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Capítulo 2


IDENTIFICANDO NUESTRO

PRINCIPAL LLAMADO EN LA VIDA

“Selecciona tu propósito… y luego utiliza todos los medios que estén a tu alcance para lograr tu objetivo. No recurras a la violencia aunque a primera vista parezca prometerte obtener el éxito que quieras alcanzar, pues esta solo irá en contra de tus ideales. Más bien, utiliza el camino del amor y el respeto, aun cuando al transitar por ese sendero el resultado parezca lejano o incierto”.

—Mahatma Gandhi

Conéctate con tu verdadero propósito

Cuando te despiertas a iniciar tu jornada, ¿ya sabes a qué te dedicarás durante ella? ¿Ya hay en ti un sentido de propósito? ¿O solo estás reaccionando a lo que aparezca en tu bandeja de entrada o en la pantalla de tu mente? ¿Estás dejándote guiar por las primeras tareas, los primeros sentimientos y las primeras ideas que vengan a ti cuando te despiertas? Tener un sentido de propósito nos ayuda a concentrarnos. Es como irnos de excursión con la meta de llegar a la cima de la montaña hacia la que nos dirigimos. Ese sentido de dirección es el que nos servirá para planificar nuestro viaje, para llegar más allá de lo presupuestado y para hacer más de aquello que nos sintamos más cómodos haciendo en ese momento. Lo más probable será que no nos detengamos en los paraderos que encontremos por el camino para disfrutar de un buen café y que a cambio llevemos agua extra para mantenernos hidratados aunque hacerlo signifique echarle más peso a nuestro equipaje. Por decisiones como esta debe ser que se dice que nuestra intención alimenta nuestra determinación.

En el fondo, todos nos sentimos llamados a hacer algo grandioso en esta vida y, entre más claridad tengamos con respecto a cuál es ese llamado, más energía sentiremos para responder a él. Nuestro llamado es muy personal —es exclusivo de nosotros y no es algo que alguien más pueda decirnos—. Es algo muy profundo dentro de nosotros que nos da energía, que nos ayuda a comenzar nuestro día, a enfocar nuestras prioridades, a abordar los desafíos que enfrentamos y que nos motiva a seguir creciendo. La única persona capaz de definir ese llamado es la persona que en estos momentos está leyendo esta frase. (En caso de que te lo estés preguntando, sí, esa persona eres tú).

¿De dónde proviene nuestro llamado? Siendo sinceros, no hay respuesta para esta pregunta. Lo que sí sabemos es que estamos influenciados por las prioridades de otras personas —casi siempre, sin darnos cuenta—. Reflexionemos por un momento: ¿qué aprendemos sobre nuestro propósito a través de nuestra familia, la escuela, los trabajos, los amigos y el mundo en general? Recibimos toneladas de mensajes de las tribus a las que pertenecemos. Los siguientes son algunos de ellos: para sobrevivir, necesitas estar ocupado; para tener sentido de pertenencia, debes conformarte y no agitar tu entorno; para tener éxito, es imperioso ser mejor que quienes te rodean y hacer mucho dinero; para crecer, tienes que saber la mayor cantidad de respuestas posible; y para ser digno de respeto y admiración, debes ser especial.

Y como queremos sobrevivir, pertenecer, tener éxito, crecer y ser dignos, y además preferimos no cuestionar las prioridades de las personas más cercanas a nosotros, adaptamos nuestra vida a las prioridades de nuestra tribu, en lugar de adaptarlas a las nuestras, por lo general, sin siquiera saberlo. O por el contrario, nos rebelamos y rechazamos las prioridades de la tribu y vivimos todo lo opuesto a lo que ellos valoran. Lo cierto es que, en ambos casos, corremos el riesgo de llevar vidas prestadas en lugar de auténticas, pues, inconscientemente, estamos reaccionando a nuestro entorno.

Y ¿por qué vivimos vidas prestadas? Porque todavía no hemos descubierto quiénes somos, ni cuál es nuestro verdadero llamado, ni mucho menos nos hemos comprometido con él. En lugar de primero descubrir quiénes somos y adoptar una postura al respecto, somos influenciados por nuestra tribu y adoptamos nuestra posición bien sea uniéndonos a ella o yéndonos en su contra. Por un tiempo, viví el enfoque de mi tribu en lo referente al concepto de riqueza, subiendo la escalera corporativa tan rápido como pude. Luego, me rebelé y casi me convertí en monje, pensando que quería vivir sin tener que volver a pensar en el dinero. Sin embargo, el resultado final de estas dos decisiones fue que ninguno de los dos caminos era sostenible para mí, ya que ninguno reflejaba quién yo soy realmente. En lugar de guiarme según mi ser auténtico, lo que decidí hacer incluía dinero en el medio —obtener mucho o nada de dinero—. Fue después de una reflexión continua que aprendí que mi llamado tenía que ver con algo que era inherente a mí: mi deseo de crecer y descubrir más y más de quién soy yo de manera individual y en conjunto. Entonces, comprendí que, para encontrar nuestro llamado, tenemos que estar dispuestos a mirar hacia adentro y a desenmarañarnos de los mensajes y de toda la programación que nos fue impuesta.

Lo único que sabemos con certeza sobre la vida es esto: todos moriremos. La mayoría de las veces, el hecho de vislumbrar y sopesar nuestra mortalidad suele ayudarnos a aclarar nuestro llamado. Uno de mis tíos, Gerrit Visbeek, murió de cáncer a los 62 años de edad. Hablamos muy seguido durante los últimos meses de su vida y me contó que su mayor arrepentimiento era haber pospuesto hasta cuando ya estaba en su lecho de muerte la labor de saber quién era él realmente. También me expresó que estaba descubriendo que su esencia tenía algo que ver con el amor que permanece hasta después de la muerte. Y en lugar de centrarse en ese amor y extenderlo a los demás, se dio cuenta de que había gastado una gran parte de su vida dedicado a otras prioridades —prioridades que había tomado prestadas de quienes lo rodeaban— como ser alguien en el mundo, tener éxito y acumular riqueza.

Por lo que sabemos, es posible que mañana no nos despertemos de nuevo. Así que ¿cómo quieres vivir las próximas horas? ¿Quién quieres ser? ¿Cómo quieres vivir un poco más tu llamado hoy? Incluso si aún no tienes una idea muy clara sobre cuál es tu vocación, reflexionar al respecto te ayudará a avanzar hacia ella. Estas son preguntas esenciales para nuestro crecimiento. Mi tío Gerrit aprendió de su padre, Douwe Visbeek, que era imprescindible ser exitoso e importante para sobrevivir y disfrutar de una buena vida. Esto es comprensible, ya que mi abuelo provenía de orígenes muy humildes y tuvo que trabajar duro toda su vida, primero que todo, para obtener estabilidad financiera; y luego, para mantener su riqueza y estatus como un destacado productor lechero en el norte de los Países Bajos. Lo más probable es que mi abuelo haya aprendido sobre las prioridades de su vida a través de su padre y mi bisabuelo de su padre y así sucesivamente.

Lo que esto muestra es que, en nuestra familia, muchos de nosotros hemos estado operando con estas brújulas prestadas para “hacerse rico” o “volverse respetable” que fueron tan importantes para mi tío y su padre. Tal como nos lo muestra la vida del tío Gerrit, una brújula prestada puede llevarnos muy lejos en términos externos (él terminó siendo dueño de uno de los invernaderos más grandes de los Países Bajos) y, sin embargo, tal como él me enseñó al final de su vida, una brújula prestada nunca nos conducirá hacia una vida verdaderamente satisfactoria. Hay mucha más inspiración en la autenticidad.

 PuntajeEn una escala de 1 a 10, ¿qué tanta de tu energía inviertes en prioridades que sean realmente auténticas para ti (y no prestadas de tu tribu)?Encierra en un círculo el número que te describa.1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

DESCUBRIENDO NUESTRO COMPÁS

Hallar el propósito de nuestra vida tiende a ser como escalar una montaña. Nuestra intención inicial es alcanzar determinado pico. Sin embargo, a lo largo del camino, descubrimos que esa no era la parte más alta de la montaña y decidimos redefinir nuestro objetivo. Lo mismo sucede en la vida.

Con el paso del tiempo, nos conocemos de maneras cada vez más profundas —muchos vamos aumentando nuestra visión del propósito de nuestra vida a medida que envejecemos—. Esa ha sido mi experiencia. Cuando tenemos cinco años, identificamos nuestro llamado diciendo: “Quiero ser astronauta”. Cuando tenemos 12 años, reinventamos nuestro llamado afirmando: “Voy a ser maestro y ayudaré a los demás”. Y cuando ya tenemos 40, nuestro llamado se convierte en: “Daré lo mejor de mí cada día para criar a mis hijos y los guiaré hacia sus propios descubrimientos”.

Siempre he sentido que mi llamado en la vida tiene algo que ver con ayudarles a los demás y con hacer tangible lo intangible. Siempre me ha encantado cómo la música —en particular, la música que se toca en el gran órgano eclesiástico del siglo XVII que se encuentra en el pueblo donde crecí— tiene el poder de transportarme a un espacio de vitalidad, asombro e inspiración que solo he experimentado en ese lugar. Cuando era niño, comencé a tocar algunas melodías en mi trompa con la esperanza de llegar a provocar una experiencia similar en otros. Sin embargo, también tenía el fuerte impulso heredado de mi familia de ser alguien en el mundo. Dicho impulso me llevó a priorizar en el hecho de llegar a ser alguien destacado, rico y que subiera la escalera corporativa en Manhattan lo más rápido posible. Es decir, me condujo hasta la mitad de mi montaña personal. Desde allí, aprendí a pensar e interactuar de una manera muy emocionante para mí con los equipos de consultoría de los que formé parte. Comencé a apreciar las maravillas que suceden en las sala de conferencias cuando las gentes ponen todo su corazón y su mente en resolver creativamente un problema complejo.

Cuando este propósito se me acabó, durante un viaje a Vietnam me topé con la meditación. Había oído hablar de ella e incluso tomé clases de yoga durante corto tiempo. Luego, un amigo me invitó a practicar meditación a un templo ubicado en una calle ruidosa de la ciudad de Ho Chi Minh, la cual estábamos visitando. Pensé que sabía lo que me esperaba: serían algunos ejercicios suaves de respiración y relajación y no mucho más que un ejercicio mental leve. En cambio, mi amigo me pidió que me sentara sobre un cojín en un piso de concreto, que mantuviera mi cuerpo quieto, que respirara de forma natural y que pusiera toda mi atención en las entradas y salidas de mi respiración, dejando que los pensamientos y las sensaciones fluyeran dentro de mí sin prestarles atención. Luego, me sugirió que practicáramos de esa manera durante una hora. Así lo hice y me gustó un poco aunque me pareció muy doloroso, sobre todo, el hecho de permanecer sentado con las piernas cruzadas. No voy a negar que, cuando la clase terminó, me sentí aliviado. Después, me sentí adolorido, pero relajado y algo eufórico. Sin embargo, no le di mayor importancia a la experiencia y continuamos con nuestro día, conociendo los lugares de interés de la ciudad.

Esa noche, dormí siete horas, lo cual no me había sucedido en años. Y lo logré mientras mi reloj interno estaba fuera de control, pues me encontraba a 11 horas de diferencia de mi zona horaria habitual en mi apartamento de Nueva York. ¡Todo esto, después de solo una hora de concentrarme en mi respiración aun en medio de la enorme cantidad de distracción que se escuchaba en el fondo debida a los fuertes ruidos del tráfico de la ciudad de Ho Chi Minh! Me sentí profundamente agradecido de haber sido invitado a esta clase inicial de meditación. La experiencia me impactó tanto que, casi de la noche a la mañana, decidí dedicarme a la práctica de la conciencia plena. Comencé a meditar todos los días y a pensar en cómo prestarle total atención a todo lo que estaba haciendo. Como resultado, vi que a medida que continuaba meditando, me fui conectando con aquella paz y alegría, y con ese sentimiento de amor que no había experimentado desde cuando era niño y escuchaba la música de órgano en la iglesia de mi pueblo. ¡Estaba descubriendo una solución para todo ese sentimiento de inquietud que me embargaba en aquel tiempo! Es difícil traducir esta experiencia en palabras, pero de todos modos, lo intentaré aunque sé que fracasaré de la mejor manera posible…como solo yo sé hacerlo.

Estaba empezando a experimentar una quietud parecida a la del cielo, que abarca todo sin tomar ninguna posición específica; que refleja claridad y no pretende cambiar nada. Descubrí que accedería a esta amplitud interior al estar realmente presente en ese mismo momento y al dejar que cualquier pensamiento sobre el pasado o el futuro fluyera a través de mí. Empecé a ver que, cuando me hago consciente de mi ser, experimento paz, vitalidad y un amor que está a mi disposición en todo momento, no algunas veces, está ahí todo el tiempo, es solo cuestión de querer conectarme con él. Ante esto, la práctica de la meditación y de la atención plena se me convirtió en una forma de acceder a este reabastecimiento de quietud.

Como me enamoré de esta sensación de paz, decidí dedicarle mi vida a ella. Día tras día, el propósito de mi vida había evolucionado desde la búsqueda de la importancia y la riqueza a toda costa hasta el cultivo de esta sensación de paz interior y alegría. Inspirado por mi nueva vocación, me encontré repensando mi vida por completo, incluso considerando convertirme en monje. Así que, en ese entonces, pasé mucho tiempo en centros de retiro y en monasterios.

Y aunque en ese momento mi propósito me pareció bastante definitivo, nunca di el paso final de dedicarme a la vida monástica. Algo dentro de mí me dijo que no lo hiciera y le hice caso a ese susurro. Descubrí que entrar en el monasterio no sería adecuado para mí. Sentí un fuego en mi vientre que me dejaba saber que ese no era mi destino. Si bien estaba comprometido a encontrar la paz, una parte de mí no se sentía satisfecha ante un hecho tan radical como ese. Entonces, comencé a comprender que no estaría 100% satisfecho con el crecimiento interno y la introspección desde en un entorno relativamente aislado, pues también quería honrar el profundo anhelo que tenía de expresarme y llevar una vida de servicio en el mundo, pero de otras maneras.

Este anhelo alimentó la siguiente etapa de mi viaje. Durante ese tiempo, me topé con una forma de vida que parecía fusionar mi atracción hacia la experiencia monástica y las recompensas intrínsecas del mundo de los negocios. Siendo todavía socio de una empresa de consultoría en la Ciudad de Nueva York, Karen Aberle, una experimentada entrenadora ejecutiva, me guiaba. Al trabajar con ella para descubrir más sobre mi verdadera vocación, comencé a ver que podía tenerlo todo a la vez: profundizar mi experiencia de paz a través de la atención plena y mantenerme conectado al mundo ayudando a otras personas, a gente como yo, que trabaja en corporaciones y busca algo que le brinde una satisfacción más duradera. Al final de este capítulo, comparto algunas de las preguntas que me hizo mi entrenadora durante el trabajo de campo.

En síntesis, ¿qué te hace sentir vivo? ¿Qué es aquello que realmente deseas contribuirle a tu mundo? Esas eran dos de sus preguntas y hoy todavía pienso en ellas con frecuencia. Con la ayuda de Karen, descubrí que gran parte de mi llamado era ayudarles a otros a crecer. Así compartiría mi experiencia del cojín de meditación con personas que se pasan la mayor parte de su vida en función de su trabajo. Y así, me convertí en entrenador ejecutivo y en facilitador de equipos, trabajando con personas con el propósito de darnos cuenta de la paz y la alegría que se encuentran en el centro de nuestro ser y a aplicarlas en nuestro trabajo diario. Todavía recuerdo el correo electrónico de Karen cuando le envié un mensaje contándole que estaba pensando en la posibilidad de inscribirme en un programa de capacitación de un año para ser entrenador. “¡Salta!”. Esa fue la única palabra que ella me respondió. Y lo hice. ¡Salté! Recuerdo lo emocionado que me sentí frente a esa decisión.

“¡Eureka!”, pensé en ese momento. “¡Por fin, he llegado a lo que se supone que debo hacer en este mundo!”. “¡No tan rápido!”, me respondió la vida. Había mucha más evolución por venir y parte de ella surgió al conocer a otras personas inspiradoras que me han ayudado a ver la vida y mi lugar en ella con nuevos ojos. Una de estas personas es Gene White.

ENCONTRANDO NUESTRO PROPÓSITO

Gene es la Presidenta de Global Child Nutrition Foundation, una entidad que trabaja en pos de erradicar el hambre infantil en el mundo. Ella es una de esas personas cuyo sentido de propósito se hace evidente de inmediato y su ejemplo me inspiró a echarle otro vistazo al mío. Gene trabaja de 12 a 15 horas diarias, viaja por todo el mundo (más que todo, en autocar); cuenta con más energía que la mayoría de las personas que conozco y tiene más de 90 años. La conocí durante una entrevista que le hice para un artículo que estaba escribiendo sobre grandes líderes. Me presenté en su casa en Whidbey Island, cerca de Seattle, Washington, alrededor de la 1:45 p.m., en medio de un día soleado, 15 minutos antes de nuestra cita. Todavía no quería llamar a su puerta (quería esperar a que una mujer de su edad acabara de hacer su siesta), así que me senté en el banco junto a la puerta de su casa a esperar el momento de la cita. Para mi sorpresa, a los pocos minutos de haberme sentado, la puerta se abrió y allí estaba Gene, de pie frente a mí, lista para recibirme en su casa.

Hablamos sin parar durante dos horas, después de las cuales, ella me preguntó qué me gustaría hacer a continuación. Le dije que tenía curiosidad por conocer su vecindario. Sin dudarlo, me acompañó hasta el auto y se acomodó en el asiento del copiloto y desde ahí me compartía sus ideas, esta vez, sobre Whidbey Island. Cuando regresamos a su casa y nos despedimos, Gene estaba a punto de comenzar una teleconferencia. ¿Cuál era su secreto?

Gene no se preocupa por sí misma, ni por su nivel de energía—ella siente que es tan solo una persona común y corriente que hace su parte—. Durante la entrevista, esta hermosa guerrera me compartió parte de la sabiduría adquirida a lo largo sus nueve décadas de vida y servicio, y al hacerlo, me ayudó a crear una imagen en mi mente de cómo “tener lo que ella tiene”. ¿Cuál es el secreto detrás de su increíble nivel de energía?

En una palabra: determinación. Concluí que ser clara y estar comprometida con su llamado en la vida son unas de las principales fuerzas impulsoras de la magia de Gene. Pero ¿cómo encontró Gene su propósito? ¿O cómo el propósito encontró a Gene?

Cuando me encontraba en su casa, hablando con ella por primera vez, para mí fue evidente de inmediato que su mentalidad tenía el enfoque de un rayo láser. Después de asegurarse de que estaba cómoda, me preguntó: “¿Comenzamos a hablar ya?”. Estaba lista para sumergirse en la conversación. Decidí hacerle la gran pregunta primero: “Gene, ya no tienes 18 años. ¿De dónde sacas tu energía?”.

“Soy una persona muy afortunada en el sentido de que creo en lo que estoy haciendo”, me respondió. Reflexionando un poco más, miró hacia el techo y comenzó a contarme sobre un evento que le cambió la vida cuando tenía treinta y tantos años de edad. Compartiré su recuerdo del evento en su totalidad, ya que contiene algunas claves sobre cómo aprovechar nuestra motivación intrínseca:

“Las experiencias que cambian la vida se presentan de múltiples formas. Para mí, ocurrió en Túnez, donde me encontraba haciendo un trabajo como voluntaria para US Agency for International Development. Me dirigiría hacia el sur del país, al desierto del Sahara y, antes de partir, visité la tienda de la Embajada de los Estados Unidos para comprar algunos suministros que incluían una caja de galletas en forma de animales.

“Una semana después, llegué a un pequeño pueblo junto a un oasis donde la longevidad de los adultos era de 35 años, lo que significaba que muchos niños no tenían hogar, ni padres y con gran desesperación buscaban comida en medio de la nada. Cuando bajé del auto, me vi rodeada de niños hambrientos con las manos extendidas, listos a recibir cualquier cosa que yo pudiera darles. Bueno, fue claro que ese era el día de las galletas de forma de animales, si alguna vez hubo uno. Había tantos niños que comencé a romper las galletas por la mitad, dándole la cabeza a un pequeñín, la cola a otro, hasta que me quedé sin galletas.

“De repente sentí a alguien tirando de mi vestido y, al mirar hacia abajo, me encontré a esta pequeña niña de tres o cuatro años, rogando por su galleta y yo no podía creer que no tenía forma de ayudarla. Su desnutrición había llegado a tal punto que su estructura celular se estaba desmoronando; un flujo muy fuerte salía de sus ojos, su nariz y su boca y los gusanos se arrastraban en medio de la suciedad de su rostro. Su cabello nunca había sido peinado y parecía piel en su pequeña cabeza. Supe que esta niña se estaba muriendo y, aunque yo tenía entrenamiento en nutrición infantil, no tenía nada que darle a pesar de que ella se encontraba en semejante estado de inanición —ni siquiera una galleta.

“Aunque no sé el nombre de la niña, ni tampoco el del pueblo, sí sé que decidí que ese día, en ese instante y en ese pueblo, haría todo lo posible para evitar que sucedieran tragedias como esa. Esto sucedió hace muchos años y todavía lo estoy intentando. Una hambrienta niña de Túnez me puso en un nuevo camino con una nueva dirección y le estoy muy agradecida por eso”.

Hubo lágrimas en sus ojos cuando Gene me contó su historia. Antes de su visita a este pueblo tunecino, ella percibía su trabajo de voluntaria como “algo agradable que hacer”, algo a través de lo cual ella aprendería mucho. Después de conocer a esta niña hambrienta y sin tener nada que darle, la vida de Gene cambió para siempre, pues se comprometió a erradicar el hambre infantil. Este propósito la ha guiado durante más de 60 años.

Y hay otro aspecto en la brújula interna de Gene que alimenta su vitalidad. “Leo mucho, amo la música, en especial, la música clásica; pertenezco a clubes de lectura, a grupos de redacción, a la junta de un banco local de alimentos y permanezco inmersa en actividades comunitarias. Vivo en una zona increíblemente hermosa del noroeste del Pacífico y muchas noches visito las playas para ver la puesta de sol, reflexionar sobre la plenitud de la vida y encontrar formas de enriquecer aún más el futuro”. La gente le pregunta por qué no renuncia a todo este aprendizaje. ¿Para qué le sirve? “No me imagino viviendo en un mundo que cambia tan rápidamente y no cambiar a la par con él. A veces, encuentro personas que, sea cual sea su edad, se resisten el cambio y son 'viejas' de espíritu. Por el contrario, muchas personas mayores son siempre 'jóvenes' en lo que se refiere a su voluntad para aprender y colaborar”. Gene explica cómo es para ella la perspectiva de una persona mayor. “Independientemente de nuestra edad, no deberíamos tener vacas sagradas. En otras palabras, no deberíamos estar tan comprometidos con la tradición, ni con el pasado a tal punto que pensemos que hay que perpetuarlos. Para mí, no hay vacas sagradas, es mejor usarlas como hamburguesas”.

Gene ve que a su alrededor hay jóvenes que parecen viejos, que han internalizado las vacas sagradas de su entorno con respecto a cuál es su lugar en el mundo y a qué pueden y qué no pueden hacer: “Quizá, se sienten inseguros y tienen miedo de probar algo nuevo y creer en sí mismos”. También opina que hay muchas personas atrapadas en sus carreras, en sus trabajos. Gene cree que tenemos múltiples carreras en nuestra vida. Mirándome fijamente a los ojos, me dijo: “Tú también”. En ese momento, escuché a las vacas sagradas que hay dentro de mí gemir en señal de protesta.

Una vaca sagrada que Gene ha convertido en hamburguesas es la idea de la jubilación. “Algunas personas piensan que al jubilarse les ha llegado la hora de relajarse y olvidarse de los problemas del mundo. En cambio, yo veo la jubilación de manera diferente. Para mí, esta es la etapa de la vida para hacer cosas que antes no nos fue posible hacer. No estás comprometido con un horario específico, ni con la rutina y las expectativas de los demás. El retiro es una oportunidad más para ser quien eres y hacer las cosas que son importantes para ti”. Gene ha estado aprendiendo toda su vida y así continuará hasta el final.

Le pregunté: “¿Qué harías si supieras que solo tienes seis horas de vida?”. Gene reflexionó y respondió: “Exactamente lo que estoy haciendo ahora… aunque no… no creo que esa sea la respuesta correcta. Si supiera que voy a partir hacia el otro mundo esta noche, no limpiaría la casa hoy, ya que alguien más tendría que ocuparse de eso al día siguiente. Francamente, no sería algo muy diferente a lo que estoy haciendo. No estaría hablando por teléfono llamando a un montón de personas. Simplemente, me relajaría y diría: ‘Bueno, este es el comienzo de algo maravilloso’ y me dejaría ir hacia el más allá. Me sentiría en paz”.

No todos somos tan afortunados como para tener un contacto tan directo con nuestro propósito de vida como le ocurrió a Gene en Túnez. Sin embargo, incluso sin ese tipo de experiencia, también nosotros podemos encontrar nuestro llamado —eso que llevamos arraigado muy, muy en el fondo de nuestro ser—. Aprender de líderes como Gene nos ayuda en nuestro proceso de descubrimiento. Gene mantuvo su curiosidad y vio lo que necesitaba ver, aplicó sus talentos y habilidades y se comprometió a una causa más grande que su identidad individual. Desde entonces, sus elecciones han sido vivificantes para aquellos a quienes ella sirve (y también para sí misma).

Sabemos que hemos encontrado nuestro llamado cuando se trata de algo que nos da la certeza y la energía necesarias para trabajar en ello de manera consistente, sin importar lo que esté sucediendo en el mundo externo, ni en nuestra propia vida. Nuestro llamado es muy personal: nadie puede decirnos cuál es. Inspirado en parte con la fascinación de Gene por la vida y por su dedicación a erradicar el hambre infantil, desarrollé el propósito de buscar mi propia paz interior y así dedicarme al autodescubrimiento y al servicio a los demás.

Gene y otros grandes líderes como ella sobre los cuales conocerás más adelante en este libro despertaron mi fascinación hacia el latente potencial ilimitado que existe dentro de todos y cada uno de nosotros. Fue así como decidí que tenía que descubrirlo junto con todos sus secretos y excavar más y más hasta llegara al fondo de esta riqueza interna que permanece intrínseca en nuestro ser.

TRANSFORMÁNDONOS EN QUIENES

SIEMPRE HEMOS SIDO

Entonces, ¿qué hay dentro de nosotros? A continuación, compartiré lo que he descubierto hasta ahora. No se trata de que esta sea la única respuesta, pero la comparto para que te sirva como una señal en medio de tu viaje.

En nuestro interior, somos como el cielo, que irradia conciencia, amor incondicional, potencial ilimitado y paz verdadera. Conciencia, amor, potencial y paz son grandes conceptos. Déjame tratar de describir lo que significan. Quizá, algo de esto te parezca esotérico, pero, por favor, no dejes que eso te moleste. No se trata de una descripción exacta. Léelo más como si observaras una pintura o escucharas una pieza musical. Toma lo que te suene y olvídate del resto.

Cuando me quedo quieto y me dejo desconectar por completo de mis pensamientos, de mis sentimientos y de las sensaciones fugaces de mi cuerpo y mi mente, noto un espacio en mí. Este espacio no tiene límites y se me va tornando cada vez más claro a medida que me entrego a él. Desde allí, estoy presente en el momento. Al estar presente, soy consciente de lo que sucede a mi alrededor y dentro de mí, en mi interior y en el exterior —yo y el mundo— dejamos de ser diferentes. Esta conciencia, como el cielo, no tiene límites, no cambia, solo existe. Siempre está ahí aunque, a veces, olvido que la conciencia está en funcionamiento constante. Y además, es exigente. Desde allí, se hace más claro qué es verdad y qué no, qué es sabio y qué no lo es, qué es útil y qué no. La conciencia nos ayuda a poner las cosas según su verdadera perspectiva.

Nuestra esencia también es el amor incondicional: cuidar de todo y de todos sin necesidad de que haya reciprocidad. No les impone condiciones a otros, ni a las circunstancias. No tiene agenda, ni quiere nada de los demás. Gene hace lo que hace porque quiere ayudar y no por las recompensas. Su servicio es su recompensa. Como una flor, ella comparte libremente su fragancia. Esa es su naturaleza. Como ella misma dice: “La afabilidad no tiene limitaciones”. Eso incluye a todos y a cada situación. En nuestra esencia, parecemos amar a todos y a todo, incluso si nuestra temible mente de cocodrilo tiene otras ideas.

Nuestra esencia también está relacionada con nuestro potencial. Podemos convertirnos en cualquier cosa que elijamos. Si decidimos cuidarnos, encontramos formas de cuidar a los demás; si decidimos ser innovadores, encontramos nuevas formas de ver las cosas; si decidimos ser productivos, hacemos las cosas. Por el contrario, si decidimos permanecer enojados, nos lastimamos a nosotros mismos y a los demás. Por supuesto, también podemos usar nuestra ira para establecer límites, otro acto creativo. Si decidimos ceder ante el miedo, experimentamos pequeñez. Y si cedemos a la desesperación, experimentamos la miseria. Lo cierto es que depende de nosotros cómo usamos el potencial que somos.

La próxima vez que estés atrapado en el tráfico, prueba lo siguiente: decide pensar en todo aquello por lo cual estás agradecido en lugar de ceder ante la impaciencia o la frustración. Siente la comodidad de tu asiento, la respiración suave en tu estómago, el hermoso niño que mira por la ventana del auto que va al lado, el jugueteo de las nubes en el cielo, la voz de un cantante en la radio y, si es posible, hasta un resplandor dentro de ti que se va volviendo más fuerte a medida que disfrutas de todo eso por lo que estás tan agradecido. Observa cómo sí tienes un potencial ilimitado para crear tus propias experiencias sin importar lo que ocurra en el exterior. En una de mis películas favoritas, La vita è bella, vemos a un padre judío cuidar a su hijo en un campo de concentración nazi. A través de canciones, afabilidad, risas, historias y un sinfín de otras formas de cuidarlo, él se las arregla para brindarle a su hijo una hermosa experiencia aun estando en medio de un campo de concentración. Pienso en esto a menudo, cuando la frustración comienza a bloquear mi visión interna de lo posible. Entonces, me recuerdo que es crucial reenfocar mi atención hacia algo por lo cual me sienta agradecido. Pensar con gratitud es una excelente manera de tener acceso a la alegría. Entonces, cuando me doy cuenta de lo rápido que cambia mi experiencia a través de un sencillo giro de mentalidad, ese hecho me recuerda el potencial ilimitado que hay dentro de mí.

También siento que somos una paz sin oposición, así como el cielo, que incluye opuestos como las nubes, pero no es tocado por ellas. Cuando nos quedamos muy callados experimentamos esta sensación de paz que va más allá de nuestra comprensión racional. Entonces, sentimos una quietud que no carece de nada y, sin embargo, subyace y lo envuelve todo. Incluso está allí cuando estamos de duelo. El verano pasado, perdí a un querido amigo. Sentí tanta tristeza que al principio le tenía miedo a la profundidad de mi sentimiento. Pensé que me destruiría y lo reprimí. Luego, una voz quieta dentro de mí me empujó a abrirme a mis emociones y a dejarlas salir. A medida que lo hacía y me permitía llorar, sentí una extraña sensación de alivio, una paz que iba mucho más allá de la comprensión de mi mente racional. La paz que somos siempre está ahí inclusive cuando estamos pasando un mal momento. Es solo que no siempre la notamos.

¿CUÁL ES TU LLAMADO?

Conciencia, amor incondicional, potencial ilimitado y paz sin oposición —así es como veo la cima de la montaña del autodescubrimiento ahora— y me doy cuenta de que, inevitablemente, mi percepción cambiará a medida que siga avanzando por este camino. En esencia, descansando cada vez más en la certeza de ser como una claraboya y experimentando la alegría, la fuerza y la compasión que surgen junto con todo esto, me siento más motivado para ayudarles a otros a descubrir más sobre quiénes son realmente.

¿Cómo ves la cima de tu montaña? ¿Cuál crees que sea tu esencia? Independientemente de las palabras, imágenes y sensaciones que te lleguen, déjalas allí, déjalas ser. No hagas absolutamente nada más. Permanece así un momento y toma nota de lo que estás viendo. Esta reflexión te ayudará a descubrir más acerca de tu vocación, de aquello a lo que deseas dedicarle tu vida.

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No importa cuál sea tu llamado. Mientras te satisfaga, te será útil en tu viaje de crecimiento. Una vez que te hayas comprometido con él, notarás una mayor energía apoyándote y motivándote a seguir aprendiendo y contribuyendo, al igual que el propósito de Gene (acabar con el hambre infantil y generar paz) le ha dado enfoque e impulso a su vida durante sus últimos 60 años.

Una vez te comprometas de todo corazón con tu propósito, se te presentarán todo tipo de oportunidades. “Nunca he dudado de esto”, reflexionó Gene durante nuestra charla. “Los caminos se abrieron de maneras asombrosas. Después de mi experiencia en Túnez, me ofrecí como voluntaria en varias organizaciones internacionales, trabajé en otros países y luego me involucré en la recién establecida Global Child Nutrition Foundation (GCNF), donde hoy continúo sirviendo. Nuestro propósito es ampliar las oportunidades para que los niños del mundo tengan acceso a comida nutritiva en la escuela utilizando alimentos suministrados por la producción agrícola local. En GCNF tenemos el privilegio de ayudarles a los países a avanzar en la salud y la educación de los niños a través de programas de nutrición escolar. Es difícil imaginar algo que sea más importante para los niños y sus países”.

EL PROPÓSITO REMPLAZA A LA COMPETENCIA

La claridad de propósito nos une y, cuando este se entiende profundamente, trasciende la competencia. Según Gene: “Con frecuencia, observo que las organizaciones humanitarias bien intencionadas eligen trabajar de manera independiente y no en asociación con otras para lograr en esencia los mismos objetivos. Aliviar la pobreza y el hambre son megaproblemas que no se resuelven solos; nadie tiene todas las respuestas; las agendas personales deben quedar a un lado; debemos compartir información, habilidades y muchos otros recursos necesarios para ayudar a construir un mundo más seguro y pacífico.

“Esto me lleva una vez más a mi punto básico. No debemos competir, no podemos permitírnoslo, los problemas son demasiado grandes. Debemos aprender y trabajar juntos en este momento crítico para la comunidad global”.

Quizá, pensamos: “Bueno, pero yo necesito competir con otros para tener participación en el mercado, para ganar ascensos, para ocupar mejores cargos, para tener un lugar donde vivir, etc. Entonces, ¿cómo puede ser cierto para mí eso de que no necesitamos competir?”. Gene afirma que, cuando tenemos claro cuál es nuestra contribución única y estamos verdaderamente abiertos a ver qué es lo que se necesita, los lugares para vivir y servir están disponibles para todos y cada uno de nosotros. Cuando nos ponemos a disposición de la vida, esta se vuelve disponible para nosotros.

Trabajando con empresas y equipos durante los últimos 20 años, he notado que los que permanecen son aquellos que están dedicados a hacer su contribución única al mundo, no aquellos que están distraídos comparándose con los demás. La gente dedicada ha transformado la visión de sus competidores y los ha convertido en sus socios, en emprendedores que cumplen un objetivo común con quienes y de quienes es posible aprender. Esto tiene sentido lógico. Cuanto más pensamos en cómo vencer a los demás, menos atención ponemos en cultivar nuestros talentos únicos y en descubrir qué es lo que en realidad necesitan aquellos a quienes servimos. Ver a otras compañías como competidores en lugar de socios es una vieja creencia prestada, una vaca sagrada a la cual hay que convertir en hamburguesas.

INTENCIÓN INCONDICIONAL

Es muy probable que tengas una idea del propósito o la vocación de tu vida. Sin embargo, para verificarlo, para estar más seguro, pregúntate: “¿Estoy dispuesto a vivir este llamado todos los días, comenzando ahora mismo?”. Descubrir cuál es nuestro llamado es como traer vida al mundo —el llamado crece, se desarrolla dentro de nosotros y, una vez nace, siempre será nuestro amor, pase lo que pase—. Me inspiran las madres que día a día están ahí para sus hijos, desde el momento en que los dieron a luz. Los llamados de la vida crecen y maduran como lo hacen los niños; contribuimos a que nuestra vocación viva y crezca mediante nuestro compromiso inquebrantable y continuo.

Para mantenernos comprometidos, nuestro propósito no debe depender de las condiciones externas. Compara estos dos llamados:

Llamado #1. Tengo la intención de ayudar a las personas a ser lo mejor posible, pase lo que pase.

Llamado #2. Tengo la intención de dar lo mejor de mí, pase lo que pase.

¿Que notaste? Ambos pueden verse como llamamientos hermosos y, sin embargo, uno de ellos tiene más poder para resistir las tormentas de la vida.

Por sutil que sea, el primer llamado enuncia cómo ayudarás a las personas, lo que implica cierta condicionalidad o dependencia del mundo exterior. ¿Cómo te sentirás en los días en que el mundo no parezca querer tu ayuda? Por ejemplo, tu colega amaneció de mal humor, tu cónyuge se siente molesto por algo o tu amigo optó por no participar más en lo planeado. Si intentas ayudar a otros en estas circunstancias, podría ser contraproducente y agotar tu inspiración.

Me doy cuenta de esto en los talleres de crecimiento. A veces, hay personas que no están interesadas en lo que estamos haciendo. Una parte de mí siente que debería ayudarles a los demás a ser lo mejor posible. Sin embargo, cuando enfoco mi atención en aquellos que no quieren mi ayuda, ellos se frustran; por su parte, los participantes que sí están interesados en obtener ayuda reciben menos de lo que vinieron a buscar; y al final, yo me siento agotado. Como consecuencia, surge una sensación de oposición entre lo que yo siento que se necesita y lo que en verdad se necesita.

Cuando opero desde el segundo llamado, dando lo mejor de mí sin importar qué, estoy operando desde un lugar sin oposición. Siempre puedo dar lo mejor de mí. En mi caso, dar lo mejor de mí es estar presente, amar, aprender y contribuir, pase lo que pase.

Y cuando miramos un poco más a fondo, también es posible descubrir cierta condicionalidad en el llamado #2. ¿Qué pasa con los momentos en los que parece que no nos quede nada por dar? ¿Qué hacer cuando estamos cansados o enfermos? Cuando “lo mejor de mí” está ligado a palabras y acciones, condicionado a que seamos capaces de pensar, hablar y actuar. Y en algunas ocasiones, eso puede no ocurrir. Entonces, incluso esta intención de dar lo mejor de nosotros no es a prueba de todo. ¿Cuál sería una intención 100% incondicional?

Para mí, es decir “aquí estoy”. Me encuentro aquí, presente. Eso sí es algo en lo que siempre puedo confiar. He descubierto que estar presente es un poderoso regalo que puedo darme a mí mismo y darles a los demás. Y no tiene oposición, no depende de nada. Pregúntate, en una escala del 1 al 10, ¿qué tan presente estás ahora? “10” es que estás totalmente aquí, tan presente como cuando sostuviste a tu recién nacido por primera vez o como cuando le pediste a tu pareja que se casara contigo o cuando le confesaste a esa persona que realmente te interesaba tener una cita con ella. El número 1 es para cuando estás completamente distraído, tal vez, pensando en tu lista de tareas pendientes, obsesionado con aquello que no te salió bien hoy o fantaseando con lo que quieres que suceda después. Observa lo que sucede cuando te haces esta pregunta varias veces: “¿Qué tan presente estoy ahora, en una escala del 1 al 10?”. Te vuelves más presente a medida que repites la pregunta. Nos hacemos presentes poniendo nuestra atención en el aquí y ahora. Hacer presencia es una elección. Y cuando nos hacemos presentes, ¿qué notamos? Que una sensación de quietud, vitalidad, claridad y alivio aparece en primer plano. Además, algunas emociones y sensaciones difíciles tienden a volverse más notorias, pero no importa lo que notemos. Necesitamos estar presentes en todo, en cualquier cosa, pase lo que pase. Siempre hay que estar ahí.

Ahora, al mirar estos tres llamados, ¿qué notas? ¿Cuál es el más robusto y capaz de soportar lo que suceda?

Llamado #1. Tengo la intención de ayudar a las personas a ser lo mejor posible, pase lo que pase.

Llamado #2. Tengo la intención de dar lo mejor de mí, pase lo que pase.

Llamando #3. Estoy presente.

El llamado #3 es aún más independiente de las circunstancias que el llamado #2. No se ve afectado por eventos externos, ni por nuestro estado de ánimo interno; simplemente, lo observamos todo haciendo presencia. Hacer presencia 100% es mejor que cualquier cosa. Es cuestión de, simplemente, estar ahí, presente como el cielo.

Reflexiona sobre cuál sería una intención incondicional para tu vida. ¿Qué es eso en lo que siempre puedes confiar? A lo mejor, te resulte útil tener una vocación dual —una que sea 100% sin oposición y duradera, y una que involucre al mundo externo y, por lo tanto, sea más condicional—. Jesús es un líder increíble de quien aprendemos acerca de tener un llamado dual. Él se dedicó a la acción amorosa hacia todos, incluidas las prostitutas, los recaudadores de impuestos, los leprosos—los marginados de la sociedad en ese momento—. Y cuando ya no pudo actuar físicamente, se mantuvo firme en su amor —en su llamado sin oposición—. Vislumbramos ese amor sin oposición al final de su vida, cuando animó con cariño a los criminales que colgaban en las cruces a lado y lado de Él para que no se desesperaran, sino que tuvieran fe y supieran que todo estaba bien. Él enseñó: “Estén en el mundo, pero no pertenezcan a él”. En otras palabras, ten un llamado mundano sabiendo que este será algo condicional y al mismo tiempo permanece firme, arraigado en tu llamado incondicional que quizá tenga algo que ver con brindar amor, estar siempre presente y generar paz.

Mi llamado incondicional es estar siempre presente. Mi vocación mundana es descubrir quién soy y ayudarles a otros a hacer lo mismo para crear así un mundo pacífico. En el trabajo, mi compromiso de estar presente me ayuda a ser consciente de mí mismo, de los demás y de lo que se necesita, sin enredarme en nada de eso. Y cuando me enredo, estar presente me ayuda a darme cuenta en qué estoy enredado y a dejar ir los pensamientos y sentimientos que me atrapan, como “Necesito la aprobación de los demás”, “Necesito ser especial” y “Necesito rescate”.

Mi vocación mundana de autodescubrimiento y ayuda hacia otros en su viaje por la vida me ayuda a mantenerme enfocado en trabajar conmigo mismo y con otros en el proceso de crecimiento interno y a decirles no a las actividades y proyectos que no estén relacionados con esta vocación.

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¿Cuál es tu llamado en el mundo? ¿Y cuál es tu llamado sin

oposición?

CRISTALIZANDO NUESTRO LLAMADO EN LA VIDA

Ahora, exploremos algunas otras perspectivas desde las cuales analizar estas preguntas. A lo largo de los años, he visto a diferentes líderes, como Gene, vivir su llamado en la vida. Casi todos sus llamamientos están relacionados con la sensación de ayudar a otros. Mencionaré algunos muy conocidos. Steve Jobs afirmó: “Estamos aquí para hacer mella en el universo. De lo contrario, ¿por qué más estar aquí?”. Y Jeff Weiner, CEO de LinkedIn, está convencido de que está aquí para “expandir la sabiduría y la compasión colectiva del mundo”. Todos somos los CEO de nuestra propia vida. ¿De qué maneras deseamos usarla para contribuir al mundo?

SIETE MOTIVACIONES,

SIETE INTENCIONES DE ÉXITO

Nuestro llamado puede ser tomado como un compuesto entre lo que valoramos profundamente y lo que se necesita en el mundo. Esto es diferente para todos y además tiende a evolucionar a lo largo de la vida. Con el fin de ayudar a mapear los estados de conciencia de las organizaciones, Richard Barrett, el autor británico y pionero del desarrollo del liderazgo, volvió a concebir la jerarquía de necesidades de Maslow basándose en la investigación de miles de líderes y organizaciones. Yo he modificado ligeramente su trabajo con el fin de crear un mapa de siete niveles de motivación que nos sirva de orientación durante nuestros viajes de crecimiento. Me parece que es un mapa muy útil para lograr mayor claridad sobre nuestro llamado.

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Échales un vistazo a estas siete motivaciones. Luego, pregúntate: ¿dónde enfoco la mayor parte de mi atención? Medita en la respuesta y procura aclarar al máximo cualquier patrón que esté relacionado con tu motivación:

1 Supervivencia: ganarme la vida, mantener a mi familia

2 Relación: tener relaciones saludables y satisfactorias

3 Autoestima: tener un fuerte sentido de mí mismo y de logro

4 Descubrimiento: aprender quién soy realmente y evolucionar

5 Hacer una contribución: dejar el mundo mejor de lo que lo encontré

6 Cohesión: ver y hacer conexiones en todo y entre todos

7 Sabiduría, compasión e iluminación: prestar un servicio desinteresado, comprender mi esencia, vivir según ella y verme a mí mismo como a todos y a todo.Notarás que las primeras tres motivaciones están relacionadas con cuidar nuestros mundos más pequeños y personales; las tres últimas son formas de interactuar con el mundo y la vida en general; y el cuarto, el descubrimiento, es un puente entre el mundo personal y el mundo y la vida en general. Tendemos a comenzar en la vida enfocándonos en la supervivencia y creando una red de pertenencia a nuestro alrededor. Y luego, a medida que crecemos, sentimos curiosidad por saber quiénes somos realmente y cómo podemos cuidar a los demás en el mundo que nos rodea.El llamado de Gene dice lo siguiente: “Erradicar el hambre entre los niños para que puedan centrarse en su educación y convertirse en contribuyentes pacíficos de la sociedad”. Se trata de las motivaciones 5 y 6: ayudar a los niños (motivación 5) a crear una sociedad pacífica (motivación 6). Mi vocación se ve impulsada principalmente por mi interés en el autodescubrimiento (motivación 4), por vivir siendo quien soy realmente (motivación 7) y he agregado un elemento de contribución creando un mundo pacífico (motivaciones 5 y 6). Esto no significa que no me interesen las finanzas, ni las relaciones, ni hacer lo mejor que pueda. Es solo que esos valores no impulsan mi vocación. Esto significa que vivo de manera simple y participo en dinero, relaciones y trabajo como formas de fortalecer mi conciencia.Te resultará útil analizar todas estas siete motivaciones e identificar las que hagan eco en tu llamado. Esto es más un arte que una ciencia. Para facilitar el hecho de trabajar con estas siete motivaciones al considerar nuestro llamado, también pienso en ellas como siete intenciones que podríamos elegir para nuestra vida. Las he resumido en un acrónimo para recordarlas con mayor facilidad: siete intenciones de ÉXITO: samurái, unidad, enfoque (centered), curiosidad, expresividad, sensibilidad y sencillez*.*Estas siete intenciones conforman el acrónimo de success (palabra que en español, significa éxito).!A continuación, échales un vistazo y elige cuáles, si las hay, te gustaría integrar más a tu vocación.Samurái: Tener el coraje y la fortaleza de guerrero para atender mis necesidades básicas y enfrentar mis retos de maneras recursivas y sin dejarme abrumar por ellos.Unidad: Generar relaciones auténticas y empáticas que acojan a todos los involucrados y que vayan más allá de la dinámica tribal del nosotros versus ellos.Enfoque (Centered, para conservar el acrónimo de SUCCESS): Ser impulsado por mi brújula interna, perseguir mis objetivos de todo corazón, orientado y viendo cada “fracaso” como parte del proceso de seguir adelante.Curiosidad: abrir mi corazón a las enseñanzas de la vida y a los susurros, pase lo que pase y viendo cada momento como una oportunidad para descubrir nuevas cosas, tener una visión más amplia y ser innovador.Expresividad: manifestarles mis dones a los demás mediante muestras de cariño y sin que haya necesidad que pedirles disculpas.Sensibilidad: usar mi intuición, buscar la conexión entre todo y todos integrando las diversas polaridades que surjan en la vida y creando cohesión entre ellas.Sencillez: ver lo que se necesita y hacerlo, dejar ir el ego, ser y contribuir con lo que soy.Escudriña estas siete intenciones de ÉXITO. ¿Cuáles te atraen más? ¿Cuáles menos? ¿Por qué? ¿Qué te dice eso sobre tu llamado? No te preocupes por hacerlo bien. Tu llamado es algo tuyo y con el tiempo tiende a evolucionar.Analiza este llamado de una joven llamada Selina Taylor Townes. Su vocación es ayudarles a las organizaciones a aprender cómo resolver conflictos y aumentar la productividad alentando a los empleados a comunicarse y a operar de manera auténtica. Actualmente, ella está buscando empleo en el Área de Relaciones y Recursos Humanos para obtener experiencia profesional y luego planea obtener un Doctorado en Sicología Industrial y Resolución de Conflictos. El llamado de Selina incluye la intención #1, samurái: elegir ganarse la vida como consejera trabajando con empleados; la #5, expresividad: ayudar a otros en el trabajo; y la #7, sencillez: no ser absorbida por el “pequeño yo”, sino satisfacer una necesidad específica en el lugar de trabajo de una manera que refleje su esencia.¿Y qué decir de Thomas Neergaard Hansen, EVP de Carbon Black, el proveedor de seguridad de última generación? En su página de LinkedIn, él escribe: “Dirijo a las personas y organizaciones a ir más lejos de lo que ellas lo harían”. ¿Qué intenciones de ÉXITO lees aquí? Veo la #3, enfoque: él está afirmando su papel de liderazgo que, según lo que sé acerca de Thomas, es natural en él; la # 4, curiosidad: “Ir más lejos de lo que ellas lo harían”; y la # 5, expresividad: “Ayudando a personas y organizaciones”.Y aquí está el llamado de Augusto Muench para desempeñar un papel específico en su vida: coaching. Lo escribió durante el programa Leader as Coach Columbia en el cual lo conocí. Augusto es coach y Presidente de América del Sur para Boehringer Ingelheim, la compañía de ciencias de la vida. Su llamado dice: “Como coach, tengo la intención de estar aquí, presente para ti, para mí, para nosotros, por amor al prójimo y al aprendizaje: quiero estar presente y fluir con tu propia energía para ayudarte a encontrar tu camino juntos en medio de la inconsciencia de nuestra rutina diaria”. Yo identifiqué la intención #1, samurái: “En medio de la inconsciencia de nuestra rutina diaria”; la #2, unidad: “Para nosotros”; la #3, enfoque: “Tengo la intención de estar aquí”; la #4, curiosidad: “Por amor al prójimo y al aprendizaje”; la #5, expresividad: “Para ti”; la #6, sensibilidad: “Fluir con tu propia energía”; y la #7, sencillez: “Estar aquí, presente para ti”.Por último, este es el llamado de Debbie Lynd. Debbie es una amiga íntima, una coach increíble y muchas otras cosas más. Cofundó Growth Leaders Network. Su llamado consiste en: “Me deleitaré con cada persona que conozca”. En su breve, pero poderosa declaración, identifiqué las siete intenciones de ÉXITO: samurái, unidad, enfoque (centered), curiosidad, expresividad, sensibilidad y sencillez.Tómate un tiempo para dejar que tu llamado llegue a ti mientras reflexionas sobre estas siete intenciones de ÉXITO. Lo más probable es que te resulte útil pensar en alguien a quien admires. ¿Cuál de las siete intenciones de ÉXITO motiva a esta persona? A lo mejor, tengas aspiraciones similares a las de ella. Tómate un tiempo y deja que tu llamado llegue a ti.DA UN PASEOPara descubrir el llamado de tu vida te será muy útil pasar un tiempo a solas y en silencio. El silencio es el maestro más confiable y amoroso que conozco. Además, en aras de hallar tu vocación, te será muy útil que te adentres en la naturaleza —en particular, en la naturaleza que no ha sido trastocada por nosotros, los seres humanos—. En general, la naturaleza es una maestra poderosa. ¿Alguna vez te has topado con una naturaleza virgen que no inspire un sentido de belleza y majestad? Ella siempre está en armonía consigo misma, integrando todos sus componentes únicos en un todo vibrante, vivo, que eleva el espíritu humano porque es un reflejo de él. La naturaleza nos recuerda quiénes somos realmente. Hay algo muy simple y muy profundo en cada uno de nosotros que es nuestra esencia; que quiere expresarse sin disculpas, ni temor alguno, así, como la flor que nace entre las rocas, dándoles sus colores y fragancias al mundo sin la carga de las opiniones de los demás. ¿Te atreves a vivir como la flor, conociendo tu esencia y compartiéndola con total libertad?Mientras caminas por la naturaleza, ya sea de manera literal o mental, sé consciente y amable contigo mismo. Deja que tu yo más interno te cuente sobre cuáles son sus anhelos para tu vida. Sin duda, ellos te encontrarán cuando comiences a escucharlos desde lo más profundo de tu ser. Sin embargo, para salir a su encuentro, es probable que tengas que hacer una caminata árida, pero eso se debe a que estamos tan acostumbrados a escuchar las opiniones de los demás que olvidamos cómo escuchar nuestra voz interior. El caso es que la naturaleza está lista a hablarnos desde su más profunda, profunda quietud, y quiere guiarnos con respecto a quiénes somos y cómo cuidar de la vida en todas sus formas. Si sientes dudas, sigue caminando, meditando, echando a volar tus sueños a sabiendas de que tu llamado te está esperando. Cuando lo encuentres, aprópiate de él con fuerza, creatividad y calidez.LA ELECCIÓN DIARIA PARA SER TÚ MISMOEs posible que algunos días no tengas ganas de vivir tu llamado y que desees ceder a esos pensamientos que te incitan a jugar poniendo poco sobre la mesa: “No seas quien en realidad eres. De pronto, otras personas se sienten inseguras estando a tu alrededor”. “Nunca has hecho esto antes, no lograrás hacerlo”. “No tienes la fuerza para esto, será mejor que retrocedas”. Cuando escuches estas voces, recuerda que, como ser humano, tienes la capacidad única de elegir cómo responder tanto a los eventos externos como a tus pensamientos y sentimientos internos. En los días que me he sentido más vulnerable a mi propia pequeñez, días en los que he querido olvidar que tengo diversas opciones, me ha sido útil traer a mi mente a personas que admiro por su capacidad de ser quienes ellas realmente son en medio de las situaciones más difíciles. Una de esas personas es Viktor Frankl.Viktor Frankl fue un siquiatra judío que se destacó por su floreciente práctica profesional en Viena, Austria, durante la década de 1930. Cuando se le dio la opción de emigrar a los Estados Unidos, él decidió no hacerlo, ya que sus padres no podrían unírsele y él no quería dejarlos atrás en la inminente oscuridad de tiempos tan inciertos. Frankl terminó encarcelado en cuatro campos de concentración y no solo sobrevivió, sino que decidió permanecer presente en lo que estaba sucediendo, atento a su entorno. Semanas después de ser liberado de un campo de concentración, escribió un libro que ha personificado el poder de elección para millones de personas en todo el mundo desde entonces. Se trata de Man’s Search of Meaning. Como ser humano y siquiatra que sobrevivió en medio de aquellos campos de concentración, él quería comprender cómo las personas podían sobrevivir a la dura realidad del asesinato, el hambre, la tortura y la enfermedad. ¿Cómo sobrevivieron las pocas personas que no fueron asesinadas, viviendo en semejantes dificultades tan inimaginables, día tras día y sin vislumbrar cuál habría de ser su final?Frankl reflexiona en su libro: “Nosotros, los que vivimos en campos de concentración, recordamos a esos hombres que caminaron por aquellos lugares consolando a otros, regalando su último pedazo de pan. Puede que hayan sido pocos en número, pero ellos son pruebas suficientes de que al ser humano se le puede despojar de todo, menos de una cosa: la más excelsa de las libertades humanas, la de elegir su actitud en cualquier tipo de circunstancias, la de escoger su propio camino”.El ejemplo de Frankl nos enseña que siempre tenemos la opción de elegir cómo responder, de darnos cuenta en qué consiste la inspiración que necesitamos para permanecer fieles a nuestro llamado sin importar lo que esté sucediendo a nuestro alrededor o en nuestro interior.!Para mantenerte fiel a tu llamado, la clave es elegir que eso es lo que harás día tras día, todos los días, sin importar qué esté sucediendo. Si te encuentras con ganas de rendirte, si sientes que no puedes y crees que lo que estás afrontando es demasiado difícil e incómodo, afróntalo de todos modos. Sorpréndete a ti mismo. Si Viktor Frankl logró mantenerse fiel a sí mismo en un campo de concentración, ¿podrás tú también mantenerte fiel a ti y a tu propósito hoy?Toma una postura sobre quién eres realmente y déjate sorprender por la fuerza que te genera esta verdad.—TRABAJO DE CAMPO—Lee el siguiente segmento de Long Walk to Freedom, de Nelson Mandela:“No nací con hambre de ser libre. Nací libre —libre en todo lo que pudiera…“Pero luego, poco a poco, vi que no solo no era libre, sino que mis hermanos y hermanas tampoco lo eran. Vi que no solo se redujo mi libertad, sino la libertad de todos los que lucían como yo. Fue entonces cuando me uní al Congreso Nacional Africano, y fue cuando el hambre de mi propia libertad se convirtió en la gran hambre de la libertad de mi pueblo. Fue este deseo de la libertad de mi pueblo de vivir su vida con dignidad y respeto propio lo que animó mi vida, lo que transformó a un joven asustado en audaz, lo que llevó a un abogado respetuoso de la ley a convertirse en un criminal, lo que convirtió un esposo amante de la familia en un hombre sin hogar, lo que obligó a un hombre amante de la vida a vivir como un monje. No soy más virtuoso, ni más sacrificado que otros como yo, pero descubrí que ni siquiera podía disfrutar de las pobres y limitadas libertades que me permitían a sabiendas de que mi gente no era libre”.Ahora, reflexiona en lo siguiente por unos minutos:“Lo que animó mi vida fue este deseo de libertad de mi gente por vivir su vida con dignidad y autoestima”.¿Qué anima tu vida?¿Cuál es la contribución que deseas hacer al mundo?Otra forma de ver tu llamado es como si este fuera tu “visión de crecimiento”, la cual es una declaración de en QUIÉN deseas convertirte y QUÉ es eso que deseas contribuir. Tómate un tiempo para revisar y responder las siguientes preguntas:A. ¿Qué me encantaba hacer de niño? ¿Cómo me gustaba jugar?B. ¿Qué me hace cobrar vida?C. ¿Cuál es el regalo que tengo para ofrecerle a mi comunidad y del cual esta no se puede perder?D. ¿Qué poema o cita capta la esencia de quien yo soy?E. ¿Qué temores tengo de ser quien realmente soy?F. ¿Cuándo y de quién aprendí estos temores?G. ¿Quién sería sin estos temores?H. ¿Cuál de las siete intenciones de ÉXITO me atrae más en este momento de mi vida? (Elige al menos dos). ¿Qué pasaría si practicara esta intención dos veces en mi vida?Samurái: tener el coraje y la fortaleza de un guerrero para atender a mis necesidades básicas y enfrentar mis desafíos con todos mis recursos y sin ser abrumado por ellas.Unidad: generar relaciones auténticas y empáticas que acojan a todos y que vayan más allá de la dinámica tribal del nosotros versus ellos.Enfoque: ser impulsado por mi brújula interna, persiguiendo mis objetivos de todo corazón y con enfoque, viendo cada “fracaso” como una parte intrínseca de seguir adelante.Curiosidad: abrirles mi corazón a las enseñanzas de la vida, a los susurros, pase lo que pase, viendo cada momento como una oportunidad para el descubrimiento, como una visión más amplia y e innovadora.Expresividad: expresarles mi don a los demás sin sentir que hay razones para pedirles disculpas y brindándoles mi cariño.Sensibilidad: saber usar mi intuición, buscando la conexión entre todo y todos, integrando las aparentes polaridades en la vida, creando cohesión.Sencillez: ver lo que se necesita y hacerlo, dejar ir el ego; simplemente, ser y contribuir con lo que soy.I. ¿Cómo deseo contribuir a mi mundo?J. ¿Qué necesita realmente mi mundo?K. ¿Con qué visión me comprometo, pase lo que pase?L. ¿De qué formas manifestaré mi visión?Usando tus respuestas a las preguntas anteriores, crea tu visión de crecimiento y ve refinándola hasta lograr expresarla en una frase.

Domando tus cocodrilos

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