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Capítulo 7 Ella
ОглавлениеEl viernes por la noche, cuarenta y ocho horas después de mi visita a la Universidad del Sur de California, W y yo «rompemos». Antes de marcharme de su cuarto ese día, me besó, me dijo que me quería, y me prometió mandarme el vídeo lo antes posible. Aunque no me siento totalmente cómoda con lo de hablarle a Jim Tolson del estúpido canal de W, me preocupa que, si no lo hago, a W deje de parecerle bien este trabajo con Oakley y rompa conmigo de verdad. Y estoy desesperada porque me apoye en esto.
Como no nos conectamos a Facebook tan a menudo, le anunciamos a las masas nuestra ruptura de dos maneras:
1. W elimina el acceso directo a mi Twitter e Instagram de sus biografías. Ambos decían «Locamente enamorado de @VeryVaughn». Ahora no ponían nada.
2. Yo tuiteo cuarenta y tres caracteres de pura tristeza:
Vaughn Bennet @VeryVaughn
Las rupturas son un ASCO. #corazónroto #ascodevida
En cuestión de minutos nos empiezan a llover mensajes directos por parte de nuestros amigos tanto en Twitter como en Instagram. Me siento en la cama con una tarrina de helado de chocolate con pepitas en el regazo y una cuchara colgando de mi boca; luchando contra las lágrimas que amenazan con derramarse mientras miro la pantalla del ordenador.
@MandiHunt343 ¡Dios, W! ¿Qué le ha pasado a tu biografía? ¿¿Habéis roto tú y V??
@CarrieCarebearDawes ¿HABÉIS ROTO W Y TÚ?
@KikiSimpson Por Dios, Vaughn. ¿Cuándo ha sido?
@Tracyloves1D Si ese cabrón de W te ha puesto los cuernos, voy a PARTIRLE LA CARAAAA!!
Carrie, Kiki y Tracy son amigas mías del instituto. Carrie es la más íntima, así que le devuelvo un mensaje confirmándole que sí, que W y yo hemos roto. Al instante me responde y se ofrece a venir a casa con helado. Le digo que ya he cubierto ese frente y quedamos en vernos para comer el domingo.
Como la publicista de Oakley me dijo que tengo que responder a todos los tuits referentes a la ruptura, me obligo a responderles a Kiki y a Tracy, pero no les ofrezco ningún detalle. W fue muy insistente en que no quería parecer a) débil o b) un chico malo. Así que, la ruptura fue idea suya y no se me permite acusarlo de haber hecho nada mal.
Nuestra historia oficial es que él me dejó porque no quería tener una relación a largo plazo ahora que acababa de empezar la universidad. Me aseguré de decirle a Tracy que no había habido cuernos. Luego, me meto otra cucharada de helado en la boca y me obligo a no llorar.
Me recuerdo que no es una ruptura real, pero eso no alivia el dolor que tengo instalado en el estómago. Me muero por mandarle un mensaje a W. No, quiero llamarlo y oír su voz para asegurarme de que todos estos tuits son solo respuestas honestas a una situación completamente falsa.
Pero no puedo. Claudia me prohibió cualquier contacto entre ambos durante al menos una semana para «dejar que la ruptura se asentara», así que no puedo coger el teléfono y llamarlo para quedarme más tranquila. Me dijo que nos iba a observar de cerca. No sé lo que eso significa, pero les tengo un poco de miedo a ella y a Jim, así que no lo llamo aunque me muera de ganas de hacerlo.
—¿Vaughn? —Mi hermana llama a la puerta de mi dormitorio con suavidad.
—¿Sí? —respondo con voz temblorosa. La ruptura falsa parece demasiado real.
—¿Puedo entrar?
—Sí, haz lo que quieras.
Paisley entra, le echa un vistazo a la tarrina de helado y luego a mi expresión llorosa, y se une a mí en la cama. Sus ojos marrones se fijan en la pantalla del ordenador y luego se llenan de compasión.
—Lo siento mucho. Sé que debe de ser horrible para ti. —Se muerde el labio—. No es demasiado tarde si te quieres echar atrás.
—Sí, sí que lo es. —Soy incapaz de dejar de pensar en el dinero—. Pero el año pasará rápido, ¿verdad?
Paisley asiente.
Me trago otra cucharada de helado.
—¿Sabes cuál es la peor parte? Bueno, la segunda peor, porque no poder hablar con W es la primera. Es que Oakley Ford es un auténtico gilipollas. Ni siquiera me estrechó la mano en la reunión. ¿Cómo va a hacer entonces para tocarme en público?
—Se dio cuenta de que tenías hambre y te consiguió comida. Es algo. Además, es guapo —puntualiza Paisley.
Sí, al menos tiene eso.
Mi hermana se levanta de la cama.
—Voy a llevar a los gemelos al cine esta noche. ¿Quieres venir?
Niego con la cabeza.
—No, voy a quedarme en casa y a regodearme en mi miseria. Planeo engordar por lo menos cinco kilos a base de helado.
—No engordes mucho —bromea—. O sino puede que Oakley Ford cambie de parecer sobre lo de salir contigo.
En realidad, no suena tan mal. Quizá debería abrir otra tarrina de Ben & Jerry’s.
Paisley se inclina y me da un beso en la mejilla.
—Estás haciendo algo bueno. En serio. Esto va a ayudarnos más de lo que crees.
Si lo sé. Pero eso no significa que tenga que hacer como que me encanta. Ya echo de menos a W y solo han pasado dos días desde la última vez que hablé con él.
En cuanto Paisley se va, me centro en mi heladoterapia. Me lo como despacio. Tanto que cuando llego al fondo ya está todo prácticamente derretido. Remuevo lo que queda mientras pienso en el plan de Oakley por centésima vez.
¿Ha venido Paisley porque sabe, en el fondo, que no estoy preparada para enfrentarme al mundo? ¿Que no tengo planes de futuro? ¿Que a diferencia de todos los demás chicos con los que fui al instituto, estoy completamente perdida y que jugar a las casitas con un famoso cualquiera es lo único que llena mi existencia ahora mismo?
El helado derretido no tiene las respuestas. Suspiro y cierro todas las pestañas del navegador antes de abrir mi biblioteca de música. Puedo seguir regodeándome en mi pena o seguir con el curso de mi vida, el cual me he establecido a mí misma. Supongo que el último es más productivo, así que bajo por la enorme lista hasta encontrar el álbum que estaba buscando, hago clic en la primera canción, y luego coloco el ordenador a mi lado en la cama.
Mientras hurgo en el último cajón de mi escritorio en busca del cuaderno de bocetos, la intro de uno de los sencillos más famosos de Oakley Ford, «Hold on», se oye a través de los altavoces de mi portátil. En cuanto empieza a sonar, de pronto me transporta a mi segundo año de instituto. Estaba totalmente obsesionada con el disco. Y por extraño que parezca, no me recuerda a Oakley, sino a W.
W y yo empezamos a salir más o menos cuando Ford salió a la venta. Solía burlarse de mí porque me gustaba, pero entonces un día lo oí tararear una de las canciones y conseguí que admitiese que a él también le gustaba. Luego dibujé dos manos unidas en mis Vans para capturar el momento.
Encuentro el cuaderno y un juego de lápices de dibujo, pero no empiezo a crear el boceto de inmediato. Primero abro internet y busco fotos de Oakley, porque no estoy segura de poder dibujarlo de memoria.
Vale, lo admito. El chico está bueno. Muchísimo. Ese pelo rubio desordenado, esos penetrantes ojos verdes, y su cuerpo musculoso y tonificado, siempre ataviado con vaqueros rotos y una camiseta ajustada. Por Dios.
Hago clic en foto tras foto. Imágenes de sus conciertos. De él en Los Ángeles tomadas por los paparazzi. De él y su madre en preestrenos de películas. De él en el rodaje de una de las películas de su padre.
Oakley Ford vive en un planeta completamente disferente, por lo que parece. Es una Celebridad, con C mayúscula. El único hijo de Katrina y Dustin Ford, una pareja de Hollywood importante, o al menos lo fueron antes de su divorcio. Ha ganado Grammys y el People’s Choice Awards, y lo embadurnaron en pintura verde después de actuar en los premios del programa de Nickelodeon cuando tenía catorce años. Ha aparecido en la portada de un millón de revistas, incluido ese reportaje sexy para Vogue que estoy mirando ahora mismo.
Decido escoger una foto de ese reportaje, la que está sentado contra un fondo negro, mirando directamente a la cámara. Su mirada es tan intensa que hasta me da un escalofrío.
Empiezo a dibujar con el sonido de su preciosa y rasgada voz cantándome de fondo en mi cuarto.
***
Una semana después de nuestra falsa ruptura, W viene a casa y nos quedamos en mi cuarto. Tonteamos en mi cama durante horas hasta que dice a regañadientes que se tiene que ir.
—Es tarde. Debería irme —anuncia sobre las diez.
Quiero protestar que no es para nada tarde, pero yo no soy la que tiene clase a la mañana siguiente.
—Vale.
Debe de notarse mi reticencia, porque me besa con dulzura en la frente.
—Al menos nos podemos ver, ¿no? No es tan malo.
¿Que no es tan malo? Esta semana ha sido una tortura sin poder hablar con él. Quedé con Kiki y Carrie unas cuantas veces y, como verdaderas mejores amigas, se pasaron todo el tiempo asegurándome que W es un cabrón y que estoy mejor sin él. Les seguí el juego, aunque echarle mierda encima al chico del que sigo enamorada fue pura agonía. Pero, bueno, no quiero ser la típica novia infantil y dependiente, así que solo sonrío y asiento.
—Odio esta situación —murmura mientras bajamos a la planta inferior.
El alivio me embarga. Él también lo siente, gracias a Dios.
—Yo también.
Nos quedamos de pie en la entrada abrazándonos durante unos instantes, su frente pegada a la mía, y sus brazos alrededor de mi cintura. Pienso en todos los abrazos que nos hemos dados en estos últimos dos años. Todas las bromas privadas y los mensajes fortuitos y el hecho de que nunca me he ido a la cama sin que W me llame para desearme buenas noches.
—Mark y yo hemos decidido que vídeos pensamos que son los mejores —dice. Su cálido aliento me roza la nariz—. Va a editarlos para unirlos todos esta semana y luego te mando el archivo por email.
Me tenso ligeramente, y espero que no lo note.
—Me muero de ganas de saber qué opina ese agente de nuestro canal.
—Y yo—digo con falsa alegría. Luego intento distraerme respirando ese aroma tan familiar a limón de su loción de afeitado.
Tras un último beso, observo con ojos desolados cómo sale de mi casa hasta su coche. Es el mismo todoterreno viejo que tenía en el instituto, y mientras se aleja, pienso con anhelo en todos los morreos y besos que nos hemos dado en ese coche.
Arriba, me dejo caer en la cama y vuelvo a tuitear sobre mi pena.
Vaughn Bennett @VeryVaughn
Escuchando Ford en repetición = la mejor cura para un corazón roto.
Estoy mintiendo en ambas cosas, porque no estoy escuchando Ford, y tampoco hay ninguna cura para un corazón roto. Ni siquiera para uno de mentira.
***
—Tienes que publicar el dibujo esta noche —me anuncia Claudia cuando Paisley me tiende el teléfono.
Claudia no me está llamando a mi número… todavía. Estoy segura de que eso cambiará en cuanto mi relación con Oakley sea portada de las revistas.
Han pasado dos semanas desde mi «ruptura», así que llevo esperando esa petición desde que el primer pago llegó a la cuenta bancaria de Paisley, pero eso no significa que lo haya estado deseando.
Como todavía no me permiten que deje mi trabajo, he hecho cuatro turnos en Sharkey’s y me he dejado ver toda deprimida debido a la ruptura frente a mis compañeros. Aunque no es que eso sea muy difícil. Ni tampoco el aceptar el cheque de veinte mil dólares; el primero de muchos. Se decidió que los cheques irían a nombre de mi hermana por si acaso, porque si se filtraba que Diamond Talent Management me estaba enviando cheques, los buitres empezarían a rondarme de inmediato. Si se hacían a nombre de Paisley, la agencia puede defender que los pagos forman parte de su salario.
Las mentiras que están creando me parecen complicadas e innecesarias, pero yo nunca he hecho nada así antes, mientras que para Claudia parece ser algo de su día a día.
—¿Por qué esta noche? —gruño, en su mayor parte por llevarle la contraria. Como es técnicamente mi jefa, en realidad no debería estar gruñéndole, pero esta relación es la más rara que haya tenido nunca en la vida. Una parte de mí espera que me despidan.
—Porque tenemos que avanzar con esto. Publica el dibujo. Oak lo verá en un par de horas. En cuanto le dé a favorito a tu tuit, prepárate para que te lleguen una bandada de mensajes. Responde solo unos cuantos.
—A lo mejor deberías decirme tú cuáles he de responder
—murmuro con sarcasmo.
—Ah, no. Todo esto debe de ser natural —objeta Claudia, ignorando mi sequedad—. Pero vas a recibir muchísimos. No vas a poder contestarlos todos. Mañana por la mañana, ¡serás toda una estrella de las redes sociales! Solo recuerda que no les vas a gustar a todos. Los fans son posesivos con Oak, así que ignora los mensajes crueles y céntrate solo en los que te den ánimos. ¡No te olvides de que todos desearían ser tú, sin importar lo que publiquen!
Tras darme ese mensaje de ánimo tan cuestionable, me cuelga. Saco el dibujo que por fin pude terminar hace un par de días. Me pregunto qué le parecerá a Oakley. No es malo, pero no me encanta, y no porque su cara no me haya salido exactamente como quería. He trabajado en sus ojos durante bastante tiempo, pero fue difícil capturar su vivacidad en blanco y negro. Tiene ojos bonitos, pienso mientras paso un dedo por encima de ellos.
No, no es por mis errores técnicos, pero algo le falta. Algo de Oakley Ford que he sido incapaz de plasmar en el papel.
Frunzo los labios con indecisión. No me gusta que uno de mis dibujos vaya a ser motivo de escrutinio de millones de personas en las redes sociales. Pero es para lo que he firmado.
Cojo el teléfono, le hago una foto rápida y luego la publico en Twitter.
Vaughn Bennett @VeryVaughn
Las rupturas son más fáciles de llevar cuando te imaginas esta cara junto a la tuya.
Tan solo tres horas después de que Oakley le diera a favoritos a mi dibujo, la primera respuesta llega a mis notificaciones. Menos de un minuto después, recibo un mensaje de Carrie.
¿Has visto que Oakley Ford le ha dado a favoritos a tu foto?
Me hago la sueca y le contesto: ¿¿En serio??
¡Sí! Entra a Twitter. ¡Tu muro está que arde! ¡Deberías mandarle un mensaje!
No voy a mandarle ningún mensaje solo porque le haya gustado una foto.
¡Nunca se sabe! ¡Mándale un mensaje directo como una pro, nena!
Y luego ya no puedo responderle más, porque a cada segundo —o quizá es a cada milisegundo— me llega una nueva notificación.
@pledo5514 @1doodlebug1 @caaryneo @paulyn_N acaban de seguirte.
¿Acaba de darle @OakleyFord a favoritos a la foto de una chica @VeryVaughn?
@OakleyFord sígueme. Por fa. Te quiero. @VeryVaughn
@luv_oakley_hands @VeryVaughn Este dibujo está muuuuy chulo. Quiero 1 en mi taquilla.
@VeryVaughn Dios, qué dibujo más normalucho. Vuelve al colegio, zorra.
@OakleyFord_stanNo1 @VeryVaughn Qué verdad. He mirado su perfil. No es siquiera fan de él, mucho menos una fanática. Fuera.
@VeryVaughn ni siquiera eres guapa. @OakleyFord tú estás como un queso.
@selleuni5 @OakleyFordHeart @unicornio @wammalamma @magg1e_han50n y 244 más acaban de seguirte.
Oh, guau. He conseguido más de doscientos seguidores en cuestión de diez segundos. Qué locura.
Paisley asoma la cabeza por la puerta de mi cuarto.
—Claudia ha llamado. Dice que deberías empezar a responder. Al parecer te están llegando cientos de mensajes.
—Lo sé. —Levanto el teléfono, un poco abrumada—. Son básicamente sobre lo normalucha y poco mona que soy y que él se merece algo mucho mejor que yo.
Mi hermana me dedica una sonrisa sarcástica.
—Es internet. La gente está todo el día diciendo estupideces en internet. ¿Necesitas ayuda con eso?
Niego con la cabeza. He firmado un contrato y ya es hora de que cumpla con mi parte, así que me paso la siguiente hora respondiendo tuits al azar con los «Ay, Dios» y con signos de exclamación suficientes, mientras ignoro los comentarios que me llaman fea. Los que me insultan tienen algo en común, no son buenos con la ortografía, y eso me hace sentir un poco de satisfacción por dentro.
El último mensaje que recibo antes de irme a la cama es de W.
¿Qué cojones, V…? Llámame.