra podrá cambiar su carácter. No lo será si no se cambia la clase que rige la guerra. En su discurso en la Conferencia de Petrogrado del Partido Obrero Social-Demócrata (bolchevique) Ruso, Lenin dijo: “La guerra es la continuación de la política de una cierta clase. Si se quiere cambiar el carácter de la guerra, debe reemplazarse por otra la clase que está en el poder”19. En el mes de abril de 1917 en el Bosquejo de un artículo o alocución sobre el programa de Abril, Lenin escribió: “Solamente el pueblo podrá acabar con la guerra o modificar su carácter cambiando el carácter de clase del gobierno”20.
Ciertas personas consideran actualmente como caduco el punto de vista de guerra que se basa sobre la lucha de clases. Preconizan que ¡se debe tomar los medios de llevar a cabo la guerra, es decir las armas, como el fundamento de la teoría marxista-leninista de guerra! Dicen: “Las armas coheteriles y nucleares creadas en nuestro siglo cambian las concepciones anteriores sobre la guerra”. Añadieron: “la frase ‘la guerra es la continuación de la política por otros medios’ de Lenin fue exacta solamente antes de la aparición de la bomba atómica, hoy, en el período en que existen bombas atómicas de varias megatoneladas y cohetes intercontinentales, aquella frase ya no es correcta, porque la guerra termonuclear no puede ser el método para lograr el objetivo político, que tendría que ser pagado con un precio demasiado caro, incomparable con ese objetivo”. Además, afirman: “La bomba atómica no sigue ningún principio de clase, destruye a todas las personas que están ubicadas dentro de su radio de acción”. Por eso, piden “los cambios sobre el concepto de guerra”, es decir, renegar de la doctrina marxista-leninista sobre ella. Reclaman su estudio tomando como base el análisis del desarrollo de las armas y no el de la clase y de la lucha de clases, pues, cuando estalla la bomba, todas las personas ubicadas dentro de su radio destructivo resultarán muertas o heridas. Esto es correcto no solamente con la bomba atómica sino con la ordinaria, Pero ¿por qué estalla esa bomba? ¿Quién hace estallar esa bomba? y ¿estalla para servir a los intereses de quién? Éste es el problema clave. No porque la bomba atómica haya sustituido a la ordinaria ya no existe más el carácter de clase de la guerra y el objetivo político de la guerra. No es que con la existencia de la bomba atómica, el carácter de la guerra agresora de los EE.UU contra la URSS, una vez desatada, será igual que la guerra de autodefensa de la URSS contra los agresores norteamericanos. Es un error considerar que a causa de la aparición de las armas nucleares el análisis de la guerra no debe “obedecer más al principio de clase”. La guerra desencadenada por los imperialistas reaccionarios, pese a que las armas usadas sean atómicas u ordinarias, sigue siendo una guerra injusta. Lenin recalcó muchas veces que la guerra imperialista es, ni más ni menos, sólo la continuación de la política de la burguesía. “La clase dominante decide también la política en el tiempo de guerra. La guerra no es más que la política desde el comienzo hasta el final, es el seguimiento de los mismos objetivos por las mismas clases con otros medios”21.
El comunista examina el problema de la guerra con su punto de vista de clase; también parte de él para examinar el problema de la paz. Una paz continua y que pone fin a una guerra no es más que una estadística de esa guerra, un testimonio del cambio de la correlación de fuerzas real creado por esa guerra. Al igual que la guerra es la continuación de la política de la clase dominante dentro del país beligerante durante un largo tiempo antes de la guerra, la paz no es nada más que la continuación de esa política en la nueva situación de correlación de fuerzas creada por las acciones militares en la guerra. En el discurso pronunciado en el Primer Congreso de los Soviets Rusos, en junio de 1917, Lenin dejó al desnudo el falso argumento de los reaccionarios sobre una paz en general, superclasista. Lenin dijo: “Cuando hablan de paz no precisan cuál es el tipo de paz que desean”. Lenin rechazó el tipo de paz basado sobre “el mantenimiento del statu quo”, estuvo en contra de “la paz capitalista”, “la paz imperialista” y dijo que si los fundamentos de las relaciones de producción capitalistas no cambian, la guerra imperialista no puede más que terminar en “la paz imperialista”, paz en la cual los imperialistas pueden saquear y explotar libremente a los pueblos de la metrópoli y de las colonias. Tal paz, que fue establecida después de la primera guerra mundial con el Tratado de Versalles, Lenin la denominó “paz de los usureros, paz de los estranguladores, paz de los carniceros”. Lenin escribió acerca de “esta paz” lo siguiente: “¿Qué es el Tratado de Versalles? Es una paz extraña, una paz saqueadora que convierte millones de personas, incluso un cierto número de más civilizadas, en esclavos. Eso no es paz, sino condición impuesta con el cuchillo en mano por los piratas a la víctima sin defensa”22. El comunista rechaza “la paz” imperialista, porque “esta paz” es perjudicial al pueblo y el pueblo no la desea; solamente la aceptan los pacifistas burgueses. Lenin escribió: “Terminar la guerra como lo entienden los pacifistas es solamente una utopía. Se puede terminar la guerra con una “paz” imperialista, pero esa no es la paz deseada por las masas”23.
La paz deseada por el pueblo es la paz democrática en la cual no existe el reparto de las tierras coloniales, de las ganancias gigantescas entre los tiburones capitalistas. En el texto ¿Existe el camino hacia una paz justa?, escrito en el año 1917, Lenin planteó la pregunta: “¿Existe el camino hacia una paz sin cambio de anexiones (conquistas), sin reparto de botín entre los piratas capitalistas?” y Lenin contestó: “Sí, con la revolución de los obreros contra los capitalistas en todos los países”. Lenin señaló claramente que considerar que se puede obtener una paz democrática con la guerra imperialista, es engañar al pueblo y paralizar su espíritu de vigilancia política. Lenin dijo: “No podría existir una paz democrática si no hubiera una serie de revoluciones”24.
Desde el punto de vista marxista-leninista de clase el comunista distingue claramente dos tipos de paz: la paz democrática, en la cual los intereses del pueblos trabajador son garantizados, “la paz” antidemocrática, “la paz” imperialista, en la cual los imperialistas reparten entre sí los intereses y las esferas de dominio a fin de explotar y oprimir a los pueblos trabajadores y naciones oprimidos. El comunista rechaza “la paz” antidemocrática y está de acuerdo con la paz democrática. La distinción de esos dos tipos de paz es una distinción elemental, fundamental y necesaria en el estudio sobre el problema de la paz.
El comunista se opone al planteamiento del problema de la paz de manera abstracta, general, sin precisar a qué clase interesa la guerra. Lenin criticó a los socialistas en la Segunda Internacional que propugnaron “la paz en general”, convirtiéndose en agentes de los imperialistas. En El problema de la paz Lenin escribió: “La consigna de la paz puede plantearse o bien relacionada con las condiciones pacíficas determinadas, o bien sin ninguna condición, como una lucha, no por una paz determinada sino por una paz en general. Está claro que, en este último caso, estamos frente a una consigna que, lejos de ser socialista, es hueca, sin contenido, sin significación. Todos, sin excepción alguna, están de acuerdo con la paz en general, hasta Kitchener, Joffre, Hindenburg y Nicolás el sangriento, porque cada uno de ellos desea terminar la guerra: el quid del problema consiste en que cada uno plantea las condiciones imperialistas de paz (es decir el saqueo y la opresión a los otros pueblos) en favor de “su” nación. Las consignas deben ser planteadas con miras a explicar a las masas, con la propaganda y agitación, la diferencia irreductible entre el socialismo y el capitalismo (el imperialismo), y no para reconciliar dos clases y dos políticas enemigas con un llamamiento a la unificación de cosas perfectamente distintas”25.
En cuanto a las formas de la guerra si hay guerras dentro del mismo país —guerra civil—, guerra entre dos países —“guerra exterior”— (según las palabras de Lenin en el texto Palabras proféticas), guerra entre varios países del mundo o guerra mundial, pues, existe también la paz en cada país, la paz entre dos países y la paz mundial. La guerra agresora es desatada únicamente por los países imperialistas, ya que los países socialistas nunca desencadenan la guerra, por lo tanto, los comunistas rechazan, por principio, el desencadenamiento de la guerra entre dos países así como la provocación de la guerra mundial. Partiendo del principio que dice que cada pueblo tiene el derecho de decidir sus propios asuntos, los comunistas, en general, están de acuerdo con la paz entre los países y la paz mundial. Al mismo tiempo, reconocen el derecho de desatar por parte de los pueblos agredidos y oprimidos la guerra para rechazar a los imperialistas fuera de sus países. Acerca de la paz interior de cada país consideran que el carácter de ésta no puede apartarse del régimen social del país. Si es un país capitalista o precapitalista, “la paz” en éste es, sustancialmente, provechosa para los explotadores dominantes y negativa para el pueblo trabajador; los comunistas reconocen que el pueblo trabajador de ese país tiene el derecho de llevar a cabo la lucha revolucionaria, incluso la lucha armada, es decir, a desatar la guerra civil destruyendo “la paz” capitalista o precapitalista, derrocando la clase explotadora dominante, conquistando el Poder a fin de establecer una paz democrática favorable al pueblo.
Lenin subrayó que la propaganda por la paz cuando no marcha paralela con el llamamiento a las masas para hacer la revolución y derrocar la clase explotadora dominante, sólo siembra ilusiones y corrompe ideológicamente a la clase obrera engañada por el espíritu de “humanidad” de la burguesía. Lenin escribió: “Una de las formas de mistificación de la clase obrera es el pacifismo y la propaganda abstracta sobre la paz. Bajo el régimen capitalista, y especialmente en su fase imperialista, las guerras son inevitables. Pero, eso no significa que los social-demócratas pueden negar el valor positivo de las guerras revolucionarias… o las guerras tendientes a defender a los éxitos del proletariado vencedor en la lucha contra la burguesía”26. Lenin subrayó que quien desea una paz firme y democrática debe estar de acuerdo con la guerra civil contra la burguesía y sus gobiernos. Señaló que el verdadero luchador por una paz democrática no es el que pronuncia y repite la pacifista misa rezada, sino el que lucha resueltamente contra la guerra imperialista y “la paz” imperialista, el que llama a los pueblos a hacer la revolución para derrocar los gobiernos reaccionarios.
Los revisionistas contemporáneos plantean el problema de la paz de manera general, abstracta, sin contenido de clase; están de acuerdo con todo tipo de paz, incluso “la paz” antidemocrática, “la paz” imperialista, “la paz” en que los imperialistas se distribuyen entre sí el hueso y la sangre de los pueblos trabajadores. Plantean también el problema de la guerra de manera abstracta y general. Rechazan todo tipo de guerra, incluso las guerras revolucionarias y de liberación nacional. Los revisionistas contemporáneos metafísicamente oponen la paz a la guerra. Pretenden esconder el carácter de clase de la guerra y la paz. Cualquier guerra que sea, al igual que cualquier paz sirve a una clase determinada. La guerra o la paz no son más que medios diferentes de realizar la política de una clase. Entre la guerra y la paz no existe sólo el lado contradictorio (distintas en los medios), sino el lado unido (sirviendo a los intereses de una clase). En su Informe sobre la guerra y la paz, Lenin dijo: “La historia nos enseñó que la paz es una tregua para la guerra y ésta última es un medio para llegar a una paz un poquito mejor o peor”27. En el texto Por el pan y la paz, Lenin escribió: “Si no triunfa el socialismo, la paz entre los Estados capitalistas significará únicamente una tregua, una pausa, la preparación de una nueva matanza de los pueblos”28. No se sabe exactamente todavía desde cuando surgió, en el lenguaje de los pueblos, la palabra paz, pero seguramente no existió más que después de haber estallado la guerra en la sociedad. En la época de la comunidad primitiva no existían ni clases ni guerra y, pese a que vivían en paz, no se daban cuenta de ello. Solamente cuando apareció la guerra, empezó a existir la palabra para designar la guerra en el lenguaje humano y la palabra para expresar la paz, que era el estado de la sociedad sin guerra. En el futuro, cuando el comunismo triunfe totalmente en el mundo y no existan más las clases, no existirá más la guerra, esta pesadilla desaparecerá gradualmente en la mente del hombre y desaparecerá también poco a poco la palabra paz en los idiomas de las naciones. La paz se convertirá en una cosa ordinaria de la vida y nadie recordará más la palabra paz, Al igual que la guerra, la paz es solamente una categoría de la historia.
La lucha contra la guerra por la conquista de la paz es solamente una parte de la lucha de clases en la sociedad con clases. Lenin subrayó claramente que la lucha contra la guerra imperialista solamente puede existir si es la lucha de las clases revolucionarias contra las clases dominantes en escala mundial. Y la paz perpetua en la tierra solamente podrá lograrse con el triunfo del socialismo: “Con el socialismo y solamente con el socialismo, se puede salvar a la humanidad de las guerras, del hambre, y de nuevas hecatombes para millones y millones de personas”29.
Pero el camino hacia el socialismo está lleno de dificultades, exige la superación de grandes privaciones y sacrificios, y no es fácil y agradable como lo han cantado los pacifistas. En el Programa militar de la revolución proletaria, Lenin escribió: “Los popes ‘sociales’ y los oportunistas están siempre dispuestos a soñar con un futuro socialismo pacífico, pero se distinguen de los socialdemócratas revolucionarios precisamente en que no quieren pensar siquiera en la encarnizada lucha de clases y en las guerras de clases para alcanzar ese bello porvenir”30.
Marx mismo inculcó a los obreros resuelta decisión en la lucha revolucionaria, incluso la guerra civil y la larga guerra revolucionaria para adelantarse hacia el socialismo. En el texto Denuncia del proceso de los comunistas de Colonia, Marx expresó, con los obreros, lo siguiente: “Deben ustedes pasar 15, 20, 50 años de guerras civiles y luchas internacionales, no solamente para cambiar la situación existente, sino para cambiar ustedes mismos y para que tengan capacidad para empuñar el poder político”.
Los revisionistas contemporáneos hablan a menudo acerca de la ruina y el horror de la guerra con la intención de atemorizar a los demás para que no osen levantarse contra el imperialismo. La ruina y el horror existirán mientras exista el imperialismo porque son creados por este último. Gemir y llorar ante la ruina y el horror creados por el imperialismo no es más que manifestación de impotencia. El problema planteado es el del aniquilamiento del imperialismo para terminar con ellos. Los revisionistas contemporáneos aconsejan a los pueblos no realizar la revolución y la guerra revolucionaria porque provocarán una situación de ruina y horror. Ya hace mucho tiempo Lenin rechazó ese argumento. En su Carta a los obreros norteamericanos, de agosto de 1919, Lenin escribió: “En la época revolucionaria, la lucha de clases en todos los países transcurre siempre bajo la forma de guerra civil, y es imposible imaginar que en una guerra civil no haya las peores destrucciones, el terror y las restricciones sobre la democracia formal por los intereses de la guerra”. En esa carta, Lenin también escribió: “La burguesía imperialista internacional ha matado a 10 millones de personas y estropeado a otros 20 millones con “su” guerra, desatada para ver entre los tiburones ingleses y alemanes cuál sería el dominador del mundo. Si nuestra guerra, la guerra de los oprimidos y explotados contra los explotadores causara la muerte a medio o un millón de personas, la burguesía diría que los primeros sacrificados fueron justos y los segundos un crimen”.
En Palabras Proféticas (1918), Lenin mencionó que ninguna revolución grandiosa ha ocurrido en la historia sin guerra civil, ningún marxista serio puede concebir el tránsito del capitalismo al socialismo sin guerra civil y sería imposible que existiera una guerra civil sin ruinas y horrores. En dicho texto también escribió: “No existe ninguna guerra penosa sin ruinas. La guerra civil, condición necesaria y paralela de la revolución socialista, no puede estallar sin ruinas. Apartarse de la revolución y del socialismo a causa de ‘las ruinas’ únicamente revela falta de principio y de hecho significa pasarse a la burguesía”31.
Los revisionistas contemporáneos insisten mucho sobre “el aniquilamiento de la humanidad” si llega a estallar la guerra nuclear. Si tal cosa ocurriera causaría terribles daños a los pueblos del mundo, pero no podría destruir la humanidad. La tesis acerca del “aniquilamiento de la humanidad” no pasa de ser un mito anticientífico, totalmente contrario al marxismo-leninismo. La sociedad humana se desarrolla según leyes objetivas. No depende del deseo subjetivo del hombre. Según la ley de desarrollo de la sociedad humana el capitalismo debe ceder el paso al socialismo. Las armas nucleares no pueden cambiarlo.
Hace alrededor de 80 años, en el prólogo del libro de Segismund Borkheim, en 1887, después de haber aludido a las ruinas y a los horrores de la futura guerra mundial, Engels escribió lo siguiente sobre su resultado: “El único resultado absolutamente seguro: el agotamiento general y la creación de las condiciones necesarias para el triunfo final de la clase obrera”. En ese mismo prólogo, Engels dijo directamente a los politiqueros burgueses: “La guerra puede momentáneamente rechazarnos hacia atrás y ocupar muchas posiciones que hemos conquistado. Pero si ustedes lanzaran fuerzas que después no podrían dominar, cueste lo que cueste, al final del drama, no serían ustedes más que un montón de ruinas, y la victoria del proletariado sería inevitable”.
Los revisionistas contemporáneos hablan constantemente sobre los horrores de la guerra pero no logran desmoralizar a los revolucionarios. En La guerra en Europa y el socialismo internacional, Lenin escribió: “Lo que causa más dolor al socialista no es el horror a la guerra… sino el horror a la traición de los dirigentes socialistas…”32.
Más que nadie los comunistas sufren ante las penas y la desolación sembradas entre el pueblo trabajador por la guerra imperialista: los comunistas desean la paz para que disminuyan esos sufrimientos y angustias. Pero aquí no se trata de los deseos subjetivos de nadie, sino de las leyes objetivas del desarrollo de la sociedad. La pena y la desolación no se originan en nosotros sino en el capitalismo. Frente a esta situación, no le aconsejamos al pueblo cruzarse de brazos esperando la muerte o mendigando la paz apelando a la buena voluntad de los imperialistas, sino que le decimos que se levante llevando a cabo la lucha revolucionaria y, llegado el caso, y cuando se reúnan las condiciones necesarias, la guerra revolucionaria anticapitalista para salvarse. Es natural que en la lucha revolucionaria en general y la guerra revolucionaria en particular, la desolación y las angustias son inevitables, pero es solamente a costa de tales sacrificios que el pueblo logrará destruir el capitalismo y quedará libre para siempre del estado de ruina y duelo causado por los imperialistas. Se lo decimos sinceramente al pueblo y no tratamos de engañar a las masas populares como lo están haciendo los revisionistas.
Estamos por la defensa de la paz mundial
El pueblo vietnamita es un pueblo muy amante de la paz. Desde hace un siglo sufre la agresión y opresión del imperialismo y nunca desató guerra agresora contra otro pueblo. Bajo la dominación francesa, nuestro pueblo vivió durante muchos años en “la paz”, pero era la “paz” colonialista, la paz instituida por el Tratado de Patenôtre; en esa “paz”, los imperialistas montaban sobre el cuello de nuestro pueblo asfixiándolo mientras éste se veía obligado a servir a los imperialistas como si fuera una bestia de carga; en esa “paz” los colonialistas mataban salvaje y libremente a los vietnamitas inermes. Bajo la dominación francesa nuestro pueblo fue arrojado varias veces a la guerra. En la primera guerra mundial, fueron llevados a Francia 100.000 vietnamitas para participar en el conflicto con los alemanes: 51.000 como carne de cañón y 49.000 en las fábricas de armamentos. Los imperialistas franceses sustraían de nuestro pueblo enormes sumas y muchas riquezas para abastecer la guerra contra Alemania. En la segunda guerra mundial, centenares de miles de vietnamitas más fueron llevados a Francia como carne de cañón, e innumerables riquezas vietnamitas fueron movilizadas en la segunda guerra contra Alemania. Además, en este período, nuestro pueblo sufrió muchos daños causados por la guerra entre Francia y Tailandia, entre Francia y Japón, entre Japón y los EEUU.
Bajo la dominación francesa, hemos conocido “la paz”, pero le sirvió solamente a los imperialistas y resultó ser muy dañosa para nuestro pueblo. Fue una “paz” colonial. No fue la nuestra. Solamente cuando triunfó la Revolución de Agosto, reconquistamos la soberanía nacional y hubiéramos conseguido nuestra paz.
La paz establecida en nuestro país a partir de la Revolución de Agosto era una paz justa y democrática, en la cual nuestro país es independiente, y nuestro pueblo disfruta de la libertad y la felicidad. La deseábamos con vehemencia, y para mantenerla, realizamos muchas veces negociaciones con los imperialistas: el Acuerdo preliminar del 6-3-1946, la Conferencia de Dalat, la Conferencia de Fontainebleau y el “modus vivendi” del 14-9-1946. Hicimos muchas concesiones necesarias para mantener la paz. Pero como lo dijo exactamente el Presidente Ho Chi Minh el 20 de diciembre de 1956 en el Llamamiento a la nación para la Resistencia: “Deseamos la paz, hemos hecho concesiones. Pero mientras más concesiones hacemos, más se envalentonan los colonialistas franceses, porque están decididos a reconquistar nuestro país. ‘Maña vieja no es resabio’, los imperialistas nunca cambiarán su naturaleza agresiva. Por eso, no tenemos otra salida que la guerra de liberación nacional para contrarrestar la guerra agresora de los imperialistas”. Respondiendo al llamado del Presidente Ho Chi Minh todo el pueblo se alzó unánimemente luchando contra ellos: “Mejor sacrificar todo que perder el país y volver a caer en la esclavitud”. Comenzó la Resistencia Nacional. Gracias a la Revolución de Agosto conquistamos el derecho a defender a nuestra Patria. La Resistencia por la salvación de la Patria fue nuestra guerra santa. Una gran guerra revolucionaria. ¡Cuántos combatientes nuestros cayeron para defender a la Patria y al pueblo! En ella hemos aplicado correctamente las directivas de Lenin: “Somos los defensores de la Patria…”33. “Si ellos van a obstaculizar nuestro trabajo pacífico iniciaremos la guerra nacional, y aniquilaremos hasta el último de los que participan en las aventuras y el bandolerismo”34.
Con nuestra Resistencia por la salvación de la Patria hemos ofrecido grandes aportes a la salvaguardia de la paz mundial. En esa Resistencia realizamos activamente el planteamiento leninista del “desarme”, es decir, desarmar a los imperialistas para armar al pueblo. Y así hemos conquistado la victoria.
La guerra revolucionaria es la locomotora de la historia. Maldecirla bajo el antifaz de “la paz” como lo están haciendo actualmente los revisionistas contemporáneos no demuestra más que su completa traición a la revolución.
Gracias a la heroica y larga guerra revolucionaria vencimos al imperialismo francés junto con los intervencionistas norteamericanos y restablecimos la paz en nuestro país. La paz restablecida en nuestro país después de la batalla de Dien Bien Phu y de los acuerdos de Ginebra, es una paz democrática, en la cual fueron reconocidas por los organismos internacionales la soberanía nacional, la unidad, la integridad territorial y las libertades democráticas del pueblo. Pero los imperialistas norteamericanos y sus lacayos han desatado “la guerra especial” en el sur de Vietnam. Nuestros compatriotas del Sur debieron, una vez más, oponer la guerra revolucionaria a la guerra contrarrevolucionaria, la guerra justa a la injusta de los imperialistas norteamericanos y sus lacayos. La guerra de liberación del pueblo sudvietnamita tiene actualmente como objetivo el establecimiento en el Sur de una paz democrática en que será garantizada la soberanía nacional, realizados los derechos de libertad democrática y nuestro pueblo logrará la reunificación del país sobre la base de la independencia y la democracia.
Después de su fundación (1945) la República de Vietnam vivió muchos años sitiada por el imperialismo; sólo cuando triunfó la Revolución China y nació la República Popular China, nuestro país logró salir poco a poco de esa situación. Después de su nacimiento la República Democrática de Vietnam fue consecutivamente atacada por el imperialismo: solamente con la derrota en su agresión a nuestro país los imperialistas se vieron obligados a reconocer la existencia de la República Democrática de Vietnam. A pesar de que nuestro país siempre preconiza la coexistencia pacífica con los países con distintos regímenes, en realidad, entre la República Democrática de Vietnam y los países imperialistas, sobre todo el imperialismo yanqui, no existe todavía la coexistencia pacífica. Por el contrario, los imperialistas norteamericanos están agrediendo el sur de nuestro país y amenazando sin cesar el Norte.
La construcción socialista en el norte de nuestro país, así como la lucha revolucionaria de nuestros compatriotas en el Sur son dos aspectos de la grandiosa lucha de nuestro pueblo en todo el territorio con miras a establecer y mantener la paz duradera en nuestro país, ofreciendo así su contribución al establecimiento y mantenimiento de la paz perdurable en Indochina, en el sudeste de Asia y en el mundo entero.
1 V. I. Lenin: Obras Completas. Tomo 36
2 Revista Los problemas actuales del socialismo, editada por la Agencia de Información yugoeslava, número 52, 1959, pág. 22.
3 V. I. Lenin: Obras Escogidas. Ediciones en lenguas extranjeras. Moscú, 1960. Tomo 24, pág. 59.
4 V. I. Lenin: Obras. Ediciones en lenguas extranjeras. Moscú, 1960. Tomo 24, pág. 57.
5 V. I. Lenin: Obras. Tomo 24.
6 V. I. Lenin: Obras. Tomo 21.
7 V. I. Lenin: Obras Escogidas. Ediciones en lenguas extranjeras, Moscú, 1960, Tomo 1, pág. 838.
8 V. I. Lenin: Obras. Tomo 24.
9 V. I. Lenin: Obras. Tomo 29.
10 V. I. Lenin: Obras. Tomo 24.
11 V. I. Lenin: Obras. Tomo 24.
12 V. I. Lenin: Obras. Tomo 24.
13 V. I. Lenin: Obras. Tomo 28.
14 V. I. Lenin: Obras. Tomo 33.
15 V. I. Lenin: Obras. Tomo 28.
16 V. I. Lenin: Obras. Tomo 25.
17 V. I. Lenin: Obras. Tomo 23.
18 V. I. Lenin: Obras. Tomo 23.
19 V. I. Lenin: Obras. Tomo 24.
20 V. I. Lenin: Obras. Tomo 24.
21 V. I. Lenin: Obras. Tomo 25.
22 V. I. Lenin: Obras. Tomo 31.
23 V. I. Lenin: Obras. Tomo 22.
24 V. I. Lenin: Obras. Tomo 22.
25 V. I. Lenin: Obras. Tomo 21.
26 V. I. Lenin: Obras. Tomo 21.
27 V. I. Lenin: Obras. Tomo 27.
28 V. I. Lenin: Obras. Tomo 11.
29 V. I. Lenin: Obras. Tomo 24.
30 V. I. Lenin: Obras. Tomo 1.
31 V. I. Lenin: Obras. Tomo 27.
32 V. I. Lenin: Obras. Tomo 21.
33 V. I. Lenin: Obras. Tomo 27.
34 V. I. Lenin: Obras. Tomo 33.