Читать книгу Piensa y trabaja - Ana Isabel Villaobos Valladolid - Страница 8
Bajo la bóveda del limbo dantesco.
Hace noventa años Juan Real Ledezma I
ОглавлениеEn el Canto IV de La Divina Comedia, Dante Alighieri nos introduce al Círculo Primero o el Limbo, donde están:
“Las almas buenas que no poseyeron la verdadera fe. Espíritus del limbo liberados y subidos al cielo por obra de Cristo. Grandes poetas antiguos y otros espíritus que tienen el privilegio de habitar en un noble y luminoso castillo”.1
Y aunque Dante guiado por su maestro Virgilio encuentre ahí a Héctor y Eneas, al rey Latino y Julio César, a Sócrates y Platón, a Galeno e Hipócrates e incluso a Avicena y Averroes, no por eso el lugar pierde su categoría infernal:
“Topográficamente —escribe Antonio Gómez Robledo—, en efecto, el limbo es parte del infierno, pero en el mismo sentido exactamente que forma parte de un manto o de una túnica su borde, orla o franja: limbus en latín o lembo en italiano. Es la zona indolora del reino doloroso. Pertenece al infierno por la exclusión común de la visión beatífica, pero sin otro tormento que el de la tristeza por esta proscripción; sin otro llanto que el de los suspiros: non avea pianto mai che di sospiri”.2
Este pequeño fragmento de la cosmovisión dantesca de La Divina Comedia, debió excitar significativamente la imaginación del arquitecto Jacobo Gálvez y de su discípulo Gerardo Suárez, para concebir la decoración de la imponente bóveda central del Teatro Degollado de Guadalajara.
Y así, empezaron frenéticamente a surgir ya no en el borde del infierno, sino en una bóveda dorada que se asemeja más al paraíso: los filósofos griegos y romanos Diógenes, Aristóteles, Cicerón, Séneca; los poetas Homero, Eneas, Lucano, Ovidio Nasón; las heroínas Hera, Camila, Electra, Safo, Julia, Lucrecia. Y entre otros Orfeo, hijo de la ninfa Calíope y del rey tracio Eagro que no deja de tañer su lira regalo de Apolo, estremeciendo la naturaleza con árboles y rocas que cambiaban de lugar para seguir su música y con leones que amansaban su ferocidad por la dulzura de sus notas.