Читать книгу Oso - Marian Engel - Страница 7
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ОглавлениеAl parecer, siempre había habido un oso allí. Ese lord Byron que tanto le gustaba al primer coronel había tenido un oso. Jocelyn Cary tenía un oso. Y allí seguía habiendo un oso. La tía de Joe King, Lucy Leroy, de cien años, aunque quién lo diría, había cuidado del animal tras la muerte de Cary. Ahora Lucy se había ido. El oso estaba ahí detrás, seguramente dormía. Pero ella tenía que saber lo del oso.
—Los osos no me entusiasman. La verdad es que no me gustan las mascotas. Tal vez un perro que sepa cazar…, y alguna vez habré cuidado de un bicho herido, pero los Cary tenían esa manía de los osos y, cuando Cary murió, ¿qué íbamos a hacer? Ahí estaba. Conque sin dar muchas explicaciones a los abogados, nos lo quedamos. Joe y Lucy han cuidado del animal. Tiene su propio establo ahí atrás, en la cabaña de troncos que fue la primera construcción de la isla. Eres de Toronto, te encantará esa antigua cabaña de troncos. Es un oso viejo, pero no tiene mal genio.
»Me desconcertó un poco saber que enviaban a una mujer. Esperaba a un hombre, no sé por qué.
»Está aquí y pertenece a este lugar. No sé de dónde lo sacaron, no hay osos por los alrededores. Y, aunque puede que Lucy lo sepa, se ha ido a casa de su sobrina. No se me ocurría cómo diantres contártelo, pero me caes bien. Le pregunté a Joe antes de que se fuera y me dijo: “Que lo trate como a un perro”. Pero no te confíes demasiado hasta que el oso te conozca, porque es bastante viejo… Nadie recuerda exactamente cuánto, pero viven entre veinticinco y treinta años, conque muy joven no será. Yo vine aquí recién acabada la guerra y no recuerdo a ningún osezno, aunque claro, tampoco he pasado mucho tiempo en la isla. Cary no buscaba compañía, excepto cuando no le quedaba otra porque tenía que hacer algún pedido a la tienda, muy de vez en cuando.
»Joe ha dejado en el cobertizo cincuenta kilos de comida para perro. Cualquier otra cosa que encuentres allí ha salido del dinero que el instituto nos envió cuando nos dijeron que vendrías.
»La verdad es que yo no sé qué haría si alguien me endilgase un oso. Lo único que puedo decir es que Lucy asegura que es un buen oso… Sé que a algunas personas no les gustan los indios y que no aguantan la bebida, pero por aquí respetamos a Lucy y, si ella dice que es un buen oso, pues me atrevo a pedirte que le des agua y comida mientras estés aquí y luego ya decidiremos qué hacer.
En cuanto terminó su atropellado discurso, Homer miró los árboles oscuros que había detrás de la casa iluminada, meneó la cabeza, posó una mano en el brazo de Lou y la guio mientras subían los escalones del porche. Ya en la puerta principal le dijo que al día siguiente intentase navegar sola hasta el puerto. Si a las cuatro no había aparecido, él cruzaría para ver qué pasaba. El truco era virar a la izquierda cuando la desembocadura se abría al canal principal.
Luego llamó a su hijo y se largó.