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“Centinelas de la patria” y “rol civilizador” del gendarme

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Otra característica que podemos apreciar al visitar el Museo Histórico de Gendarmería es que refleja la multiplicidad y heterogeneidad de funciones que los gendarmes realizan. Además de la intervención en conflictos bélicos, podemos mencionar la participación de la GNA en Misiones de Paz. Si a esto sumamos las actividades netamente policiales en grandes conglomerados urbanos que la GNA ha venido realizando desde los últimos años,15 podemos dar cuenta de otro rasgo que los gendarmes reconocen como propio y que ellos denominan “plasticidad” o “adaptabilidad”. La heterogeneidad y multiplicidad de funciones es una de las características con las que ellos se identifican. Para dar cuenta de este punto recurriremos a un fragmento de una entrevista que mantuvimos con uno de los instructores de la Escuela de Oficiales Martín Miguel de Güemes durante 2012. Él explicaba este aspecto como una particularidad de la fuerza de la siguiente manera:

Básicamente nosotros como fuerza somos diferentes al resto de las fuerzas –por así decirlo– policiales, o de seguridad y militares. Si por ahí nos fijamos en el concepto de Gendarmería Nacional va a ver que es una fuerza de seguridad de naturaleza militar que cumple su función y misiones en el marco de la defensa nacional, la seguridad interior y el apoyo a la política exterior de la Nación, o cualquier otro requerimiento de la Justicia Federal. A raíz de esta definición de Gendarmería y por nuestros… Nosotros tenemos reglamentos, ¿no? Gendarmería está en capacidad de realizar tres tipos de operaciones: operaciones militares, operaciones policiales y de movimientos y descanso en tiempo de paz […] Dentro de las operaciones realizamos las operaciones policiales, y dentro de estas actividades están todas las actividades que en la actualidad está realizando en estos tipos de operativos, Cinturón Sur, Centinela, etc. Igualmente, usted fíjese que en tiempos de paz en Gendarmería nos regimos por la Ley de Seguridad Interior y, principalmente, ¿qué tipos de actividades realizamos? Operaciones policiales: control de rutas, allanamiento, patrullaje y diferentes tipos de investigaciones –por así decirlo– ordenados por la Justicia ¿no? Pero todo son operaciones policiales. Eso viene ya desde la ley de creación de nuestra fuerza.

Los gendarmes entienden que este amplio abanico de funciones ha devenido en el desarrollo de una gran capacidad de adaptación o “plasticidad del gendarme”, como ellos mismos la denominan. Podemos pensar que esta “plasticidad” que manifiestan es el resultado de las múltiples y diversas funciones y competencias que los distintos gobiernos han asignado a la institución a lo largo de su historia y del carácter de fuerza intermedia que ya explicamos.

Pero, sobre el trasfondo de esta multiplicidad, sobresale en el discurso nativo una función y una geografía distintivas y constitutivas de la autocomprensión de los gendarmes. Su identificación como centinelas de las fronteras16 en geografías remotas, apenas habitadas y rodeadas de un marco natural exuberante compone el ámbito y las funciones “naturales” del gendarme, según el relato institucional que también puede verse reflejado en el que ofrece el Museo Histórico.

Coinciden con esta idea las palabras de Javier cuando, al referirse a la manera en que la GNA se establecía en “el medio de la nada”, destacaba la falta de cualquier comodidad o adelanto tecnológico, como agua potable, rutas o cualquier otro servicio. Asimismo, nuestro anfitrión describía este despliegue como “la llegada del hombre civilizado a lugares totalmente vírgenes”. Junto a este libreto que narra el guía, el relato que destaca la labor en la frontera rodeados de un “ambiente salvaje”, como distintivo de la GNA, se completa con múltiples elementos que pasamos a describir.

Para comenzar, vale recordar brevemente los antecedentes históricos que ya analizamos. Baste reiterar aquí que en ambos casos se trata de milicias históricas que se desempeñaban en los límites fronterizos de entonces, en territorios agrestes alejados del poder político central.

Asimismo, es importante mencionar que en diferentes salas del museo se observan fotos y cuadros de gendarmes rodeados de montañas, selvas y otros paisajes alejados de áreas urbanas. En la sala I, General Manuel Calderón, se aprecian diferentes imágenes que reflejan este tipo de territorios. Vemos, por ejemplo, el dibujo de un gendarme parado delante de un árbol, portando un fusil y de fondo una plantación de algodón (foto 4). En la leyenda que acompaña la ilustración se lee: “Año 1939. Gendarme del Destacamento adelantado Sáenz Peña (Chaco)”. También se disponen fotos de gendarmes trabajando en un paisaje selvático; la imagen los retrata avanzando con machetes por el monte, vistiendo al estilo gauchesco.

En esta sala se exhiben referencias a una de las otredades radicales que configuran la identificación de los gendarmes; nos referimos a la figura del “delincuente”. Pero vale destacar que esta figura adquiere, en el relato institucional que nos ofrece el Museo, rasgos característicos que remiten nuevamente al ambiente campestre. La figura del “delincuente” adquiere contenido en los bandidos rurales, o “bandoleros”, como los nombraba nuestro acompañante en la última visita. Colgando de una pared encontramos una fotografía y un prontuario del afamado Segundo David Peralta, más conocido como Mate Cosido, llamado así por una cicatriz que tenía en su cabeza. Este “bandolero”, que por su reputación de benefactor de los humildes se ganó un lugar en el folclore popular,17 fue –según me dijo (exagerando) Gustavo, el oficial que hoy se encuentra a cargo del Museo Histórico– el motivo de que el primer escuadrón de GNA se emplazara en la provincia de Chaco. Javier también lo evocaba como el motivo de la llegada de GNA a esa provincia:

El primer destacamento móvil fue el destacamento Sáenz Peña, esto queda en la provincia del Chaco. Los pobladores de Roque Sáenz Peña mandaron una carta al presidente de la Nación, que era el presidente Castillo […] Ordenó al director general que por entonces era Calderón a enviar personal de seguridad a Roque Sáenz Peña por el tema de que los pobladores justamente estaban viviendo lo que estamos viviendo nosotros ahora, la inseguridad, es decir que la historia se sigue repitiendo. Los pobladores de Roque Sáenz Peña estaban cansados de que les robaran, los campesinos también, su ganado, porque había muchos cuatreros, muchos delincuentes en la zona, que vivían en el monte. Y a veces les robaban a los poderosos o a la gente común, al poblador. Entonces el presidente envía esta carta al director general y el director general ordena la formación de un grupo de cincuenta efectivos que fueron trasladados por vía férrea hasta Chaco y ahí se instalaron. Y al año siguiente, estaban buscando al ladrón más conocido de la zona, el Mate Cosido, Segundo David Peralta. Mate Cosido era un delincuente de la época que con su grupo de seguidores robaban ganado, robaban la producción de los campesinos, alteraban la seguridad de los ciudadanos; era como una zona, entre comillas, liberada, no había nadie que los protegiera. Entonces necesitaban una fuerza de seguridad que podía contener estos ataques continuos. Entonces qué mejor forma que la presencia de Gendarmería. Y tal fue el éxito que los pobladores de Roque Sáenz Peña al año siguiente les regalan una bandera nacional que la tenemos acá en exhibición.

Además de la descripción de Javier de los delincuentes como “cuatreros […] que vivían en el monte”, nos interesa destacar nuevamente la noción de la GNA como una institución que llega a los márgenes del territorio, lejos de los núcleos del poder central, portando los beneficios de la “civilización”, en este caso ya no con caminos o pozos de agua sino mediante la “seguridad” que contiene los ataques de los “bandoleros”.

Lindante a la referencia de Mate Cosido se observa la de Faustino Burgos, alias Negro Correa, atrapado por el suboficial de GNA Carlos Ocampo en los límites de las provincias de Chaco, Formosa y Salta, acusado junto con otros tres cómplices de un triple homicidio. Sin embargo, al no ser tan popular, no obtuvimos referencias sobre él por parte de nuestro guía; cuando preguntamos solamente nos dijo que también era un “bandolero”.

En la sala II se expone, como ya comentamos, un sector dedicado a las actividades de montaña de la Gendarmería, donde se aprecia un maniquí vestido con un equipo completo de esquí. También se exponen raquetas para nieve, piquetas de escalada, entre otros materiales de montañismo. En una vitrina, rodeando una bandera argentina doblada y guardada en una caja con tapa de vidrio, se observan siete fotografías de gendarmes realizando actividades de montaña, rodeados de un escenario donde dominan los picos pedregosos, la nieve y la inmensidad de la cordillera.

Otra referencia a los territorios remotos y “salvajes” que el discurso institucional reconoce como característico del desempeño de los gendarmes aparece en la sala V, donde a un costado de los vehículos para la nieve se levanta un atril con una foto de tres gendarmes con equipos de esquí transitando por un paisaje andino nevado con montes de araucarias.

En la misma sala se exhiben, como ya mostramos, carretones cuyanos, una carreta aguatera y una silla de montar que usaban para instalarse en territorios en los que aún no existían caminos por donde pudieran transitar vehículos de motor. Como dijimos, el relato que nos cuenta el Museo Histórico de Gendarmería asigna una función característica entre todas las que realiza la GNA, y esta es la vigilancia y control fronterizo. Es esperable que se destaque esta actividad, ya que es su labor original, la que justificó su creación.

Así, la GNA se nos presenta no solo como una fuerza cuya principal labor es el control y la vigilancia de los límites fronterizos nacionales, sino que además se destaca, en el relato institucional del Museo Histórico, como una institución que lleva los “beneficios de la civilización” a territorios que son descriptos como inhóspitos, lejanos, “salvajes” y hostiles. Este “rol civilizador” de la GNA también se produce a través de la estrategia de identificación selectiva, ya que, si bien se da cuenta de acciones como la construcción de caminos, las perforaciones en busca de agua potable o el combate a los “bandoleros”, nada se dice de otras acciones de carácter represivo y hasta genocida, como la masacre de Rincón Bomba contra el pueblo pilagá, en Formosa, durante el primer gobierno peronista en octubre de 1947. En este sentido, bien vale reiterar la cita de Diego Escolar con la que iniciamos este trabajo y que afirma que el Museo Histórico de la Gendarmería Nacional “es un museo del olvido. Recorta la historia y deja solo aquellos aspectos que proporcionan una imagen deseada. Está orientado a mostrar lo que se quiere ser” (2017: 130).

Para cerrar este apartado, nos interesa mencionar brevemente la similitud del “papel civilizatorio” que el relato museístico destaca como parte de la labor histórica institucional con el “rol urbanizador” sobre cadetes y aspirantes que hemos identificado durante nuestro trabajo de campo en las escuelas de formación básica de la GNA (Melotto, 2017). En 2012, por ejemplo, un instructor nos decía que “los alumnos del interior del país por ahí desconocen algunas de las reglas de urbanidad y cortesía” y que por ello les enseñaban “cómo sentarse, cómo doblar la servilleta, cómo usar los cubiertos”, en fin, cómo comportarse durante las comidas. O bien en otra ocasión, Jesús, uno de los instructores de la Escuela de Gendarmería Nacional Martín Miguel de Güemes, mencionaba esta situación al referirse a la forma de vestir:

Les hablamos por ejemplo de aspectos personales, corte de cabello, de la barba, uso de alhajas y cosméticos para las femeninas o del peinado, el uso del uniforme. Aunque usted no lo crea, acá hay cadetes que al momento de ingresar nunca han utilizado una camisa dentro de un pantalón y mucho menos un cinto en el pantalón, entonces llegan acá donde la imagen debe ser la mejor y la camisa bien planchadita, el pantalón bien ajustado.

Si comparamos el relato del Museo con lo dicho por los instructores en las escuelas, podemos apreciar que, así como la GNA se presenta como una institución que lleva la “civilización” del centro a la periferia del territorio nacional, el mismo efecto se produciría pero en dirección contraria, cuando jóvenes mujeres y varones llegan de provincias como Salta, Formosa, Misiones, entre otras –que son las que más personal aportan a la institución–, a las escuelas de la GNA.

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