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Capítulo


Introducción: necesidad y oportunidad

En 1992, Urhausen y Kindermann publicaron el artículo Control Bioquímico del Entrenamiento, en el que los autores explicaban cómo algunos parámetros metabólicos y hormonales, analizados en deportistas durante su entrenamiento habitual, podían ser de utilidad para obtener información sobre los cambios que ocurrían en el organismo. El documento no contenía la definición del término «control bioquímico del entrenamiento», no obstante, la esencia de este concepto quedaba implícita en la exposición de los resultados. Urhausen y Kindermann (1992a) escribían: «El estímulo del entrenamiento sólo puede ser efectivo si la intensidad y la duración de la carga durante dicho entrenamiento corresponden a la capacidad de carga real del individuo. En este estrecho margen comprendido entre el entrenamiento por debajo de un umbral eficaz y el sobreentrenamiento, la medicina deportiva cuenta con diferentes parámetros sanguíneos a su disposición...» En consecuencia, el control bioquímico puede ser considerado como un medio complejo pero eficaz para conseguir una correcta dirección del entrenamiento deportivo mediante la utilización de la información obtenida en los análisis bioquímicos.

Urhausen y Kindermann (1992a) utilizaron parámetros sanguíneos (sustratos, enzimas, hormonas y parámetros inmunológicos), los cuales indudablemente constituyen las herramientas esenciales para el control bioquímico del entrenamiento. No obstante, el control bioquímico también puede incluir análisis de orina, sudor y tejido muscular (mediante biopsias).

Datos históricos

En el siglo XIX aparecieron estudios que tenían en cuenta los procesos metabólicos en el ser humano durante la actividad muscular. En 1886, Peterkofer y Voit indicaron que durante la actividad muscular las proteínas, a diferencia de los hidratos de carbono y las grasas, no desempeñaban una función principal como sustrato para la producción de energía en los músculos en contracción. Fick y Wislicenus, en un estudio realizado en 1866, hallaron que durante la ascensión a una montaña (1.956 m) con una dieta sin proteínas, la excreción urinaria de nitrógeno era sólo de 6 g, es decir, una degradación de 37,6 g de proteínas que, en términos de energía, supone sólo 635 kJ (unas cuantas veces menos que el gasto energético real). Parece ser que éste fue el primer estudio bioquímico (o al menos de entre los primeros) realizado con seres humanos mientras practicaban un ejercicio muscular. La principal conclusión de estos estudios se confirmó mediante los cálculos basados en los cambios del coeficiente respiratorio (Zunts, 1901; Krogh y Lindhard, 1920). No obstante, la degradación de las proteínas inducida por el ejercicio ya había sido ratificada en distintos artículos. Estaba claro que el ejercicio provocaba un incremento de la excreción urinaria de nitrógeno o un aumento de la cantidad de urea en orina y sangre (Rakestraw, 1921; Levine el al., 1924; Cathcart, 1925), y estos datos permitieron establecer definitivamente la degradación de las proteínas inducida por el ejercicio. Posteriormente, este hecho se utilizó para formular la teoría de que el ejercicio agudo induce el catabolismo, que a su vez es sustituido por el anabolismo durante la recuperación posterior.

Cuando se incluyó la maratón en los programas de competiciones atléticas (en los Juegos Olímpicos de Atenas de 1896 por primera vez), la posibilidad de la hipoglucemia se convirtió en un interesante tema de investigación; de hecho, la hipoglucemia consecutiva a las carreras de maratón fue tratada en diversos artículos (Barach, 1910; Levine et al., 1924; Gordon et al., 1925).

Las investigaciones sobre energética muscular realizadas por Meyerhof (para más información, véase Meyerhof 1930) y Hill (para más información, véase Hill, 1925) dirigían el interés de la investigación hacia los cambios del lactato en sangre y muy pronto se publicarían diversos estudios sobre la acción del ejercicio sobre el nivel de lactato (p. ej.: Schenk y Craemer, 1929; Margaria et al., 1933; Bang, 1936). En este sentido, el interés se amplió a los cambios del pH sanguíneo (Dill et al., 1930) y los sistemas tampón de la sangre evaluados a través de la reserva alcalina en sangre (Herxheimer, 1933).

Estos estudios no fueron realizados específicamente para proporcionar a los entrenadores información sobre los cambios en el organismo con la cual mejorar el entrenamiento. Los estudios bioquímicos llevados a cabo con este objetivo aparecieron en la década de 1950 y 1960 y los artículos de Yakovlev y su equipo fueron de los primeros. Para hallar la carga óptima durante el entrenamiento, se compararon los niveles de lactato, tras una sesión de entrenamiento y competiciones, en deportistas de juegos deportivos (Yakovlev et al., 1952) y remeros. Los datos sobre los cambios del lactato durante los ejercicios deportivos fueron analizados por Donath et al., (1969b). Por su parte, Haralambie (1962) analizó las posibilidades de las alteraciones en el equilibrio ácido-base para valorar la adaptación a los ejercicios musculares. El problema de la acidosis metabólica con el ejercicio deportivo intenso fue estudiado en profundidad por Kindermann y Keul (1977), cuyo material puede servir como respuesta estándar para la utilización del equilibrio ácido-base en la valoración de la intensidad del ejercicio.

En 1959, Yakolev y sus colaboradores compararon los progresos en fuerza, velocidad y resistencia de los deportistas en diversas pruebas con las respuestas del lactato como indicador para analizar los ejercicios. Makarova (1958) registró la acumulación de metabolitos proteicos tras ejercicios de levantamiento de peso con barras correspondientes al 25, 50 y 75% de la fuerza máxima de los deportistas. El ejercicio al 75% provocó una mayor acumulación de nitrógeno no proteico en sangre que el ejercicio al 25 o al 50%. Un estudio longitudinal posterior mostró que el entrenamiento era más eficaz para aumentar la fuerza si se realizaba al 75% de la fuerza máxima del deportista. Todo este material indicaba que la acumulación de metabolitos proteicos podría ser utilizada en la valoración del efecto entrenable de las sesiones de entrenamiento. Para aprovechar los metabolitos proteicos, Haralambie (1964a) demostró que la acumulación de urea en sangre dependía de la intensidad y duración de los ejercicios deportivos. También sugirió que la respuesta de urea podría ser utilizada como prueba de diagnóstico del sobreentrenamiento (Haralambie y Berg, 1976). Probablemente, Eric Hultman fue el primero en utilizar la biopsia como método para el control del entrenamiento.

El término «control bioquímico del entrenamiento» no fue utilizado en estos artículos, sino que se hablaba de «diagnósticos bioquímicos» (Yakovlev, 1962), «análisis bioquímicos» (Yakovlev, 1970; Volkov, 1977) o «criterios bioquímicos» (Yakovlev, 1970, 1972; Volkov, 1974) así como de «medios para el diagnóstico funcional médico de los deportes» (Donath et al., 1969b) o «medios de control para la valoración de la adaptación a los ejercicios físicos» (Haralambie 1962). El término «control del entrenamiento» se hizo popular en la década de 1990, de manera que, cuando se utilizaban métodos bioquímicos para el control del entrenamiento, el término general se describía como «control bioquímico del entrenamiento», tal y como hicieron Urhausen y Kindermann (1992a). Comparado con los términos «diagnósticos bioquímicos» o «análisis bioquímico», el término «control bioquímico» señala el objetivo del proceso.

Analizando las fases del diagnóstico bioquímico en el deporte, Yakovlev enumeró los intervalos óptimos más importantes: evaluación de los efectos del entrenamiento y consecución del rendimiento máximo (Yakovlev 1962), registro de las características de la influencia de las distintas sesiones de entrenamiento, predicción del nivel de rendimiento real, diagnóstico de los estados prepatológicos y análisis del estado nutricional (Yakovlev 1970). En consecuencia, los criterios bioquímicos deben ser analizados durante el reposo y tras los ejercicios de ensayo estándar, las sesiones de entrenamiento y las competiciones (Yakovlev, 1970). En 1972, Yakovlev recomendó el uso de las relaciones (ratios) molares de glucosa/lactato, lactato/piruvato, lactato/ácidos grasos libres (AGL), piruvato/AGL, y glucosa/AGL. Según los resultados de este equipo de investigación, la movilización y utilización de los ácidos grasos libres se dan en los deportistas altamente entrenados cuando los niveles de glucosa y lactato en sangre son mayores (Krasnova et al., 1972).

Las pruebas bioquímicas se hicieron muy populares entre los deportistas del equipo nacional de la antigua Unión Soviética, la República Democrática Alemana y algunos otros países. No obstante, la mayoría de los resultados obtenidos en estos ensayos no salieron a la luz, ya que se consideraban secretos. Sólo vio la luz un limitado número de artículos debido a los estrictos requisitos que había que cumplir para su publicación. Normalmente, estos artículos incluían estudios bioquímicos que no describían las ventajas prácticas de la información obtenida para su aplicación en el entrenamiento.

En la década de 1970, los estudios sobre el lactato y la urea de los deportistas se hicieron populares en todo el mundo. Los estudios sobre el lactato permitieron valorar el umbral anaeróbico (Wasserman y McIlroy, 1964; Mader y col., 1976), y también fueron utilizados para la valoración de la capacidad o potencia anaeróbica (glucogenolítica). El lactato era determinado por la prueba de Wingate o tras ejercicios supramáximos similares (Szogy y Cherebetiu, 1974; Jacobs et al., 1983). Volkov (1963) propuso la valoración de la capacidad glucogenolítica anaeróbica utilizando la respuesta del lactato sanguíneo corriendo 4 veces 400 m. La misma posibilidad aparece cuando se registra el descenso del pH en ejercicios supramáximos (Hermansen y Osnes, 1972; Sahlin et al., 1978).

Otros estudios y reseñas especiales consideraban los cambios inducidos por el ejercicio en los niveles de urea y otros productos de degradación de las proteínas (Chailley-Bert et al., 1961; Gontzea et al., 1961; Haralambie, 1964a; Gorokhov et al., 1973; Refsum y Strömme, 1974; Haralambie y Berg, 1976; Lorenz y Gerber, 1979), incluidos los aminoácidos (véase Holz et al., 1979; Viru, 1987). Las investigaciones realizadas por Chaylley-Bert y colaboradores proporcionaron datos sobre el metabolismo de los electrólitos durante el ejercicio prolongado (Chaylley-Bert et al., 1961).

Urhausen y Kindermann (1992a) demostraron que el control bioquímico del entrenamiento no debía limitarse a las determinaciones de los niveles de lactato y urea, y señalaban que se podía obtener una valiosa información a través de los estudios hormonales. Los investigadores franceses utilizaron la excreción de corticosteroides para el diagnóstico de la fatiga durante el ejercicio prolongado (Rivoire et al., 1953; Bugard et al., 1961). El resultado más importante de estos estudios fue que en la fatiga inducida por el ejercicio se sustituía un incremento de la excreción de corticosteroides por un descenso o incluso la supresión de la actividad corticosuprarrenal.

En la antigua Unión Soviética se iniciaron estudios hormonales sobre las actividades deportivas habituales de los deportistas de elite. Durante el primer período se valoró la excreción urinaria de catecolaminas, corticosteroides y sus precursores y metabolitos (véase una síntesis en Kassil et al., 1978; Viru, 1977). Más tarde, estos estudios se ampliarían a la determinación de hormonas en sangre (p. ej.: Keibel, 1974). Los estudios hormonales se mencionaron en un popular libro sobre Lasse Virén (Saari, 1979), el cuatro veces campeón olímpico de los 5.000 y 10.000 m (1972 y 1976). Se utilizó la respuesta de las hormonas sanguíneas a las sesiones de entrenamiento para determinar la necesidad de incrementar la carga de trabajo. En la década de 1980, las respuestas de las hormonas sanguíneas fueron ampliamente investigadas en los deportistas de elite de la antigua Unión Soviética (Kostina et al., 1986).

Urhausen y Kindermann (1992a) también señalaron la utilidad de los estudios inmunológicos y la valoración de la actividad enzimática en el plasma sanguíneo para controlar el entrenamiento. En 1970, Donath estudió el significado de la actividad de las enzimas plasmáticas en la evaluación de la influencia de las sesiones de entrenamiento y las competiciones.

Yakovlev (1977) puso de relieve que en el control bioquímico del entrenamiento el éxito depende del diseño de la prueba, la elección de los métodos y los parámetros bioquímicos utilizados. Estos tres componentes deben corresponder correctamente a la naturaleza específica de la prueba deportiva y la tarea objeto de estudio.

En resumen, los cambios metabólicos en el cuerpo humano relacionados con la actividad muscular han sido estudiados durante más de un siglo. Durante la última mitad del siglo XX, se hicieron intentos para proporcionar información a los entrenadores sobre los cambios metabólicos ocurridos durante las sesiones de entrenamiento, la competición y diversas fases del entrenamiento. El valor de esta información se basaba en las relaciones establecidas entre los cambios metabólicos implicados y la eficacia del entrenamiento. Ello hizo posible la elaboración de metodologías para la mejora de la dirección del entrenamiento. En el futuro, será necesario realizar estudios más profundos para crear sistemas de control de la información específicamente relacionados con la capacidad de rendimiento en las diversas disciplinas deportivas.

Principios y diseño del control del entrenamiento

Los deportistas han sido objeto de un gran número de mediciones, y es que cada aspecto en particular requiere diversas pruebas o mediciones. Sin embargo, el hecho de que se esté calculando determinado aspecto en los deportistas no significa que esa valoración constituya un control del entrenamiento. El control del entrenamiento debe incluir los siguientes cinco principios:

1. Es un proceso realizado con el objetivo de aumentar la eficacia del entrenamiento.

2. Se basa en los cambios registrados en los deportistas durante diversas fases del entrenamiento o bajo la influencia de los principales elementos de las actividades deportivas (sesión de entrenamiento, competición, microciclo del entrenamiento).

3. Es un proceso altamente específico que depende del evento deportivo, el nivel de resultados del deportista y las diferencias de edad/sexo. En consecuencia, los métodos para el control del entrenamiento deben ser escogidos específicamente para el suceso concreto y las características personales de cada deportista.

4. Cualquier método o medición realizados tienen sentido en el control del entrenamiento si proporcionan información fiable relacionada con la tarea que está siendo controlada.

5. La información obtenida a partir de las mediciones realizadas debe ser comprensible; es decir, debe ser científicamente válida para poder realizar las necesarias correcciones en el diseño del entrenamiento.

El principio básico para el diseño del control del entrenamiento es prueba mínima – máxima información fiable. El principio alternativo, más pruebas – más información no puede aceptarse, puesto que el control no es el objetivo en sí mismo sino un medio para ayudar a los entrenadores y los deportistas. Las pruebas deben estar hechas a la medida del entrenamiento y no deben sobrecargar al deportista. Hay que escoger las pruebas y mediciones más adecuadas entre las distintas posibilidades disponibles.

Primero hay que establecer las tareas específicas destinadas al control del entrenamiento. Métodos, pruebas y datos necesarios (parámetros) deben escogerse teniendo en cuenta la tarea y el suceso deportivo objeto del estudio. Los métodos, pruebas y registros necesarios (parámetros) deben ser escogidos considerando la tarea y la prueba específicas. A su vez, tener en cuenta la prueba deportiva específica significa que la valiosa información obtenida hace referencia a las bases específicas relacionadas con los resultados de la prueba deportiva. Cuanto más directa sea la relación entre un parámetro y un resultado específico, mayor valor tendrá la prueba realizada. Por ejemplo, los esquiadores de fondo no sólo necesitan resistencia sino también fuerza muscular. No obstante, realizar una prueba sobre la fuerza máxima no proporcionará la información necesaria, puesto que los resultados de los esquiadores de fondo dependen de su capacidad para mantener un nivel óptimo de potencia de salida en cada ciclo del movimiento. La fuerza máxima sólo está indirectamente relacionada con la resistencia del músculo local que limita considerablemente el nivel de resultados.

La acertada elección de los métodos, pruebas y parámetros es la condición indispensable para minimizar el número de pruebas y maximizar la información obtenida. Es preferible evitar la medición de parámetros distintos que proporcionen la misma información y tener en cuenta los que estén directamente relacionados con los resultados. En estos casos, es importante la relación entre el resultado y el parámetro medido.

Desde una perspectiva ética:

• deben padecer lo mínimo posible durante el estudio;

• los deportistas deben estar completamente libres de presiones;

• deben dar su consentimiento por escrito para la utilización de cualquier procedimiento, manipulación o método;

• la participación no debe provocar emociones negativas en los deportistas, y

• éstos deben estar informados sobre quién va a conocer los resultados de las pruebas y tienen derecho a exigir limitaciones respecto a la distribución de la información obtenida.

Partiendo de sus experiencias, Yakovlev (1977) afirmaba que, además del aspecto ético, la obligación en contraposición a la voluntariedad puede dar lugar a cambios en los resultados de los estudios bioquímicos realizados con los deportistas.

Desde un punto de vista médico, cualquier efecto posterior a largo plazo (dolor, inflamación provocada por infecciones durante la biopsia o la toma de muestras de sangre, etc.) debe ser totalmente evitado. La posibilidad de infecciones aparece cuando la toma de muestras para una biopsia o el cateterismo de vasos sanguíneos se lleva a cabo en condiciones de campo. Incluso un simple pinchazo en la punta del dedo para obtener una muestra de sangre antes del inicio de un partido puede perjudicar los resultados de los jugadores de baloncesto o voleibol debido al dolor y además puede abrir una vía para la entrada de infecciones durante una sesión intensa de actividad deportiva. En los estudios de campo, la toma de muestras de sangre debería ser sustituida por análisis de orina siempre que sea posible, no obstante, en la mayoría de los casos el valor de la información obtenida mediante el análisis de orina es significativamente inferior al procedente de los análisis de sangre. Ello es debido a que la muestra de orina no refleja la situación metabólica en ese momento sino del período comprendido entre el último vaciado de la vejiga urinaria y el instante de la toma de la muestra. En consecuencia, los metabolitos y las hormonas contenidas en la muestra de orina obtenida representan los valores medios de la excreción renal (introducidos en la orina) durante este período. No obstante, la excreción renal está relacionada con la producción de orina en los riñones, así como con las condiciones para la eliminación renal del compuesto objeto de estudio (véase cap. 4, págs. 62-63).

Las biopsias, las punciones arteriales, la valoración de las diferencias arteriovenosas y la administración de isótopos sólo pueden realizarse en las condiciones propias de un laboratorio de análisis clínicos. En estos casos, el tiempo transcurrido desde el análisis anterior debe ser suficiente como para evitar cualquier influencia perjudicial.

El análisis bioquímico de micromuestras obtenidas mediante biopsias o punciones en la punta de los dedos para la obtención de muestras sanguíneas y la determinación precisa de las hormonas y algunos otros compuestos requieren la realización de complicadas y costosas pruebas. En los estudios energéticos del músculo los métodos bioquímicos invasivos pueden ser sustituidos por la resonancia magnética nuclear, pero los aparatos necesarios para la realización de este tipo de pruebas son mucho más caros que la utilización de métodos bioquímicos. Además, la resonancia magnética nuclear sólo puede llevarse a cabo en condiciones de laboratorio y con un limitado número de ejercicios.

Con ciertas limitaciones, los estudios realizados mediante biopsias destinados a la evaluación de los cambios estructurales de las fibras musculares pueden ser sustituidos por tomografías musculares. De nuevo, el equipamiento necesario es muy caro.

Muchos artículos publicados señalan la posibilidad de sustituir la determinación invasiva del lactato por la valoración del umbral de lactato mediante la valoración de los puntos de ruptura en el patrón de los índices ventilatorio y de intercambio de gases, o la frecuencia cardíaca en las pruebas realizadas durante una prueba de esfuerzo incremental. No obstante, será necesario responder a diversas preguntas para estar seguro de que se mantienen la precisión y la especificidad de los métodos indirectos propuestos, puesto que para el estudio del umbral anaeróbico es preferible utilizar el análisis directo para la determinación del lactato sanguíneo. La determinación del lactato no es cara y la cantidad de sangre necesaria puede obtenerse mediante una simple punción en el lóbulo de la oreja. Las determinaciones de lactato son necesarias para la valoración de la energía obtenida mediante la glucogenolisis anaeróbica y también para otros objetivos.

Los problemas aparecen en el momento preciso en el que hay que realizar la prueba. Algunas pruebas realizadas para el control del entrenamiento exigen que se registren los cambios reales que aparecen durante el entrenamiento o la competición. En este caso, el diseño del estudio debe asegurar que los cambios más típicos sean registrados en su punto máximo. En consecuencia, el momento en el que se recoge la muestra o se realiza el registro y el tiempo entre el máximo cambio real y la toma de muestras es una cuestión crítica. En otros casos, el objetivo es valorar los efectos acumulativos del ejercicio, el patrón de desarrollo de los efectos producidos por el entrenamiento. Aquí, la fatiga derivada de las actividades realizadas previamente durante el día (o el día anterior) de las pruebas y un proceso incompleto de recuperación pueden alterar el cuadro.

A fin de asegurar una condiciones estándar para la realización de las pruebas bioquímicas, los deportistas búlgaros utilizaban un microciclo especial para las pruebas que consistía en dos fases. La primera fase estaba dirigida a la estandarización de la condición física, de manera que durante el año de entrenamiento la carga de trabajo en los primeros 2 o 3 días (la primera fase) debía ser de la misma intensidad y volumen y con los mismos ejercicios e intervalos de reposo. La segunda fase (2 días) estaba destinada a la realización de las pruebas, y éstas eran realizadas siguiendo un esquema muy estricto. Para un deportista, la prueba no sólo significaba el registro de unos parámetros, sino también una repetición de los ejercicios hasta el máximo mediante un método de entrenamiento en circuito. Así pues, la idea era utilizar ejercicios que dieran lugar a una carga entrenable como resultado de la suma de sus acciones. El primer día, las pruebas eran realizadas con la máxima potencia de salida. El segundo día, se repetían al 75% de la potencia máxima individual y hasta el máximo número de repeticiones posibles (Matveyev 1980). Este ejemplo debe ser considerado como uno entre muchos y no como la única solución posible.

El objetivo del control del entrenamiento está basado en la necesidad de:

• obtener información de retroalimentación sobre los efectos reales del entrenamiento;

• saber que el diseño de la sesión de entrenamiento es el adecuado para una fase específica del deportista en cuestión, y

• reconocer el patrón de las posibilidades adaptativas del deportista.

La valoración del patrón del desarrollo de los efectos del entrenamiento debe proporcionar la posibilidad de evaluar la relación entre el ejercicio realizado y los cambios específicos resultantes producidos en el organismo. El análisis del diseño de la sesión de entrenamiento en las planificaciones del mismo exige la evaluación de la carga de las sesiones de entrenamiento (tanto de la intensidad como del volumen de la carga) y de los microciclos de entrenamiento. Lo más importante es averiguar si la sesión de entrenamiento ejerce el efecto ejercitador esperado. Para la evaluación de los microciclos, hace falta información sobre los procesos de recuperación. El análisis de los procesos de recuperación también puede ser esencial para el establecimiento de los intervalos óptimos de descanso entre ejercicios durante una sesión de entrenamiento. La evaluación de las sesiones de entrenamiento y los microciclos está relacionada en gran medida con el diagnóstico de la fatiga.

Desde la perspectiva de la planificación del entrenamiento, es importante conocer la dinámica de la capacidad de rendimiento. No obstante, el recuento de los resultados de la competición no proporciona información suficiente por diversas razones, por lo que será necesario disponer de información más general sobre el estado del organismo y especialmente sobre las bases de la capacidad específica para el rendimiento. A este respecto, la predicción del rendimiento máximo es más importante, puesto que éste suele reconocerse fácilmente. Alcanzar el nivel de rendimiento máximo agota en gran medida la adaptabilidad del organismo, así que se inicia un juego situado en la frontera entre el entrenamiento efectivo y el sobreentrenamiento. En consecuencia, el control del entrenamiento debe proporcionar a los entrenadores y los deportistas la información referente a la adaptabilidad del organismo y en concreto, el diagnóstico de las primeras manifestaciones del sobreentrenamiento.

La mejor información sobre la eficacia del entrenamiento y sobre la adecuación del diseño del propio entrenamiento se obtendrá si los procesos de adaptación y sus manifestaciones estructurales, metabólicas y funcionales se analizan y registran a escala celular. En la mayoría de los casos es técnicamente posible, aunque estos estudios utilizan métodos complicados y costosos. En párrafos anteriores se han señalado algunas consideraciones éticas y médicas que limitan el uso de los métodos bioquímicos en el control del entrenamiento. Incluso en los laboratorios, los métodos que ofrecen mayor información sólo pueden ser utilizados con un pequeño número de personas, pero, aún así, los métodos bioquímicos son indispensables para cumplimentar algunas de las pruebas realizadas en el control del entrenamiento. De hecho, son especialmente necesarios para la evaluación de los efectos del entrenamiento sobre la fuerza y la capacidad de producción de energía (vías de resíntesis del adenosín trifosfato), el logro de las posibilidades metabólicas y el control metabólico, para la valoración del efecto entrenante de las sesiones de entrenamiento, para el análisis de los procesos de recuperación y el diseño del microciclo, para la predicción del rendimiento máximo, para el diagnóstico de la fatiga y el sobreentrenamiento y para el control de los cambios adaptativos.

El control bioquímico debe ser considerado como una parte del control del entrenamiento que permite obtener información más profunda sobre los cambios mediante la utilización de distintos métodos. Por una parte, cuando podemos obtener información adecuada sin necesidad de utilizar métodos bioquímicos, el control bioquímico puede no ser necesario. Por otra, incluso en estos casos se puede obtener más información utilizando los métodos bioquímicos. Por ejemplo, en algunos casos en los que desaparece la eficacia del entrenamiento, este tipo de estudios revela la causa. La idea consiste en abordar los principios de la adaptación inducida por el entrenamiento mediante la utilización de las características metabólicas y hormonales de la propia adaptación.

Los siguientes puntos determinan las bases del control bioquímico del entrenamiento:

• La adaptación metabólica constituye la base para la mejora de un resultado específico en la principal prueba deportiva del deportista. Estas adaptaciones deben ser caracterizadas cualitativa y cuantitativamente para poder completar el método del entrenamiento.

• En el entrenamiento, la adaptación metabólica también es esencial para la mejora de la condición fisicomotora general y la específica para una competición concreta. Además, las adaptaciones intervienen en gran medida a la hora de explorar la eficiencia del entrenamiento.

• La eficiencia de la gestión del proceso de entrenamiento durante cortos períodos de tiempo puede evaluarse a través de los cambios metabólicos y funcionales que se sabe ocurren como resultado de determinados ejercicios y métodos de entrenamiento.

• La base para un entrenamiento efectivo es la adaptación estructural enzimática celular provocada por los cambios metabólicos y hormonales durante y después de las sesiones de entrenamiento. Obtener los valores de estos parámetros abre el camino para la valoración del efecto ejercitador de las sesiones de entrenamiento.

• La dirección errónea del proceso de entrenamiento que da lugar a una dirección equivocada en la adaptación metabólica o un descenso peligroso de la adaptabilidad y las reservas del organismo puede ser detectada mediante la realización de estudios metabólicos y hormonales.

• En el control del entrenamiento, los estudios metabólicos y hormonales son de utilidad si proporcionan resultados cuya información sea significativamente mayor que la información que puede obtenerse mediante métodos fisiológicos o pruebas específicas de las capacidades físicas más simples y menos costosas.

La elección de técnicas y métodos para el control bioquímico se basa en el conocimiento de la naturaleza específica de la adaptación metabólica inducida por el entrenamiento. En consecuencia, los coordinadores del control del entrenamiento deben saber cuáles son los cambios que debe experimentar el organismo para que un adolescente o un adulto joven normal se convierta en un homo olympicus capaz de competir en los Juegos Olímpicos o los Campeonatos del Mundo para conseguir una medalla. El objetivo es establecer el camino para la obtención de información sobre el logro de las características necesarias, la discriminación de las tareas a introducir en el entrenamiento y el significado de las peculiaridades genotípicas (figura 1.1). Esta clase de información es necesaria para realizar correcciones en la dirección del entrenamiento y retener de manera objetiva la experiencia acumulada.


Figura 1.1. Esquema para analizar los efectos del entrenamiento.

Las necesarias características registradas deben proporcionar una información válida y específica para la especialidad deportiva en cuestión sobre los procesos de desarrollo que se dan con el paso de los años. En muchos casos, los años incluyen la prepubertad, la pubertad, el desarrollo pospuberal y los primeros años de adultez (adulto joven). No obstante, surge el problema de saber si el valor informativo de los parámetros registrados sigue siendo el mismo durante el desarrollo ontogénico y la madurez. Aunque es un problema importante, no vamos a entrar a discutirlo, puesto que se han realizado muy pocos estudios al respecto como para establecer una generalización.

Otra consideración a tener en cuenta es que el control bioquímico es más eficiente con el tiempo, es decir, cuanto mayor sea el nivel de rendimiento, más profunda será la información obtenida. En un nivel avanzado de rendimiento, con mayor frecuencia que anteriormente, son necesarias investigaciones especiales para comprender la(s) razón(es) que limitan el ritmo de progreso o que eliminan un progreso posterior de la adaptabilidad. Los expertos en entrenamiento deportivo sugieren que cada deportista tiene su propio potencial para la mejora en el entrenamiento y que, cuando se alcanza dicho potencial, el deportista podrá mantener su nivel de resultados pero nunca superarlo. La experiencia práctica de los deportistas demuestra que tras alcanzar un determinado nivel, un incremento del volumen y/o intensidad del entrenamiento no mejora el rendimiento, sino que inesperadamente puede dar lugar a sobreentrenamiento. El problema consiste en cómo valorar el potencial del deportista, y en la actualidad no somos capaces de cuantificar ese potencial.

En el resumen histórico (pág. 4), mencionábamos que Yakovlev (1970) consideraba el diagnóstico de los estados prepatológicos y el análisis de los estados nutricionales entre las pruebas necesarias para el diagnóstico bioquímico en el deporte. Estas pruebas no están directamente relacionadas con la evaluación del diseño del entrenamiento y son específicas. El diagnóstico bioquímico de los estados prepatológicos en los deportistas sigue necesitando un profundo trabajo de investigación.

Resumen

El control del entrenamiento es un medio complejo para el estudio de la eficiencia del entrenamiento. Se trata de un proceso determinado y específico para una prueba deportiva. Sólo los resultados obtenidos en las investigaciones pueden mejorar la eficiencia de la dirección del entrenamiento y ser considerados como un medio para el control del entrenamiento. Estas investigaciones deben proporcionar información científicamente fiable y comprensible para realizar las correcciones necesarias en el diseño del proceso de entrenamiento. El objetivo del control del entrenamiento está basado en la necesidad de contar con información de retroalimentación sobre los efectos del entrenamiento, la adecuación del diseño del proceso del mismo y el patrón de las posibilidades adaptativas de un deportista.

El control bioquímico es una parte del control del entrenamiento, y consiste en obtener los valores de los parámetros metabólicos y/u hormonales que permiten obtener una información más profunda sobre los procesos adaptativos en el organismo del deportista, y que a su vez son de utilidad para la solución de las tareas que intervienen en el control del entrenamiento.

Análisis y control del rendimiento deportivo

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