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Introducción

El fútbol es uno de los eventos masivos y populares más importantes del siglo XX, sino el más popular. Y no solo en nuestro país. Su popularidad se difundió desde las últimas décadas del siglo XIX y se extendió desde las islas británicas a Europa, Sudamérica, América del Norte y del Centro, y África; más tarde a Asia y también a Oceanía. Nos preguntamos cómo el fútbol se transformó en un deporte masivo y popular, interclasista y proveedor de identidades, imágenes y discursos. Ante esta pregunta queremos ofrecer una explicación desde la perspectiva de la conformación del espectáculo deportivo. Para ello, en este libro hemos delimitado el periodo de análisis a la primera mitad del siglo XX y hemos ubicado el espacio de estudio en la ciudad de Lima y sus alrededores, el puerto del Callao y los balnearios. Pero, ¿en qué consiste la perspectiva de la conformación del espectáculo deportivo? Para comprenderla debemos explicar cómo se fue construyendo esta investigación.

Al inicio, el estudio del espectáculo no fue el problema central que nos convocó. Tal como muchos estudios sociales sobre fútbol, este trabajo focalizó su atención en las identidades futbolísticas; es decir, el conjunto de valores, imágenes y discursos que se levantan alrededor de los clubes y la selección nacional, y que se convierte en el lazo que une a futbolistas y clubes con el público y los hinchas. Sin embargo, en la medida en que íbamos profundizando en la investigación, identificamos la importancia de la competencia deportiva, las prácticas del público en los estadios y las formas de transmisión de la información en los medios de comunicación, las cuales alimentaban las ideas alrededor de los estilos de juego y creaban o reafirmaban discursos de identidad desarrollados en los estadios durante las competiciones locales. Así, al conjunto de estos elementos lo denominamos el espectáculo deportivo.

Esto nos llevó a la siguiente pregunta: ¿cómo se construyó el espectáculo deportivo? En paralelo al avance de este estudio pudimos establecer algunas precisiones. Primero, cuando el fútbol llegó a América Latina, exportado desde Inglaterra, había dejado atrás su fisonomía de juego medieval y se había convertido en un deporte moderno. El juego había sido reglamentado por los caballeros de las schools británicas y se expandió con rapidez entre la creciente clase obrera británica. En ese momento el balompié comenzó a difundirse fuera de las islas británicas y llegó a los países de Europa central, los mediterráneos, los de Europa Oriental, los nórdicos y, finalmente, los de América, en lo que James Walvin denominó la primera etapa de difusión del fútbol (1994, pp. 96-117). Esta se llevó a cabo gracias a la presencia de inmigrantes ingleses (quienes aseguraron la difusión entre las élites de los lugares a donde habían llegado a residir) y marineros que arribaban a diferentes partes del mundo gracias a los nexos comerciales y el comercio entre los distintos puertos. Esta expansión del fútbol (y los deportes en general) recibió una mirada favorable y positiva desde las élites, quienes se ceñían a los discursos modernizadores e higienistas, y concebían al fútbol y a los deportes como un medio de transformación de la sociedad. De este modo, impulsaron que clases medias y populares los practiquen, a través de la organización de competiciones escolares, con lo cual estimulaban la formación de clubes bajo la supervisión de los centros educativos o fungían de padrinos de los clubes de los centros laborales, en particular de las fábricas.

La segunda precisión que debemos hacer es que la forma en que la élite concebía al fútbol no resultó hegemónica durante mucho tiempo. Como explicaremos en el primer capítulo, la aparición de la competencia en serie y la formación de la Liga Peruana provocaron un cambio en el sentido de la práctica del fútbol, que llevó al incremento de asistentes a los terrenos deportivos y a las primeras manifestaciones de adhesión y afecto entre el cada vez más numeroso público.

La tercera precisión es que la formación de la competencia en serie y la asistencia cada vez mayor de público requerían recintos más amplios donde llevar a cabo dichos torneos; es decir, se precisaba de infraestructura deportiva. Durante la etapa de recopilación de información, quedó en evidencia cuáles eran los lugares en donde se practicaba fútbol. Estos eran espacios desocupados de la ciudad y fueron adaptados para la competencia. Sin embargo, en la medida en que creció el número de espectadores, los terrenos deportivos alcanzaron su límite y debieron construirse los primeros estadios, los cuales fueron edificaciones más amplias y diseñadas específicamente para la práctica de los deportes. El estudio de Gaffney (2008) nos orienta al proponer una tipología de la evolución de la función y los rasgos de los recintos deportivos, en tanto que el incremento del público generó nuevas necesidades, como más capacidad, más comodidad, mejor seguridad, facilidad para movilizarse, cambios en la distribución del espacio, etcétera, que se articularon a la expansión de los contornos urbanos. Gracias a este marco de análisis, superamos la mirada inicial de la infraestructura deportiva basada principalmente en un acercamiento institucional-oficial, el que prioriza la tarea constructora de las instituciones públicas (municipio y Estado, por ejemplo) y privadas (clubes deportivos). Nosotros buscamos entender más bien a los estadios como espacios vivos para la formación de lazos de sociabilidad.

El creciente número de asistentes a los estadios para ver la competencia en serie se fue convirtiendo en el público del fútbol cada vez más interesado en obtener mayor información sobre los sucesos del balompié. Ello nos llevó a la cuarta precisión: el papel que cumplían los medios de comunicación (primero la prensa escrita, luego la radio). Tuvieron que abandonar su visión inicial del deporte, aquella que concebía las actividades deportivas como publicidad para una cruzada pedagógica. Esta perspectiva la reemplazaron por la publicación de la noticia deportiva. Asimismo, ampliaron el espacio destinado a los deportes mediante la implementación de diversas estrategias para transmitir la información. Organizaron entonces, a través de la palabra escrita y oral, lo que el público veía en los estadios, a partir de lo cual se fueron creando las primeras interpretaciones y explicaciones sobre lo que sucedía en la competencia y el espectáculo en general. Como consecuencia, la sociabilidad generada alrededor del creciente público del balompié y las interpretaciones y explicaciones de la prensa produjeron los primeros sentimientos afectivos entre espectadores e instituciones deportivas.

Esto nos conduce a la quinta y última precisión: las identidades futbolísticas empezaron a formarse amparadas en el prestigio cada vez más creciente que obtenían los clubes más importantes en la competencia en serie, que trasladaban su influencia a su espacio social y atraían a numerosos seguidores que asistían a los flamantes estadios, lo que constituyó el creciente público del fútbol. Con este entramado, las identidades futbolísticas aparecieron fundadas sobre un conjunto de prácticas y relaciones sociales, alrededor de instituciones, sobre formas de uso del espacio público y entre unos espectadores que desarrollaron sentimientos afectivos y adhesiones a los clubes. Sin embargo, debido a que el balompié es un enfrentamiento entre dos equipos, y que cada uno de ellos proviene de un entorno socialmente distinguible, las identidades futbolísticas se caracterizaron porque se constituyeron al mismo tiempo por afirmación y por oposición (Giulianotti, 1999, pp. 1-22). Por ello, este libro observa tanto los valores que representa cada identidad, como los que combate, valores que, como parte de la competencia y del espectáculo deportivo, se potencian hasta convertirse en identidades locales, regionales y nacionales, según sea el caso.

Las identidades locales surgieron en los espacios sociales de donde provenían los clubes deportivos: el barrio, el espacio educativo y el ámbito laboral. Desde allí, y en la medida en que fueron ganando prestigio en la competencia, configuraron sus identidades en una simbiosis entre el éxito deportivo y los valores que enarbolaba el espacio social al que pertenecían. El estudio de los clubes del puerto del Callao (Atlético Chalaco y Sport Boys) es un ejemplo de identidad futbolística regional, en que el sentimiento de pertenencia al territorio daba cohesión a la identidad, y valores como la fuerza, rudeza, entrega lucha, franqueza y la transparencia eran los que le daban contenido. El estudio de los clubes de Lima muestra dos concepciones opuestas y rivales. Alianza Lima es un club barrial que se convirtió en representante de lo popular: sus futbolistas eran obreros y artesanos y el club se localizaba en un barrio popular. Por su parte, Universitario se formó en sus inicios por jóvenes universitarios de clases medias y provenía de los claustros de la Universidad de San Marcos. Mientras Alianza representaba un fútbol basado en la habilidad y la improvisación, Universitario era la lucha y la entrega. Mientras Alianza representaba la amistad y la familia como lazos de asociación, en Universitario primaban los derechos y deberes como socio.

Sin duda, las identidades nacionales surgieron cuando se organizó una selección nacional que asistió a las competiciones internacionales. En este proceso se formaron discursos que explicaban el fracaso y el éxito. El fracaso era visto como inferioridad y se construyeron justificaciones sobre las derrotas y se gestó la idea de las derrotas con honor. Las victorias eran la combinación de las mayores virtudes de las identidades locales: lucha y entrega, habilidad y técnica.

Este libro busca explicar la conformación del espectáculo deportivo y la articulación con las identidades futbolísticas. Para ello se centra en la comprensión de la formación de la competencia en serie y el papel de las asociaciones deportivas; la evolución de la infraestructura deportiva y las modificaciones a partir de las necesidades del público; el rol de los medios de comunicación al difundir la competencia, apelando a nuevas técnicas periodísticas; y, finalmente, la constitución de las identidades futbolísticas (locales, regionales y nacionales) y la identificación sobre cuáles eran los valores que le daban forma.

Balance bibliográfico

Los estudios sociales sobre el fútbol tuvieron como punto de partida los ensayos de Norbert Elías publicados entre mediados de la década de 1960 e inicios de la década de 1970, en Inglaterra. Esta obra recién alcanzó impacto cuando estos artículos fueron compilados en la década de 1980.

Asimismo, los estudios sociales sobre el fútbol y el deporte se impulsaron en la década de 1970 debido a dos sucesos. El primero fue la aparición de la violencia en los estadios de fútbol desde la década de 19601, tanto dentro del campo de juego como en las tribunas. Este fenómeno se extendió al resto de Europa y a América Latina. El detonante fue la tragedia del estadio de Heysel en 1985, iniciada por los hooligans, en Inglaterra (el símil a este grupo en América Latina fueron los «barra brava», en Argentina). La aparición de esta violencia traía por los suelos la imagen que el fútbol se había ganado como deporte masivo y popular y como una diversión sana y positiva, de la cual gozaba desde finales del siglo XIX.

El segundo suceso fue la paulatina reconfiguración del deporte y el fútbol en particular. Este pasó de ser un espectáculo de masas a un negocio, transformación que ocurrió desde finales de la década de 1960. En lo sucesivo, esta transformación en deporte-negocio se profundizó con la introducción de estrategias empresariales como el uso de sponsors, patrocinios, pago de derechos por televisación y aprovechamiento del impacto de los futbolistas como marcas publicitarias. La efectivización de estas estrategias influyó en la organización y toma de decisiones de la dirigencia deportiva, y en la carrera de los deportistas, quienes cada vez más dejaban de ser solo deportistas profesionales y empezaban a convertirse en personajes del espectáculo. El fútbol, por lo tanto, iba perdiendo su «esencia y pureza» como actividad en la cual primaba el triunfo del mejor y más capaz.

Este escenario derivó hacia estudios que ofrecían una visión desencantada y crítica del deporte, los cuales se apoyan en conceptos y teorías del marxismo, el estructuralismo y la Escuela de Fráncfort. Su posición parte de una crítica al capitalismo, su hegemonía, formas de dominación y control y sus prácticas alienantes, las que se comportan como agentes corruptores de la sensibilidad humanística y el potencial revolucionario de las masas. Según estas premisas, el deporte ha devenido en expresión de las formas y prácticas del capitalismo y la sociedad industrial. Jean Marie Brohm sostiene que en el deporte moderno se manifiestan las pautas de organización del trabajo capitalista, asociada a la aparición del ocio y el uso racional del tiempo, división de labores, especialización del trabajo, generación de la máxima rentabilidad (lo que denomina la «plusvalía deportiva») y maximización de los resultados (la búsqueda del record) (Brohm, 1982 [1976], pp. 70-187). En este sentido, Jean Maynaud pone énfasis en el uso ideológico del deporte por el Estado, y recalca el papel de las instituciones públicas en la organización de instituciones deportivas, nacionales e internacionales. Señala también que el deporte se ha incorporado a las políticas estatales y ha sido utilizado como parte de su aparato publicitario (por ejemplo, esto sucedía en los países socialistas). Frente a ello, postula un uso apolítico del deporte y el fútbol (Maynaud, 1972, pp. 57-222)2.

Esta corriente empezó a perder vigencia cuando empezó la difusión de la obra de Norbert Elías desde la década de 19803. Gracias a sus ensayos, se presentó al deporte no como un subproducto de las acciones sociales en el marco de la dualidad trabajo-ocio y se rechazó a los estudios que dejan al deporte como una actividad anclada a la superestructura ideológica. Para Elías, el mundo occidental atravesó un proceso civilizatorio que ha devenido en una progresiva sensibilización frente a la violencia. En el deporte, esta sensibilización se expresaba en la progresiva transformación de deporte medieval jugado entre pueblos con numerosos heridos e incluso muertos, al deporte reglamentado en las schools británicas, el cual representa una guerra ritual que afecta las emociones de quienes se vinculan con esta. Elías además considera que en el deporte se construyen relaciones sociales interdependientes y en constante transformación, lo que permite comprender los cambios de roles durante un juego de fútbol. Gracias a ello es posible entender la interacción de los protagonistas del juego y sus roles variables durante la formación del espectáculo. Estos roles implican las actividades diferenciadas de deportistas, espectadores, dirigentes y periodistas, actividades que a su vez están mutuamente interconectadas (Elías & Dunning, 1995 [1986], pp. 31-81, 157-269).

Con el paso del tiempo se hicieron evidentes algunas críticas a la propuesta de Elías. En primer lugar, la explicación del tránsito del deporte hacia su conversión en una actividad civilizada y de reducida violencia, la cual se apoya en una visión escatológica (deudora de la concepción católica-occidental) que concibe el desarrollo histórico como continuo ascenso, desde un estado de barbarie hacia la civilización como estado ideal. En segundo lugar, las crecientes manifestaciones de violencia que se suceden cada fin de semana en las competiciones deportivas entre los sectores radicales de las barras de los clubes. Esta violencia desmiente la idea del proceso civilizatorio4.

Los postulados de Elías fueron seguidos por su discípulo Eric Dunning, quien, preocupado por la forma como la violencia se profundizaba en el fútbol mundial e inglés en particular, preparó un estudio de larga duración sobre las prácticas de los espectadores del fútbol y las manifestaciones de la violencia, en el cual identificó periodos, grupos sociales, coyunturas y prácticas. Concluye que la violencia ha tenido una persistente presencia durante la historia del fútbol inglés y que ha atravesado etapas de altibajos en que la violencia disminuía. Argumenta, además, que la violencia es consecuencia de la rudeza, elemento característico de las prácticas masculinas de la clase trabajadora inglesa, lo que va en contra del discurso que establece la decencia y la caballerosidad como patrones éticos y de conducta ideales de la masculinidad británica (Dunning, Murphy & Williams, 1988, pp. 32-245).

También desde la década de 1970 se empezó a desarrollar otra corriente de comprensión del fútbol, derivada de la creciente importancia de la historia social marxista inglesa. Estos trabajos, en los que sobresalen los ingleses Tony Mason y James Walvin, y el francés Alfred Wahl (Walvin, 1986, 1994; Mason, 1995; Wahl, 1997, pp. 11-111), se caracterizaron por incorporar varios aportes. Primero, establecen una correspondencia entre sucesos, coyunturas socioeconómico-políticas y hechos deportivos. Segundo, identifican a los actores del fútbol: la clase obrera de la cual provenían la mayoría de futbolistas, y la clase alta de la cual venían los dirigentes. Tercero, precisan las formas de participación institucional (clubes y asociaciones deportivas) y las prácticas socioculturales (como el consumo de alcohol y la asistencia a los bares). Cuarto, distinguen procesos y etapas, las que generalmente están asociadas: el fútbol en el mundo preindustrial, la formación de la clase obrera y la popularización del fútbol, la construcción del Imperio colonial victoriano y la difusión del futbol, el fútbol de entreguerras, la construcción del espectáculo y la aparición de los medios masivos de comunicación, la transformación en negocio y actividad mediática, etcétera. Quinto, cuantifican y construyen series para el fútbol: asistencia a los estadios, número de futbolistas registrados, número de clubes, porcentaje de futbolistas según procedencia social o geográfica, entre otros5.

Difusión del fútbol en América Latina

La comprensión de la difusión del balompié en América Latina tiene, a nuestro criterio, dos aspectos. Primero, la expansión de la práctica del fútbol. Aquí debemos poner atención al proceso, las rutas de la difusión, los actores y espacios sociales. Segundo, el modo en que este deporte es concebido en las sociedades latinoamericanas, en particular entre sus élites. En efecto, se debe privilegiar el estudio de los discursos que aprueban, legitiman y favorecen el desarrollo del balompié.

Cuando se aprecia el proceso de difusión del fútbol en Latinoamérica queda claro que pasó de ser una actividad de élites a una actividad de masas. Pero, ¿cómo ocurrió este proceso? La geografía de su difusión demuestra que ello sucedió desde un centro estratégico que facilitó el contacto entre locales y extranjeros. Este lugar son los puertos y las ciudades aledañas (el Callao, Buenos Aires, Montevideo, Guayaquil, etcétera). Los grupos sociales que lo impulsaron fueron inmigrantes británicos, generalmente dedicados al comercio, la explotación de recursos naturales y a brindar servicios (de educación, por ejemplo); marineros británicos de paso por los puertos y élites locales que conocían el juego (las que generalmente habían estudiado en Inglaterra). Estos grupos luego se relacionaban con otros miembros de las élites locales en las grandes capitales o en las zonas urbanas de las provincias. El fútbol se expandió desde allí hacia las diversas zonas del país (Arbena, 1990, pp. 77-90).

Pero esta forma de difusión no significa que hubo un único centro desde donde se expandió la práctica del fútbol, pues hubo países que tuvieron dos o más. En Brasil, por ejemplo, hubo diversos espacios de difusión: Bahía, Río de Janeiro, Porto Alegre y São Paulo (Mason, 1995, pp. 1-14, Taylor, 1988, pp. 19-43; Mascarenhas de Jesús, 1999, pp. 14-24; Mascarenhas de Jesús, 2000). En Chile, a su vez, hubo dos centros estratégicos claramente distinguibles: Valparaíso y Santiago (Santa Cruz, 1995, pp. 25-87).

En los espacios urbanos, la práctica del balompié se centralizó en tres lugares (cuya importancia varía de un país a otro): los espacios educativo y barrial, y los centros laborales, que convirtieron al fútbol en una actividad eminentemente infantil, adolescente y juvenil. En estos espacios es donde se forman los clubes, que se convertirán en el centro de la vida deportiva. Sin embargo, existen pocos estudios sobre los clubes, tanto en el ámbito deportivo como en la vida institucional. Si este aspecto se desarrollara, nos podría ayudar a explicar la función de estas entidades como espacios de sociabilidad, así como a comprender los lazos de afectividad que se construyen alrededor de los clubes6.

La difusión del fútbol fue rápida porque recibió una visión positiva. Considerados como parte de las diversiones modernas, los deportes fueron reconocidos como un medio efectivo para cambiar la actitud de los peruanos, su debilidad racial y física. A través de la práctica del deporte se encontraría el camino hacia el progreso del país y la conversión del Perú en un país moderno, como los países anglosajones occidentales y latinos de Europa. Los deportes también fueron percibidos como medios efectivos para cambiar la sensibilidad y la cultura de los sectores populares, a quienes fueron ofrecidos como alternativa para abandonar las diversiones tradicionales y denominadas «bárbaras» (las corridas de toros, los juegos de azar, el consumo de alcohol, entre otras). Finalmente, se sumó la perspectiva higiénica, la cual consideraba que el deporte era un medio para la transformación de la sociedad, a través de la mejora de las razas y el cambio drástico en las costumbres higiénicas, médicas y de salud pública. Se buscaba así la intervención en los espacios y grupos sociales considerados peligrosos (los tugurios, la pobreza, los adictos, etcétera) (Muñoz, 1998, pp. 36-52; 2001, pp. 33-114)7.

La formación del espectáculo y su consolidación

Consideramos que los elementos que componen el espectáculo deportivo son la competencia y las asociaciones deportivas; la infraestructura deportiva como espacio de socialización; y los medios de comunicación y la formación de imágenes y discursos que conforman las identidades futbolísticas8.

Sobre las asociaciones deportivas y la competencia contamos con el texto de Sher y Palomino, quienes realizan un trabajo sobre la Asociación de Fútbol Argentino de 1934 a 1996, con énfasis en la vida institucional, la composición social de las directivas y los lazos que se tejían entre autoridades deportivas y élites políticas (Sher & Palomino, 1988, pp. 19-54). Por su parte, Julio David Frydenberg estudió la organización de la competencia como uno de los elementos clave de la popularización del fútbol en Buenos Aires, junto a los valores y prácticas de los escenarios del fútbol y el rol de los clubes, los socios y la vida asociativa. Los clubes tuvieron gran importancia porque posibilitaron la reunión de los socio-jugadores quienes, a través de la formación de la competencia, crearon una serie de valores como la importancia del triunfo, las nociones de igualdad y justicia, y la noción de fair play, los cuales fueron alejando al fútbol de las nociones originales del olimpismo (Frydenberg, 1998). De la misma manera, este conjunto de valores también generó entre los futbolistas y clubes la circulación de información y de experiencias (Frydenberg, 1997). Esto último fue muy importante porque obligó a los socio-jugadores y clubes a buscar espacios disponibles donde jugar, lo que derivó en la creación de una experiencia generacional basada en la vida asociativa y en la búsqueda de reconocimiento en una ciudad en proceso de recepción de un alto número de inmigrantes (Frydenberg, 1999).

Una perspectiva diferente sobre el espectáculo en el proceso de masificación del deporte fue aplicada por Xavier Pujadas y Carles Santacana, quienes, a diferencia de Frydenberg, lo conciben como mercantilización del ocio (Pujadas & Santacana, 1992, pp. 31-45; 2001, pp. 147-167). En su estudio entienden el espectáculo como espacio de sociabilidad, de los medios de comunicación en la circulación de información y de la competencia en el contexto de un uso moderno del tiempo de ocio.

Acerca de la infraestructura deportiva, encontramos estudios que la entienden como espacio de sociabilidad y desarrollo y como una forma específica de uso del territorio dentro del entramado urbano, lo que implica la incorporación a políticas públicas de infraestructura y a planes de inversión privada. El estudio de Gaffney se orienta en este sentido, ya que ofrece modelos generales para la comprensión de la evolución de la infraestructura deportiva: desde la adaptación de espacios urbanos para la práctica del deporte, a la construcción de estadios plurideportivos diseñados para acoger grandes masas de espectadores y contar con servicios y comodidades como cualquier otro espectáculo público (Gaffney, 2008, pp. 1-39).

La importancia del estadio como espacio urbano especializado se recoge en el estudio de Labriola de C. Negreiros sobre el estadio de Pacaembú. Este autor considera que la construcción de este tipo de edificaciones fue impulsada por élites empapadas por la visión modernizadora y la difusión de los postulados de la educación física, que buscaban un uso político del estadio como espacio pedagógico de una ética y valores acordes a las visiones de estas concepciones (Labriola de C. Negreiros, 1998a). La construcción de este tipo de edificaciones, en el contexto de competiciones internacionales organizadas como políticas gubernamentales, contiene también discursos oficiales y disidentes enfrentados, como vemos en el estudio de Andrés Morales, quien encuentra este tipo de discursos (entre el herrerismo y el batllismo) en la construcción del Estadio Centenario destinado para la Copa del Mundo de 1930, preparada como parte de las celebraciones por el centenario de la independencia uruguaya (Morales, 2005).

La mirada sobre la infraestructura deportiva revela que, tras su uso destinado para el deporte, existen imaginarios que justifican su construcción y su mantenimiento, también rituales, simbolismos y distribuciones espaciales elaboradas por el público, las que guardan correspondencia con la estructura social, a veces implícita e incluso involuntariamente para quienes las practican.

Para el estudio de la prensa contamos con el trabajo de Martín Bergel y Pablo Palomino, y el de Matthew Karush sobre la revista argentina El Gráfico, y el de Eduardo Santa Cruz y Luis Eduardo Santa Cruz sobre la revista Estadio (Bergel & Palomino, 2000, pp. 103-122; Karush, 2003, pp. 11-32; Santa Cruz & Santa Cruz, 2005, pp. 109-164). Estos trabajos evidencian la importancia que poseen los discursos y los valores que se desprenden de las revistas mencionadas y de la prensa deportiva en general. Estos discursos y valores, a su vez, muestran la confluencia, la interdependencia y la singularidad que tienen dentro de determinados grupos y espacios sociales, en específicas prácticas urbanas, cívicas y masculinas, en la generación de identidades locales, regionales y nacionales, y en vínculo con valores éticos y morales en general.

Los trabajos mencionados señalan también la importancia de los medios de comunicación en el cambio de la concepción y los objetivos del deporte. La prensa se adecuó a esos cambios y, a partir de ello, creó y adaptó estrategias de información y de transmisión de la noticia, lo que llevó a que la prensa deportiva transitara de la pedagogía a la noticia. Ello se aprecia con nitidez en el caso de la revista argentina El Gráfico, que pasó de una mirada higiénica, pedagógica y olimpista a la del deporte de competencia, durante la década de 1920. La revista Estadio, entretanto, apostó por la aplicación de políticas desarrollistas en el deporte, las que derivaron en la organización de la Copa del Mundo de 1962. Además, en ambas revistas se aprecia la construcción de una cosmovisión compuesta por valores éticos y morales, nociones de identidad y discursos sobre la práctica del deporte y los deportistas.

Las identidades futbolísticas

En la obra clásica de Janet Lever, un estudio sobre el fútbol en Brasil, se explica la mutua interdependencia y convivencia de las identidades futbolísticas, y se afirma que el conflicto es parte integral de los deportes por equipos y que dicho conflicto facilita la creación de adhesiones (vínculos primarios) que constituyen las formas de integración alrededor de los clubes. Esta integración se construye tanto al interior del club, fomentado como espacio de sociabilidad; como afuera de este, con los seguidores, el público y todos aquellos que sienten sentimientos afectivos hacia él (Lever, 1985 [1983], pp. 21-67).

En este marco, las identidades (adhesiones, como las llama Lever) se superponen y las identidades mayores anulan el conflicto de las menores y las rivalidades que puedan existir entre ellas. Esto es, las identidades locales en conflicto, rivales entre sí, se anulan mutuamente cuando una de ellas asume el rol de identidad regional contra otra identidad regional con la que existe conflicto. Lever colocaba, como ejemplo, el caso de clubes de Río que tenían fuerte rivalidad entre ellos, pero que esta rivalidad se suspendía temporalmente cuando uno de los clubes debía enfrentar a algún otro de São Paulo. Con la misma lógica, las rivalidades que existen al momento de enfrentarse clubes de regiones diferentes se anula cuando juega la selección nacional. En suma, el conflicto entre identidades regionales se suspende porque está en juego la identidad nacional que representa e incluye a las identidades regionales.

Debido a que la constitución de las identidades futbolísticas se realiza por afirmación y oposición de valores, debemos precisar cuáles son los elementos que aglutinan una determinada identidad. Estos pueden ser muchos: la condición socioeconómica, la procedencia étnica, la procedencia geográfica o la pertenencia territorial (especialmente en el caso de grupos inmigrantes), los valores masculinos, las opciones religiosas y políticas, entre las más importantes.

En el caso peruano, se han estudiado las rivalidades entre los clubes más populares: Alianza Lima y Universitario. Jaime Pulgar Vidal revisa la construcción de la rivalidad entre ambos clubes a partir del primer partido entre ambas instituciones, que terminó en una pelea entre jugadores de Alianza y sectores del público constituidos por simpatizantes de Universitario. Ello derivó en la construcción de valores y discursos sobre los que descansaban las identidades de cada club (Pulgar Vidal, 2008, pp. 111-134)9.

Son los discursos los que han sido mejor estudiados por Eduardo Archetti en su obra que suma varios libros y artículos. El tema central de su obra es la masculinidad y su manifestación en las prácticas deportivas. Su obra comprende tanto el fútbol (a quien dedicó la mayor parte de sus estudios) como también al polo, el boxeo y el automovilismo. De este modo, liga las nociones masculinas desprendidas de los discursos deportivos con aquellas construidas en el tango; asimismo, observa su manifestación en los medios de comunicación, la literatura, y el rol de los héroes deportivos y las nociones de identidad.

Para Archetti, la dinámica deportiva es espacio para la construcción de la masculinidad criolla en las primeras décadas del siglo XX. Para el caso del fútbol, la figura arquetípica es el «pibe», en la cual se representa al futbolista argentino como un infante, en estado de libertad y pureza, y que desarrolla sus virtudes gracias a las condiciones que le brinda el territorio, específicamente el clima y la alimentación (según los discursos de El Gráfico). Asimismo, Archetti compara los diferentes imaginarios que construyen los deportes en Argentina. En el caso del fútbol, su imaginario es básicamente urbano, capitalino e híbrido. El polo edifica, a su vez, una figura masculina y nacional a partir de la oposición entre hombre y bestia, y entre hombre y campo. El automovilismo, por su parte, se basa en la oposición de hombre y máquina (en clara oposición al hombre-bestia del polo). El box se consolida a partir de la simple fuerza (a diferencia del fútbol que busca el estilo basado en la habilidad y la improvisación) y se encarna en héroes venidos de las provincias (como Firpo o Monzón) (Archetti, 1995, pp. 419-441; 2001, pp. 19-111; 2002 [1999], pp. 75-155, 217-255). De esta forma, la obra de Archetti nos permite tener una idea de las representaciones y valores que se construyen en una identidad nacional.

Un segundo plano del estudio de las identidades es en el ámbito local. Ello comprende tanto el discurso como los sucesos o las prácticas que le dan «contenido» a sus imaginarios, los que se manifiestan en rituales y símbolos que muestran su adhesión (por ejemplo, antiguamente saludar o dar aplausos; actualmente, el uso del bombo y banderas, pancartas, instrumentos musicales, cánticos y grafitis). En el caso peruano, Steve Stein preparó un estudio en el que hace hincapié en la popularización del fútbol. Se centró en el caso del club Alianza Lima, el más exitoso durante la década de 1920 y 1930. La composición social de este club era popular (sus jugadores eran obreros, albañiles y artesanos) y su composición étnica estaba conformada mayoritariamente por afroperuanos, factores que lo llevaron a convertirse en representante de ambos grupos sociales (Deustua, Stein & Stokes, 1986, pp. 127-154; Stein, 1987b, pp. 90-100; Stein, 1989, pp. 63-84). Martín Benavides, en su estudio sobre Alianza Lima y al referirse a la representación de los afroperuanos, sostiene que se produjo una «reinvención de la tradición». Alianza olvidó sus orígenes y reconstruyó su historia, procedencia socioeconómica y étnica y valores culturales, para convertirse en un club popular y afroperuano (Benavides, 1999, pp. 33-66)10.

En el caso de las identidades regionales y la pugna que existe entre ellas, los estudios para Ecuador sobre la rivalidad entre Quito y Guayaquil muestran que una rivalidad ajena al deporte se traslada al fútbol, y este funciona como un espacio de resolución de sus conflictos. Esta se manifiesta a través de símbolos y rituales, que representan tanto conflictos sociales y étnicos, como espacial-territoriales (costa-sierra) (Ramírez, 1998, pp. 59-75).

Para el caso de las selecciones nacionales, Sergio Villena Fiengo hizo un estudio sobre la representación de lo nacional a través de la selección de Costa Rica durante la Copa del Mundo de 1990 (cuando la selección costarricense alcanzó los octavos de final). Su participación fue considerada una hazaña, según el discurso de la prensa, y los futbolistas fueron considerados héroes nacionales. Villena Fiengo establece que la base del éxito reside en la ética de sacrificio, valor asociado a la imagen del humilde y sencillo labriego de las zonas rurales de Costa Rica (Villena Fiengo, 2000, pp. 145-168). Para el caso colombiano, Andrés Dávila y Catalina Londoño reconstruyen los discursos nacionales elaborados por la prensa a partir de las actuaciones de la selección colombiana durante la década de 1990, el periodo de mayor éxito de este país en la competencia internacional. Su trabajo revela que el surgimiento y la afirmación de valores moldearon un estilo de juego, el que se fortaleció gracias al rol fundamental de la prensa para construir discursos e imágenes: se mostró que la selección era un grupo de amigos que se reunía para jugar (Dávila & Londoño, 2003, pp. 123-143)11.

Estructura del libro

El libro comprende cinco capítulos. El primero está dedicado a la conformación de la competencia. En este punto, el énfasis recae en su realización en serie, el papel de las asociaciones deportivas y las consecuencias que produjeron en el desarrollo del balompié, la organización de los clubes, el sentido y objetivo del juego, y la formación de símbolos del imaginario deportivo.

El segundo capítulo se refiere a la infraestructura deportiva y los cambios que produjo desde la inicial adaptación de espacios en la ciudad para la práctica del fútbol, a la edificación de edificios especializados para practicar deportes y para la reproducción de la competencia. Asimismo, ponemos de relieve el impacto que tuvo en el espacio urbano el papel de las instituciones públicas y privadas en la edificación de infraestructura deportiva y cómo se crearon lazos de sociabilidad en estos recintos.

El tercer capítulo trata sobre el rol de los medios de comunicación y la evolución del tratamiento de la información deportiva, lo que permite apreciar el cambio desde la perspectiva pedagógica a la construcción de la noticia, con énfasis en las estrategias de transmisión de información de la prensa escrita y la radio.

El cuarto capítulo se centra en las identidades locales. Aquí revisamos las identidades de los clubes del puerto del Callao (Atlético Chalaco y Sport Boys) y las de los clubes de Lima (Alianza Lima y Universitario de Deportes). Buscamos contemplar, a partir de la historia de cada club, su participación en la competencia y su vida institucional, así como comprender los valores y los discursos que se construyen alrededor de cada uno de ellos, sobre la base de tres aspectos: los espacios territoriales de pertenencia, la estructura organizativa y las relaciones al interior del club, y la estrategia de éxito que se emplea durante el juego.

El quinto capítulo se ocupa de la identidad futbolística que se construye con la participación de la selección nacional en la competencia internacional, la composición social de los seleccionados, la gestión de dirigentes y entrenadores, y el estilo de juego que se practica. De este modo, se intenta comprender los valores y los discursos que se construyen a partir de los elementos enumerados y entender la estrategia de éxito de la selección nacional peruana, tanto en la victoria como en la derrota.

Cabe mencionar que este texto fue inicialmente una tesis para obtener el grado de doctor en Historia en El Colegio de México. La investigación concluyó a finales de 2012 y fue defendida en marzo de 2013. Esta versión mantiene la bibliografía con la que trabajé en esa época. Las correcciones se han hecho en la redacción y en el orden de las ideas. Asimismo, he añadido ejemplos y descripciones para graficar mejor los aspectos del periodo de estudio que las fuentes difícilmente pueden aclarar.

Finalmente, antes de concluir esta introducción no quiero dejar de reconocer a todos aquellos quienes apoyaron este trabajo. La lista es larga porque fueron innumerables las facilidades y las ayudas que he recibido. Espero no omitir a nadie; de lo contrario, pido disculpas de antemano. En primer lugar, quiero agradecer a El Colegio de México, donde realice el doctorado, especialmente a su plana docente. Asimismo, agradezco a esta institución por la posibilidad de hacer uso de sus ambientes, sus servicios académicos y, principalmente, por haberme otorgado una beca de estudio e investigación, algo imposible de tener en el Perú; gracias a ello este texto pudo concretarse. Con ello, un especial agradecimiento al asesor de tesis, el doctor Ariel Rodríguez Kuri, quien me dio todas las facilidades y libertades para hacer este trabajo y apoyó en los caminos y enfoques que abordé. Y junto con él, agradezco también a los lectores de mi primer y segundo seminario, así como a los jurados de tesis.

Agradezco también a mi familia, que, sin entenderlo, ha sido testigo de la aventura que significa ser historiador en el Perú; quiero mencionar especialmente a mi hermano Gustavo, por haberme ayudado con materiales no disponibles en repositorios peruanos.

No quiero dejar de mencionar a dos personas a las que siempre estaré muy agradecido: Aldo Panfichi y Eduardo Toche, porque siempre me alentaron a iniciar las investigaciones en este tema y me impulsaron a continuarlas.

Asimismo, agradezco al personal que labora en las distintas bibliotecas y archivos a los que acudí durante la investigación: al personal del A.G.N. de Lima; a los encargados del Fondo Reservado, la Hemeroteca y el Archivo Histórico de la Biblioteca Central de la UNMSM; del mismo modo, a quienes laboran en las salas de la Hemeroteca y la Sala de Investigaciones de la Biblioteca Nacional; al personal de la Biblioteca y Archivo de la Municipalidad de Lima; al personal de la Biblioteca de El Colegio de México; y a quienes laboran en el Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica, que hizo posible esta publicación.

Finalmente, quisiera mencionar a los amigos que me sugirieron y facilitaron materiales y bibliografía que no estaban a mi disposición o simplemente estuvieron ahí para escucharme: Álex Loayza, Andrés Ríos, María Gudiño, Fabio Moraga, Carlos Aguirre, Javier Fuertes, Luz Huertas, Nancy Espinoza, Inés Yujnovsky, Blanca Mar Rosabal, Amada Carolina Pérez, Oscar Calvo, Alexander Montoya, Gabriela Díaz Patiño, Aurelia Valero, Isaac Sáenz, Fernando Villegas y Javier Pérez Valdivia. Mención aparte para Davis Castillo, por su apoyo en la compilación de la información; y para Julio Meza, por las correcciones de estilo. A todos ellos y ellas, ¡muchas gracias!

1 En la década de 1960 se desarrollaron las copas del mundo de Chile de 1962 e Inglaterra de 1966, consideradas las más violentas de la historia, las que se sumaban al aumento de la violencia en las finales intercontinentales de esa misma década y a las tragedias deportivas como la del Estadio Nacional, en Lima, en 1964.

2 Esta concepción es llevada al extremo cuando se afirma que sigue la lógica capitalista de enriquecimiento económico y control de los individuos. Así, el fútbol es concebido como mecanismo de control social, utilizado por las élites como medio de distracción y disuasivo de las masas para facilitar su control. Gerhard Vinnai considera al fútbol alienante; Juan José Sebreli, la máxima degradación, la que se manifiesta en la adulación al héroe deportivo (Maradona), la conducta del hincha y su violencia (hooligan o barra brava) (Vinnai, 1978 [1970], pp. 19-34, 39-101, 117-148; Sebreli, 1981, pp. 15-66, 99-184; 1998, pp. 19-231, 267-316).

3 Los ensayos de Elías fueron escritos entre 1966 y 1971, y tuvieron una difusión moderada. Pero su recopilación en una edición de 1986 contribuyó a la mejor circulación de sus ideas. En América Latina ello sucedió recién cuando la obra se publicó en español en 1995.

4 Cuando Elías preparó sus ensayos (entre 1966 y 1971) casi no existían acercamientos al deporte. Por ello, durante mucho tiempo cumplieron la finalidad de ordenar y ofrecer una primera interpretación sobre el futbol y el deporte. Sin embargo, hoy contamos con estudios basados en fuentes e información fáctica que permiten realizar explicaciones fundamentadas sobre bases más sólidas. No en la cantidad y profundidad ni en la diversidad de temas y enfoques que deseamos, pero estos estudios, a nuestro juicio, son más confiables al estar basados en información primaria.

5 Una última mirada provino desde la antropología, la cual buscó rituales, símbolos, prácticas religiosas y tribus urbanas. Quiso reconocer también a los protagonistas y a los elementos que conforman el universo del fútbol: los jugadores, la organización de los clubes, el público y los barristas, la dirigencia y el cuerpo técnico, etcétera. Desde esta perspectiva se han desarrollado numerosos trabajos que buscan explicar la aparición y la formación de barras radicalizadas y que emplean la violencia como forma de defensa a su club (Verdú, 1980, pp. 7-43, 91, 123-192; Archetti, 1998, pp. 91-103).

6 Futuros estudios focalizados en los clubes de fútbol nos permitirán conocer mejor estas entidades como espacios de sociabilidad, prácticas democráticas y participación en la vida política. Uno de los pocos estudios son los de Steve Stein (Deustua, Stein & Stokes, 1986, pp. 127-154); y Benavides (1999, pp. 33-66). Estos análisis merecen ser complementados con una mirada más precisa de su institucionalidad, el modelo de gestión, la vida social y la composición social, etc. Uno de los mayores problemas que hay, al menos en el caso de Perú, es la ausencia de archivos y documentación de las mismas instituciones, lo que reduce la información disponible.

7 No contamos con estudios históricos sobre el discurso olimpista en el deporte latinoamericano.

8 El texto de Robert Edelman (1993) revisa la formación del espectáculo deportivo en la antigua URSS y nos presenta tanto los discursos que fundamentan la práctica del deporte en los tiempos del socialismo, como su doble función. Es decir, como medio difusor de los valores y discursos de los gobernantes soviéticos, tanto al interior de la URSS como fuera de ella, y, por otro lado, como espacio de construcción de los elementos que comprenden el espectáculo. En este aspecto, que es el que más nos interesa, resalta la investigación sobre la formación de las competiciones deportivas (fútbol, hockey, atletismo, etcétera) y la conformación del público, aunque el vínculo entre uno y otro se limita a la asistencia a un espectáculo como parte del tiempo de ocio, sin considerar aspectos como la socialización dentro de la infraestructura deportiva ni el papel de los medios de comunicación como mecanismos para la creación de imágenes y discursos sobre lo que sucede en los campos deportivos.

9 Para otros estudios sobre las prácticas y las identidades, ver los trabajos de Panfichi, 2002, pp. 143-157; Panfichi y Thieroldt, 2008, pp. 177-190.

10 El estudio de Soares muestra la reinvención de discursos sobre el fútbol proveniente desde la literatura y la prensa (2000, pp. 116-134).

11 También fue útil Villena Fiengo, 2002, pp. 135-136. Un texto que ofrece una visión panorámica de estos dos aspectos es el de Fabio Franzini (1998), en el cual la popularización del fútbol, la construcción de las identidades y las transformaciones impuestas por la multiplicación del público y el crecimiento de la capacidad de los estadios derivaron en una reivindicación de los futbolistas más populares y de los que participaban en la selección nacional como representantes nacionales, con lo cual superaron las barreras raciales y sociales impuestas en la sociedad brasileña de esa época.

Del barrio al estadio

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