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Introducción

Muchas comunidades cristianas están pasando por períodos de ensayos y transformaciones en su estilo de culto, en una constante búsqueda de relevancia y significación para sus servicios de adoración. Dichas innovaciones y experimentaciones producen a menudo curiosidad, ilusión y esperanza, o incertidumbres, desacuerdos e insatisfacción en las iglesias.1 “Muchos estudiantes y miembros de la iglesia están desconcertados por la multiplicidad de estilos cristianos de culto”, expresa Fernando Canale.2 Ante este panorama, como es de suponer, pronto se plantea la cuestión de los criterios que han de usarse para orientar y evaluar dichos cambios, tanto por parte de los líderes eclesiásticos como de los integrantes de las congregaciones.

Las iglesias de tendencia más conservadora tal vez insistan en que la experimentación litúrgica debe asumirse sobre la base de un criterio respetuoso de la revelación bíblica, así como de la historia y la teología de la denominación. En muchos de estos casos, la mera tradición de la iglesia o del liderazgo juega un papel preponderante y no siempre reconocido por sus defensores. Otros grupos cristianos apuestan más abiertamente a la necesidad de una adaptación cultural que atraiga el interés de las mentes juveniles o secularizadas a las propuestas y desafíos de la iglesia.

El presente trabajo se ocupará del primer aspecto del fundamento teológico de la adoración, aquel que tiene que ver con la base bíblica para la doctrina y la práctica del culto, solo que al dirigir la atención a la Escritura, el lector se encuentra con una ausencia casi total de definiciones, desarrollos teóricos o prescripciones litúrgicas concretas que lo puedan orientar rápidamente en su deseo de comprender lo que la Biblia tiene para decir sobre la adoración. En lugar de eso, el estudiante se halla ante una variedad importante de casos de adoración; una galería de hombres, mujeres y niños, que, en soledad o en comunidad, viven profundas experiencias de adoración, cargadas de lecciones para los miembros actuales de las comunidades de fe.

Se sabe que en la Escritura hay básicamente verbos relacionados con la adoración, más que sustantivos.3 Raymond Bailey ha expresado bien esa dinámica de interacción divino-humana que llamamos adoración: “La adoración bíblica fue una respuesta a la revelación que Dios hace de sí mismo por medio de sus poderosos actos, ante y en favor de su pueblo”.4 En consecuencia, hay un acuerdo preponderante entre los estudiosos del tema, en el sentido de comprender la adoración como una estructura de revelación divina y respuesta humana. La bibliografía sobre el particular es abundante.5 De allí la utilidad especial de las teofanías bíblicas (una expresión usada en la jerga teológica para describir las apariciones o manifestaciones divinas) seguidas por manifestaciones de adoración humana.

Por tanto, un buen acercamiento a la teología de la adoración es el estudio de los textos que permiten extraer de la narrativa bíblica los principios que pueden orientar la teología y la práctica del culto contemporáneo. A este estudio debe seguir la reflexión teológica integradora, tal como lo dijo Robert E. Webber: “La tarea del teólogo es pensar acerca de la narrativa y enseñanzas bíblicas y entonces sistematizar estos materiales en un todo coherente”.6

Para el presente trabajo se proponen como objetivos: (a) sugerir algunos de los textos más importantes para el estudio de la narrativa bíblica relacionada con la adoración, (b) estudiar los contenidos teológicos de los textos elegidos, y (c) extraer elementos teológicos y litúrgicos de aplicación para la adoración eclesial.

Entre otros textos bíblicos para el estudio de la adoración, podrían mencionarse los siguientes:

 Ciertas teofanías patriarcales (Gn 22,1-19; 28,10-22; Ex 3,1-22; 33,1-34,10)

 Las manifestaciones del éxodo y el Sinaí (Ex 14-15; 19,1 a 20,17)

 Algunas vivencias personales y corporativas (1 Sam 1,26-28; 2,1-10; 1 Cr 28, 29; Neh 8, 9)

 Las visiones del trono de Dios reveladas a Isaías y Juan (Is 6,1-8; Ap 4,5; 14,6-12)

 Algunas expresiones de los Evangelios (Lc 1,2; Mt 14,22-33; Jn 4,20-24; 9,38).

Una propuesta similar se encuentra en el libro Engaging with God: A Biblical Theology of Worship de David Peterson:

Decisiva para entender la visión del Antiguo Testamento sobre la adoración es la idea de que el Dios del cielo y de la tierra ha tomado la iniciativa de hacerse conocer, primero a los patriarcas de Israel y entonces, a través de los eventos del éxodo de Egipto y el encuentro en el Monte Sinaí, a todas las naciones. El libro de Éxodo proclama que Dios rescató a su pueblo de la esclavitud en Egipto para que ellos pudieran servirlo o adorarlo con exclusividad.7

¿Por qué emprender la tarea ardua de encontrar principios de adoración en el estudio de casos registrados en la historia bíblica? Porque existe un amplio consenso sobre la falta de una adecuada teología de la adoración basada en la revelación. Es en razón de esa carencia que resulta importante la identificación de los pasajes bíblicos fundamentales para el estudio de la adoración, para extraer, con las mejores herramientas posibles, los significados teóricos y las aplicaciones prácticas más adecuadas para el culto de la iglesia.

Vaya esta obra al encuentro de todos aquellos adoradores sinceros que desean hacer las cosas de la mejor manera, para la gloria de Dios, para el crecimiento de la iglesia y en armonía con la voluntad divina expresada en las Escrituras.

Daniel Oscar Plenc

1 Véase: Miguel Ángel Palomino, ¿Qué pasó con el culto en América Latina? La adoración en las iglesias evangélicas (Lima, Perú: Ediciones Puma, 2011). Véase también: John F. MacArthur, Adoração: a prioridade suprema, trad. Onofre Muniz (São Paulo: Editora Hagnos, 2014).

2 Traducción del autor. Fernando Canale, “Principles of Worship and Liturgy”, Journal of the Adventist Theological Society 20:1-2 (2009): 89-112.

3 “Las dos expresiones lingüísticas más comunes de adoración en el lenguaje hebreo sugieren acción” (traducción del autor). Esos dos verbos son hishtahawah (adorar) y ‘abad (servir). Raymond Bailey, “Worship in the New Testament”, en Mercer Dictionary of the Bible, Watson E. Mills, ed. (Macon, Georgia: Mercer University Press, 1990), 970. Las expresiones verbales: “inclinarse” o “postrarse” (hebreo shâjâh y griego proskuneô), “servir” (hebreo ‘abad y griego latréuô), “temer” (hebreo yârê’ y griego fobéomai), “dar gloria” (hebreo kâbôd y griego dóxa, doxazô), “alabar” (hebreo hâlâl y griego ainéô), “bendedir” (hebreo bârak y griego euloguéô), aparecen con frecuencia en estos relatos. Véase: Daniel Oscar Plenc, “Hacia un criterio teológico para la adoración adventista: Elementos para su evaluación litúrgica” (tesis de Doctorado en Teología, Universidad Adventista del Plata, Libertador San Martín, Entre Ríos, 2001), 46-67.

4 Traducción del autor. Bailey, “Worship in the New Testament”.

5 La secuencia de revelación y respuesta aparece consistentemente como la clave interpretativa del sentido de la adoración. Véase, por ejemplo: Alfred Küen, El culto en la Biblia y en la historia, trad. Eva Bárcena, Serie Ekklesia 5 (Terrassa, Barcelona: Clie, 1994), 35; Donald P. Hustad, ¡Regocijaos!: la música cristiana en la adoración, trad. Olivia de Lerín, Bonnie de Martínez, J. Bruce Muskrat, Josie de Smith y Ann Marie Swenson (El Paso, Texas: Casa Bautista de Publicaciones, 1998), 123-124, 137, 142; James F. White, Introduction to Christian Worship (Nashville, Tennessee: Abingdon Press, 1980), 17.

6 Traducción del autor. Robert E. Webber, Worship, Old & New: a Biblical, Historical, and Practical Introduction, revised and expanded edition (Grand Rapids: Zondervan Publishing House, 1994), 65.

7 Traducción del autor. David Peterson, Engaging with God: A Biblical Theology of Worship (Grand Rapids, Michigan: William B. Eerdmans Publishing Company, 1993), 48.

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