Читать книгу La palabra facticia - Albert Chillón - Страница 7
ОглавлениеZaguán
Derivada del término árabe hispánico istawán —y este, a su vez, del árabe clásico us?uwān[ah]—, la hermosa palabra castellana zaguán designa el «espacio cubierto situado dentro de una casa, que sirve de entrada a ella y está inmediato a la puerta de la calle», según la definición que de ella da la RAE. Cada vez quedan menos, pero el viajero aún puede apreciar la sugestión de los viejos zaguanes en bastantes pueblos y villas de España, esa fresca y prometedora penumbra que, más que separar, enlaza el afuera de la vida pública y el adentro de la privada, y sin duda invita al visitante a trasponer el umbral.
Sirva, entonces, este breve aunque ojalá que sugestivo zaguán para incitar al posible lector a adentrarse en La palabra facticia. Literatura, periodismo y comunicación, un libro a la vez nuevo y veterano dado que ahonda, amplía y recrea otro de 1999 —Literatura y periodismo. Una tradición de relaciones promiscuas— que, durante la década y media transcurrida desde entonces, ha devenido obra de referencia para los docentes, investigadores, estudiantes y periodistas interesados por los empalabramientos ficticios y facticios, sean de carácter artístico o de tenor comunicativo y persuasivo.
El volumen a que este escueto vestíbulo da paso tiene un doble foco de atención. Por un lado, es una exploración sistemática, a la vez histórica y analítica, de las múltiples relaciones entre la tradición periodística y la tradición literaria, es decir, un ejercicio de comparatismo deudor de la literatura comparada y de los estudios literarios en su conjunto. Por otro, así mismo, es una propuesta netamente teórica, encaminada a fundamentar el estudio de los vínculos entre los campos literario, periodístico y mediático, que tanto precisa sustentarse sobre pilares firmes. De ahí que haya recurrido a la filosofía del lenguaje, la narratología, la tematología y la hermenéutica, entre otras disciplinas y perspectivas, a la hora de llevar tal cimentación a cabo.
En 1999 tuve el honor de que Manuel Vázquez Montalbán, acaso el más importante periodista español del último medio siglo, accediera a prologar la versión matriz de esta obra. Y hoy lo tengo de que Jordi Llovet, uno de los más relevantes humanistas y estudiosos de la literatura de nuestro país, haya aceptado escribir el prólogo correspondiente a esta nueva versión, considerablemente ampliada respecto de la primera, muy en especial en lo que toca a su sustentación teórica. Las palabras de Llovet y de Montalbán —por orden cronológico inverso— son la más gentil bienvenida que este zaguán puede brindar.