Читать книгу Los derechos humanos y el Reino de Dios - Darío López - Страница 5
ОглавлениеPrólogo a la segunda edición
El tema de los derechos humanos es una cuestión que interpela profundamente a quienes están convencidos de que la dignidad humana es un valor no negociable en la medida en que, como bien señala René Padilla: «… como creación especial de Dios y portadores de su imagen, todos los seres humanos sin excepción están investidos de dignidad y tienen derechos iguales e inalienables». Estos derechos, inherentes a todos los seres humanos y sin distinción alguna, constituyen tanto un desafío como un clamor para todos aquellos que aspiran una sociedad digna del ser humano.
En esta perspectiva es muy saludable constatar que en el contexto internacional haya crecido la conciencia de estos derechos y se hayan establecido mecanismos legales para promoverlos y defenderlos, como se comprueba en la producción de una amplia legislación que no sólo prohíbe actuar contra tales derechos, sino que además busca fomentarlos. Sin embargo, y a pesar de tales esfuerzos, la realidad nos muestra persistentemente la violación de estos derechos y la impunidad en muchos lugares de América Latina a pesar de pactos, declaraciones, compromisos y acciones de diversas instancias para defenderlos. Asimismo, componente de esta realidad es que algunos países poderosos aun no admitan “de hecho” el carácter universal de los derechos humanos.
Más allá de estas circunstancias, los derechos humanos son centrales en la vida de las personas tanto en el plano individual como en el social. Los derechos humanos deben ser la clara expresión de una auténtica administración de la justicia y dignificación de las relaciones humanas. Desde la comprensión cristiana de las cosas, entendemos que la lucha en favor de la dignidad humana plasma en la realidad concreta el mandato de amar al prójimo como a uno mismo. Por consiguiente, la cuestión de los derechos humanos no debe ser secundaria, sino eje central del mensaje del evangelio y el trabajo que se realiza a favor de este campo pone en juego la fidelidad a Dios y la valoración del ser humano. Y al ser una tarea común de todas las personas de buena voluntad, permite la mancomunidad en la acción de diversos sectores de la sociedad.
Está claro que los derechos humanos responden a las necesidades de las personas como individuos, grupos o sociedades, y al garantizar dichos derechos se facilita el ejercicio de la dignidad. En este sentido, la naturaleza de los derechos humanos es integral e indivisible porque son interdependientes, es decir no hay un derecho que sea más importante que otro, lo cual implica que la violación de uno de estos repercute en los otros, asi como la concreción de uno repercute en los demás. Los derechos humanos son, además, inalienables porque son irrenunciables dado que pertenecen a la esencia misma del ser humano y ninguna persona o autoridad puede actuar en contra de ellos; son imprescriptibles es decir no caducan o se pierden con el paso del tiempo, independientemente de si se hace uso de ellos o no; y son progresivos porque tienden al avance y de ninguna manera a la regresión o cancelación, tanto en lo que respecta al contenido como a los procedimientos que se adoptan para su cumplimiento. En esta perspectiva, los derechos humanos son, pues, aquello que las personas necesitan para vivir dignamente: una buena alimentación, educación de calidad, salud, empleo, vivienda, un medio ambiente sano, respeto a la integridad física y psicológica, libertad de expresión, de religión, de tránsito, la no discriminación, entre otros.
Por otra parte, la referencia a los derechos, sin embargo, no debe inducirnos a dejar de lado los deberes. A este respecto, la precisión que Padilla hace es muy clara: «… a la Biblia más le interesan los deberes que los derechos: los deberes humanos frente a Dios, frente al prójimo y frente a la creación». Por ello debe tenerse en cuenta de que en una sociedad en la que se reclama constantemente los derechos sin preocuparse por sus deberes, se olvida que hay una relación muy estrecha entre derechos y deberes porque «… los derechos humanos que preocupan a la conciencia cristiana son los derechos del otro y que los derechos de los demás son deberes nuestros». Estos deberes están relacionados, de acuerdo a la explicación teológica de Míguez Bonino, con el pacto de vida que Dios ha establecido. Este pacto implica el llamado a la responsabilidad por la vida —particularmente la vida humana— la cual como núcleo central incluye el tema de los derechos humanos. Dios es Dios de la vida, Dios ama la vida y encomienda al ser humano la misión de prolongar, enriquecer y proteger la vida.
Por la importancia que el tema de los derechos humanos representa para la conciencia cristiana, y con el propósito de contribuir en la construcción de una cultura de respeto de estos derechos, se publica este volumen en una versión revisada y ampliada en la que los autores plasman su comprensión del tema a partir de un compromiso militante con el reino de Dios.
La comprensión que René Padilla, Darío López y Humberto Lagos proponen, ofrece tanto una fundamentación bíblica y teológica del tema, como una descripción de su lugar en la misión de la iglesia. Los tres autores coinciden en señalar que partiendo de su fe en Jesucristo, la iglesia no sólo está llamada a pronunciarse en favor de la vida sino también actuar en contra de todas las formas de violación de los derechos humanos. En palabras de Padilla, «… la iglesia cumple su vocación de sal de la tierra y luz del mundo, cuando hace sentir su presencia en la sociedad no sólo porque predica sino por lo que es y por lo que hace, por su compromiso con el amor, la libertad, la justicia y la paz».
Lima, agosto de 2010
Los editores