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3.5 EL VALOR DE HOMBRES Y MUJERES ES EL MISMO
ОглавлениеEstablecer la igualdad entre hombres y mujeres, es decir, considerarlos a ambos como personas y, por tanto, a ambos con las capacidades propias de las personas (pensar, cuidar, sentir, crear arte, hacer ciencia, política, educar, etc.), el no definirlos con capacidades diferentes, nos lleva a otro concepto, que en mi opinión es básico para la educación igualitaria: el concepto de equivalencia. De nuevo, para explicarlo de un modo preciso, vayamos a la definición de «equivaler» del diccionario de la Real Academia Española:
‘Dicho de una persona o una cosa, ser igual a otra en la estimación, valor, potencia y eficacia’.
Hombres y mujeres somos iguales en nuestro valor, ¿o alguien diría que vale más la vida de un hombre que la de una mujer, o viceversa? Creo que todos diríamos que la vida de un hombre vale igual que la de una mujer. Otra cosa es que aún no estén igualmente valoradas, hecho que ha causado, por ejemplo, la aberrante práctica de los abortos selectivos cuando se conocía que el feto era una niña. Entonces, de nuevo, si la vida de un hombre vale igual que la de una mujer es porque somos iguales.
Aunque hombres y mujeres seamos diferentes en algunas características, aunque haya diferencias individuales que puedan hacer que a una mujer en particular se le den peor las matemáticas, o que a un hombre en particular se le dé muy bien ejercer de líder, esto no confirma en absoluto que los hombres sean más inteligentes para las ciencias o para el poder. Porque también hay mujeres especialmente dotadas para aprender matemáticas, que llegarán a ser excelentes y prestigiosas científicas, y mujeres especialmente dotadas para desarrollar capacidades de liderazgo, que llegarán a ser primeras ministras. Es decir, hombres y mujeres podemos desarrollar, con la estimulación adecuada, cualquier capacidad humana; todos y todas tenemos esa potencialidad y, por tanto, somos equivalentes.
Los niños y niñas que empiezan una clase de primero de primaria obviamente son todos distintos, pero son todos equivalentes. Todos y todas tienen el mismo valor y tienen la potencialidad de desarrollar todas sus capacidades a un nivel suficientemente bueno, aunque haya niños y niñas que destaquen especialmente en alguna capacidad, aunque cada uno tenga un ritmo y necesite una estimulación distinta. Todos y todas pueden llegar a desarrollar bien las capacidades intelectuales del nivel de primero de primaria. Un buen profesor o profesora lo sabe, cree en esto, ve a sus niños y niñas equivalentes, porque los ve iguales aunque sean distintos. Y por esto los valorará a todos por igual, creerá en que pueden alcanzar los mismos objetivos a un nivel adecuado. Y esta o este profe hará algunas cosas distintas para cada uno; por ejemplo, al niño al que no le salga la erre le pondrá a escribir palabras con erre y a la niña a la que no le salga la ge la pondrá a escribir palabras con ge. Pero será igualitaria en el hecho de que a niños y niñas:
• Los verá como personitas que pueden desarrollar igual de bien las capacidades intelectuales de ese curso.
• Les dará la misma atención y cariño.
• Felicitará igual a un niño que a una niña ante un éxito.
• Ayudará igual de intensamente a un niño que a una niña ante un error, ni más ni menos a unos que a otras.
• Incentivará igual a las niñas que a los niños a participar y a asumir pequeños liderazgos momentáneos.