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La cronología

En tiempos de Google y de otros buscadores en Internet todo está disponible. Esto es un hecho indiscutible. Sucede que hay que poder leer, saber leer, conocer una página de texto… para atar cabos y hallar la conexión entre hechos y personas. Para eso existe una herramienta incompleta como es la cronología, para guiar, no para convencer, tampoco para apoyar a algún grupo. Aquí se acercan detalles de historia y de tiempos vividos.

La cronología no es objetiva. Ninguna opinión, por elevada que sea, es objetiva. Cada una tiene su variante. Hace muchos años, cuando apareció mi primer intento de cronología para superar la falta de información que por entonces era reemplazada por el rumor, por el chisme, dije en La Opinión (26 de febrero de 1974), que la cronología era una forma objetiva de narrar la historia.

¡Qué error!

¡Claro que no es objetiva!

Pido disculpas por aquella ostentación de supuesta objetividad en defensa de la cronología.

Una cronología es interminable. Por esa razón se ha usado a veces la denominación, sin preferirla, de “ayudamemoria”. ¿Qué otro nombre puede llevar un texto en el que cada persona que la consulte puede observar que faltan datos? Toda entrada en el texto ofrece la posibilidad de ser cambiada por otros datos. Lo que es notable para mí puede no tener importancia para un tercero. Sin embargo, la anotación de un hecho puede servir de recordatorio de otra circunstancia para un tercero.

Por ahora, gracias por llegar hasta aquí. Por favor, sigamos.

–Andrew Graham-Yool

Larroque, Entre Ríos, 2016

Los días contados

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