Читать книгу Pensamiento intuitivo, lógica y toma de decisiones - Isabella Builes Roldán - Страница 12

Algunas teorías sobre el pensamiento

Оглавление

Como hemos dicho anteriormente, para comenzar a identificar posibles características lógicas del pensamiento intuitivo es importante conocer las teorías existentes sobre el pensamiento. De acuerdo con Carretero y Asensio (2011), la palabra “pensamiento” designa al mismo tiempo una facultad, un proceso por el cual se ejerce, un producto o efecto del pensar y un conjunto de ideas personales o colectivas, es decir, unas creencias. Además, es una categoría que incluye dos procesos diferenciados: los razonamientos y la solución de problemas. Así:

“Pensamiento” designa lo que contiene o aquello a lo que apunta un conjunto de actividades mentales u operaciones intelectuales, como razonar, hacer abstracciones, generalizar, etcétera, cuyas finalidades son, entre otras, resolver problemas, tomar decisiones y representarse la realidad externa (Carretero y Asensio, 2011, p. 14).

De acuerdo con Holyoak y Morrison (2005), la palabra “pensamiento” se utiliza para hacer referencia a creencias, es decir, afirmaciones sobre el mundo que son consideradas ciertas por alguien, por ejemplo: “Ana piensa que el presidente es comunista”; para apuntar a la solución de problemas mediante la construcción mental de un acción que puede llevar a alcanzar un objetivo, como cuando decimos: “Juan logrará pensar en la respuesta a ese problema”; puede ser también una forma de previsión acerca del futuro: “¿Por qué no pensaste antes de tomar esa decisión?”; para aludir a un juicio o evaluación sobre la conveniencia de un asunto, por ejemplo: “¿Qué piensas del matrimonio homosexual?”; y puede apuntar a una especie de espacio mental privado: “Alberto está perdido en sus pensamientos”. En consecuencia, los autores plantean la siguiente definición de pensamiento: “El pensamiento es la transformación sistemática del conocimiento a través de representaciones mentales con el fin de caracterizar estados actuales o posible del mundo, frecuentemente al servicio de metas” (Holyoak y Morrison, 2005, p. 2).10

Una representación mental es una descripción interna que puede ser manipulada para conformar otras descripciones. Además, coinciden en que el estudio del pensamiento puede ser abordado desde la perspectiva del razonamiento, proceso mediante el cual se infieren conclusiones a partir de unas premisas; desde el juicio y la toma de decisiones, es decir, con base en evaluaciones resolutorias sobre un aspecto que corresponde a una decisión; o desde la solución de problemas, que implica la construcción de un posible curso de acción para alcanzar cierto objetivo.

En este trabajo nos interesa el pensamiento según las siguientes dimensiones: en términos generales, como proceso, ya que allí se evidencian las operaciones fundamentales que consideramos dan cuenta de la lógica intuitiva; específicamente, estudiamos a continuación algunas teorías dentro de la categoría de la psicología del razonamiento, es decir, aquellas que se ocupan del proceso de inferencia, en tanto se evidencian sesgos y heurísticos, categorías que contribuyen a describir el pensamiento intuitivo. Asimismo, en el último capítulo de este trabajo retomamos algunas teorías sobre el pensamiento desde la perspectiva del juicio y la toma de decisiones, para referirnos a las implicaciones del pensamiento intuitivo en la decisión humana.

Según Carretero y Asensio (2011), el pensamiento es entendido por algunos teóricos, por ejemplo Johnson-Laird (1983), como una habilidad que se desarrolla y en la que puede adquirirse mayor o menor pericia; y por otros, por ejemplo, Henle (1962), Fodor (1983), Braine y O’Brien (1991), como un conjunto de procesos mentales innatos que se aplican de forma generalizada y sin error en los procesos cognitivos. Esta última posición considera que existe una competencia lógica en los sujetos por defecto, constituida por reglas formales, abstractas y generales, y que pueden cometerse errores lógicos en el razonamiento. En esta misma línea, en los años sesenta surgieron, en la psicología, las lógicas naturales, como teorías para explicar el pensamiento desde enfoques sintácticos. Con base en estos enfoques, los sujetos piensan con una serie de reglas de inferencia abstractas que sirven para derivar conclusiones de premisas, es decir, los sujetos poseen una “lógica natural” que utilizan para hacer razonamientos formales.

A esta última concepción se opone otra que considera al ser humano inherentemente irracional, la cual plantea la dificultad de tener aciertos en el razonamiento, ya que existen múltiples errores en el procesamiento de la información y sería imposible examinar completamente las consecuencias de unas premisas, Esto tiene como autores representativos a Revlis (1975) y Evans (1989). El pensamiento “formal” equivale a una forma de razonamiento conceptual, deductiva, necesaria, fundamentada en la forma del argumento; el pensamiento “informal” es basado en la semántica y relativo a ambientes naturales y cotidianos. El razonamiento en general es un proceso que permite extraer conclusiones a partir de premisas, es también conocido como inferencia y suele dividirse en inductivo y deductivo. El primero saca conclusiones más o menos probables a partir de unas premisas dadas y, en el segundo, la verdad de la conclusión se deriva necesariamente de la verdad de las premisas.

Sobre el problema de la inducción y el pensamiento, Sloman y Lagnado (2005) mencionan que, desde el filósofo empirista David Hume, el razonamiento inductivo se entiende como la actividad de la mente que nos lleva desde lo observado hacia lo no observado. Las conclusiones de este razonamiento pueden ser sobre un caso particular, por ejemplo: “Dado que todos los cisnes observados han sido blancos, el próximo será blanco”; o sobre una generalidad: “Dado que todos los cisnes observados son blancos, entonces, todos los cisnes son blancos”; además, las conclusiones pueden referirse al futuro, como cuando se hace una predicción sobre el clima; o al pasado, como cuando se diagnostica una infección a partir de los síntomas. El problema de la predicción mediante la inducción es que se presupone que la experiencia pasada será semejante a la del futuro y que de causas similares seguirán efectos semejantes, pero no siempre esto será así; la semejanza y la causalidad están en el corazón del razonamiento inductivo. Para Quine, citado por Sloman y Lagnado (2005), la predicción de características es aplicable únicamente cuando hablamos de los miembros de una misma clase o un mismo tipo formado por elementos similares, por ejemplo, en la clase de las frutas de color amarillo (condición de similitud): si una de ellas posee vitamina B, sería legítimo inferir que otra de las frutas de esa clase también la tiene, aunque el juicio inductivo se caracteriza por ser probable.

Las aproximaciones teóricas al estudio del razonamiento inductivo pueden dividirse en dos categorías generales, según Sloman y Lagnado (2005): la inducción basada en la semejanza y la inducción como metodología científica. Las primeras aproximaciones se utilizan en la cotidianidad y se basan en la identificación de propiedades de una categoría de fenómenos para realizar inferencias basadas en ellas; este tipo de razonamiento puede llevar a falacias si no se tienen en cuenta las excepciones que contradicen la regla, sobre todo porque está fundamentada en sesgos,11 como la representatividad de una categoría, la similitud en la imagen de uno y otro elemento, la supuesta diversidad en los casos presentados.

Las personas tienden más a sacar la conclusión de que a todos los mamíferos les gusta la cebolla del hecho de que a los hipopótamos y los hámsteres les gusta la cebolla, que del hecho de que a los hipopótamos y los rinocerontes les gusta, porque los hipopótamos y los rinocerontes son más similares que los hipopótamos y los hámsteres (Sloman y Lagnado, 2005, p. 119).12

En este ejemplo, la diferencia que existe entre los hipopótamos y los hámsteres hace creer que, como a ambos les gusta la cebolla, a todos los mamíferos les ha de gustar también. Las segundas aproximaciones teóricas, al ser metodologías científicas, pretenden enfatizar la identificación de las propiedades centrales de una categoría, ya que tienden a ser menos variables que otras propiedades, por ejemplo, en las esmeraldas, el color verde puede ser menos variable que la textura rugosa. Además, estas teorías se basan en cálculos de probabilidad, tales como el teorema de Bayes para generar inferencias.

El razonamiento deductivo, según Evans (2005), se ha caracterizado en psicología por ser un campo de estudio predominante, dado que tradicionalmente se ha ubicado a la lógica deductiva como el paradigma de la racionalidad humana, sobre todo en la década de los sesenta a partir de las teorías del desarrollo de Piaget e Inhelder. Los argumentos deductivos se distinguen porque parten de premisas que se toman como presuposiciones y la conclusión deriva de ellas, por tanto, no permiten inferir nuevo conocimiento. Un ejemplo de razonamiento deductivo es el silogismo: “Todos los hombres son mamíferos. John es hombre, por ende, John es mamífero”. Actualmente, las teorías sobre el razonamiento pueden dividirse en dos: aquellas basadas en la sintaxis y otras basadas en la semántica y la pragmática. En la perspectiva sintáctica, el razonamiento se describe a partir de una serie de reglas de inferencia abstractas en las que no se tiene en cuenta el contexto ni el contenido de los argumentos; estas reglas son aplicadas por los sujetos de forma natural y espontánea. Desde la perspectiva semántica, se encuentran generalmente aquellas teorías fundamentadas en la perspectiva de los modelos mentales.13

Son interesantes algunos errores que se cometen comúnmente en los experimentos sobre razonamiento deductivo, ya que dan cuenta de algunos sesgos específicos en el funcionamiento del pensamiento humano. Por ejemplo, los sujetos generalmente fallan en buscar evidencia contraria que invalidaría un argumento en el caso de los silogismos, o no tienen en cuenta la función de la negación en algunas reglas lógicas, o tienden a emparejar la información dada en las premisas, o a juzgarla según sus propias creencias más que según la lógica formal.14

Retomando las concepciones acerca del pensamiento en general, el psicólogo Jonathan Baron (2008) plantea que habría que proponer una comprensión distinta del término “racional”, pues la racionalidad no está referida a un tipo de pensamiento que excluye la emoción y los propios deseos, más bien significa “el tipo de pensamiento que todos quisiéramos hacer, si estuviésemos conscientes de nuestros propios intereses, con el fin de alcanzar nuestros objetivos” (p. 5).15 Entonces, son nuestras metas u objetivos los criterios por los cuales evaluamos los distintos acontecimientos de la vida. Baron (2008) define el pensamiento en términos generales como el proceso de encontrar y elegir entre distintas posibilidades, que pueden ser posibles acciones, creencias u objetivos personales.

Además, el autor comenta que comúnmente se utiliza el término “lógico” para referirse a lo que es racional, considerando que las leyes lógicas son innatas al pensamiento humano y por eso podemos comprender los términos como premisas, conclusión, inferencia, entre otros. No obstante, Baron (2008) propone que la lógica es un modelo normativo16 de inferencia, que difiere del razonamiento real, aunque en este último es posible tener un entendimiento de los términos de una proposición incluso cuando no se conozcan las leyes lógicas. De este modo:

La lógica formal, por su misma naturaleza, no es una teoría completa del pensamiento. Dado que la lógica trata únicamente la inferencia, no ayuda a comprender los errores que resultan de la búsqueda insuficiente de datos. No obstante, cuando tratamos los problemas lógicos como ejemplos de problemas en general, estos sí sirven como buen ejemplo de los efectos de ciertos tipos de pensamiento infortunado: como el fallo en considerar distintas alternativas para una conclusión inicial o modelo y el fallo en buscar evidencia contraria (Baron, 2008, p. 97).17

En una vía similar, refiriéndose al razonamiento informal, dicen Carretero y Asensio (2011) que los teóricos se han limitado a señalar los problemas existentes en el razonamiento formal, pero que aún falta consolidar más las alternativas que pueden explicar el razonamiento en contextos del mundo real, y consideran que en el estudio del pensamiento están cobrando fuerza los aspectos semánticos y pragmáticos, lo cual indica que este no se reduce a la sintaxis ni a la lógica formal. En la década de 1980 surgieron enfoques teóricos que se enfrentaron con las teorías del razonamiento formal, por ejemplo, la teoría de los esquemas pragmáticos de Cheng y Holyoak (1985; 1989), quienes consideraban que no existen sistemas de reglas de propósito generales en el razonamiento, sino reglas específicas para cada dominio y sensibles al contexto. Y también la teoría de los modelos mentales de Johnson-Laird (1983), según la cual el pensamiento no depende de reglas, sino de la elaboración, utilización y valoración de representaciones mentales que se estructuran de forma análoga a los objetos representados.

Un ejemplo de lo anterior es, como lo plantea Carretero (2011) a partir de experimentos de razonamiento formal, que no en todos los sujetos existe una competencia de lógica formal a la hora de razonar sobre la estructura de cierta tarea, pues se encontró que los resultados de los razonamientos de los sujetos dependían de variables como el modo de presentación de la tarea y las demandas específicas de la misma. Por ejemplo, si la tarea correspondía con su campo de especialidad o no, así como de variables subjetivas, como el nivel educativo. Igualmente, se presenta en este tipo de tareas la influencia (afortunada o desafortunada) del conocimiento previo. Sobre este punto, amplía Carretero (2011):

Actualmente, en la psicología cognitiva surge con fuerza la idea de que los seres humanos somos procesadores biológicos de la información, lo que implica que nuestro comportamiento y conocimiento del mundo responden más a aspectos funcionales que a aspectos formales. Para la psicología del pensamiento, esto supone que el conocimiento humano se rige por criterios pragmáticos o funcionales […] y no por criterios estrictamente lógicos, como Piaget pretende en su caracterización del pensamiento formal (p. 52).

En esta comparación con la teoría del desarrollo por estadios de Piaget, se menciona que las operaciones formales pueden ser un paso en el desarrollo cognitivo, pero más allá se encontraría el denominado pensamiento posformal, según el cual los sujetos admiten la existencia de contradicciones en algunos aspectos de la realidad y consideran la misma como algo solo temporalmente verdadero y no absoluto.

Avanzando en la presentación de cada una de las teorías sobre el razonamiento, se encuentra la teoría del razonamiento proposicional, definido, de acuerdo con Asensio (2011), como aquel en el que se tienen en cuenta situaciones que implican el cálculo proposicional. Sobre este tipo de razonamiento se dice que, aunque los sujetos tienen la capacidad de realizar cálculos lógicos correctamente, las reglas lógicas de variables y conectores no se identifican con las del pensamiento humano, debido a que los sujetos cometen múltiples errores por su sensibilidad al contexto y a la variación en el contenido. El lenguaje de la lógica simbólica18 es abstracto y universal, no es semántico, ni lingüístico. “En psicología, el lenguaje proposicional no es más que un medio, un lenguaje extremadamente útil para analizar las situaciones de razonamiento y formalizar las respuestas de los sujetos” (Asensio, 2011, p. 92). Por ejemplo, sobre el uso de los conectores lógicos, desde un punto de vista psicológico hay una comprensión progresiva desde la conjunción y la negación hasta el condicional, que plantea dificultad incluso a sujetos adultos. Esto, a diferencia de la dificultad lógica de los conectores que se determina por su carácter monádico o diádico, es decir, si estos abarcan una o dos proposiciones (unidades mínimas del discurso sujetas a valores de verdad). Algunos fenómenos observados en las tareas experimentales que involucran conectores diádicos muestran que los sujetos tienen en cuenta los dos términos, pero no analizan el conector. Este tipo de sesgo es llamado “emparejamiento”. Además, se ha observado que solo se toman en cuenta las combinaciones verdaderas de las tablas de verdad en los razonamientos y se descartan las falsas. Asimismo, existe el “sesgo de verificación”, según el cual los sujetos tienden a verificar el enunciado que se les propone y no a comprobar su falsedad, lo que evidencia la influencia tanto de factores semánticos como pragmáticos.

También, nos encontramos con la perspectiva del denominado razonamiento silogístico,19 el cual, según Valiña y Martín (2011b), se refiere al proceso centrado en tareas basadas en los sistemas lógicos de inferencia silogística, métodos sistemáticos que permiten deducir una conclusión a partir de la información contenida en unas premisas. El estudio de los silogismos se remonta a Aristóteles y en psicología los primeros estudios en los que se utilizaron silogismos categóricos como tarea experimental se realizaron a comienzos del siglo XX con Störring (1908). Luego, en las décadas de 1920 y 1930, autores como Wilkins (1928) y Woodworth y Sells (1935) se enfocaron en estudiar los “sesgos” y los fenómenos presentes en el pensamiento partiendo del razonamiento silogístico. A partir de estas tareas y otras posteriores se pretende explicar la ejecución correcta o incorrecta de los sujetos en los silogismos, entendidos como argumentos en los que, con base en dos proposiciones, es posible inferir una tercera que se denomina como conclusión.

Desde esta perspectiva, se intenta explicar los errores que cometen los sujetos en las tareas de inferencia silogística, debido al olvido o mala interpretación de las premisas, la estructura de los silogismos como el modo y la figura y las creencias y actitudes del sujeto. Entre los fenómenos encontrados en los experimentos se encuentran: el efecto atmósfera, que plantea que el sujeto elabora una conclusión a partir de la impresión global que tiene de las premisas; la hipótesis de conversión, la cual indica que los sujetos malinterpretan los cuantificadores de las premisas como “algunos”, “todos”, entre otros, o modifican su contenido; el efecto figura, referido a la diferencia en la disposición de los términos del silogismo; y, por último, el contenido del silogismo, es decir, si las premisas o la conclusión coinciden con las opiniones personales del sujeto. Este último está relacionado, además, con la hipótesis del escrutinio selectivo, que se menciona a continuación en la teoría de los modelos mentales, según la cual, si el sujeto considera que la conclusión es creíble, hay más tendencia a aceptarla sin analizar las premisas; por el contrario, si es inaceptable o increíble, se analiza si efectivamente se infiere a partir de ellas.

Como se ha dicho, una posible aproximación al estudio del razonamiento semántico es la teoría de los modelos mentales, los cuales “son representaciones de situaciones reales o imaginarias, que pueden ser construidas desde percepciones, la imaginación o la comprensión del discurso” (Coral y Asensio, 2011, p. 103). La teoría de los modelos mentales fue expuesta por primera vez por Johnson-Laird (1983), y supone un cambio en el énfasis de la solución de problemas: desde esta perspectiva, lo importante no son las reglas que se aplican al discurso sino el contenido de las representaciones del sujeto, las cuales se activan a partir de sus conocimientos previos disponibles. Esta teoría cuestiona que la lógica formal sea la explicación adecuada para el razonamiento humano y afirma que la existencia de un sistema lógico no es necesario para llevar a cabo un razonamiento deductivo; la deducción responde, por el contrario, a un proceso semántico basado en modelos mentales y es posible inferir correctamente una conclusión sin utilizar las reglas de inferencia de la lógica formal. Igualmente, se parte del supuesto que la mente construye modelos internos para figurarse el mundo externo y, por tanto, se considera que el pensamiento se basa en la comprensión de significaciones y en la construcción de modelos con el conocimiento del mundo. Los modelos que se construyen guardan una analogía estructural con los objetos percibidos en el mundo, no son representaciones abstractas y arbitrarias como en el caso de las variables lógicas (p, q, r). Los modelos son estructuras mentales provisionales que se guardan en la memoria de trabajo en un momento de interacción entre el mundo y el lenguaje, con el fin de hacer explícitos los elementos involucrados en una situación, sus propiedades y las relaciones que mantienen para poder figurárselos mentalmente; también estos modelos pueden guardarse en la memoria a largo plazo mediante el aprendizaje.20

Los modelos permiten resolver tareas en la interacción del sujeto con el entorno, y se dan en tres estadios: la comprensión inicial de la información, la interpretación que intenta derivar una conclusión a partir de la información, y la validación de la inferencia, aunque en este último pueden presentarse algunos sesgos en el razonamiento. La interpretación o el razonamiento puede darse según tres principios, que no se corresponden con las reglas de la lógica formal: el primero es que la conclusión no debe tener menos información semántica que las premisas, el segundo es que la conclusión ha de ser una simplificación de la información, y el tercero es que una conclusión no ha de repetir explícitamente lo que dice una de las premisas. Cuando los sujetos no encuentran una conclusión que cumpla con estas condiciones, concluyen que nada se deduce de las premisas. Para razonar correctamente, una persona debe, entonces, construir primero el modelo de representación mental y posteriormente realizar un proceso de verificación de la conclusión obtenida de acuerdo con el mismo. En ciertos problemas no es claro que haya un único modelo para representar la situación, más bien hay múltiples modelos posibles, lo cual dificulta su resolución.

Para ilustrar la influencia de la semántica en las tareas de razonamiento, se mencionan los llamados “sesgos de creencias”, los cuales ocurren cuando las personas dan conclusiones que están determinadas por su credibilidad o por lo que se adapta a sus creencias, en lugar de por su validez lógica. Barston (1986) y Evans (1989) proponen dos modelos para comprender la relación entre validez y credibilidad: el escrutinio selectivo propone que, si una conclusión es creíble, los sujetos tienden a aceptarla sin ningún razonamiento previo y, si es increíble, intentan verificar su validez por medio de la inferencia lógica; y la necesidad mal interpretada propone que los sujetos confunden el carácter necesario de las inferencias con la similitud de la conclusión con respecto a las premisas.

Johnson-Laird (2005) plantea que la construcción y la manipulación de modelos mentales nos permite anticiparnos a las situaciones y elegir un curso de acción. Es importante señalar que la teoría de los modelos mentales pretende explicar el tipo de pensamiento proposicional (pensamiento que opera con oraciones que pueden calificarse como verdaderas o falsas), aunque existen otros tipos de pensamiento, por ejemplo, el del músico que improvisa (Johnson-Laird, 2005). Estos pueden diferenciarse con propósitos experimentales, pero en la vida cotidiana no existe delimitación clara entre el uno y el otro. En general, un proceso de inferencia puede ubicarse en alguna de las siguientes categorías en términos semánticos: las premisas y la conclusión eliminan las mismas posibilidades; las premisas eliminan –por lo menos– una posibilidad más de la que la conclusión elimina; la conclusión suprime –por lo menos– una posibilidad más de las que las premisas eliminan; las premisas y la conclusión eliminan posibilidades distintas; las premisas y la conclusión eliminan posibilidades que se sobreponen. Las primeras dos categorías corresponderían a la deducción, la tercera a la inducción, la cuarta solo ocurre si las premisas no coinciden con la conclusión y la quinta sucede cuando la conclusión es consistente con las premisas, pero refuta al menos una premisa y añade otra nueva proposición. Este último tipo de razonamiento va más allá de la inducción y sería el pensamiento asociativo o creativo, como la abducción, que es explicada más adelante.

La perspectiva de los modelos mentales se basa en el presupuesto que estos modelos mantienen relaciones estructurales con aquello que representan21 (Johnson-Laird, 2005), es decir, que existe un isomorfismo entre los “aspectos del cerebro (brain fields)” (Johnson-Laird, 2005, p. 186) y el mundo. También, esta teoría se basa en el modelo de Peirce, citada por Johnson-Laird (2005), según la cual los diagramas son icónicos, esto es, poseen la misma estructura que aquello que representan, y el estudio de un diagrama o representación icónica permite hacer inferencias más allá de la verdad de las premisas. Los modelos mentales son, por tanto, icónicos: contienen un símbolo (token) para cada referente del discurso, contienen propiedades correspondientes a las propiedades del referente y relaciones correspondientes a las relaciones entre los referentes. La psicolingüística plantea, según Johnson-Laird (2005), que los modelos se construyen a partir del significado de las oraciones, el conocimiento general, y el conocimiento sobre la comunicación humana.

Los modelos mentales representan entidades como personas, eventos y procesos, así como la operación de sistemas complejos. Un modelo mental se distingue de una estructura lingüística, una red semántica y otras representaciones mentales porque se basa en los siguientes principios: iconicidad, en otras palabras, el modelo tiene una estructura que corresponde con la conocida de lo que representa; posibilidades, según el cual, cada modelo mental representa una posibilidad distinta; verdad, referida a que un modelo mental representa una posibilidad verdadera, es decir, los sujetos tienden a elidir las posibilidades en las que alguna de las proposiciones es falsa en el enunciado, como en el siguiente caso: dada una disyunción exclusiva, no A o B, el modelo se compone de dos posibilidades:

No A

B

El primer modelo mental no representa la B, que sería falsa en esa posibilidad, y el segundo representa no A, que sería falsa en esa posibilidad. El siguiente principio es el de variación estratégica, donde, dada una clase de problemas, los sujetos desarrollan estrategias que derivan de la exploración en la manipulación de los modelos, por ejemplo, si se les presentan silogismos con el cuantificador “algunos”, se podría inferir la siguiente regla: si hay dos premisas existenciales (algunos X son Y, algunos Y son Z), entonces, se debe responder que no hay conclusión válida (Johnson-Laird, 2005). Por último, está el principio de modulación, según el cual el significado de las cláusulas de las oraciones, de las conexiones entre ellas, el conocimiento general y el conocimiento del contexto puede influir en los modelos que se construyan sobre un enunciado. Así, se parte de la premisa de que estos cinco principios aplican en general en la construcción y puesta en práctica de modelos mentales.

Además, el autor plantea cinco predicciones acerca de las tareas relacionadas con el razonamiento: primero, mientras menos modelos se necesiten para hacer una inferencia, más sencilla será esta; segundo, los sujetos erran en el razonamiento porque tienen en cuenta un único modelo; tercero, los sujetos podrían refutar una inferencia inválida si buscaran contraejemplos o referencias que puedan invalidar su conclusión; cuarto, los sujetos tenderán a guiarse por inferencias aparentemente correctas, por ejemplo, si un elemento es mencionado en una de las premisas, es posible siempre inferirlo en la conclusión; quinto, el razonamiento válido puede mejorarse con realimentación y práctica, de este modo se desarrollarán espontáneamente varias estrategias deductivas, inductivas, entre otras (Johnson-Laird, 2005).

Por su parte, Charles Sanders Peirce (1929, citado por Sebeock y Umiker-Sebeok, 1989) plantea que existe un proceso lógico llamado “abducción”, mediante el cual se puede llegar a conclusiones muchas veces certeras sobre los hechos del mundo basándonos en un “instinto” o una “adivinación”. Para Peirce, la abducción se presenta siempre como un primer paso en todo razonamiento científico y es el único tipo de estructura argumentativa que permite la invención de una nueva idea. “Va también asociada con, o más bien produce, según Peirce, cierto tipo de emoción, que la distingue claramente de la inducción y de la deducción” (Sebeok y Umiker-Sebeok, 1989, p. 40). La abducción, no obstante, es un tipo de inferencia lógica tan válida como la inducción y la deducción (Sebeok y Umiker-Sebeok, 1989). Un ejemplo presentado a modo de argumentación lógica sería el siguiente (tomado de Vega y Olmos, 2011, p. 19):

– Se observa el hecho sorprendente C,

– pero si A fuera verdadera, C sería una cosa normal.

– Por tanto, hay una razón para sospechar que A es verdadera.

Peirce se basa en el supuesto de que la mente humana tiene una predisposición a hacer conjeturas correctas sobre el mundo con base en indicios observados, pero sin poder especificar en qué circunstancias se adquirieron. Estas suposiciones dependen de juicios perceptivos que permiten deducir proposiciones universales y son el resultado de un proceso no consciente y no controlado. La formación de una hipótesis es como un “destello” que se presenta en nosotros (Peirce, 1929). Sobre la diferencia entre abducción e inducción, explica Peirce (1955, citado por Sebeok y Umiker-Sebeok, 1989):

La abducción arranca de los hechos, sin tener, al inicio, ninguna teoría particular a la vista, aunque está motivada por la sensación de que se necesita una teoría para explicar los hechos sorprendentes. La inducción arranca de una hipótesis que parece recomendarse a sí misma sin tener al principio ningún hecho particular a la vista, aunque con la sensación de necesitar de hechos para sostener la teoría. La abducción busca una teoría. La inducción busca hechos. En la abducción, la consideración de los hechos sugiere la hipótesis. En la inducción, el estudio de la hipótesis sugiere los experimentos que sacan a la luz los hechos auténticos a que ha apuntado la hipótesis (p. 47).

Vega y Olmos (2011) sugieren que la abducción, al ser un proceso que da lugar a explicaciones, es esencial en procesos cognitivos, tales como el diagnóstico médico, el desarrollo de los modelos de inteligencia artificial, la construcción de teorías científicas y, en general, está en la base de la metodología de la ciencia. “En un sentido muy amplio, la abducción es el proceso de razonamiento mediante el cual se construyen explicaciones para observaciones sorprendentes, esto es, para hechos novedosos o anómalos” (Vega y Olmos, 2011, p. 17). Además, se resalta la importancia de la comprobación y la verificación de las conclusiones. Para estos autores, la abducción es un proceso que permite un cambio en las creencias propias de acuerdo con la captación de nueva información, es decir, va más allá de ser únicamente una estructura argumentativa.

En una vía similar, de acuerdo con De la Fuente y Minervino (2011), las teorías del pensamiento analógico proponen la posibilidad de captar que una situación está estructurada por un sistema de relaciones y roles (rasgos estructurales) de otra situación u otro dominio específico diferente, con el fin de comprender una novedad a partir de algo que resulta más familiar. El pensamiento analógico se basa en la tendencia a buscar patrones de similitud entre objetos, acontecimientos, situaciones y dominios. La teoría de las múltiples restricciones y la teoría de la proyección de la estructura se basan en la perspectiva de la lógica de predicados para explicar cómo se dan las analogías; los predicados de las proposiciones se refieren a lo que se afirma o se niega sobre algo, por ejemplo, una propiedad acerca de un objeto o una relación entre conceptos. En las investigaciones realizadas sobre este tipo de pensamiento en las ciencias cognitivas no se toman en cuenta los cuantificadores lógicos, como “todos” o “algunos”, para evitar ambigüedades en la formulación de proposiciones, ya que tienen como fin poder aplicar el mismo proceso analógico a investigaciones con computadoras. En esta misma vía, en la formulación de las proposiciones, se ubica en primer lugar el predicado y luego, entre paréntesis, el resto del argumento (el sujeto o el objeto), de tal modo que una frase como “el punzón es de metal”, se formularía de la siguiente manera: metal (punzón), y el objeto entre paréntesis podría variar por otros similares; o, en el caso de una proposición que implique relación entre varios términos, por ejemplo “El niño golpeó la nevera con el punzón”, se formularía así: golpear (niño, punzón, nevera). Estas dos proposiciones podrían ser análogas a situaciones o casos en los que se mantuviera el mismo predicado o relación y en las que tendiera a haber correspondencia uno a uno con los demás términos del argumento. En este caso, el segundo ejemplo sería análogo a decir: golpear (niña, martillo, televisor). Al saber que dos dominios comparten un mismo sistema de relaciones y roles, se pueden hacer inferencias sobre el caso menos conocido a partir del caso más conocido. No obstante, dado que las situaciones comparadas pueden tener diferencias en aspectos relevantes, las inferencias que se formulan por medio del proceso analógico pueden resultar a veces inadecuadas.

El pensamiento analógico se usa también en los procesos de solución de problemas, y se divide en una serie de subprocesos que interactúan entre sí: primero, se construyen representaciones acerca del caso conocido o análogo base y del caso menos conocido o análogo meta; segundo, se recuperan los elementos de la memoria de largo plazo sobre el análogo base; tercero, se establecen correspondencias entre los elementos de ambos casos; cuarto, se formulan inferencias sobre el análogo meta que guíen hacia la solución del problema; quinto, se evalúa si la analogía fue o no adecuada en relación con el análogo meta; y sexto, se ajustan las inferencias para que se adecúen mejor al análogo meta y a la solución del problema.

El pensamiento analógico juega un papel fundamental en la cognición humana dado que es una herramienta útil para la solución de problemas y para la argumentación en distintos ámbitos; además, la analogía –junto con la metáfora– juega un papel importante en la construcción y la comprensión de la realidad y de los sistemas lingüísticos. Sin embargo, pueden presentarse dificultades a la hora de razonar según los subprocesos del pensamiento analógico, por ejemplo, puede pensarse que aquello que se asemeja superficialmente puede asemejarse también estructuralmente, aunque esto no ocurra necesariamente.

En la misma vía del pensamiento analógico, Bargh (2014) plantea que la metáfora entre situaciones del mundo físico y estados mentales juega un papel fundamental en el pensamiento automático; y que realizar acciones físicas puede desencadenar estados psicológicos que están relacionados metafóricamente a ciertos comportamientos o sentimientos,22 tal y como argumenta a continuación:

Las metáforas conllevan la forma de describir las personas en los encuentros cotidianos. Todos sabemos el significado de una relación “cercana” o de un padre “frío”. Una teoría reciente, el andamiaje conceptual, asegura que usamos estas metáforas tan fácilmente dado que la versión abstracta de un concepto mental se construye fuertemente asociada con el mundo físico en el que vivimos. En los experimentos en ciencias sociales, las personas que sostienen una taza de café caliente durante un corto tiempo forman impresiones de los otros como más “cálidos”, más amables y más generosos que aquellos que sostenían, por ejemplo, un café helado (p. 39).23

De este modo, las investigaciones actuales en psicología social adoptan la noción de personificación (embodiment) para referirse a la hipótesis de que los pensamientos, sentimientos y comportamientos se basan en experiencias sensoriales y estados corporales. Lo anterior es sustentado mediante experimentos que asocian metáforas correspondientes a un estado físico para describir un estado emocional o psicológico, como el que aparece en la cita (Meier, Schnall, Schwarz y Bargh, 2012).

El pensamiento analógico tiene como base, además, las teorías sobre la semejanza o similitud. De acuerdo con Goldstone y Son (2005), las teorías sobre la semejanza son fundamentales en el estudio de la cognición humana, dado que esta es una condición de los objetos y fenómenos de la realidad misma. Si tomamos un objeto o fenómeno A y consideramos que este se asemeja a otro B, tendemos a inferir que una propiedad X que tiene A debe ser también compartida por B. Nos basamos en la semejanza para generar inferencias y categorizar objetos cuando no conocemos la relevancia de sus propiedades. La semejanza puede darse, por ejemplo, a partir de un caso presentado a otro que comparte ciertas características o de un fenómeno a otro con el que, según la percepción, está en relación de vecindad. En el razonamiento humano hay dos formas de semejanza que habría que resaltar por ser importantes: proposicional y jerárquica. La primera hace referencia a proposiciones, es decir, a unidades básicas que tienen valor de verdad y que afirman algo acerca de la relación entre dos entidades de información; por ejemplo, una relación que se establece de forma visual entre proposiciones sería si esta está por encima, cerca de, primero que, a la derecha de, es más extensa que otra dentro de un argumento. La segunda se refiere a representaciones jerárquicas, lo cual quiere decir que cierto hecho X hace parte de o es un tipo de Y: la manzana hace parte de la categoría de frutas o es un tipo de ellas.

De acuerdo con Holyoak (2005), la analogía es una forma especial de la semejanza. Dos situaciones son análogas si comparten un patrón común de relaciones en sus elementos constituyentes, aunque estos mismos varíen en ambas situaciones. Normalmente, una de las situaciones más familiares es tomada como base o referencia y la otra, que se pretende comprender mejor, es tomada como objetivo. La información de la situación base sirve para generar inferencias sobre la situación objetivo. El razonamiento analógico va más allá de la información ya dada, utilizando conexiones sistemáticas entre ambas situaciones mediante un “mapeo” de las mismas, por tanto, es una forma de razonamiento inductivo. La analogía, como se ha mencionado, está estrechamente relacionada con la metáfora y con las formas de expresión simbólica que se usan en el lenguaje cotidiano. Las metáforas se caracterizan por una asimetría entre la base o la referencia y el objetivo, por ejemplo, en la expresión “la noche de la vida”, el objetivo sería la vida, entendida en términos de la base o referencia que sería el tiempo del día (Holyoak, 2005). La metáfora es, entonces, una especie particular de analogía en la que la referencia y el objetivo son semánticamente distintos y ambos se mezclan entre sí como en el ejemplo previamente presentado. Holyoak (2005) sugiere que una gran cantidad de la experiencia humana, especialmente en aspectos abstractos, se comprende a modo de metáforas conceptuales, por ejemplo, el tiempo es entendido en términos del movimiento de los objetos en el espacio: “mi cumpleaños se acerca rápidamente” (Holyoak, 2005, p. 120).

Ahora, en el razonamiento cotidiano, a veces se emplean analogías que no se basan únicamente en la semejanza y la relación estructural entre situaciones, pues los sujetos tienen como fin alcanzar metas u objetivos personales que están fundamentados en sus creencias propias y en sus prejuicios; y este es un elemento que también interactúa en la formación de analogías, además de la semejanza (isomorfismo) y la relación estructural. Una buena analogía sería aquella en la que estos tres componentes interactúan y convergen de forma coherente entre sí.

Otra de las teorías a resaltar sobre el pensamiento es el razonamiento pragmático, el cual, según Valiña y Martín (2011a), se basa en la teoría de esquemas pragmáticos y en las teorías sobre sesgos y heurísticos de Kahneman, Slovic y Tversky (1982). La pragmática se ocupa del uso práctico del lenguaje y su utilización en contextos específicos, por ejemplo, en el ámbito cotidiano. La teoría de los esquemas pragmáticos es aplicable tanto a tareas de tipo inductivo como deductivo y parte de elementos como sistemas de reglas altamente abstractas, dependencia de las relaciones y los objetivos de la tarea, aplicación a dominios concretos y creencia en que el razonamiento puede mejorar por medio del entrenamiento. En suma, “proponen que nuestro razonamiento cotidiano está guiado por un conjunto de reglas, sensibles al contexto y específicas de ciertos dominios: ‘los esquemas pragmáticos’” (Valiña y Martín, 2011a, p. 163). Estos esquemas son estructuras de conocimiento abstractas derivadas de la experiencia en la que se observan regularidades que guían al sujeto en sus interpretaciones, expectativas y atención en general de acuerdo con el contexto. En la cotidianidad es posible inferir esquemas de permiso, de obligación y causales. Cuando el sujeto se ve enfrentado a una tarea de razonamiento, le es más fácil resolverla si la situación le permite evocar cierto esquema pragmático, aunque los contenidos de este no se correspondan necesariamente con las reglas de la lógica formal. Estos esquemas se valen como herramienta principal de los “heurísticos” o “atajos del razonamiento”, para luego pasar algunas veces a un razonamiento analítico de la situación:

Los procesos heurísticos son preatencionales, rápidos y, al ser preconscientes, no podemos informarlos. Seleccionan la información relevante en función de diversos factores: 1) Supuestos lingüísticos. 2) Asociaciones pragmáticas o efectos del conocimiento previo. 3) Saliencia atencional de características de la propia tarea. Sobre esta información operan procesos analíticos (Valiña y Martín, 2011a, p. 174).

Aunque estos heurísticos se caracterizan por ser adaptativos, pueden también llevar a cometer errores en tareas de razonamiento; pero esto no significa que sean irracionales. Para Valiña y Martín (2011a):

Evans ha argumentado recientemente a favor de que el razonamiento pragmático y la toma de decisiones en contextos reales son racionales, en tanto son procesos cognitivos que llevamos a cabo para alcanzar determinados objetivos. En su opinión, en el debate sobre la racionalidad humana se introdujo una gran confusión por no diferenciar dos nociones sobre la racionalidad: la racionalidad de propósito y la racionalidad de proceso (Evans, 1993). La racionalidad de propósito hace referencia a aquel razonamiento que nos ayuda a alcanzar nuestros propios objetivos, mientras que la racionalidad de proceso indicaría aquel razonamiento que está de acuerdo con sistemas normativos, como los de la lógica formal (p. 175).

Ligada a la perspectiva del pensamiento pragmático, se encuentra la teoría del pensamiento probabilístico. De acuerdo con Pérez y Bautista (2011), este tipo de razonamiento consiste en hacer un cálculo mental sobre la probabilidad de que haya ocurrido o vaya a ocurrir cierto acontecimiento, con el fin de emitir un juicio, actuar o decidir. Este tipo de razonamiento cotidianamente se enfrenta a problemas abiertos y poco delimitados en los que no es posible asegurar que las predicciones vayan a cumplirse, por tanto, se asocia más a un razonamiento inductivo que deductivo. Al pensamiento probabilístico le subyacen las leyes de la probabilidad o reglas de cálculo bayesianas,24 aunque estas se diferencian ampliamente de las de la lógica formal, pues no se basan en la sintáctica sino en el contenido y en el contexto de la tarea o situación concreta.

Al igual que la teoría anterior, en el pensamiento probabilístico se parte de la perspectiva de los heurísticos y sesgos de Kahneman, Slovic y Tversky (1982); esta forma de razonar según heurísticos constituiría las reglas básicas de inferencia probabilística utilizadas por los sujetos independientemente de su cultura y de su conocimiento de las reglas matemáticas de probabilidad. Los heurísticos son principios generales que permiten reducir la complejidad de las tareas a fin de generar un juicio, no implican un análisis exhaustivo de los datos sino que enfatizan ciertas características sobre otras; además, son procesos que por definición no se realizan de forma consciente. Es común que un heurístico produzca respuestas adaptativas, sin embargo, también pueden conducir a errores si se usan indiscriminadamente. Los dos heurísticos más importantes son los de representatividad y accesibilidad: el primero hace referencia al proceso que nos permite valorar si una muestra es representativa de un modelo o si un ejemplo es representativo de una categoría, de acuerdo con las concepciones previas que se tengan sobre el asunto en cuestión. Por ejemplo, si el hecho de que se haya logrado ganar en un juego de azar una única vez implica que se seguirá obteniendo un buen resultado en esa apuesta específica, lo cual podría llevar a una concepción errónea sobre el azar. El segundo alude a la facilidad con que los elementos de una categoría llegan a la mente, a su disponibilidad en la memoria, que supuestamente indicaría mayor frecuencia y, por tanto, mayor probabilidad de ocurrencia de ese acontecimiento; no obstante, no siempre lo más probable se corresponde con lo más accesible. De acuerdo con Pérez y Bautista (2011), a la teoría de los heurísticos se le realizan varias críticas, entre ellas, que no distingue entre un sujeto que se enfrenta por primera vez a una tarea determinada de otro que tenga pericia o experiencia previa sobre la tarea o la forma de resolución de la misma, en consecuencia, la utilización de estos dependería del conocimiento previo de los sujetos.

Como último elemento del presente apartado mencionamos otra de las perspectivas teóricas: el pensamiento narrativo. Según Carretero y Atorresi (2011), el término “narración” proviene del vocablo latino gnarus, que significa “conocedor, experto”. De este modo, etimológicamente, la narración se vincula al conocimiento y a la experiencia, al conocimiento adquirido y transmitido, y a un tipo de conocimiento o forma de organizar el pensamiento. La narración es un instrumento del conocimiento humano que se manifiesta mediante el relato. En psicología, Bruner (1990) plantea que los seres humanos interpretamos narrativamente las acciones y los comportamientos, e interpretamos nuestra propia vida como un relato, con actores que están movilizados por ciertos objetivos. Para este autor, el pensamiento narrativo se opone al lógicocientífico o modo paradigmático del pensamiento, aunque ambas modalidades de pensamiento se complementan en el funcionamiento mental. Carretero y Atorresi (2011), basándose en Bremond (1973), Van Dijk (1983), Bruner (1990) y Adam (1992), proponen algunos componentes fundamentales de la narración: la sucesión de hechos y la puesta en intriga, con un inicio y un final; la causalidad entre las acciones y sus consecuencias; la presencia de al menos un actor o agente que puede ir experimentando transformaciones; y una evaluación final de los elementos de la narración. Desde una perspectiva psicológica, Bruner (1990) se interesa, sobre todo, en los primeros dos elementos y menciona que en el desarrollo ontogenético se comprende primero la causalidad narrativa y posteriormente la causalidad lógica.

Pensamiento intuitivo, lógica y toma de decisiones

Подняться наверх