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2.8.4Ansiedad en la escuela

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La ansiedad es una reacción natural que tiene una importante función de supervivencia y que actúa como un sistema de alarma que se activa ante un peligro o una amenaza (real o imaginada) y se experimenta como miedo o temor. Sentir miedo es un fenómeno normal, y surge en las primeras etapas del desarrollo, especialmente ante las situaciones de cambio, separación o incertidumbre.

Se entiende la ansiedad como un fenómeno que incluye componentes cognitivos, emocionales, somáticos y conductuales. El componente cognitivo incluye la expectativa de un peligro desconocido. A nivel emocional, la ansiedad causa temor y a nivel de la biología el organismo la emplea para manejar el peligro, lo que se conoce como la reacción de alarma. Ante la amenaza del peligro, la presión sanguínea se eleva, las palpitaciones y la sudoración aumentan y las funciones de los sistemas inmunológicos y digestivos disminuyen y el flujo sanguíneo se dirige a los principales grupos musculares. A nivel de reacciones corporales dependientes del sistema nervioso autónomo, pueden surgir tanto movimientos involuntarios como también voluntarios, para escapar o evitar la amenaza (Seligman et al., 2000).

La ansiedad puede persistir en el niño aun en ausencia del estímulo que la provoca, y transformarse en una especie de ansiedad crónica. Esta ansiedad mantenida puede responder a causas biológicas, psicológicas o reactivas a eventos situacionales. Estos últimos se relacionan con situaciones de estrés familiar, con estilos de crianza, con exigencias desmedidas y con el clima emocional que se vive en la familia. Los padres ansiosos tienen alta probabilidad de trasmitirla a sus hijos, a través de la forma en que refuerzan las conductas ansiosas y de temor, además de los temores y la ansiedad que ellos mismos manifiestan (Cía, 2002).

Existen factores individuales relacionados con limitaciones o eventos que también impactan en la aparición de cuadros de ansiedad, tales como enfermedades físicas y dificultades personales. La presencia de una enfermedad física, de una dificultad a nivel sensorial (p.e. hipoacusia, o dificultades motrices o de visión), de un trastorno específico del aprendizaje o de otras dificultades de tipo conductual y emocional, como un síndrome de déficit atencional, generan un alto nivel de tensión en los niños y se acompañan de dificultades para adaptarse a los entornos escolares y sociales, lo que aumenta el riesgo de desarrollar trastornos ansiosos. Muchos niños con necesidades educativas especiales presentan síntomas de ansiedad, los que a su vez complican el cuadro. Los desajustes entre las demandas y expectativas del colegio y las características del niño, pueden producirle ansiedad y estrés.

Vivencias de separación y pérdida, crisis familiares tales como separación de los padres o fallecimiento de algún familiar o amigo (o incluso de una mascota) pueden significar el inicio de un trastorno de ansiedad. No todos los acontecimientos de pérdida y separación generan cuadros ansiosos, ni en todos los niños; pero cuando ocurren, hay que atender a las reacciones emocionales y entregarles herramientas para la autorregulación de los afectos (Milicic, Mena, Justiniano y López, 2008).

Comportamientos ansiosos

Sin lugar a dudas la ansiedad está presente en una gran variedad de eventos cotidianos y en reacciones normales ante distintas situaciones, ya sea que revistan peligro real o simplemente imaginado. Pero también hay reacciones en los niños, que exceden tanto en frecuencia como en calidad, a una respuesta adaptativa ante una situación dada.

En los niños pequeños, los cuadros ansiosos requieren atención cuidadosa para identificar las causas. Muchas veces el niño no puede decir lo que le sucede, en especial cuando la situación excede su nivel de comprensión o su capacidad para expresarlo en palabras, como son las situaciones de maltrato, violencia o abuso (Jongsma et al., 2002).

Algunas claves para detectar la ansiedad en los niños:

−Excesiva preocupación o miedo que excede en forma evidente el nivel esperable para la etapa del desarrollo del niño.

−Alto nivel de tensión motora, manifestada como inquietud, cansancio, temblores o tensión muscular.

−Hiperactivación del sistema autónomo, presentando ritmo cardíaco acelerado, respiración entrecortada, vértigo, boca seca, náuseas y diarrea.

−Hipervigilancia, manifestada a través de una constante sensación de inquietud y un estado general de irritabilidad.

−Un miedo específico que empieza a generalizarse, cubriendo un área extensa de la vida del niño, al punto de interferir significativamente en su actividad diaria y la de su familia.

−Ansiedad o preocupación excesiva, debido a la amenaza de abandono por parte de los padres, de que lo culpabilicen, que le nieguen la autonomía o estatus, que haya fricción entre los padres o interferencia en sus actividades físicas.

Fobia escolar

Se podrían incluir las fobias escolares, como comportamientos extremadamente ansiosos que impiden, a veces, que el niño asista al jardín en forma normal. Las fobias, en general, se caracterizan por la vivencia de un miedo intenso, desproporcionado y muchas veces, irracional, hacia un objeto en particular, una situación, o una actividad concreta. No se trata de un miedo corriente, ya que a diferencia de éste, se acompaña de fuertes sentimientos de odio y rechazo; ni de un problema de salud mental propiamente tal, pero las fobias generan muchos problemas en quienes las sufren. Existen diversos tipos de fobias, dependiendo de cuál sea el objeto del rechazo. En este punto, interesan especialmente las fobias escolares.

A lo largo de la etapa preescolar, el trastorno de ansiedad por separación se presenta con bastante frecuencia, con una prevalencia del 3-5%, que declina a 2% en edades posteriores (Kronenberger y Meyer, 2001). La edad promedio de aparición de este trastorno es entre los cinco y nueve años.

El jardín infantil como primera experiencia escolar debe constituir para el niño un lugar seguro para que aprenda a través del juego, asociando aprendizaje con agrado y desarrollando sentimientos de competencia y una autoestima positiva (Milicic y López de Lérida, 2013 a). Si los niños se sienten exigidos más allá de sus capacidades, no solo se sentirán estresados, sino que tempranamente asociarán aprendizaje con angustia, con las consecuencias que ello tendrá para su aprendizaje escolar.

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