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Bertha von Suttner:

el movimiento pacifista internacional, el derecho internacional humanitario y el ius contra bellum en la novela ¡Abajo las armas! (1889)*

Walter Arévalo-Ramírez**

Candice Alihusain***

Introducción

Bertha von Suttner fue la primera mujer en ganar el Premio Nobel de la Paz (1905) por su contribución al movimiento pacifista y la creación de sinnúmero de sociedades de la paz, novelas antibélicas y promover por toda Europa las ideas del desarme y la prohibición del uso de la fuerza. Estas propuestas las llevaría también a las primeras convenciones de paz de La Haya y de Ginebra, gracias a su novela antibélica Die Waffen nieder (¡Abajo las armas!) (1889). En la obra, mediante narrativas de batallas reales y ficticias, y el uso de personajes históricos e inventados a la vez, denuncia las atrocidades de la guerra, pero también describe el régimen jurídico de las armas y el derecho internacional de los conflictos armados para la época y propone muchos de los que serían luego los principios del derecho internacional humanitario moderno y el sistema del ius contra bellum contemporáneo.

Su obra literaria es reconocida globalmente por abordar de manera directa el derecho internacional y está emparentada con otros ejemplos reconocidos de hitos literarios de la época que fundamentaron movimientos antibélicos y que lucharon por los derechos humanos, como Recuerdo de Solferino (1862), de Henry Dunant, fundador de la Cruz Roja, a quien conoció personalmente en el movimiento pacifista internacional.

A pesar de ser famosa en su época por sus contribuciones a tratados, sociedades de paz, organizaciones internacionales, ser reconocida con el Premio Nobel de la Paz en 1905 y su novela ¡Abajo las armas! haber alcanzado el estatus de best seller, tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, pocos años después de su muerte, su legado fue paulatinamente olvidado.

El propósito de este capítulo es redescubrir los vínculos entre su novela, universalmente reconocida como fundadora del movimiento pacifista internacional, y las bases del derecho internacional humanitario y el ius contra bellum, exaltando su uso de la literatura para promover la educación para la paz y analizar su activismo jurídico-literario y su contribución al derecho internacional moderno mediante la literatura.

En seis secciones, el capítulo analiza su rol en el movimiento pacifista internacional, su rol como líder de distintas campañas jurídicas en la Europa del siglo XIX, presenta una sinopsis de su caracterización de las atrocidades de la guerra en su obra ¡Abajo las armas!, discute los aportes de esa novela al desarrollo del derecho internacional humanitario, su aporte como obra fundamental de la época a la educación para la paz y la lucha contra el militarismo, y la relación entre el derecho y la literatura mediante el análisis de la obra como un ejemplo de activismo jurídico y literario.

El interés por Bertha von Suttner ha tomado un nuevo vuelo en La Haya, ciudad vital del derecho internacional, en especial en el Palacio de la Paz, la Fundación Carnegie y otras organizaciones, tras una serie de conmemoraciones y aniversarios internacionales, el centenario de su muerte en 2014 y la reciente traducción al inglés de Die Barbarisierung der Luft (La barbarización del cielo, 1912), otra de las obras de Bertha von Suttner sobre los peligros del armamentismo, enfocada en la llegada de las armas al naciente mundo del vuelo en aeroplano. A pesar de ello, sigue siendo muy poca la literatura disponible que analice su impacto en el derecho, y mucho más escasa es en español. Por ello, a la par de los objetivos planteados, hemos querido presentar un diálogo con los pocos estudios disponibles, como el trabajo de Bring (2005) sobre el impacto de la novela en el ius contra bellum, el estudio de Wintersteiner (2006) sobre el impacto de Bertha von Suttner en la educación para la paz en la Europa de 1900 y los comentarios de Lughofer (2011) sobre el activismo jurídico apoyado en la novela ¡Abajo las armas!

Redescubrir a Bertha von Suttner, el movimiento pacifista internacional y el Premio Nobel de la Paz de 1905

De una vida de privilegios y tradiciones a líder del movimiento pacifista internacional

Bertha von Suttner nació en Praga en 1843, entonces parte del Imperio austriaco, bajo el título de condesa Kinsky. Por su ascendencia aristocrática, desde su infancia disfrutó de privilegios y riqueza, sin embargo, no tuvo una vida fácil. Su padre, general mariscal de campo, murió antes de que ella naciera, y su madre, una mujer de origen burgués, fue rechazada junto con Bertha constantemente por la familia Kinsky. A pesar de estas adversidades, desde joven siempre demostró su independencia y confianza en sí misma, en una época en que eran pocas las mujeres que podían desafiar las estrictas convenciones sociales (Von Suttner, 1910, p. 286).

Desde joven mostró interés por su propia educación, por los idiomas y por viajar por el mundo; aparte de alemán, aprendió francés, inglés e italiano. Gracias a esta independencia, creció alejada de la antigua y restrictiva educación aristocrática y tradicional y, en cambio, se inclinó por el pensamiento liberal, la ciencia y las ideas progresistas (Laurence, 1992).

Estaba tan decidida a trabajar para sostenerse a sí misma y enfocarse en los temas de su interés que, incluso, rechazó el matrimonio que le habían arreglado y a sus 30 años continuaba soltera, por lo que fue fuertemente criticada por el establishment de la época, a pesar de las tradiciones austriacas para la época en la que vivía.

No fue hasta que trabajó en Viena como “tutora” de la familia Von Suttner, educando a los cuatro hijos de la familia, cuando entabló una relación con el joven Arthur von Suttner, a pesar del rechazo de la relación por parte de sus familias. Tras la grave controversia en la residencia Von Suttner, se trasladó a París para trabajar como secretaria de un importante hombre de negocios, nada más y nada menos que Alfred Nobel, el inventor de la dinamita y, posteriormente, padre del movimiento pacifista. Aunque este le propuso matrimonio, decidió escaparse a Viena para casarse con Arthur, con quien viviría en Tiflis (Georgia).

Le interesaban los problemas de la guerra y de la paz. Estaba convencida de que “la guerra era una institución que nos entregaron los bárbaros y la civilización algún día eliminará” (Von Suttner, 1906).1 En 1883, cuando se dedicó a escribir, materializó esta idea en su primer libro Inventarium einer Seele (Inventario de un alma) de 1883, que, aparte de sus experiencias en Viena y París, narra sus observaciones sobre la guerra y la paz en la región, como testigo de las guerras ruso-otomanas que azotaron la región desde 1568 hasta 1914.

De acuerdo con sus memorias, un momento clave de inspiración para involucrarse en el movimiento pacifista internacional fue cuando conoció la International Arbitration and Peace Association (IAPA), institución que pretendía reemplazar el uso de la fuerza mediante la solución pacífica de controversias entre las naciones. La idea de una justicia entre naciones incrementaba su deseo de escribir por la causa de la paz y el movimiento pacifista internacional (Von Suttner, 1910, p. 286).

Fuertemente motivada a promocionar los esfuerzos del movimiento pacifista internacional por denunciar las atrocidades de la guerra y proponer la solución pacífica de las controversias internacionales, escribió su novela Die Waffen nieder!, internacionalmente traducida como Lay Down Your Arms (¡Abajo las armas!), a sus 44 años. Esta novela es una ficción autobiográfica de corte antibelicista que narra la historia de una ama de casa que pierde a su primer y segundo esposo a causa de las atrocidades de la guerra. Su mensaje a través del libro era que las naciones civilizadas debían detener las carreras armamentistas y “bajar las armas”.

Para ella, era importante influenciar la opinión pública con su novela, quería que, a través de la literatura, las personas conocieran los efectos desgarradores de la guerra, para que al elegir a los futuros gobiernos votaran por personas que cambiaran el uso de la fuerza por una corte internacional de arbitraje que estableciera los procedimientos judiciales internacionales como el mecanismo ideal de solución de controversias (Von Suttner, 1906).

Precisamente, ella escribió esta novela en el momento en que Europa se encontraba en la cima de su carrera armamentista. Esta se volvió un best seller internacional, fue traducida a todos los idiomas europeos y tuvo 37 reediciones durante su vida.

Fue reconocida tanto por juristas como por literatos. Por ejemplo, el autor ruso León Tolstói comparó su obra con la famosa novela estadounidense La cabaña del tío Tom, de Harriet Beecher Stow, la cual tuvo un papel importante para la abolición de la esclavitud en 1863 en los Estados Unidos (Landa, 1996).

Tal fue el impacto de la novela que ella se posicionó como líder notable del movimiento internacional de la paz. El movimiento no solo la necesitaba como autora, sino también por su gestión administrativa. Esta misión se convertiría en el propósito de su vida y requeriría toda su dedicación y tiempo (Landa, 1996).

Ella desempeñó un papel importante en la consolidación y organización de sociedades de paz, tales como la Sociedad Austriaca de la Paz (1891), de la cual también fue presidente; fundó, junto con colegas del movimiento, la Sociedad Alemana de la Paz (1892) y la Sociedad Húngara de la Paz (1894). También difundió sus ideas mediante periódicos, tales como Die Waffen nieder!, del cual fue fundadora, y Die Friedens-Warte, del cual fue coautora y que aún circula en la actualidad, convertida en una reconocida revista indexada sobre estudios de paz.

Asimismo, fue lobista ante la Unión Interparlamentaria, una de las primeras organizaciones internacionales del mundo (1889) y el primer foro multilateral permanente, organización que proponía crear una federación de Estados europeos y fue definitiva para consolidar el modelo siguiente: la Liga de las Naciones.

Su reconocimiento internacional a través del movimiento la llevó a ser vicepresidenta de la International Peace Bureau (IPB) (la red de asociaciones pacifistas más antigua del mundo, aún en funcionamiento) en Berna (Suiza) (Landa, 1996). A su vez, fue activa en combatir los primeros brotes de antisemitismo y lucharía contra el racismo: varios historiadores reconocen la manera en que anticipadamente ella denunció cómo la mezcla de chauvinismo, militarismo y antisemitismo para la época en Austria y Alemania impulsaría a la sociedad hacia el conflicto y las atrocidades de la guerra (Hamann, 1996).

Bajo su liderazgo, el movimiento internacional de la paz se fue convirtiendo en una institución transnacional, a la par de la cual se iban formando nuevas sociedades de paz alrededor de Europa; ella, en representación de estas, iba participando en la mayoría de las conferencias y congresos de paz internacionales en países como Bélgica, Italia, Países Bajos y Suiza. Su trabajo sobre la historia del movimiento es fundamental, pues, mientras lo ­lideraba, continuaba escribiendo reportes, artículos, ensayos y comentarios en periódicos publicados en cuatro idiomas sobre el crecimiento y futuro de este (Landa, 1996).

En la cima de su carrera como pacifista, aparte de participar activamente en los debates, desempeñó el papel de organizadora de reuniones durante la Primera Conferencia de Paz de La Haya en 1899, la cual se llevó a cabo en el Kurhaus Hotel en Scheveningen. Su rol era poner en contacto a los delegados estatales de la conferencia con los miembros de la sociedad civil, para que discutieran el desarrollo de los movimientos de paz. Los historiadores han descrito estas reuniones como un fundamental centro de desarrollo de los movimientos pacifistas donde ella demostró sus grandes habilidades diplomáticas2 (Riemens, 2005).

Su influencia no solo se quedó en Europa, sino que ella también pudo expandir los movimientos de paz a los Estados Unidos, sus ideas encontrarían apoyo en las organizaciones sociales estadounidenses de la época interesadas en los conflictos europeos y en la situación racial de este país. Según Laurence (1992), “la participación de Bertha en el movimiento por la paz llevó a algunos a describirla como la mujer que es el movimiento por la paz y le ganó el apodo de general en jefe del movimiento por la paz”.

También se convirtió en la primera mujer en recibir un premio de la paz al ganarlo en 1905, y estuvo entre quienes convencieron a su antiguo pretendiente y amigo Alfred Nobel de que donara parte de su fortuna para promover la causa de la paz y establecer el sistema que administra el premio (Landa, 1996; Laurence, 1992).


Bertha von Suttner durante la Conferencia de Paz de La Haya (1899). Foto cortesía de Carnegie Foundation

Líder de una campaña jurídica y pacifista revolucionaria en la hostil Europa del siglo XIX

Actualmente, con la tecnología disponible y los avances en libertad de expresión política, sería fácil difundir las ideas de un movimiento que defienda la paz en Europa; sin embargo, a principios del siglo XIX, era muy difícil para las mujeres liderar estas campañas. La libertad de expresión en todos los países europeos estaba restringida por la ley, las publicaciones de ideales liberales eran un peligro para los Estados y, por tanto, los gobiernos se esmeraban en censurar y confiscar cualquier publicación “peligrosa” y perseguir a los “subversivos” que se atrevieran a escribir sobre temas vetados (Laurence, 1992).

La misma Constitución austriaca de 1867 expresamente autorizaba suspender los derechos y libertades civiles en caso de emergencia, convulsión o tensión política, y a diferencia de hoy, hacerlo sin mayor control judicial. Para la época, las ideas de objeción de conciencia en cuanto a la guerra y a la carrera militar eran consideradas un crimen. Bajo este tipo de normas sobre libertad de expresión, ella tuvo que encontrar formas creativas de desarrollar nuevas propuestas sobre la paz y el derecho internacional, como la literatura.

Además de estos obstáculos, a comienzos del siglo XIX, la sociedad imponía papeles muy limitados a las mujeres. Ella no era una mujer sumisa, por el contrario, causó gran controversia ante el público tradicionalista porque utilizaba un discurso subversivo y asertivo. Su participación activa en el crecimiento del movimiento por la paz chocaba con la sumisión tradicional que en esa época los roles de género le imponían a la mujer (Landa, 1996).

Ella también es recordada dentro de los hitos del derecho internacional por su participación en la inauguración del Palacio de la Paz en 1913 (hoy sede de la Corte Internacional de Justicia en La Haya, Países Bajos). Murió menos de un año después, tres semanas antes de que estallara la Primera Guerra Mundial, en junio de 1914. A pesar de todos sus logros, tras su muerte, fue olvidada y casi borrada de la historia. Pocos esfuerzos se han hecho por reconocer su aporte al derecho y a la literatura. Un reconocimiento reciente ocurrió en 2009 cuando Hillary Clinton, excandidata a la Presidencia de los Estados Unidos, visitó La Haya para participar en una conferencia sobre Afganistán. Durante su intervención, Clinton anunció que se quedaría en el Hotel Kurhaus, justo como ella lo había hecho en 1899, como oportunidad para recordar su memoria, situación que llamó la atención de varias entidades en La Haya, que emprendieron campañas conmemoratorias de las que han participado los autores de este capítulo, entre ellas la Fundación Carnegie, el Palacio de la Paz y la Academia de Derecho Internacional de La Haya.

La Fundación Carnegie ordenó la construcción de dos bustos de Bertha von Suttner. La gran ceremonia que dio a conocer la estatua se realizó el 28 de agosto de 2013, el día del centenario del Palacio de la Paz en La Haya. Este día, ella se convirtió en la primera mujer en cien años en obtener una estatua en este palacio.

Esta estatua reconoce el papel que desempeñó en la Primera Conferencia de La Haya en 1899, en la consolidación del Palacio de la Paz y en el posicionamiento de La Haya como la sede mundial de la paz y justicia internacionales. Este monumento también visibiliza su trascendencia en la historia del siglo XIX y el impacto de su obra hoy; estos son los mismos propósitos de este capítulo sobre derecho y literatura: contribuir con la primera reflexión en español sobre el impacto de Bertha von Suttner en el desarrollo y la codificación de las prácticas más esenciales del derecho internacional a través de su activismo pacifista y sus novelas.

¡Abajo las armas! y su narrativa: la caracterización de una guerra y sus atrocidades

Bertha von Suttner logró una maravillosa hazaña en ¡Abajo las armas! (1889) al describir con mucha franqueza la situación de las guerras, de modo que es esta obra un espejo de la cruda realidad que se vivía en ese momento en Europa, con todo tipo de descripciones sobre el maltrato y el sufrimiento de la población a manos de los combatientes. La autora buscaba que el lector, con descripciones detallas tanto de crisis individuales como de conflictos de orden internacional, tomara una posición contra las guerras, de modo que era su mayor propósito ilustrar los horrores vividos por las naciones europeas. Que la autora haya escogido que la protagonista fuera mujer es de suma importancia, ya que así se lograba un mayor impacto al lector a través de sus narraciones sobre cómo la guerra afecta las relaciones familiares, su posición en la sociedad y la vida política de su nación.

La protagonista de la historia es Martha Althaus, una mujer a la cual la guerra le arrebató a dos esposos y la dejó eternamente marcada por la barbarie que pueden ocasionar los seres humanos, tanto individualmente entendidos como a través de sus naciones cuando están en el campo de batalla, por lo que narra su historia utilizando los apuntes que escribió en su diario sobre los conflictos presenciados.

Martha, paradójicamente, nació en una familia militar en la que su padre le inculcó desde pequeña el amor a la guerra y el orgullo que representa ser parte del ejército del país, por esta razón, estaba desilusionada de ser mujer, porque nunca sentiría el honor de tomar las armas para defender a su patria, ni nunca tendría la oportunidad de ser un héroe, por lo que solo le quedaba una forma de hacer sentir orgulloso a su padre, la única salida que tenían las mujeres en el siglo XIX: el matrimonio. Martha contrae matrimonio con un oficial del ejército imperial y posteriormente su hijo tendrá el mismo sueño de ser soldado del país.

Tras convertirse trágicamente en viuda de su primer esposo, comienza a replantear su postura sobre la guerra y empieza a contrariar a su padre. Lo que una vez creía que era una verdad absoluta, ya no parecía tan cierto ante sus ojos. Años después, se casa con el barón Friedrich von Tilling, un hombre que, tras haber sido soldado, defiende las ideas pacifistas y condena la guerra. De esta forma, la autora logra unir los dos puntos de vista en la novela. Por un lado, está la protagonista y su segundo esposo, quien defiende su postura antibélica, y por otro, su papá, un general que ve la guerra como algo digno de admirar.

La novela entremezcla una clásica historia de amor, recurrente en la literatura europea de la época, con el mensaje pacifista que desea transmitir la autora, mostrando a la protagonista vivir románticos momentos junto con su segundo esposo, que luego son oscurecidos por la guerra. A medida que la historia transcurre, la transformación del pensamiento de Martha se hace cada vez más profunda, lo que la lleva a replantearse lo que creía y a preguntarse por mejores opciones y caminos, para sí misma y para la sociedad nacional y europea.

Martha analiza la situación bélica que vive y llega a importantes conclusiones que se extienden hasta nuestros días. Una de ellas es que la guerra surge como consecuencia de las decisiones de unos pocos que tienen el poder y que terminan afectando directamente a los ciudadanos. Martha concluye que los príncipes y dirigentes que privilegian la guerra a la solución pacífica de los conflictos son los culpables de las desgracias del pueblo, solo por sus caprichos e intereses personales, por lo que pide que la justicia actúe frente a ellos. Otra conclusión a la que llega es que la guerra no es esencial o parte de la naturaleza del hombre, sino un invento suyo como producto de su ambición y avaricia. Por último, analiza que nada justifica las atrocidades que se viven en las guerras. Aunque creció con los ideales de servir y defender a la patria, ella aprende que no se debe sacrificar la felicidad personal por un mundo arrodillado al discurso bélico.

Esta obra literaria logra extraordinariamente combinar tres enfoques en la novela (histórica, social, cultural), haciendo que su importancia perdure en el tiempo y sea de interés para los lectores modernos. Bertha von Suttner con el personaje de Martha logra que la novela trascienda en la historia, ya que su evolución hace que el lector se sienta tocado con su sufrimiento, sin importar la época que sea. Para reconstruir las vivencias de la guerra de la manera más específica y detallada posible, la autora utiliza diversas fuentes históricas, como periódicos, documentos, informes de guerra, etc. Además, ofrece un gran aporte histórico porque permite entender mejor las dinámicas sociales y culturales de la época.

Al final, la protagonista logra encontrar su lugar en el mundo, realizando su verdadera vocación: trabajar por la paz entre los pueblos, continuando el legado del barón Von Tilling y criando a su hijo con los valores pacifistas.

¡Abajo las armas! y el desarrollo del ius contra bellum y el ius ad bellum

Cuando Bertha von Suttner publicó su novela ¡Abajo las armas! en 1889, el derecho internacional moderno apenas comenzaba a desarrollarse. No fue sino hasta diez años después, en la Conferencia de Paz de 1899 de La Haya, que se construyeron los cimientos para desarrollar la regulación legal del uso de la fuerza entre los Estados. Este cambio, entre otros aportes al derecho internacional humanitario, es considerado por muchos historiadores del derecho como un proceso que, entre otras razones, encuentra su temprana influencia en la obra literaria y el activismo de Bertha von Suttner.

Sobre el tema, historiadores del derecho internacional como Bring (2005) resaltan que su obra, tanto literaria como política, ya avizoraba, así fuera de forma primigenia, la distinción esencial que en el derecho internacional se ha hecho entre ius ad bellum entendido como el derecho a la guerra, es decir, la legalidad o prohibición misma del uso de la fuerza, la permisión de actuar en legítima defensa y la prohibición de la agresión entre Estados, y el ius in bello entendido como el derecho aplicable en la guerra o dentro del conflicto armado, en especial, los estándares humanitarios que deben seguirse cuando no se pudo evitar la guerra y que deben observar los combatientes involucrados en un conflicto. El ius ad bellum en sus orígenes, a finales del siglo XVII, no establecía una prohibición clara al uso de la fuerza entre los Estados. Sin embargo, en la modernidad, se ha transformado en verdadero ius contra bellum, gracias, en parte, al movimiento por la paz y su lucha por prohibir la guerra, con hitos como la Conferencia de Paz de La Haya de 1899, en que ella fue definitiva y para la cual ya era famosa su obra ¡Abajo las armas! (Bring, 2005).

Igualmente, a pesar de los intentos de prohibir la guerra en distintas épocas, es claro que sigue existiendo el conflicto armado y, por ello, se necesitan reglas que exijan un comportamiento humanitario a las partes del conflicto. Estas reglas, que hoy se conocen como el derecho internacional humanitario de los conflictos armados, tienen por objeto “humanizar” la guerra y evitar en la medida de lo posible los efectos adversos de esta, tanto en los prisioneros como en la población civil, tales como las atrocidades que narró en su novela y en sus situaciones ficticias de guerra.

En ¡Abajo las armas!, las referencias a la prohibición de la guerra y al debate sobre un régimen de ius contra bellum son constantes. Por ejemplo, Bring (2005) resalta en su comentario de la obra cómo en uno de los pasajes el segundo marido de Martha, en una conversación con un clérigo alemán, discute el brote de la guerra de la siguiente manera:

Solo las guerras de defensa son admitidas, y no hay derecho a recurrir a las armas a menos que el enemigo haya atacado primero tu país. Pero si el enemigo acepta el mismo razonamiento, ¿cómo podrían surgir guerras alguna vez? En la última guerra (entre Prusia y Austria de 1866), fue tu ejército el que primero cruzó la frontera. (Von Suttner, 1889)

Bring (2005) analiza todo el pasaje y resalta cómo en respuesta el clérigo alemán se refirió al deber del líder nacional, aceptado en la época, de utilizar cualquier oportunidad conveniente para derrotar a un Estado enemigo. Fredric, el esposo de Martha, rechaza cómo este principio de oportunidad es contradictorio con cualquier norma posible de limitación de los conflictos armados.

En su obra, ella deja claro que estaba a favor de una prohibición absoluta de todo uso de la fuerza. Bring (2005) y muchos analistas de su obra coinciden en que esta conversación, en la cual ella habla a través del personaje de Fredric, denota la crítica de esta pacifista a los vacíos de una interpretación amplia del derecho de los Estados a la legítima defensa como excepción a la prohibición del uso de la fuerza, concepto que por su amplitud justificaba en muchas ocasiones la agresión entre naciones europeas, cuya interpretación amplia ha sido utilizada en la actualidad para justificar acciones militares en conflictos como el de Afganistán e Irak (Arévalo, 2013).

Más adelante en ¡Abajo las armas! los personajes experimentan la guerra franco-prusiana de 1870-1871. Bring (2005) señala que ambas partes en el conflicto, tanto el político Bismarck como Napoleón III, justifican la agresión por razones de legítima defensa. Para ella, esta distinción entre agresión y legítima defensa resulta contraproducente y no contribuye al desarrollo de un verdadero ius contra bellum. Una situación jurídica en la que existe una amplia interpretación de una causal que permita el conflicto, como la legítima defensa, puede generar lo ocurrido en aquel conflicto: una de las partes, Bismarck, puede incitar políticamente al otro a atacar a su Estado y, con ello, justificar su legítima defensa, por lo que el modelo deseable es el de la prohibición absoluta de la fuerza (Von Suttner, 1906).

Ella refleja en su obra literaria y en su activismo internacional la salida más adecuada que la comunidad interna­cional necesitaba a la guerra, por lo que, junto con el movimiento por la paz, propone la solución de conflictos internacionales mediante arbitraje, de carácter pacífico, vinculante y definitivo, como mecanismo obligatorio de solución de controversias.

Bring (2005), en su análisis de la novela desde el derecho internacional, rescata cómo ella manifiesta esta posición a favor del arbitraje internacional, a través de su personaje Fredric. En un segmento, hay una discusión con un diplomático retirado que sostenía que los gobiernos no podían ponerse de acuerdo sobre cómo resolver todas las disputas, frente a lo cual Fredric responde:

“Pero eso no es necesario. Si surge una disputa, debe ser resuelta por un tribunal de arbitraje y no mediante el uso de la fuerza”. A lo cual el diplomático interviene: “¡Los Estados soberanos y las naciones nunca aceptarán tal decisión de la corte!”. Ante esto, Fredric finaliza diciendo: “¿Las naciones? Serán los diplomáticos quienes no lo quieran. ¡Pero pregúntale a la gente y obtendrás otra respuesta! Entre la gente el deseo de paz es genuino y sincero.

Los hechos del libro en sí mismos son un testimonio de los desarrollos que el derecho internacional vivía durante la época de redacción de la obra, y a pesar de reproducir historias ficticias sobre las vivencias de guerras tanto reales como inventadas, es un gran testimonio histórico de conflictos concretos y reales, y sus soluciones en desarrollo mediante el derecho internacional. El derecho internacional para la época, paradójicamente mientras consolidaba la obligatoriedad de sus fuentes y la práctica de los Estados sobre tratados, luchaba por abordar de manera efectiva la regulación de los conflictos armados y la creación de instituciones sólidas sobre solución pacífica de controversias.

Bring (2005) rescata cómo en la novela misma ella menciona el arbitraje de Alabama de 1872 (sobre reclamaciones entre los Estados Unidos y el Reino Unido por daños a su flota mercante y la violación del principio de neutralidad, un caso que se ha reconocido como fundamental para el principio del arbitraje obligatorio) y el arbitraje de las islas Carolinas de 1885 (reconocido ejemplo de un arbitraje plenamente implementado entre potencias coloniales del momento) como exitosos ejemplos de la aplicación primigenia del arbitraje en la época como un método eficaz de solución pacífica de controversias, en una época en la que el movimiento pacifista se dedicaba a la creación de asociaciones de paz nacionales y a promover iniciativas pacíficas para solucionar conflictos de larga data.

Por otro lado, ella también desarrollo el ius in bello en ¡Abajo las armas! El origen del derecho internacional humanitario, o derecho internacional de los conflictos armados, comparte con su obra la noción de que el derecho puede ser desarrollado, impulsado y universalizado mediante esfuerzos literarios. El derecho internacional humanitario tiene entre sus reconocidos orígenes e inspiraciones Recuerdo de Solferino que Henry Dunant escribió entre 1859 y 1862 como testimonio de las atrocidades que presenció en la sangrienta batalla de Solferino. En el libro, Dunant pidió cooperación a la comunidad internacional para reducir el sufrimiento de las víctimas de las atrocidades de futuras guerras. Gracias a su activismo mediante folletos y escritos que denunciaban las atrocidades de los comportamientos entre combatientes, posteriormente logró apoyo suficiente para crear la Cruz Roja; mediante el trabajo internacional de esta, se adoptó el primer convenio de Ginebra de 1864 sobre la protección de las víctimas de la guerra (Von Suttner, 1906).

Varios historiadores del derecho internacional como Bring (2005) resaltan el vínculo, real e imaginario, entre las dos obras. En la novela, ella cuenta la historia del libro de Dunant y su relación con la batalla de Solferino (Hamann, 1996). En ¡Abajo las armas!, el primer marido de Martha fue asesinado en la guerra franco-austriaca de 1859, en la batalla de Magenta, y para Martha una de las causas de esa pérdida; hecho que constantemente reprocha es que Austria no fuera parte original en la Convención de Ginebra. Estas alusiones relacionan la obra con el movimiento de la Cruz Roja y la necesidad de reducir las víctimas de la guerra (Landa, 1996). Más adelante en su libro alude a la guerra prusiano-austriaca de 1866 cuando Austria se adhiere a la Convención de Ginebra y al sistema de la Cruz Roja.

De la novela, Bring (2005) rescata un fabuloso pasaje en el que ella a través de sus personajes debate el alcance limitado de la Cruz Roja ante la falta de una prohibición universal de la guerra. En ¡Abajo las armas!, el padre de Martha le pregunta: “Bueno, ¿estás satisfecha ahora? ¿Te das cuenta de esa guerra, que siempre has pensado como barbarismo, se volverá más humana a medida que avanza la civilización?” (Von Suttner, 1889), a lo que Martha responde que los esfuerzos de la Cruz Roja siempre serán insuficientes, pues no tiene la capacidad de eliminar todo el sufrimiento de las víctimas en el campo de batalla. Su padre, mostrando su conformidad, responde: “No eliminar, sino aliviar. Lo que no se puede evitar, hay que aliviarlo”; Martha lo acepta y finaliza diciendo: “No es posible aliviar tal miseria. Me gustaría convertir tu oración y decir: Lo que no puedes aliviar debe ser prevenido”. Esto refleja su ideal de no solo aliviar los sufrimientos de la guerra mediante reglas de conducta de combate que protejan a la población civil, sino de prevenir la guerra mediante la prohibición absoluta de esta.

Tal como analiza Bring (2005), esto no significa que Bertha se opusiera al desarrollo del derecho internacional humanitario y a las leyes de la guerra. Sin embargo, su posición frente a la prohibición de la guerra permite asumir que hay un punto argumental en que algunos detractores de la expansión del derecho internacional humanitario se preguntan si tiene sentido regular lo que debería estar prohibido.

Con todos estos antecedentes, Bertha y otros activistas del movimiento por la paz asistieron a la Conferencia de Paz de La Haya en 1899. Curiosamente, los principales resultados del evento concluyeron con el desarrollo de directrices del ius in bello, como los reglamentos de guerra terrestre y la prohibición de ciertos tipos de armamentos, en lugar del desarrollo de un régimen extenso de ius contra bellum que incluyera una prohibición universal de la fuerza, como ella deseaba, o un modelo de regulación y excepciones colectivamente decididas, como el sistema actual de Naciones Unidas.

No obstante, en la primera Convención de La Haya, se adoptó la idea que tanto ella había defendido en su novela: la solución pacífica de controversias y arbitraje, aunque no se acordó que fuera obligatorio: simplemente los participantes acordaron que intentarían evitar la guerra y utilizar los buenos oficios y la mediación, pero solo en la medida de lo posible (Laurence, 1992; Von Suttner, 1906).

En conclusión, ¡Abajo las armas! es un increíble esfuerzo literario por, a la vez, desarrollar y promocionar una conciencia universal sobre la necesidad de la abolición de los mecanismos de fuerza como el medio principal para la solución de los conflictos entre Estados y una inspiración para el régimen de ius contra bellum blando que vendría después de la Conferencia de La Haya, que sería solo exitoso tras las dos guerras mundiales. Igualmente, la narrativa a través de las situaciones personales de los personajes, a la par de una macrohistoria relativa a los poderes en conflicto, le permitió también en su novela proponer reglas específicas, principios y, sobre todo, la urgencia de la universalización del derecho internacional humanitario, sin dejar de expresar la paradoja jurídica de la necesidad de regular algo que debería estar universalmente prohibido, como el uso de la fuerza.

La importancia de ¡Abajo las armas! en la educación por la paz y la lucha contra el militarismo de su tiempo

En lo que sería un best seller de su tiempo, Bertha von Suttner hace una notable contribución para promover la educación sobre y para la paz. La novela es en sí misma una abierta y valiente crítica al militarismo de la época y al movimiento armamentista que llevaría a la Primera Guerra Mundial; literariamente, esta novela tiene gran importancia, pues la autora utiliza un lenguaje y estructura que permite promover en el lector el ideal de la paz, introduce a lectores no especializados en conceptos jurídicos que en su momento estaban naciendo y plantea un debate que en su época era contracultural, pues la sociedad asumía el militarismo como un elemento natural a la vida en sociedad.

La riqueza de la novela en la educación para la paz es enorme, pues algunos analistas resaltan cómo una de las ideas principales es la transformación de los personajes al descubrir una injusticia y encontrar la necesidad de su regulación o abolición, pues, en todo caso, ella retrata a una mujer que gana experiencia en el curso de su vida, de forma opuesta a la educación tradicional que recibió en su infancia y mediante la observación de los conflictos de su tiempo. La mujer, Martha, inicialmente presentada como tradicional e ingenua, se deja llevar por la pasión de su padre y de su marido hacia las armas, el militarismo, los ejércitos y los nacionalismos. Esa misma educación se la brinda a su hijo, mediante juegos de soldados, para compartirle el entusiasmo por la guerra. La novela resalta cómo la educación y la propaganda política de la época buscaban entusiasmar a las masas hacia la guerra, y ella la contrarresta mediante la transformación que puede tener una persona, hasta llegar hacia la total oposición al conflicto armado a causa de las experiencias dolorosas que sufrió con su familia (Wintersteiner, 2006).

Esto da lugar a uno de los mensajes clave de la novela. La educación militarista de la época no solo tenía efectos en los hombres que hacían parte del conflicto armado, sino de las mujeres de sus familias, que quedaban presas del modelo ideológico del militarismo prusiano y reproducían en la cotidianidad instituciones belicistas. Wintersteiner (2006), uno de los más reconocidos analistas de su obra, resalta la crítica de la autora a este modelo en uno de los pasajes iniciales de la obra:

Las chicas que no marchan a la guerra, no obstante, se habían educado utilizando los mismos libros escolares que los jóvenes soldados. Así, las chicas adquirían los mismos puntos de vista, que, a su vez, conducen a una sensación de celos por no poder participar y una admiración hacia los militares […] esto da lugar al fenómeno de las madres espartanas y “madres bandera” (custodias de las banderas de asociaciones) y a practicar la entrega de medallas a cualquier imitación al cuerpo de oficiales, en reconocimiento de las habilidades de baile que exhiben durante los bailes de elección de damas. (Von Suttner, 1906, p. 5)

La discusión sobre los roles sociales, de género y las convenciones tradicionales de la época es rica en la obra de Bertha von Suttner y, además, es pionera en identificar cómo esos roles impuestos tienen profundas consecuencias en el derecho y otras estructuras. La novela utiliza las situaciones tradicionales de su tiempo con las cuales se subordinaba a la mujer, pero también resalta la paradójica libertad de maniobra emocional, que a los hombres se les ve vetada por la posibilidad de perder su masculinidad (Wintersteiner, 2006). Sin embargo, la novela no solo refleja simplemente los clichés existentes sobre los respectivos roles de género, sino que se rebela contra ellos a través de personajes como Martha: aunque el liderazgo en la batalla sea tradicionalmente masculino, eso también representa la represión de un modelo político machista y, a su vez, desde Martha, refleja un particular rol de la mujer en el contexto bélico, que es capaz de afrontar y aliviar las graves consecuencias que va produciendo en la sociedad y en la familia una guerra legitimada en viejas nociones de masculinidad política (Von Suttner, 1910, vol. 1, p. 286; Wintersteiner, 2006).

Winstersteiner (2006) también resalta sobre este punto que en ¡Abajo las armas! la autora no minimiza el papel de la figura masculina, en cambio, la renueva de forma positiva, con personajes como Friedrich. Es decir, la emancipación de la mujer va de la mano de la responsabilidad de los políticos, que, en la época, eran exclusivamente personajes masculinos.

Quienes han analizado la novela desde el punto de vista de su impacto educativo han decantado ejemplos de cómo fue reconocida tempranamente como un instrumento de educación social y jurídica para sociedades que en su momento eran evidentemente militaristas; por ejemplo, la Sociedad de Paz de Hamburgo, en su momento convocó a los maestros de Alemania a “educar a los niños para que no entablaran más odio hacia las personas de otros países, sino que amaran a sus seres hermanos y se acostumbraran no solo a admirar a los héroes de guerra, sino también a honrar a los héroes culturales” (Von Suttner, 1897; véase también Von Suttner, 1910, vol. 1, p. 286; Wintersteiner, 2006).

Promotora del pacifismo y el derecho mediante la literatura: la difusión de ¡Abajo las armas! y el activismo literario de Bertha von Suttner

¡Abajo las armas! también ha sido objeto de estudios literarios y de reconocidos lingüistas. Autores como Lughofer (2011) le atribuyen al éxito editorial de la obra ser también causa eficiente de que Bertha von Suttner se convirtiera en una de las diplomáticas, activistas e intelectuales más prominentes en el movimiento por la paz en Europa. Gracias al éxito económico del libro, por ejemplo, en 1890, pudo tomar un año sabático en Venecia, momento en el que, junto con miembros del Parlamento italiano, como marqués Beniamino Pandolfi y Felix Moscheles, fundaron la Sociedad de la Paz en Austria. Las ganancias del libro eran invertidas en realizar más activismo, viajes a sociedades de paz y otros esfuerzos de difusión del movimiento pacifista.

Lughofer (2011) recientemente escribió un breve estudio sobre este activismo jurídico a través de la literatura y resalta como virtudes de ella, en su gesta jurídica, la autoconfianza y el optimismo, junto con su habilidad en idiomas y su estrategia de uso de su propia aristocracia para fines sociales, que le permitieron también escribir importantes artículos en periódicos internacionales y otras novelas bajo la bandera de la paz. Junto con Alfred Hermann Fried, publicó el periódico Die Waffen nieder, luego llamada Die Friedens-Warte. En este periódico, trabajó como columnista y tomaba posición sobre los acontecimientos políticos en el mundo, lo que le permitía desplegar las ideas jurídicas adelantadas en ¡Abajo las armas! sobre la paz y el ius in bello a acontecimientos del momento.

Su activismo pacifista siempre se dio en grandes escenarios y los historiadores del movimiento pacifista resaltan la manera en que continuamente forjaba nuevos vínculos o fundaba organizaciones internacionales de relevancia jurídica internacional aún vigentes. En 1891, ella participó en la Tercera Conferencia Internacional de Paz en Roma y se convirtió en la primera mujer en tener parte en una conferencia de la Unión Parlamentaria Internacional. Posteriormente, sería vicepresidenta de la Oficina Internacional por la Paz en Berna, momento en el que se relacionó con los principales líderes del movimiento por la paz, Frédéric Passy y Hodgson Pratt (Lughofer, 2011).

Durante los siguientes cuatro años, ella se involucró en el establecimiento de sociedades de paz, como la Sociedad Alemana de la Paz en Berlín, y en 1896 fundó uno en Budapest y participó en el Congreso Internacional de la Paz en esta misma ciudad. Todas sus intervenciones se caracterizaron por ser discursos de perspectiva internacional y un desarrollado cosmopolitismo, todo lo contrario a los pensamientos nacionales de la época.

Ella abrió la Conferencia de La Haya en 1899 con el manifiesto de la paz, en el que explicitó su interés en la necesidad de crear una regulación internacional que prohibiera la guerra. De acuerdo con Lughofer (2011), esta idea fue apoyada por el emperador Nicolás II, lo cual le abrió las puertas para reunirse con el conde Murawjow, ministro de Relaciones Exteriores de Rusia. Esta serie de eventos impulsaron su ideal, de propuesta, a una posible realidad jurídica. A partir de 1902, emprendió viajes a múltiples países. Uno de sus destinos fue Mónaco, cuando fue invitada por Alberto I, quien había fundado un instituto de la paz. Luego, fue convocada a Lucerna para la inauguración del Museo Internacional de la Guerra y la Paz. Al año siguiente, participó en la conferencia de la Unión Interparlamentaria en Viena y en 1904 fue invitada por Theodore Roosevelt, presidente de los Estados Unidos, a una gira en la Casa Blanca.

Su estudio del activismo literario y jurídico elaborado por Lughofer (2011) da cuenta de cómo también fue rápidamente reconocida por el público no diplomático. Para 1900, se dedicó a dar conferencias en varias ciudades de Alemania. Todos estos eventos la hicieron merecedora de ser destacada como la mujer más influyente de su tiempo en el magazine Berliner Tageblatt.

Fue en 1905 que logró su distinción más importante: ser la primera mujer en recibir un premio nobel. También recibió de Henri Dunant, el primer ganador del Premio Nobel de la Paz y fundador de la Cruz Roja, una carta en la que Dunant la reconocía como una figura clave en el movimiento por la paz. Lughofer (2011) considera que fue merecedora del Nobel principalmente por su apoyo a la fraternidad entre naciones, su lucha por la abolición o reducción de ejércitos permanentes y por la promoción de la paz en sus columnas y congresos.

Conclusiones

La vida y obra literaria de Bertha von Suttner son muestra de un reto a los roles que la sociedad adjudicaba a las mujeres de la época, de la superación de estos obstáculos estructurales más allá de su posición acomodada y de una dedicación por fines diplomáticos, literarios y activistas a construir los pilares fundamentales de una sociedad internacional en que se regule el uso de la fuerza y se busque evitar la atrocidad de la guerra. Su novela ¡Abajo las armas! es un testimonio indisoluble que permanece en el tiempo entre la literatura y los orígenes del derecho internacional humanitario, y del ius contra bellum, demostrando el poder del uso de la literatura para promover la educación para la paz y probando el alcance del activismo jurídico-literario.

Referencias

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* Los autores agradecen y reconocen la contribución a este capítulo de las asistentes de investigación Sofía Bautista Escobar y Laura Elena Bautista Ramírez, estudiantes de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario, por su contribución en la investigación documental.

** Profesor principal, Facultad de Jurisprudencia, Universidad del Rosario.

*** Especialista en información legal. Coordinadora. Biblioteca del Palacio de la Paz en La Haya.

1 Las traducciones son nuestras.

2 La colección de textos sobre el centenario del Premio Nobel de la Paz de Bertha von Suttner titulada Report on the Symposium on the occasion of the 100th anniversary of the Nobel Peace Prize award to Bertha von Suttner, organized by the Embassies of Austria, Norway and Sweden in cooperation with the Carnegie Foundation in the Peace Palace se encuentra disponible en línea gracias a la Fundacion Carnegie en www.berthavonsuttner.com/2005symposium.pdf.

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