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Pepe Illo. La tradición
taurina en Antequera****21

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La tradición taurina en Antequera se remonta a principios del siglo XVI. La primera referencia documental contrastada la localizamos en las actas capitulares del Ayuntamiento. En ellas se recoge como en 1509, con motivo de la toma de la plaza de Orán por el cardenal Cisneros, se celebra un espectáculo taurino para festejar el hecho. A partir de aquí, serán constantes las alusiones a corridas y espectáculos taurinos en la citada serie documental, donde fielmente se refleja la vida cotidiana de la ciudad.

El gusto por el toro y todo lo relacionado con él tiene una especial acogida dentro de Antequera. De hecho, incluso la nobleza local llegó a constituir una maestranza o hermandad de caballeros donde, entre otras actividades propias de este cuerpo, estaba la práctica de determinadas suertes donde intervenía el toro como figura fundamental.

Los lugares de celebración de los espectáculos taurinos variarán a lo largo del tiempo atendiendo a diversas circunstancias, principalmente relacionadas con la capacidad de estos espacios.

Así, en el primer cuarto del siglo XVI, se celebrarán en el entorno urbano de la Alcazaba, concretamente en la denominada plaza de la Feria, o en sus arrabales, junto a la recién inaugurada iglesia parroquial de San Sebastián. Con el tiempo, irán desplazándose al que actualmente se conoce como Coso Viejo, para finalmente decantarse por el uso del Coso de San Francisco, que se convertirá en el practicamente indiscutible escenario de los lances taurinos desde el último cuarto del siglo XVI hasta finales del siglo XVIII.

A partir de entonces, se incorporará al circuito la recién remodelada Alameda, con sus zonas ajardinadas.

Sea de una forma u otra, la realidad es que la ciudad de Antequera tenía una especial afición por la fiesta taurina, patente en todos los niveles de su estratificada sociedad. Reflejo de ello será, como hemos visto, el mantenimiento de una maestranza o la construcción de un edificio con balconadas en el coso, donde disfrutar de las numerosas corridas que la prolongada temporada antequerana ofertaba al pueblo anualmente.

Cualquier excusa era buena para organizar una corrida, desde el nacimiento de un príncipe a una festividad religiosa. En este sentido, son interminables las referencias que podemos llegar a localizar solo en las antes aludidas actas capitulares. Así, por ejemplo, en 1794 nos encontramos con un espectáculo extraordinario en el acta de 7 de junio: en el memorial de José Sánchez Baran se manifiesta que, como consecuencia de haberse publicado una Real Gracia, por la que se concedía a la ciudad de Antequera por espacio de catorce días se celebrasen “fiestas de novillos” en plaza cerrada, ha visto el plano que la ciudad ha planteado para ubicar la celebración de la misma:

[...] y se halla en ánimo de encargarse de su formación por el mismo estilo que la han figurado, haciéndolo a sus

expensas a las que igualmente ha de costear el referido ganado y todo cuanto conduzca a las prevenidas funciones, habiendo por consiguiente de percibir cuanto estas produzcan, sin tener que contribuir por ellas más que 3.000 reales en cada día, de las que se hagan [...].

Los festejos taurinos debían celebrarse a partir del 19 de agosto, es decir, coincidiendo con la Real Feria, y José Sánchez se compromete como empresario. A cambio de encargarse de construir la plaza para la fiesta, se hace cargo de la compra de los novillos y de todo lo concerniente a ello, pagándole a la ciudad un total de 42.000 reales. Tras la firma del correspondiente contrato, se estipula, entre otras cosas, la fecha de conclusión del recinto.

El 15 de julio, a casi un mes de la celebración, el recinto debía de estar aún muy retrasado en su construcción, ya que nos encontramos con otra acta en la que se requiere a José Sánchez Baran para que informe a la ciudad de las causas de los retrasos.

En este sentido, se alega que es necesaria más madera de la que en un principio estaba presupuestada y que se está a la espera de que la misma llegue desde Málaga. Los regidores, tras oír al empresario, acuerdan concederle un plazo de diez días para que ultime la construcción de la plaza, advirtiéndole de los perjuicios en los que podía incurrir el incumplimiento por su parte del convenio.

Siete días después nuevamente comparece ante la ciudad, esta vez para informar y recibir el visto bueno de la corporación sobre la contratación de un torero y de la ganadería para la fiesta:

[...] por el señor corregidor se hizo presente haber presenciado la contrata hecha por don José Cárdenas a quien representa don José Sánchez Baran, con el torero José Delgado, alías Illo [...] como igualmente la contratación con el dueño de los novillos don Hermenegildo Díaz y Tifón vecino de la Mancha, y haber hecho presente que siendo uno de los asuntos que se tocaron en la junta verbalmente el implorar a Su Majestad, la gracia para que en dicha corridas se pudiesen matar algunos novillos, lo había ejecutado Su Señoría con respecto a lo estrecho del tiempo [...].

Efectivamente, el acta recoge cómo el empresario y el entonces corregidor de la ciudad, D. Agustín Guajardo Fajardo y Contreras, aprovechan una esporádica visita del afamado torero José Delgado “Pepe Illo”, a la ciudad de Antequera, para comprometerle concretamente en las corridas de los días 19, 23, 25 y 26 de agosto.

En estos momentos, José Delgado está en lo más alto de su carrera; idolatrado por el público y venerado en la Corte, Goya lo toma como modelo en sus grabados de tauromaquia. Un año después de su visita a Antequera, dictará, ya que él no sabía ni leer ni escribir, su famosa Tauromaquia a José de la Tixera. Esta obra no verá la luz hasta 1804, después de su muerte.

La presencia de Pepe Illo en Antequera, durante la Real Feria de agosto de 1794, fue todo un acontecimiento. Prueba de ello es la desesperada comparecencia posterior del empresario ante el Cabildo de la ciudad, el 24 de agosto, en la que manifiesta que se vio incapaz de controlar la avalancha de público que acudió a disfrutar del espectáculo taurino, siendo imposible poder llegar a cobrar la entrada a los asistentes ante el caos que se produjo.

Igualmente, José Delgado, en vista de los acontecimientos, y temiendo no poder cobrar, pide a la ciudad que por los regidores se le asegure:

[...] el cumplimiento de la contrata con el hecha y los varilargueros que se les facilitaran los caballos suficientes [...].

Finalmente, la ciudad recupera el control y consigue restablecer el orden, desarrollándose el resto de los festejos previstos ya con toda normalidad.

****21 Anteriormente publicado en Fragmentos para una historia de Antequera por el Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga, 2009 con ISBN 978-84-7785-827-0.

El puzle de la historia

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