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Introducción

ADRIANA GONZÁLEZ ARIAS

CARLOS ALEJANDRO CORDERO GARCÍA

PABLO CALDERÓN MARTÍNEZ

Pensar la complejidad de la política internacional en un mundo globalizado no es una tarea menor. Sobre todo cuando la realidad se encuentra en un punto tan alejado de aquella ilusión en la que se sumía el mundo hace poco más de 20 años, en el marco del fin de la Guerra Fría y el inicio de un nuevo milenio. De 1997 a 2017, el mundo de la política internacional se ha enfrentado a un sinfín de trasformaciones para las que, en la mayoría de los casos, no han existido referentes simbólicos que sirvan como guía para afrontar los retos de estos cambios.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, las pandemias que han afectado la producción agropecuaria internacional, el recrudecimiento de los desastres naturales, las cada vez más continuas crisis financieras internacionales y, en últimas décadas, el ascenso de proyectos nacionalistas, son solo algunos ejemplos de ello. Y es que ciertamente en la última década del siglo XX, las visiones sobre el futuro poco pudieron prever el complejo desenvolvimiento de la política internacional para las primeras décadas del siglo XXI.

Un año peculiarmente significativo para la historia contemporánea de las relaciones internacionales fue 1997. En ese año se puso fin a un proceso colonial iniciado en el siglo XIX, con la entrega de la administración económica y política de Hong Kong por parte del Reino Unido al gobierno de la República Popular China. El hecho marcó el inicio de la década de bonanza económica para la potencia asiática. Ese mismo año, Bill Clinton comenzaba su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, la potencia vencedora de la Guerra Fría que se erigía como el hegemón del sistema internacional del siglo XXI. En Europa, el proceso de integración de la Unión Europea preparaba el camino para la implementación del euro como moneda única trasnacional, un proyecto de integración monetaria sin referentes históricos.

Mientras tanto, Rusia enfrentaba la guerra en Chechenia, un suceso determinante para la construcción del proyecto político de Vladimir Putin, quien en 1998 llegó al poder y no se ha ausentado desde entonces. América Latina vivía años convulsos en medio de crisis económicas que sembraron el terreno para el nacimiento de los movimientos llamados “globalifóbicos”. Específicamente en México, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) perdía —por primera vez desde su fundación— la mayoría en el Poder Legislativo, dando inicio al proceso de transición a la democracia. Y en el centro del continente africano, el dictador Mobutu Sese Seko abandonaba Zaire para dar paso a la democracia y el nacimiento de la República Democrática del Congo.

En este contexto, la Internet aparecía como un nuevo medio de difusión de información, pero también se consolidaba como una herramienta económica que facilitaría la aceleración del proceso globalizador, fortalecido con la revolución de las tecnologías de la información, y que ahora podría expandir sus redes de conexión en un mundo sin muros ideológicos. De manera coincidente en 1997, la Organización Mundial del Comercio (OMC) celebraba el 50 aniversario de la firma del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), festejando cinco décadas de esfuerzos por fortalecer y promover el comercio internacional. Así, al finalizar la década de los noventa, el vaticinio del fin de la historia, proclamado por el politólogo Francis Fukuyama, se plantaba como la última utopía libre de ideología, augurando la consolidación de la democracia como modelo político y el capitalismo como modelo económico.

Y es, en ese contexto, que el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), universidad jesuita en Guadalajara, ofreció por primera vez la Licenciatura en Relaciones Internacionales. El programa de estudios se presentaba en ese entonces como una apuesta innovadora para formar profesionales que estuvieran a la altura de los nuevos desafíos que se presentaban a la luz de un contexto histórico prometedor, capaces de entender la complejidad de las relaciones sociales, políticas, económicas y culturales del mundo globalizado.

Han pasado poco más 20 años desde aquel otoño en el que inició el proyecto de Relaciones Internacionales del ITESO, y desde entonces la universidad ha contribuido a la formación de internacionalistas capaces de analizar la realidad internacional y establecer puentes entre la esfera local, nacional y global, contribuyendo así a la construcción de proyectos que apoyen la construcción de una sociedad más justa y equitativa.

Los trabajos presentados para este libro son el resultado de una convocatoria dirigida a egresados y profesores de la Licenciatura en Relaciones Internacionales del ITESO, publicada en enero de 2016, que tenía como propósito difundir el trabajo académico y profesional de aquellas personas que han sido formadas o influidas por el modelo educativo de la universidad a lo largo de estos 20 años de existencia del programa de estudios y con el pretexto del festejo de estas dos décadas.

Como consecuencia de este proceso de convocatoria, se seleccionaron 12 trabajos que reúnen documentos críticos en torno a la realidad internacional contemporánea, los cuales son presentados a modo de reflexiones académicas, investigaciones empíricas y análisis conceptuales que reflejan la diversidad del pensamiento internacionalista formado en el ITESO.

Los 12 capítulos se ordenan en cuatro secciones que construyen una reflexión que vincula a diversos actores internacionales con problemáticas locales, que va desde el análisis sistémico e interdisciplinario, característico de la disciplina en relaciones internacionales, hasta la problematización de fenómenos locales desde una perspectiva global.

La primera sección, titulada “Potencias e instituciones”, presenta el trabajo de Antonio López Mijares, quien reflexiona alrededor de la supremacía estadunidense desde un análisis geopolítico, exteriorizando los retos de la potencia en el contexto de la competencia contemporánea por el liderazgo del sistema internacional. Como contrapeso, esta sección también contempla el trabajo de Santiago Aceves Villalvazo, quien proporciona una reflexión crítica sobre la ecología política y el modelo de desarrollo de otra potencia: China; se analiza, además, el impacto de ese país en la construcción de un modelo de desarrollo diferenciado.

Estos trabajos nos muestran el marco de ruptura respecto del orden internacional del siglo XX, que continúa en el siglo presente y se resiste a cambiar. En este sentido, la pertinencia de continuar estudiando los enfoques clásicos de las relaciones internacionales se mantiene vigente, al ofrecernos un marco explicativo de las estructuras que rigen al mundo desde aquellos tiempos de confrontación ideológica de la Guerra Fría. Pero esta discusión debe abrirse al diálogo con nuevos puntos de vista que señalan las limitaciones del modelo estatocéntrico, para entender las nuevas interacciones del sistema internacional, como por ejemplo la incursión de nuevos actores trasnacionales y la influencia del orden económico en el ordenamiento político; por ello la relevancia de los capítulos que se ostentan en la segunda sección.

Titulada “Estructura internacional y nuevos actores”, está conformada por los trabajos de Carlos Alejandro Cordero García y Olga Aikin Araluce, quienes presentan reflexiones relacionadas con las nuevas dinámicas del sistema internacional del siglo XXI, con énfasis en los nuevos actores y las nuevas dinámicas que han generado su participación en la política internacional. Carlos Cordero proporciona un análisis acerca de las dinámicas de exclusión que ha generado la política internacional del siglo XXI, desde un enfoque de la teoría crítica de las relaciones internacionales y las aportaciones del pensamiento poscolonial africano. Olga Aikin presenta una discusión del activismo trasnacional y la manera en cómo estos nuevos actores han influido en el debate teórico–metodológico de la disciplina.

La tercera sección está integrada por cinco trabajos que, desde un enfoque de política comparada y estudios regionales, analizan las ideas de “Transición, democracia y justicia” —de donde emana el título que los reúne— en diferentes coyunturas. El primero es de Pablo Calderón Martínez, quien nos muestra una discusión académica sobre las transiciones democráticas de América Latina a finales del siglo XX y principios del siglo XXI. Con un nutrido y documentado análisis de casos, se señalan los paralelismos en las condiciones económicas de los países latinoamericanos y cómo estos han influido en los procesos de transición política de la tradición del siglo pasado a los nuevos modelos de la actual centuria. En complemento, Erick Gonzalo Palomares Rodríguez expone un análisis comparativo de los gobiernos de izquierda latinoamericanos, característicos de la primera década del siglo XXI. En su trabajo, hace una revisión de los procesos electorales y las estrategias políticas que lograron consolidar una década de gobiernos de izquierda —a los que se les ha clasificado de populistas— en el cono sur del continente americano. El tercer texto de esta sección es escrito por Marcela Morales Robles, quien también realiza un análisis comparativo sobre los intentos democráticos del fenómeno conocido como la Primavera Árabe y la relación entre el islam y la transición a la democracia; la manera en que se vivió la euforia trasformadora de ese movimiento dentro de los partidos políticos en Medio Oriente y el Magreb.

Esta sección termina con dos trabajos que muestran la complejidad de la impartición de justicia y los retos que enfrentan los sistemas judiciales internacionales al momento de intervenir en la resolución de conflictos armados. Verónica S. Souto Olmedo aborda los procesos judiciales implementados en Ruanda y Sudáfrica desde la óptica de la justicia restaurativa y el reto que representa la impartición de justicia en contextos de genocidio y segregación racial. Asimismo, Erika Schmidhuber Peña reflexiona en torno a los obstáculos del sistema interamericano de protección a los derechos humanos para llevar la justicia a las víctimas de las dictaduras latinoamericanas. Las reflexiones de este texto centran su análisis en la temporalidad de los procesos judiciales y su sincronicidad con las amnistías establecidas como parte de los esfuerzos por reconciliar a las sociedades de esos países.

En la cuarta sección, titulada “Problematización de lo local, desde lo global”, se pone de manifiesto la influencia internacional en las dinámicas nacionales de los países, la cual se refleja en el diseño de políticas públicas, ya sean de seguridad, culturales o de salud pues la sincronicidad de la esfera local respecto de los ritmos internacionales es hoy un desafío para las naciones. Esta última sección abre con el texto de Adriana González Arias y Andrea Pérez De Alba, una reflexión sobre la migración y el reto de seguridad en las fronteras. Se analiza la migración de tránsito que se vive en México, resaltando la vulnerabilidad de los migrantes centroamericanos en territorio mexicano, así como las vicisitudes del gobierno mexicano para poder garantizar la protección de los derechos fundamentales de estas personas.

En un segundo momento, se publica el trabajo de Talien Corona Ojeda, quien estudia la relación entre la política exterior y la construcción de la identidad nacional del México posrevolucionario. A través de un estudio sobre la diplomacia cultural, reflejada en la organización de exposiciones internacionales, la autora problematiza la tensión entre la influencia de las ideas globales con la construcción del proyecto nacional mexicano. Finalmente, Patricia López Rodríguez presenta una discusión de la política internacional que regula la prohibición del consumo de estupefacientes, poniendo el punto de análisis en las complicaciones para articular las políticas de salud nacionales con los paradigmas internacionales que regulan y prohíben el trasiego de estupefacientes.

En conclusión, en esta introducción es posible decir que las discusiones y los debates planteados en este libro son el resultado de la evolución misma que ha tenido la apuesta institucional por mantener vigente el estudio de las relaciones internacionales, pues en conjunto estos trabajos muestran una radiografía de la complejidad internacional contemporánea, pero, sobre todo, ofrecen líneas de análisis pertinentes para plantear nuevos caminos de investigación que se adapten a las constantes trasformaciones de la realidad internacional.

En los trabajos que se presentan se ve reflejado el análisis interdisciplinar, y en especial se puede observar un énfasis crítico, congruente con la formación a la que en el ITESO se apuesta en el estudio de las relaciones internacionales, a la altura de los desafíos que se viven en el mundo contemporáneo.

Tensiones y transiciones en las relaciones internacionales

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