Читать книгу Excursión al hombre violento - Timoteo Marquez - Страница 6
ОглавлениеLA VIOLENCIA
La violencia es tan antigua como la misma existencia del hombre. Se vino expandiendo y creciendo a través de los tiempos, adquiriendo diferentes formas, medios, e instrumentos para llevarla a cabo; desde peleas dentro de la misma tribu, para luego transformarse en guerras con otras tribus. Pasar por diferentes tipos de guerras, para llegar a hoy, en donde se puede utilizar la energía nuclear, poniendo en peligro no solamente a una pequeña parte de la sociedad, sino una contienda de consecuencias impredecibles para toda la humanidad.
De la unión de Adán y Eva al principio, de quienes nacieron Caín primero y Abel después, es que este flagelo se va desarrollando, abarcando todos los ámbitos del mundo, además de ir adquiriendo las más diferentes y múltiples características. Caín mató a Abel1. Caín era quien trabajaba la tierra y Abel era pastor. Un día Caín hizo una ofrenda a Dios de los frutos que la tierra le entregaba y también Abel hizo lo mismo, ofreció los primogénitos de su rebaño y de su grasa. El Señor miró con benevolencia a Abel y su ofrenda, pero no miró a Caín. Entonces Caín se irritó mucho e invitó a su hermano a ir al campo; cuando estaban allí le dio muerte.
“ Cuando, al fin, logré deshacerme de mis ilusiones con respecto a mis padres y ver claramente las consecuencias que sus malos tratos habían tenido en mi vida, abrí los ojos y me fijé en los hechos a los que antes no había dado importancia alguna ” 2 .
“Todavía hoy, a menudo se afirma que los niños no sufren ningún daño cuando se les pega, y son muchas las personas que creen que su propia vida es una muestra de dicha afirmación. Podrán creer esto mientras permanezca oculta la relación que existe entre las enfermedades que padecen en la vida adulta y los golpes recibidos en la infancia”3.
“En mi infancia tuve que aprender a reprimir mis reacciones espontáneas a las afrentas —reacciones como la rabia, la ira, el dolor y el miedo— por temor a un castigo. Más tarde, en mi etapa escolar, me sentía incluso orgullosa de mi capacidad de autocontrol y de mi contención. Creía que esta capacidad era una virtud, y esperaba verla también en mi primer hijo. Solo cuando pude liberarme de esta actitud me fue posible entender el sufrimiento de un niño al que se le prohíbe reaccionar de manera adecuada a las heridas y experimentar su forma de relacionarse con sus emociones en un entorno favorable, para que más adelante, en su vida, en vez de temer sus sentimientos encuentre en ellos una orientación”4.
La violencia tiene dos vías principales, la primera es la violencia visible; esta se manifiesta en lo físico, cuando alguien es maltratado directamente a través de los golpes de puño, severos castigos y prohibiciones, insultos, amenazas y muchas otras formas que se pueden apreciar a simple vista. La segunda es la violencia invisible; aquí no es muy fácil de apreciar, puesto que muchas veces es hasta legal, por ejemplo: un juez que determina la absolución de un delincuente, un abogado que a través de la utilización de las leyes defiende a un delincuente hasta hacerlo parecer totalmente inocente; otro caso, cuando un empresario con el fin de lograr mayores réditos no paga a sus empleados los sueldos que merecen y especula con las ganancias y el esfuerzo del trabajador.
La violencia invisible se manifiesta de infinidad de formas, y son las más crueles, porque por lo general afectan a grandes poblaciones. Estas violencias invisibles calan muy profundo dentro del ser humano y, por sus consecuencias, resultan muy perjudiciales a la salud de las familias. Algunas pasan a engrosar o aumentar la población que vive en la miseria; otras desaparecen de la vida a una edad muy temprana; otras se ven en la obligación de migrar contra su propia voluntad a distintas regiones en búsqueda de un mejor porvenir, modificándose con ello toda la estructura o, en muchos casos, se produce hasta la desintegración familiar.
1 Genesis: Caín y sus descendientes. Sagrada Biblia.
2 Alice Miller. El cuerpo nunca miente, Tusquets, 2011, p. 37, 1.ª ed., 2.ª reimp. Buenos Aires, 2011.
3 Ibid., p. 42.
4 Ibid., p. 132.