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Exhortacion del Excmo. é Illmo. Sr. D. Francisco Xavier de Lizana y Beaumont, Arzobispo de México,a sus fieles y demas habitantes de este Rcyno.

Don Francisco Xavier de Lizana y Beaumont por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica Arzobispo de México, Caballero Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, del Consejo de S. M. &c.

Mi amado Clero, mis dóciles ovejas, y todos los que os gloriais del nombre cristiano en este Reyno tan feliz y singularmente favorecido con la paternal providencia de nuestro gran Dios.

Si los sentimientos del alma pudieran explicarse por la lengua, este seria el momento feliz en que yo podria declarar el martirio que me oprime al oir, que vuestros mismos hermanos preparan sus pies veloces, segun la expresion de David (1), para derramar vuestra sangre, no conociendo la infelicidad en que van á precipitarse por no seguir los caminos de Ja paz. Ayudad con votos y súplicas al Pastor que tanto os ama, como en semejante ocasion lo pedia á sus ovejas San Leon Papa (2), para que no faite de mí el espíritu de la gracia, ni de vosotros la unidad, que estrecha á los fieles en vínculo de paz, conforme á la doctrina del Apóstol (3).

Es tanto lo que el Señor ama la paz, que no quiso nacer sino quando todo el orbe se hallaba en ella. Este es el glorioso nombre que le da Isaías (1), y así vemos que'en aquel sermon, que el mismo Jesucristo hizo sobre la montaña, á solo los pacíficos llama hijos de Dios (2). Esta fue Ja rica herencia que dexó á los Apóstoles al despedirse de ellos; y en aquella oracion que hizo al Padre, no solo pidió que los conservase en paz, sino tambien que los hiciese uno como el Hijo y el Padre lo son; y siendo vosotros llamados en una misma esperanza de vocacion, ¿por que no habeis de tener un mismo espíritu y sentimiento de paz? Entonces sí que seriais mi gozo y mi corona, porque veria en vosotros una idea de aquel feliz estado de la Iglesia primitiva, en la que toda la multitud de los fieles eran un corazon y una alma (3). Lejos de vosotros todo espíritu de partido: nadie diga yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Pedro; Cristo no está dividido (4). Sean enhorabuena diferentes los genios, las opiniones, y diversa la suerte y fortuna: todo esto se debe olvidar quando se trata de vuestro bien espiritual y temporal. Este es todo el fondo de nuestra Religion: este es el espíritu de Cristo, y el que no lo tiene no es suyo, dice Pablo (5), sino del diablo.

Ea pues, hijos mios, mis desvelos por vuestro bien eterno y temporal, y la confianza en vuestra docilidad excitan mi zelo hoy mas que nunca, para libraros de los desastres que os amenazan. ¿Que espíritu malévolo, que furia infernal quiere conmover las tranquilas moradas de los pueblos comarcanos, acaso con el fanático y atrevido pensamiento de acercarse á nosotros, sin conocer que vendrian á buscar su sepulcro? ¿Acaso porque la Divina misericordia quiere compadecerse de tantos infelices extenuados con la escasez, allí mismo el demonio prepara el veneno á los sencillos habitantes? Tal parece su oculto designio. Y si la Divina providencia nos quiere dar un nuevo testimonio de proteccion, congratulémonos dándole Jas mas sinceras gracias; pero si nuestra ingratitud no reconoce su benéfica mano, temamos su justa indignacion.

Sí, amados habitantes, ya lo seais de mi Diócesi ó de otra qualquiera; yo no puedo prescindir de avisaros el riesgo que corren vuestras almas, y la ruina que amenaza á vuestras personas, si no cerrais los oidos á la tumultuaria voz, que se ha levantado en estos dias en los pueblos de Dolores y S. Miguel el grande, y ha corrido hasta la ciudad de Quetétaro. Algunas personas díscolas, entre las quales oigo con dolor de mi alma el nombre de un Sacerdote digno de compasion y vitando por su mal exemplo, parece son los principales fautores de la rebeldía. Dime, dime, pobre engañado por el espíritu maligno, tú que lucías antes como un astro brillante por tu ciencia, ¿como has caido como otro Luzbel por tu soberbia? ¡Miserable! no esperes que mis ángeles (así llama la Escritura á los Sacerdotes) vayan tras de ti, como aquella multitud que arrastró el ángel cabeza de los apóstatas en el cielo: todos pelearán con el Prepósito de la Milicia Eclesiástica, y no se volverá á oir tu nombre en este Reyno de Dios, sino para eternos anatemas. ¡Bendito sea el Señor, que me ha consolado con la dicha de que ninguno de mi Clero haya manchado hasta ahora la buena opinion, y espero contribuirá como hasta aquí á Ja conservacion de la quietud pública! Pero ya que al frente de los insurgentes s: halla un Ministro de Jesucristo (mejor diré de Satanás) preconizando el odio y exterminio de sus hermanos, y la insubordinacion al poder legítimo, yo no puedo menos de manifestaros, que semejante proyecto no es ni puede ser de quien se llama cristiano, es contrario á la ley y doctrina de Jesucristo; y si el observar lo que él mismo nos manda sobre la caridad con nuestros hermanos os conducirá al cielo; el practicar lo contrario os llevará infaliblemente al infierno. Mirad que precursor del Anticristo se ha aparecido en nuestra América para perderos.

Si yo tratara de probar esta verdad con la multitud de testimonios divinos que la autorizan, me dilataria mucho; pero os hago el honor ó justicia de creer que no dudareis de las proposiciones que un Prelado ingenuo os dice con sencillez, esperando le deis crédito.

Quando tenia el mando político os hablé de la pueril rivalidad y necios partidos de europeos y criollos. El buen ciudadano no debe conocer otro que el de la religion que le honra, y la razon que le ilustra: el buen cristiano, el que prefiere á todo la ley del Redentor, no solamente debe cumplir con los deberes de hombre civil, sino tambien debe mirar con amor á su próximo, como Dios se lo manda. ¿Y será amarle inspirar odio contra él? ¿será amarle afligir su persona y privarle de sus intereses, atentar contra su reposo y vida? Es claro que no. Pues á esto se dirige el plan inquieto de esos enemigos de vuestra vida é intereses. Vosotros mismos podéis conocerlo, pues no ignorais que los capítulos principales de la ley de Dios comunicada por los Profetas, su divino Hijo y los Apóstoles, son amar al próximo como á nosotros mismos. No os dexeis pues alucinar de quien os proponga lo contrario: mirad que el interes eterno de vuestra alma es preferible á todos los temporales que falsamente os promete el principal agente de la insurreccion, y que ciertamente no lograreis aun en el caso no esperado de que los sediciosos llevasen al cabo sus perversas ideas, que todas se dirigen á perderos y arruinaros.

Se apoderarian entonces de las riquezas y del mando los mas atrevidos, y lejos de lograr vosotros felicidad alguna, seriais víctima de la dominacion nueva. Desengañaos, hijos mios, y creed á un Padre que os ama con todo su corazon. Ese Diotrephes (1) que ha sacado de sus casas á los de San Miguel y Dolores, no busca la fortuna de estos ni la vuestra, sino Ja suya: pretende obtener el Principado entre vosotros: el dia menos pensado será vencido por otro espíritu peor y mas fuerte que halagará vuestra docilidad con promesas mas lisongeras: mudareis de gefes destruyendo mutua y sucesivamente la soberbia del poder de los hijos de Satanás, padre de la mentira: se dividirá el Reyno, quedará desolado (1), y será finalmente presa de algun extrangero advenedizo, no gachupin ó criollo, sino de nacimiento obscuro y dudoso, que no reconozca Dios ni próximo, y se gobierne tínicamente por las ideas y política particular de su ambicion ilimitada. El que confia en hombre es maldito de Dios, como lo dice por su Profeta Jeremías (2): el Sénor de la verdad y la paz abomina al varon sanguinario y doloso (3), y le corta la vida aun antes de la mitad de sus dias (4), cayendo sin saber como en el lazo que armaba (5).

¿No lo veis verificado en la revolucion de Francia? Algunos pocos han sido ensalzados: todos los demas, ó han perecido hasta el número de dos millones de hombres en las campañas de veinte y un años, ó han quedado en la misma indigencia y clase en que estaban colocados, si no han sido reducidos á otra de mayor penuria. Lo mismo sucederia á vosotros: trabajariais para engrandecer al mas intrépido; y quedariais casi todos defraudados de vuestros deseos. El mejor gobierno de cada pais es el que actualmente tiene, dixo ya años hace sin poder resistir á la fuerza de la verdad uno de los mayores revolvedores de la Francia, porque son tales y tantas las desgracias que han de intervenir para mudarlo, que jamas podrá compensarlas felicidad alguna. ¿Que deberá decirse ahora despues de haber aprendido lo que nos enseña el exemplar de Francia? Es cierto que Napoleon domina, prospera y subyuga; ¿pero este impío ensalzado sobre los cedros del Líbano por su astucia infernal, dexará de experimentar quando menos lo piense la muerte desastrada que ha sorprehendido á todos los demas perseguidores de la Iglesia, como refiere individualmente Lactancio Firmiano en el libro de morte persecútorum: se ha abreviado la mano del Señor, ó dexarán de cumplirse en algun tiempo sus palabras?

¿A quantos errores y extravíos os conducirá un hombre que ademas de haber prostituido su carácter con odio condenado por nuestra santa ley, se ha asociado con algunos otros publicando la rebelion contra su amante y augusto Soberano en este suelo tan fiel? ¡Gran Dios! ¿que mayor daño pudiera causarnos si hubiera venido á nuestro hemisferio el tirano Napoleon enemigo de nuestra religion y de la patria? Si este diablo malo hubiese conseguido introducir en medio de nosotros un emisario y colocarlo al frente de un pueblo leal, ¿que mas hubiera podido maquinar contra el trono y vasallos de Fernando? publicar una guerra civil, desobedecer á las potestades legítimas, autorizar el robo, promover el desorden, y dar principio á una serie de males incalculables. Este es el resultado de lo que ahora parece á los incautos muy lisonjero: pero ah! ¡como llorariamos todos la suerte infeliz que nos arruinaría si prosperase tal proyecto tan acomodado á las miras de Napoleon! ¡Que placer tendria el perseguidor de la Iglesia, si supiese que en la Nueva España un Sacerdote habia hecho tanto en su favor, quanto no han podido alcanzar sus emisarios! No lo permita Dios, ni á la exemplar y heroica lealtad de este Reyno le caiga la mancha de faltar á la palabra que tantas veces ha jurado de ser fiel á su Rey y á las Potestades que nos gobiernan en su nombre.

Por fortuna acaba de llegar un Gefe, que penetrado del mayor amor á estos vasallos, desea como á mí me consta por aviso suyo, evitar las funestas conseqüencias que á sus súbditos amenazan si no se aquietan y desisten de sus ideas revolucionarias. Me consta tambien que quiere eficazmente la paz y tranquilidad, y que para conseguirla no perdonará medio alguno suave y caritativo: verán los inquietos pruebas de su clemencia si conocen su error y se aquietan; pero si cantinúan en sus atrevidos pensamientos, no duden tambien que experimentarán Jos rigores que dicta la justicia, de que no puede prescindir, á pesar de su buena disposicion para perdonar, contra unos hombres cuyo fin será la muerte, y cuyos estragos transcenderán á todos.

¿Sabeis quien es el autor invisible de esta insolente faccion, semejante á la que en otros tiempos se vió en la ciudad de Florencia? (1) ¿Quereis ver sobre las cabezas de los díscolos aquella multitud de cuervos del infierno que manifestó San Andrés Corsini á los Florentinos eran la causa de las disensiones? No necesitais de esta señal, pues sois cristianos, y os creo amantes de vuestro Pastor, que repartiendo el depósito de la doctrina, convierte finalmente sus palabras á los que han dado motivo á esta carta; y penetrado del dolor mas íntimo por los amargos efectos, que mira necesarios, les llama, convida y ruega con la paz, diciéndoles, bañados sus ojos en lágrimas: por vosotros olvido el cuidado de mi salud, y si pudiese abrir mi corazon, veriais que cada uno está en él. No puedo reprehenderos vuestra indiferencia hacia mí; ¿pero de que servirá ni vuestro amor á mi pobre persona, ni el mio á vosotros, si no ois mi voz y la obedeceis? ¿Que consuelo ni vida puede tener un pastor que acaso verá perecer á las almas redimidas con la preciosisima sangre de Jesus, si no calma esta tempestad de malvados? ¿Y que puede esperar estando divididos los ánimos del Gachupin y Criollo, sino la destruccion de uno y otro? (2) Ea pues, carisimos hijos mios, volved á vuestras casas y familias, que estarán llorando vuestra ausencia y temiendo vuestra infeliz suerte. Volved sobre vosotros mismos para que mi alegria sea completa, como dice San Pablo á los Filipenses (1): todos sois para mi, mi padre, mi madre, mis hermanos, mis hijos: yo intercederé con el Excmo. Señor Virey por el perdon, y os aseguro que lo hallareis dispuesto á perdonaros usando de toda la indulgencia y equidad posible: no perdonaré medio alguno para hacer presente vuestra docilidad y arrepentimiento, como lo hizo un San Fiabiano para conseguir el indulto mas cumplido á los vecinos de Antioquia que habian caido en semejante exceso.

Vosotros, Sacerdotes, limpiad con. vuestro piadoso zelo el borron con que un Ministro del Santuario ha tiznado nuestro venerable gremio: sí: vosotros, hermanos mios, debeis ayudarme á llorar el extravío de nuestro hermano, y la ceguedad de los que ha engañado. Vosotros debeis dar leccion y exemplo de la union, paz y caridad que debe reynar entre todos los fieles. Vosotros tambien, exemplares Religiosos, i quienes los Sumos Pontífices llaman tropas auxiliares de la Santa Iglesia y de sus primeros Pastores, debeis distinguiros del resto del pueblo, caminando delante de él con las hachas encendidas en las manos, esto es, con las buenas obras, para que sean imitadas de todos, y den gloria al Padre que está en los cielos. ¿Y en que ocasion mas oportuna podreis manifestar vuestra sólida virtud, que en la presente, enseñando, exhortando al pueblo la union, la paz y la obediencia, persuadiendo á los débiles y fortaleciendo á los robustos, para que aquellos no se dexen seducir, y estos se mantengan fuertes en la fe, en la lealtad y en la obediencia á su Dios y á su legítimo Soberano?

Y no creais los que os hallais en diferente estado, que no os comprehende esta misma obligacion: á todos la impuso Dios en el precepto de la caridad; de donde debeis inferir y evitar la reprehensible conducta de aquellos que fomentan discordias y preparan á sus hermanos la ruina eterna y temporal. ¡Quiera Dios que en vosotros y en todos se conserve la preciosa herencia y rica joya de la paz! y mientras en mis tibias oraciones quedo suplicándosela, os bendigo con aquellas palabras del Apóstol á los Romanos: El Dios de paz sea con todos vosotros. Amen.= México y Setiembre 24 de 1810. = Francisco Arzobispo de México. = Por mandado de S. E. I. el Arzobispo mi Señor = Dr. D. Domingo Hernandez, Secretario.

(1) Psalm. 13. v. 6 7.

(2) In die assumptionis ad Pontificat.

(3) Ad Ephes. cap. 4 v. 3.

(1) Cap. 9. v. 6.

(2) Matth. cap. 5. v. 9.

(3) Act. Apost. cap. 4. v. 32.

(4) Corinth. cap. 1. v. 12.

(5) Ad Rom. cap. 8. v. 9.

(1) Joan. 3. v. 9.

(1) Matth. cap. 12. v. 25.

(2) Hierem, cap. 17. v. 5.

(3) Psalm. 5. v. 7.

(4) Psalm. $4. v. 24.

(5) Psalm. 34. v. 7.

(1) Boland. 30. Januar.

(2) Oseas cap. 10. v.2.

(1) Cap. 2. v. 2.

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