Читать книгу Solo quiero que me quieran - Micaela Menárguez Carreño - Страница 8

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2.

¿POR QUÉ NO SOY LIBRE?

LOS SENTIMIENTOS SON BUENOS, muy buenos. Me enseñan a ser afectuoso con los demás, a hablar bien de las personas.

Pero a veces los sentimientos quieren gobernarnos. Quieren ocuparlo todo, y mandar en nuestra vida. Si estamos tristes, quieren que lo estemos todo el día, y así no hay quien trabaje, ni estudie ni atienda en clase. Si nos hemos enamorado, quieren que pensemos en eso y en nada más.

Los sentimientos son buenos porque nos ayudan a relacionarnos con el mundo, pero tenemos que ordenarlos. No podemos dejar que ocupen todo el espacio, pues entonces no iremos a donde queremos, sino a donde ellos nos lleven. Nuestra inteligencia, que ilumina nuestra vida, tiene que ser la que mande. Pero esto requiere entrenamiento.

La inteligencia es la que ordena nuestros sentimientos, y la voluntad la que hace que el cuerpo vaya a donde queremos.

Mis alumnos suelen preguntar cómo conseguir eso, pues parece muy difícil, en especial cuando te enamoras. Están de acuerdo en que hay que sobreponerse a un estado de ánimo, a una mala noticia, o a un enamoramiento tóxico, pero la mayoría no sabe cómo.

El caso es que, si estoy acostumbrado a obtener todas las cosas que me gustan de manera inmediata, si no sé esperar, cuando no las consigo me lleno de tristeza; una tristeza insuperable, que no puedo controlar. En ese caso, mi deseo me gobierna y no voy a donde quiero, sino a donde mi deseo me lleva.

Si me enamoro locamente de un chico que sólo me quiere para usarme y después dejarme, ese enamoramiento puede llevarme a acceder a lo que pida, aunque yo realmente no lo quiera, porque sé que me hace daño y luego me sentiré fatal. Pero como no tengo ordenados los sentimientos y las emociones, accedo. En estos casos, los sentimientos se han convertido en tiranos, que me obligan a hacer lo que no quiero, y a sufrir luego por ello y por no haber sido fuerte.

Pero puedo elegir mi destino. Puedo hacer lo que yo quiero y puedo ir a donde decida ir. Lo único que se requiere es entrenar la voluntad. Y eso, poco a poco. Por ejemplo, si normalmente me levanto a las diez y quiero madrugar, no puedo proponerme levantarme a las siete; tengo que empezar por levantarme a las nueve y media durante un tiempo, y cuando lo consiga, a las nueve, y así, hasta llegar a la hora deseada.

Si quiero estudiar cuatro horas al día, antes tengo que estudiar una, con aprovechamiento. Y después una y media, o dos. Y así, hasta llegar a mi meta.

Y si me quiero comprar un nuevo móvil, y quiero adiestrar mi voluntad para ser bien fuerte, aunque tenga el dinero necesario puedo esperar un mes y seguir usando el viejo. Será mejor, entrenaré mi voluntad y luego lo disfrutaré mucho más.

La elección de la persona adecuada para compartir la vida es la más importante de todas. Es más importante que la elección de carrera, o de trabajo, o de amigos. Es lo que en gran medida va a determinar la felicidad del ser humano sobre la tierra. Si esa elección está determinada únicamente por los sentimientos, lo más seguro es que nos equivoquemos.

Eso no significa que los sentimientos no sean importantes.

No significa que el enamoramiento no sea importante; significa que no garantizan el éxito de una relación.

Mucha gente se casa por amor, pero no tienen en cuenta las afinidades necesarias para alcanzar una relación estable, y por eso se tambalean. Las afinidades proceden de asomarse a la vida de forma parecida, de compartir una cultura y un nivel educativo similar, de compartir quizá la misma religión...

Se sufre mucho en una relación sin afinidades, y casi siempre se termina en ruptura.

Solo quiero que me quieran

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