Читать книгу Brechas en el ecosistema del libro: gasto y política pública en Chile. - Andrés Fernández Vergara - Страница 6

Prólogo

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Juan Carlos Sáez

Si esta nación es tan sabia como fuerte, si queremos alcanzar nuestro destino, entonces necesitamos más ideas nuevas, más hombres sabios, más libros buenos en más bibliotecas públicas. Estas bibliotecas deben estar abiertas a todos, excepto al censor. Debemos saber todos los hechos, escuchar todas las alternativas y oír todas las críticas. Acojamos libros polémicos y autores controvertidos.

John Fitzgerald Kennedy, expresidente de los Estados Unidos.

Este libro supone al menos que aceptamos el siguiente acuerdo social: la lectura, y su soporte más antiguo, duradero y noble, el libro físico y de algún modo también su complemento moderno más cercano, el libro digital, son los fundamentos de una sociedad libre de verdad.

No hay ciudadano si no hay comprensión profunda del discurso público. No hay comprensión profunda del discurso público si no hay pensamiento crítico. No hay pensamiento crítico si no hay lectura crítica. Y no hay lectura crítica si no hay millones de libros distintos que nos permitan ver múltiples miradas del mundo, en una bibliodiversidad infinita como la diversidad del universo y de la vida.

El libro es el soporte fundamental de esa diversidad, de los conocimientos, de las verdades y el enemigo número uno del pensamiento homogéneo y, por lo tanto, de la pobreza no solo material de una sociedad, sino de la peor pobreza, la incapacidad de salir de ella. Porque el desarrollo no es otra cosa que la capacidad autónoma de los pueblos de construir su propio futuro y hacer frente a sus desafíos con sus capacidades intelectuales, espirituales y materiales propias, y en armonía con su ecosistema.

Si en eso estamos de acuerdo, podemos avanzar en la discusión que nos convoca.

¿Qué nos convoca? Tener una política nacional de la lectura y del libro. Ya la tenemos.

¿Qué más nos convoca? Hacer eficiente y eficaz esta política. No basta con decir lo que vamos a hacer. Hay que proporcionar los recursos y usar estos de forma eficiente. Es decir, que los recursos no se queden en el camino solo en estructuras burocráticas, sino que sean aplicados de forma rigurosa. Si los recursos son escasos, que se elija no solo lo mejor, sino la mejor relación precio/calidad, por solo dar un ejemplo.

Que sea eficaz es también fundamental para lograr que los propósitos de la política pública se cumplan. Es decir, si queremos diversidad, que se busque garantizarla con instrumentos apropiados para la diversidad. Si queremos dar una oportunidad al pensamiento y obra nacionales, con instrumentos que busquen ese objetivo.

Hace años nos preguntábamos junto al autor de este libro, Andrés Fernández, el gasto público en libros y lectura, ¿es coherente y consistente con los propósitos de la riquísima experiencia y el magnífico resultado del proceso participativo que congregó en 2014 y 2015 a más de 700 actores del libro a desarrollar y proponer este ejercicio fabuloso de política pública?

Nos sentimos y nos sentíamos felices, acaso orgullosos, de este proceso inédito en Latinoamérica. En cada reunión internacional lo presentábamos, lo mostrábamos, lo explicábamos. Pero luego de recibir la admiración y las felicitaciones de todos nuestros colegas, nos embargaba esa suerte de duda existencial consistente en «saber» o intuir que el paso fundamental para darle «sentido» y vida a esta política pública pasaba por lo que ahora llaman en forma tan sui generis «la sala de máquinas» (para referirse a los mecanismos institucionales) y los recursos necesarios para hacer funcionar la sala de máquinas.

Los recursos públicos destinados al libro y la lectura, desde el año 1990, han ido en aumento, aunque con algunos períodos de preocupante estancamiento. Pero como lo hemos mostrado en otros estudios, no siempre el crecimiento de la cantidad viene acompañado de una cualidad deseable y deseada por los actores nacionales del libro.

En efecto, en enero de 2015, se aprobó en Chile la nueva Política Nacional de la Lectura y el Libro 2015-2020 (PNLL). Esta política, de enfoque sistémico y participativo, reconoce el acceso a la lectura y el libro como un derecho para la ciudadanía y una condición fundamental para fomentar y consolidar su participación en el desarrollo cultural y político de la nación.

Esta política se diseña, construye e instrumenta sobre ocho principios: participación, diversidad cultural, interculturalidad, inclusión social, territorialidad, equidad y fomento de la creatividad. Su diseño fue realizado respondiendo a la tendencia mundial de protección y fomento de la diversidad de las expresiones culturales impulsadas desde la UNESCO.

Se esperaba y creemos que se espera con la nueva PNLL contribuir a convertir al país en uno plenamente desarrollado en lo cultural, en lo político y en lo material, mediante el fomento de la lectura, habilidad fundamental para profundizar una democracia participativa y crítica, potenciar una economía creativa y de alto valor añadido.

Para ello es también necesario fomentar una industria nacional del libro basada en la diversidad cultural.

Sin embargo, esta nueva PNLL nace en el contexto de un gasto público histórico, en el área de fomento a la lectura y el libro que, presumiblemente, decíamos, no responde a los propósitos declarados en ella.

El gasto público actual en estos sectores es el resultado natural de una historia y no de un relato de políticas públicas explícitas. Es posible que algunas de las partidas presupuestarias respondan a decisiones y promesas sectoriales, o a razones de carácter circunstancial heredadas de los intereses de gobiernos anteriores.

Otras partidas de gastos pueden originarse en lógicas que se han sumado en el tiempo, como son las orientadas por los fondos concursables.

Y finalmente, decíamos, habrá otras que responden claramente a políticas de fomento de largo plazo con una mayor consistencia filosófica.

Actualmente, son visibles algunas discrepancias entre gasto público y objetivos de la PNLL.

Por ejemplo: el gasto público en textos escolares va en su mayoría a empresas de capital extranjero, contraviniendo el objetivo de fomento de la industria nacional del libro y su internacionalización, propósitos claves de la PNLL.

Por otro lado, el gasto público para bibliotecas públicas es menor al gasto promedio que el decil más rico de la población destina en libros, evidenciando una dimensión más de la desigualdad en Chile, que en este caso se expresa en un acceso inequitativo al libro por parte de los ciudadanos.

De cualquier forma, nos parecía necesario identificar los fundamentos e historia de la naturaleza del actual gasto público, mediante la recolección y sistematización de su información histórica, para luego comprobar su coherencia con los objetivos declarados de la nueva PNLL.

Esta información no ha sido levantada ni trabajada antes en Chile, antes de este estudio, de forma que pueda ser utilizada en la toma de decisiones para políticas públicas.

Una evaluación de la situación actual en Chile debe hacerse también con indicadores precisos de fomento de la lectura y el libro (ej. bibliotecas por habitante, gasto en texto escolar por estudiante, etc.).

Estos indicadores permitirán a la gestión pública evaluar la eficacia de sus acciones, a la vez que facilitarán situar a Chile en un contexto internacional. Estos indicadores permitirán la evaluación y comparación internacional en dimensiones como bibliodiversidad, fomento de la lectura, creación, fomento de las lenguas indígenas, expresiones de género, calidad educativa y otras.

El aporte sustancial de este trabajo es contar con información e indicadores concretos del gasto público y la gestión cultural en Chile, que no han sido elaborados con anterioridad, y que servirán para dirigir el avance del país hacia una democracia más activa, participativa y crítica mediante el fomento de la lectura y de las expresiones culturales propias y diversas.

El objetivo general que nos planteamos junto al autor fue: Evaluar el gasto público en fomento de la lectura y el libro en el contexto de los propósitos declarados en la nueva Política Nacional de la Lectura y el Libro 2015-2020.

Sus objetivos específicos fueron:

1 Completar la relación histórica del gasto público (desde 1985 hasta 2016), en el fomento de la lectura y el libro en Chile.

2 Describir y evaluar el gasto público actual en el contexto de los propósitos declarados por la nueva PNLL.

3 Construir indicadores de eficacia del gasto público en fomento de la lectura y el libro, en el contexto de los propósitos declarados por la nueva PNLL, que permitan evaluar el avance en el tiempo y hacer una comparación internacional.

El lector podrá observar que la tarea fue enorme. No solo se indagó en el período desde 1985 hasta 2016, sino que se hizo el esfuerzo de rescatar la esquiva información de los siglos XIX y XX. A Andrés Fernández el mérito y nuestro agradecimiento.

No adelanto más porque la lectura de este estupendo estudio le permitirá al lector reconocer la magnitud y calidad del esfuerzo en los tres objetivos específicos planteados y en el gran objetivo general perseguido.

Solo queremos adelantar la gran conclusión de este estudio: Se muestra en él «que el gasto público en el ámbito de la lectura y el libro, actualmente, al no vincularse con los propósitos orientadores de una política nacional como la PNLL, genera ineficiencias en el ecosistema, porque provoca fallas sistémicas que debilitan la cadena productiva de autores, dibujantes, diseñadores, editores, impresores, libreros, distribuidores, bibliotecarios, y lectores.

«En definitiva, afecta la democratización y diversidad de la lectura, como propósito del ecosistema del libro.

«De acuerdo con Emery y Ackoff, grandes exponentes de la teoría de sistemas, un sistema se vuelve funcional y efectivo en la medida en que sus partes se conjuguen e interactúen de una manera tal que su valor de sistema agregado sobrepase el valor individual de sus partes. En este entendido, la distancia entre un sistema efectivo, como el propuesto por estos autores, y un sistema que no lo es, como el actual ecosistema del libro, se traduce en una brecha de ineficiencia sistémica.

«En otras palabras, aunque la lógica de eficiencia presupuestaria prime en varias de las decisiones de gasto público en Chile, se ha mermado la diversidad cultural y la democratización del libro, llevando a estructurar un ecosistema del libro altamente inefectivo e ineficiente.

«En definitiva, la composición actual del gasto público en libro y lectura, que se arrastra históricamente con una lógica de corto plazo y no sistémica, se encuentra extremadamente concentrada en diferentes niveles.

«El gasto se concentra con una atención desmedida en el mercado educacional y, dentro de este, se encuentra mayormente concentrado en textos escolares, con una atención focalizada en un único producto ideal a nivel nacional, y con una toma de decisiones penosamente limitada al espacio de una única oficina central.

«Estas decisiones luego favorecen una concentración excesiva en pocas editoriales. En definitiva, es inefectiva e ineficiente, y no responde a los principios democráticos de la vigente Política Nacional de la Lectura y el Libro.

Frente a esto, se hace necesario rediseñar y redirigir el gasto para lograr un acoplamiento coherente entre los recursos, como herramienta de fomento, y los objetivos democráticos propuestos.

Este acoplamiento debe verse acompañado, y reflejado, con un monitoreo permanente del sistema, alimentado con indicadores de bibliodiversidad como los propuestos en este trabajo. Son estos mismos indicadores los que muestran, actualmente una baja variedad de actores y altos desbalances en la participación de los mercados.

En definitiva, el diseño actual del gasto público en lectura y libro, es un obstáculo y no un vehículo para una buena instrumentación de la Política Nacional de la Lectura y el libro aprobada en 2015.

Brechas en el ecosistema del libro: gasto y política pública en Chile.

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