Читать книгу Solo quiero que me quieran - Micaela Menárguez Carreño - Страница 6

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INTRODUCCIÓN

HACE AÑOS, EN UN SEMINARIO SOBRE sexualidad humana, al terminar el bloque de infecciones de transmisión sexual se me acercó un chico con gesto de preocupación. El fin de semana anterior había acudido a una fiesta de Halloween. «Y ¿qué tiene eso de malo?», le pregunté. «Pues que hoy he recibido este mensaje». Me lo enseñó: «No sé si eres tú, pero si eres tú, tengo el sida...». El chico estaba asustadísimo. Había tenido una relación sexual con una chica, no sabía quién pues todos llevaban antifaces, y no había usado preservativo pues estaba borracho...

Le dije lo que pude, pues poco se podía decir, además de recomendarle los correspondientes análisis. Afortunadamente, tras un cierto tiempo de angustia, no se había contagiado.

En otra ocasión, al terminar una clase, un alumno quiso hablar conmigo. Tras comentar diversas dudas que le inquietaban, añadió: «¿Puedo decirle algo? En su asignatura he descubierto que sentirse querido es mucho mejor que cualquier relación sexual...».

La sexualidad tiene algo de aventura misteriosa, de sensación de pisar propiedad privada, territorio sagrado.

Este libro reúne mi experiencia como profesora universitaria, y mis conclusiones al dirigirme a alumnos adolescentes y a sus padres, en numerosos colegios. Tal vez quien más ha aprendido he sido yo, por las preguntas difíciles y la necesidad de respuestas sólidas, sin fisuras. Un adolescente no permite una grieta, exige coherencia, y hemos de ser capaces de mostrarle la salida del laberinto. Y que sea él quien salga.

El ser humano está hecho para querer y para que le quieran. En lo más profundo subyace un anhelo de felicidad, y una nostalgia de eternidad. Estamos hechos para lo uno y para lo otro, para la felicidad y para la eternidad, y sólo cuando descubrimos ambas realidades y ajustamos a ellas nuestra conducta, vivimos contentos y felices.

La sexualidad humana puede ser una maravillosa fuente de gozo, donde en «un mismo acto libre somos capaces de comunicar amor, dar placer y dar vida»[1]. Pero en los últimos tiempos se ha convertido también en una fuente de sufrimiento:

— por la fugacidad de las relaciones, que reduce el placer y bloquea la satisfacción, originando frustración;

— por las rupturas sentimentales, al desvincularse la entrega sexual y la entrega de la persona. Cuerpo por un lado, corazón por el otro;

— por las infecciones y enfermedades (que se contagian, con y sin preservativo), las cirugías innecesarias y las obsesiones, que lesionan la salud física y mental;

— por las disfunciones sexuales que se producen en las mujeres demasiado jóvenes, al haber más dolor físico que placer, y que permanecen con frecuencia toda la vida.

A veces el ser humano se plantea estas paradojas: algo bueno, hermoso, que es fuente de placer y gozo en su contexto, se vuelve contra nosotros si lo descontextualizamos. El desorden desordena.

Por eso, volvamos la mirada a esa hermosa realidad, para entenderla bien, para disfrutarla, para que sea fuente de gozo, para ser realmente felices.

[1] RUTLLANT, M. Manual Básico de Planificación Familiar Natural. Ed. Esin, 2001.

Solo quiero que me quieran

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