Читать книгу Las batallas de Concón y Placilla - Andrés Avendaño Rojas - Страница 11
ОглавлениеINTRODUCCIÓN
“La Guerra Civil de 1891 sorprendió al país dividido en numerosas manifestaciones que en el pasado habían constituido espacios de encuentro social: se produjo una escisión profunda entre los poderes públicos, el Presidente de la República contra el Congreso; la prensa derivó en grados crecientes de odio político y descalificaciones de los adversarios; finalmente, las Fuerzas Armadas también sufrieron importantes grados de descomposición y división interna. Consecuencia natural de este último aspecto fue que se formaron, en 1891, dos bandos irreconciliables, dos Ejércitos que lucharían hasta la muerte entre sí, en la más sangrienta de las guerras civiles que ha tenido lugar en la historia de Chile”1.
Han sido numerosos los investigadores que han descrito y explicado las causas que llevaron a la más profunda herida de la sociedad chilena en nuestra historia republicana: la Guerra Civil de 1891. La mayor parte de ellos se han aproximado al tema desde una perspectiva política, reflexionando en torno a la dinámica que condujo a que fuera ésta guerra la que habría de marcar el término del siglo XIX histórico de nuestro país, coincidiendo en afirmar que sus causas son de gran complejidad y producto de una multiplicidad de conflictos, tales como los político institucionales, los económicos —derivados de las diversas visiones respecto a la política del salitre—, y los sociales.
Con todo, pareciera ser que la Guerra Civil fue el resultado de un largo proceso que se inició con la promulgación de la Constitución de 1833 ya que, en definitiva, la diferente interpretación de la señalada Carta Fundamental —el presidencialismo del ejecutivo, versus el parlamentarismo de la oposición— sería la que desataría la pugna entre el Congreso y el presidente Balmaceda.
Esta obra no pretende adentrarse en las consideraciones políticas, económicas, sociales o militares que causaron o se derivaron de esta crisis. Lo que se pretende es efectuar una revisión de la influencia que habrían tenido los diferentes factores vinculados a los elementos de la conducción estratégica en el desenlace de las dos “batallas decisivas” que se produjeron durante la Revolución: la de Concón y la de Placilla, acaecidas el 21 y 28 de agosto de 1891, respectivamente.
Desde el punto de vista de la estrategia militar clásica, una de las formas de lograr la decisión en la guerra —muy infrecuentemente en la guerra moderna— es, entre otras formas menos costosas, por intermedio de una “Batalla Decisiva”2. Así como la batalla de Waterloo llevó a la caída de Napoleón, a la disolución del Imperio y a la instauración de un nuevo orden en Europa, el desenlace de las batallas de Concón y Placilla llevó a la derrota del ejército presidencialista —más por el quebrantamiento de su voluntad de lucha, que por la destrucción absoluta de sus fuerzas—, a la caída del gobierno, al suicidio del presidente Balmaceda y al término, transitorio, del sistema de gobierno presidencialista en Chile. En fin, como se ve, es evidente que Concón y Placilla fueron realmente “batallas decisivas”, en las que por lo demás, murieron tantos o más soldados que en los más crudos combates de la Guerra del Pacífico.
En las batallas en comento parecen haber existido ciertas circunstancias que las hacen especialmente particulares. Es por ello que las interrogantes apuntarán en dos direcciones opuestas. Por una parte, a precisar qué fue lo que influyó para que perdieran las batallas las fuerzas que por magnitud, equipamiento, historia y tradición se suponían debían ganarlas; y por otra parte, qué fue lo que contribuyó a que triunfaran las fuerzas que se suponían debían perderlas. Así, esta tarea adquiere una doble dimensión. En la primera de ellas se buscará identificar las razones de la impensada derrota presidencialista, mientras que la segunda se orientará a establecer cuáles habrían sido las causas de la sorpresiva victoria congresista.
De esta manera, al analizar las batallas desde la perspectiva de las fuerzas enfrentadas, surgen dudas respecto a qué fue lo que llevó a que las fuerzas presidencialistas, significativamente superiores y que mantenían el control de la mayor parte de la red ferroviaria, fueran incapaces de concentrar sus medios en el lugar y momento de la decisión. Por qué, a partir del desembarco congresista en Quintero, nunca las fuerzas presidencialistas pudieron asumir la iniciativa. Y es más, qué explica que las fuerzas que tenían todo para escoger el terreno donde se buscaría la decisión y que por lo mismo tuvieron la ventaja de poder seleccionar dónde se defenderían, fuesen derrotadas por el atacante, el que, evidentemente, se encontraba en desventaja, ya que además de otras consideraciones, había iniciado su acción ofensiva con una proporción equivalente de fuerzas —en circunstancias que la teoría táctica militar señala que para atacar se debe ser superior en una proporción de tres es a uno, como mínimo—.
Es evidente que los aspectos cualitativos de la fuerza tuvieron una real gravitación en el desenlace de las batallas. Es por ello que más allá de consideraciones cuantitativas, en busca de las respuestas a las preguntas planteadas, recurriremos al análisis comparativo de factores tales como la organización de las fuerzas enfrentadas, la instrucción, el entrenamiento y las cualidades físicas y morales del personal, la capacidad y preparación de los comandantes, la doctrina militar, el apoyo logístico y las cualidades técnicas del material.
En busca de las respuestas deseadas, inicialmente, en el capítulo I, “El Ejército y la Revolución”, nos introduciremos en el tema efectuando una descripción del estado de situación del Ejército chileno hacia fines de 1890, lo que será fundamental para comprender las características, fortalezas y debilidades de las fuerzas que se enfrentarán a partir de enero de 1891.
Para una mejor comprensión de las batallas nos ha parecido necesario, en el capítulo II, “Para entender las Batallas”, hacer referencia y definir los alcances de los conceptos y variables que la teoría estratégica terrestre denomina “Elementos de la conducción estratégica”, ya que será a través de su análisis que nos acercaremos a las respuestas deseadas.
La campaña en el norte del país y el posterior desembarco en Quintero, serán abordados en forma muy general, ya que solo indirectamente contribuyen al objeto de este trabajo que, como dijimos, se centra en las dos grandes batallas: Concón y Placilla.
El desarrollo de estas batallas y los movimientos y acciones que las fuerzas realizaron entre el 20 y el 28 de agosto de 1891, constituyen el capítulo III “Los días decisivos”. Su descripción es indispensable para comprender cómo se produjo el enfrentamiento entre las fuerzas contendientes, por lo que en este capítulo se buscará precisar con la mayor fidelidad posible las acciones realizadas, las decisiones adoptadas por los comandantes y los efectos acumulativos que de estas se fueron derivando. Como veremos, en la guerra nada es aislado.
En el capítulo IV, “Las causas de la victoria; las razones de la derrota”, se reflexiona y concluye respecto a cuáles habrían sido las causas del triunfo de las fuerzas congresistas y cuáles las razones de la derrota gobiernista. Ello, inicialmente, desde una perspectiva más bien táctica, centrada en el desarrollo mismo de las batallas y, posteriormente, desde una dimensión más estratégica, abordando consideraciones y factores más globales y estructurales y, por lo mismo, de validez más general y de mayor trascendencia temporal.
Finalmente, en el capítulo V, “Más allá de las Batallas”, se abordan aspectos tales como la influencia que en el desarrollo y desenlace de las batallas tuvieron factores tales como el grado de instrucción y el armamento empleado, la moral y el estado sicológico de las tropas, y muy particularmente los liderazgos de los comandantes; para, finalmente, presentar algunas reflexiones generales respecto a las consecuencias que el desenlace de estas batallas tendría en el devenir del Ejército de Chile, ya que para algunos, a partir de ahí es que se abren las compuertas que permitirían la profundización del que sería el proceso de modernización y profesionalización institucional más relevante del Ejército durante el siglo XX, y para o otros, se sientan las bases de un nuevo Ejército, distinto del anterior, que asentado en sus mismas bases surge como una nueva realidad, distinta y diferente.
En lo que se refiere a la metodología empleada, es necesario señalar que se ha procurado ser lo más imparcial posible; situación no fácil de lograr, dado que la mayor parte de los testimonios de quienes fueron testigos directos de los sucesos de la revolución no están exentos de pasión partidista. En la búsqueda de la verdad y en la reconstrucción de las acciones militares, se han consultado el máximo de fuentes posibles, tanto de carácter primario como secundario. Es así, como se ha recurrido a la prensa de la época y a otra documentación coetánea, particularmente al Archivo General del Ejército, documentos y colecciones del Museo Histórico y Militar de Chile y, en forma muy especial, a los escritos de aquellos que nos han precedido en la investigación del tema. El recorrido de los escenarios geográficos en los cuales ocurrieron los acontecimientos no ha quedado tampoco fuera de lugar y, muy por el contrarío, recorrerlos fue fuente de mayor inspiración, exactitud y precisión en el análisis del desarrollo de ambas batallas.
Nos ha parecido conveniente, en una dimensión formal pero que tiene mucho contenido, el precisar al lector que al hacer mención a las fuerzas enfrentadas durante la guerra civil se ha optado por identificar a una como: “ejército gobiernista o presidencialista” y a la otra, como “ejército congresista o revolucionario”. Ambos ejércitos, de diferente forma y manera —pero no por ello con menos propiedad y legitimidad— eran parte del Ejército de Chile, por lo que no nos ha parecido justo ni correcto identificar a una de las partes como tal. Ninguno de los dos ejércitos renunció a las denominaciones histórico-tradicionales de las unidades más simbólicas y heroicas del Ejército chileno y las hicieron suyas. En las filas de ambas fuerzas lucharon ex combatientes y héroes de la Guerra del Pacífico, y los dos ejércitos (a lo menos sus mandos) se percibían a sí mismos como legítimos custodios y defensores del interés nacional.
En definitiva, con este trabajo esperamos efectuar una contribución que otorgue, desde un ángulo diferente, nuevas luces respecto a dos de las batallas más sangrientas de nuestra historia militar, que desde el punto de vista del país marcaron el término de un sistema de gobierno para dar paso a otro, y que desde la perspectiva del ejército, pusieron término a un modelo de ejército —que habiendo sido exitoso, evidentemente estaba agotado— dando paso a otro, que con ciertos ajustes, en su esencia, perdura hasta nuestros días.