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Nota del traductor

«por una inversión de valores muy difundida», advierte Italo Calvino en Por qué leer a los clásicos, «la introducción, el aparato crítico, la bibliografía hacen las veces de una cortina de humo para esconder lo que el texto tiene que decir y que sólo puede decir si se lo deja hablar sin intermediarios que pretendan saber más que él». Al parecer, no es ésta la suerte que ha corrido la obra de Crowley hasta la fecha, aunque no le faltan méritos para convertirse en un clásico. Pululan por internet las obras del mago, se reproducen hasta la extre­maun­ción y el vértigo, y no existe todavía una edición crítica, aparatosa y momificada de sus textos que pueda servir de tabla de salvación al traductor que, a instancias de un editor de inescrutables y certeros designios, se ve sumido en la gozosa tarea de verterlos al castellano. En inglés, hablan las obras de Crowley aún en tiempo presente, que es tiempo sin aparato crítico ni historia ni antología, y así estuve tentado de llevar estas conferencias al castellano, libres de notas y de fárrago. No pudo ser. El lector comprobará que aquí también escuchan los muertos y que el público destinatario de estas charlas extraordinarias desapareció hace tiempo, llevándose con él el orácu­lo de sus años.

Encontrará el lector unas pocas notas, en ocasiones donde el traductor no alcanza, en otras donde parecía obligado esbozar el mundo perdido al que alude Crowley, tarea para la que me ha resultado de suma utilidad la biografía Su satánica majestad, Aleister Crowley, publicada en esta misma editorial. También encontrará una breve y miscelánea serie de notas que proceden del texto inglés, debidamente indicadas, en las que se apuntan las reacciones del público de las conferencias y algunos de los malvados dobles sentidos tan propios de Crowley. Espero en cualquier caso no haber traicionado un texto que a veces se quiere opaco para confundir a quien a finales de los años treinta del siglo pasado era alumno y hoy es lector. De lo contrario, ¡que caiga la desgracia del aborto sietemesino sobre mí!

Asimismo, quisiera expresar mi agradecimiento a Maia F. Rius por la inestimable ayuda prestada con las fuentes bíblicas, que Crowley maneja con deliciosa soltura.

Ocho lecciones de yoga

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