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INTRODUCCIÓN

Ninguna larga explanación del sentido de este diccionario o de su voluntad de ser útil; ninguna reflexión desde fuera de él, intentada por mí que lo he “vivido” desde dentro, dará de este trabajo una explicación satisfactoria ni justificará su existencia, como la lectura de uno de sus artículos más cortos y las certezas que de ella obtenga, o no, el lector inquieto. Por tanto, en cierta manera, huelga esta presentación.

Sin embargo, en atención al uso, he de decir algo sobre él.

Diccionario del uso correcto... Bien sabemos, pensará algún lector alerta, que lo propiamente correcto o incorrecto en la lengua lo es, raramente, de manera absoluta. El único valor absoluto del idioma es su comunicabilidad. La jerga, el argot, el silencio serán a menudo más vigorosamente comunicativos y cumplirán mejor sus fines que un largo discurso repleto de saber teórico. Pero la jerga, el empleo de términos o expresiones solo comprensibles en determinados ámbitos y aun una más extensa habla local o regional nos alejan de la enorme riqueza de la universalidad del español, cuando no la contradicen. El habla coloquial, plena de matices afectivos, solo es vehículo de universalidad si no excluye de sí el universo. Aquel para cuya comunicación basta un millar de palabras y estas, mal pronunciadas y peor escritas, no tendrá, por desgracia, un destino realmente humano sobre la Tierra.

Así creo sintetizar el último sentido de este libro, que no sabré, en buena ley, cumplido, hasta que los lectores me devuelvan con su uso y sus comentarios, la experiencia recogida en él. Espero, pues, del lector ecuatoriano a quien mi quehacer está dedicado, la continuación, no la imposible culminación de este trabajo. Nuestras carencias, las lecturas a que asistimos cotidianamente; nuestros medios de comunicación con su bagaje de saber y de ignorancia han alimentado el léxico registrado en él, resultado de un largo y sistemático ejercicio de observación y estudio de la lengua hablada y escrita en el Ecuador, con énfasis en los errores que se cometen en los diferentes ámbitos del habla cotidiana. La prensa nacional, con escasas excepciones, es espejo de errores idiomáticos que, dilatándose en el tiempo y el espacio se van imponiendo insensiblemente hasta impedir la correcta expresión oral y escrita, no solo de nuestro hablante y escribiente medio, sino incluso la de nuestros buenos lectores y escritores. En la patria carecemos de un texto que provea de respuestas válidas, rápidas y eficaces a nuestras dudas sobre el uso ecuatoriano; que dé una visión objetiva y normativa de la lengua correcta.

Sin ser un diccionario de uso, pues registra el vocabulario usual del español ecuatoriano delimitándolo con los muy sospechosos calificativos de ‘correcto’ o ‘incorrecto’, es un libro en el cual el hablante, el escritor podrán encontrar respuestas a muchas de sus inquietudes sobre lo que debe decirse y escribirse, o no, y sobre cómo deben emplearse ciertos términos, desde el punto de vista del español estándar que permite comunicarse entre sí, es decir, reconocerse, a más de quinientos millones de hablantes de esta luminosa lengua, repartidos en veintitrés países en el mundo.

He aquí, a manera de ejemplo, parte del artículo dedicado al lema ‘a’:

a. ... 14. e) No confunda a ser con hacer: Se dirá Voy a ser candidato, no, obviamente: Voy hacer candidato. Aunque parezca imposible esta confusión, he aquí un ejemplo periodístico, tomado del pie de foto de un conocido diario: “Mario Pagual, vendedor de almohadas: ‘Los ecuatorianos somos chéveres, cómo más vamos hacer, mejor que otros países”. Las palabras de Pagual fueron incorrectamente transcritas: Él dijo, en su habla coloquial: ‘... Cómo más vamos a ser’, pero el periodista al transcribir, cometió semejante dislate.

Como se ve, tampoco es, el nuestro, un diccionario lexicológico, ni aporta graves y sesudas disquisiciones gramaticales que habrían exigido otro espacio y, muy probablemente, otro público lector. Busca respuestas inmediatas a las dudas que se elevan desde nuestras lecturas o desde nuestra propia urgencia por expresarnos mejor; recoge, tanto términos pertenecientes al español estándar, como los ecuatorianismos ya registrados en el DLE o aquellos que, aun no estando registrados, tienen vigencia real en nuestra habla, siempre que en el ámbito de uso del español ecuatoriano, la semántica, la ortografía, la prosodia, la morfología o la sintaxis, el régimen, en fin, de cada término generen dudas respecto de lo que se considera correcto o incorrecto en el registro del habla culta. Se encontrarán sobre el término que urge al lector, algunas de las respuestas posibles a sus inquisiciones. He aquí un ejemplo, con ‘lema’ que no se halla en ningún otro léxico:

habemos. Esta forma, de uso relativamente frecuente, es un vulgarismo inaceptable. El verbo haber como principal se usa siempre en singular: No se dirá: Habemos veinte alumnos en esta clase, sino Hay veinte alumnos. Estamos veinte. Somos veinte, etc. Si la persona que habla quiere incluirse entre las que nombra, en vez de Habemos personas..., deberá decir: Existimos personas que... Estamos aquí personas que... Lo mismo, respecto de hubimos, habíamos, habremos, etc. Se dirá: hubo, había, habrá, o estuvimos, estábamos, estaremos, fuimos, éramos, seremos: Estuvimos veinte amigos juntos o, más simplemente: Hubo veinte amigos.... etc. (V. Verbos, haber).

No es un diccionario de dudas, aunque ha sido trabajado, en parte, desde el modelo del magnífico Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, de don Manuel Seco; y no lo es, porque, más que las dudas que el uso del español genera en cualquiera de sus hablantes, ha tenido como punto de partida los errores concretos a que asistimos lectores y oyentes del español ecuatoriano. Tampoco es un diccionario contrastivo: no pretende comparar el uso peninsular, ni el español de ninguno de los países del área hispanoamericana con el español ecuatoriano, sino dirigir este último para que, sin detrimento de la riqueza y comunicabilidad del habla, nuestro español se enriquezca, se encuentre a salvo y mantenga su unidad. Sin embargo, es de notar, en muchos de los artículos que recogen ecuatorianismos, la presencia de estos mismos términos en otros países del área hispanoamericana, que siempre hemos registrado.

camaronear. En el DLE, como usado en Chile, C. Rica, Ec., Hond., Méx., Nic., Pan. y Perú. ‘Salir a la pesca de camarones’. 2. No está registrado en el sentido ecuat. de ‘conducir sin pericia un vehículo motorizado’: No voy contigo, camaroneas demasiado. Es coloquial. Se conjuga como desear (V).

LO QUE COMPRENDE EL DUCE

En su primera parte, un registro léxico que incluye artículos, adjetivos, nombres, pronombres, adverbios, preposiciones, conjunciones e interjecciones.

La segunda parte del diccionario está dedicada al verbo español con la conjugación de cada uno de los que tienen irregularidad propia y de los diversos modelos a partir de los cuales se volverá más fácil el aprendizaje del arte de conjugar, tan desacreditado entre maestros, alumnos, hablantes y escritores ecuatorianos. Así, en lugar de poner amar, temer, partir como modelos únicos de conjugación de los respectivos verbos regulares en -ar, -er, -ir, en los casos de verbos regulares que, a pesar de su regularidad, presentan algún cambio ortográfico en su conjugación, por ejemplo el cambio de la z en c en ciertas personas de los verbos en -zar, como alcanzar, abalanzar, el de c en qu en otros, propone modelos que ilustran estas dificultades y les dan respuesta. Los ejemplos de oraciones con verbos incluyen su régimen, al registrarse las preposiciones con las cuales se construyen, según su significado. Además de la conjugación, cada artículo comprende las observaciones pertinentes sobre peculiaridades del uso verbal en el español ecuatoriano, amén de ciertas dificultades de uso, características de los verbos registrados.

tercerizar. Ya lo registra el DLE. Subcontratar o extenarlizar trabajos o servicios con terceros. Se conjuga como cazar. (V).

corporeizar. ‘Dar cuerpo a algo no material’. 2. Es más frecuente su uso como prnl.: corporeizarse: Esta idea mía se corporeizará: dejará, te lo aseguro, de ser un sueño. Según el DLE, se conjuga como peinar y sin romper el diptongo: corporeizo, corporeiza, corporeiza; pero en el Diccionario del español actual los ejemplos tildan, como tónica, la i del grupo ei en las tres primeras personas del singular y la tercera del plural del presente de indicativo, así como en todas las personas del presente de subjuntivo e imperativo: coporeízo, corporeízas, corporeíza; corporeíce, corporeíces, etc.; corporeíza tú. Esta forma de conjugación es menos cacofónica. También registra el DLE corporizar, pero prefiere corporeizar.

Cuando es necesario, las respuestas a las dudas que se solventan en los artículos van ilustradas con ejemplos ad hoc. No se encontrarán aquí citas tomadas de autoridades literarias, sino, tan a menudo como lo consideramos válido para cumplir el fin de nuestra tarea, la presencia del error que se deslizó en la prensa, en el habla común, en la locución o el discurso; el gazapo perdonable o la falta imperdonable, y la ilustración con la frase del español estándar creada para mostrar la manera correcta en que han de usarse, por contraste, los términos.

En cuanto a los ecuatorianismos, se incluyen para dominio del público lector aquellos ya registrados en el DLE y aun algunos no registrados, sin que estas creaciones de nuestra habla sean objeto de censura, pues pertenecen al decir coloquial y enriquecen e individualizan nuestra comunicación. Se desaprueban, sí, los solecismos, barbarismos e idiotismos, así como los vulgarismos, es decir, los usos que no solamente no corresponden a los que señala el español estándar, sino que disienten de él por ignorancia, descuido y falta de respeto por la lengua. A propósito, añado a este prólogo una última ‘perla’ que no alcancé a incluir en el cuerpo de mi diccionario. En un artículo titulado “El presidente Gutiérrez se ancla en el PRE”, publicado en importante diario capitalino, se escribió: “El coordinacionador nacional del PSC, Xavier Neira, dijo que es una acción desesperada de Gutiérrez para que Bucaram lo apoye en las elecciones”. Coordinacionador... Esta creación bárbara surge de una rara afición de nuestro periodismo por las palabras largas, como si en esta civilización de las cifras pudiera medirse el valor semántico de una palabra por el número de letras que contiene... ¿Cuantas más letras tenga un término será este, para tal escribiente, más copioso de significación? No lo sé. Pero estas pedanterías, y no solo ellas, ilustran la legitimidad de mi errar con ojos y mente abiertos por los vericuetos del español cotidiano..., para encontrarles un mejor camino.

La tercera y última parte de este libro es la de los apéndices, que trata sobre cuestiones gramaticales básicas y desarrolla, entre otros temas, la acentuación española; la puntuación y el uso correcto de mayúsculas y minúsculas; la formación de diminutivos, aumentativos y gentilicios; temas como los de género y número; nombres y adjetivos que designan colores y numerales; nombres colectivos, amén de temas atinentes a los pronombres y al uso de modos y tiempos verbales. Dos vocabularios de ‘rarezas’ contienen, uno, el léxico que designa las diversas artes adivinatorias; otro, nombres de voces y acciones de algunos animales. Aparte de estos apéndices, en su primera y segunda sección, el DUCE contiene alrededor de siete mil quinientas entradas. A estas se añaden hoy, como novedad imprescindible, tres repertorios titulados ‘Aproximación a la música nacional’, ‘Diversidad y género’ y un muy amplio y vivo ‘Glosario informático’.

Reitero mi reconocimiento a Alfredo Espinosa Cordero, mi hijo, por su indispensable ayuda en esta explanación obligada y bella, que da a mi diccionario renovadora actualidad.

Para facilitar su uso, he procurado evitar las abreviaturas, reducidas a lo indispensable. He simplificado acepciones y advertencias de uso, aportando en cada caso expresiones de empleo común que permiten comprender el error y corregirlo con prontitud. Se han recogido diversos significados de los términos cuando ha sido imprescindible hacerlo por darse en la acepción presente el uso impropio o anormal que se denuncia. También las he incluido cuando consideré que eran necesarias para situar al lector en la plenitud del dominio léxico.

He caminado, así, por el alma y el ser ecuatorianos que ineludiblemente se expresan a través de la lengua; por sus carencias y posibilidades. Quiero abonar en favor de nuestra urgente necesidad de ser mejores, de educar mejor, de vivir con dignidad, y pongo toda la esperanza que impulsó este trabajo en la ilusión de contagiar dichas aspiraciones a mis lectores pues, lo sepan o no, sin su inquietud por conocer algo más de sí mismos, este libro no se habría cumplido.

Agradezco el aliento y la bondadosa comprensión que destilan las palabras del prólogo de don Carlos Joaquín Córdova, eminente lexicógrafo, Director de la Academia Ecuatoriana y, sobre todo, incondicional e inolvidable amigo.

Creía no haber descuidado nada en cada una de las entradas que incluye el diccionario; mas desde el mismo momento en que cerré su hechura, experimenté que su plenitud era imposible y lo he aceptado con temor y humildad.

Espero contar con las contribuciones de todos mis lectores para mejorar esta obra que, como cada empresa humana, vivirá impulsada por la fuerza que genere su propia imperfección.


Susana Cordero de Espinosa

Cumbayá, 13 de agosto del año 2004

Cumbayá, 22 de agosto del año 2019

Cumbayá, 30 de agosto del año 2020.

Diccionario del uso correcto del español en el Ecuador

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