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II. Todo el pueblo al combate

Durante la larga lucha llevada a cabo bajo la dirección del partido, nuestro pueblo adquirió una rica experiencia en múltiples aspectos.

En lo que concierne al enemigo y sus formas de agresión, supo utilizar la insurrección armada y la guerra revolucionaria para derrotar sucesivamente a tres grandes países imperialistas de tres continentes: los fascistas japoneses tristemente conocidos por su crueldad, los colonialistas franceses —vieja potencia imperialista de Europa— y a los imperialistas norteamericanos; el jefe de fila del imperialismo mundial, el gendarme internacional. Hicimos fracasar todas sus formas de guerra de agresión, desde la guerra de agresión de los fascistas japoneses y la de los colonialistas franceses hasta la guerra de agresión neocolonial de los imperialistas norteamericanos, desde la política de dominación neocolonialista a partir de los métodos fascistas efectivizados gracias a los manejos de administraciones fantoches hasta le “guerra especial”, la “guerra local” y la guerra aeronaval de destrucción de los Estados Unidos.

En lo que concierne al modo de lucha y a la utilización de la violencia revolucionaria para conquistar y conservar el poder, liberar a la nación y defender la patria, nuestro pueblo adquirió una rica experiencia. Desencadenó la insurrección popular, tanto en el campo como en las ciudades, en forma de insurrecciones parciales y generales. Llevó a cabo una guerra popular de largo aliento, oponiendo esencialmente la lucha armada a la guerra de agresión colonialista de viejo cuño. Prosiguió la guerra popular contra las diversas formas de agresión neocolonialista, coordinando la lucha militar y la lucha política, ofensivas militares e insurrecciones armadas. Organizó la guerra popular “suelo-aire” haciendo fracasar la guerra norteamericana de destrucción.

En lo que concierne a las condiciones y al contexto histórico internos y externos, nuestro pueblo hizo sucesivamente la experiencia de la guerra del pueblo, de la guerra revolucionaria, en las circunstancias históricas más diversas. Primeramente, cuando nuestro pueblo aún no detentaba el poder revolucionario, luego cuando lo conquistó en ciertas regiones y después en el conjunto del país; cuando nuestra lucha contó con el apoyo de las fuerzas del régimen democrático popular naciente y cuando se benefició con la neta superioridad del régimen socialista en construcción; cuando todo el país siguió una estrategia revolucionaria única, la de la revolución nacional, democrática y popular, y cuando, provisoriamente dividido en dos zonas, aplicó dos estrategias revolucionarias diferentes; cuando en ocasión de la guerra mundial los imperialistas se desangraron entre sí a escala mundial y cuando se emprendió la insurrección y la resistencia en época de paz mundial; cuando debimos llevar a cabo la resistencia cercados por todas partes por el imperialismo y disponiendo aún de fuerzas muy modestas, luego cuando pudimos apoyarnos sólidamente en el vasto campo socialista, etc.

Nuestro pueblo debió emprender una lucha larga, ardua, compleja y reñida. Debido a la posición estratégica extremadamente importante de nuestro país en el sudeste asiático, el imperialismo internacional —los franceses, los japoneses, otra vez los franceses y luego los norteamericanos— y sus lacayos, se encarnizaron en golpear a nuestro pueblo con la violencia contrarrevolucionaria. Frente a un enemigo tan poderoso y feroz, nuestro pueblo bajo la dirección del partido, afirmó su voluntad inquebrantable de llevar a cabo obstinadamente la guerra de resistencia con un espíritu revolucionario consecuente, de mantener y desarrollar la posición ofensiva de la revolución. Por eso, con hazañas sin precedentes en nuestra historia, condujo su justa causa de victoria en victoria y aportó su contribución a la revolución mundial. Todo lo que hemos dicho demuestra que la línea general y la línea militar de nuestro partido, cuya base teórica está constituida por el marxismo-leninismo, poseen al mismo tiempo raíces muy profundas en la práctica de las luchas revolucionarias. Para analizar esas difíciles tareas y responder a las exigencias imperiosas de la lucha, nuestro partido debe dar prueba de un espíritu de independencia y de un espíritu creador muy elevado. No debe conformarse con las experiencias adquiridas en el pasado ni tampoco copiar simplemente las experiencias de otros países.

De lo antes dicho podemos esbozar a continuación las características fundamentales de las guerras que nuestro pueblo lleva a cabo bajo la dirección del partido:

1. Es una guerra justa —guerra de liberación nacional o guerra de defensa nacional— contra la guerra injusta —la guerra de agresión del imperialismo— para realizar la línea política del partido y los objetivos de la revolución; una guerra hecha tanto en beneficio del pueblo y de la nación, como de la revolución mundial.

La guerra es la continuación de la política. La línea revolucionaria del partido determina el objetivo político de la guerra revolucionaria así como el carácter justo de la guerra emprendida por nuestro pueblo. Por el contrario, la política colonialista y de agresión de los imperialistas determina el carácter injusto y contrarrevolucionario de su guerra.

Las tradiciones militares de nuestros antepasados fueron siempre tradiciones de guerras justas, de guerras de liberación o de defensa de la patria. La clase feudal, que dirigía las insurrecciones y las guerras de liberación nacional, levantaba siempre la bandera de la causa justa para la salvación de la patria y del pueblo; tomando siempre ciertas medidas democráticas para asegurar la unión nacional. A pesar de las inevitables restricciones impuestas por su contexto feudal, esta tradición militar estaba, sin embargo, impregnada de la gran idea de la guerra justa por “la defensa de los montes y de los ríos del Vietnam” (Ly Thuong Kiet), por “unir a toda la nación en la lucha”, “aprovechar las fuerzas del pueblo para enraizar profundamente la lucha y fortalecerla”, considerando a ésta “la mejor política para defender la patria” (Tran Hung Dao) y la guerra justa para “vencer la ferocidad con la causa justa, la violencia brutal con la humanidad” (Nguyen Trai). Por sus objetivos de salvación nacional, la guerra justa de nuestro pueblo pudo siempre movilizar una fuerza invencible: el patriotismo y la unión nacional.

En nuestra época, la revolución de liberación nacional es parte integrante de la revolución proletaria mundial. El partido definió claramente los objetivos fundamentales de la revolución: la independencia nacional, la democracia popular y el Socialismo. Esos son también los objetivos políticos de las insurrecciones y de las guerras de liberación nacional y defensa nacional que nuestro pueblo llevó a cabo en diferentes etapas de nuestra revolución. La revolución y la guerra revolucionaria que emprendemos en la actualidad vincularon estrechamente liberación nacional y conquista de los derechos democráticos del pueblo, liberación nacional y Socialismo, revolución vietnamita y revolución mundial. El presidente Ho Chi Minh dijo: “Para salvar al país y liberar la nación no hay otro camino que el de la revolución proletaria”.

La lucha nacional dirigida por nuestro partido en la actualidad asocia estrechamente los factores nación y clase, patriotismo e internacionalismo. Refleja la ley objetiva del desarrollo de la sociedad vietnamita en el momento actual, los intereses fundamentales y las profundas aspiraciones de la clase obrera y del pueblo trabajador, de toda nuestra nación, los cuales coinciden con los intereses de la revolución mundial. El carácter justo de la guerra de liberación nacional, de la guerra de salvación nacional que lleva a cabo nuestro pueblo bajo la dirección del partido, posee así un contenido y una fuerza totalmente nueva por su calidad. La justeza de nuestra causa movilizó a las fuerzas de la nación para la liberación y la defensa de la patria. Nuestra causa justa y nuestras victorias hicieron posible la adhesión de los pueblos progresistas del mundo. Esa es la fuente inagotable de nuestra fuerza que el enemigo nunca llegó a vislumbrar, ese es el fundamento de la superioridad de la línea militar de nuestro partido.

2. Es la guerra de liberación nacional y de salvación nacional de un país que no posee un territorio muy vasto ni una población muy numerosa, de un país hasta hace poco colonial y semifeudal, económicamente poco desarrollado; que posee, en cambio, una tradición milenaria de lucha contra las agresiones extranjeras y que actualmente construye un régimen nuevo: el régimen democrático popular, el régimen socialista; de una nación valerosa e inteligente, tenaz y llena de ingenio, que sabe cómo combatir a un enemigo superior en hombres y armas, con fuerzas menos numerosas y más pobremente equipadas, que está decidido a vencer y que sabe cómo vencer a los ejércitos de agresión de las potencias imperialistas que poseen un vasto territorio, una población numerosa, un gran potencial económico y militar, armas y técnicas modernas.

En la actualidad, como en el curso de toda nuestra historia, en nuestras guerras de liberación nacional siempre hemos tenido que enfrentarnos con países invasores más vastos, más populosos y que disponen de fuerzas militares netamente superiores a las nuestras.

Pero contrariamente a lo que ocurría en otros tiempos, en que el gran país agresor tenía el mismo régimen feudal que nosotros, los agresores son en la actualidad potencias imperialistas que poseen no solamente una población mucho más numerosa y un territorio más grande, sino también una industria muy desarrollada y un enorme potencial económico-militar, disponiendo de armamentos modernos. Nosotros, en cambio, somos un país no muy extenso, con una población todavía reducida, un antiguo país colonial y semifeudal con una economía subdesarrollada. Por otra parte, a diferencia de nuestros antepasados, en la actualidad nuestro pueblo trata de superarse para realizar plenamente un régimen social nuevo, un régimen democrático popular, netamente superior al régimen social reaccionario y corrompido del agresor. Nosotros disponemos de la inmensa fuerza del régimen social de vanguardia y del hombre nuevo vietnamita, dueño de ese régimen.

Partiendo de una justa evaluación de la relación de fuerzas entre el enemigo y nosotros, nuestro pueblo, para triunfar en la actual guerra de liberación y defensa nacional, supo aprovechar las condiciones favorables de población, terreno y clima, y las nuevas fuerzas de un régimen social de vanguardia y del hombre nuevo vietnamita. Sobre esta base, nuestro pueblo continuó y elevó a otro nivel las tradiciones militares de la nación; la cual, plena de valor y de inteligencia, no solamente supo en condiciones diferentes vencer a un enemigo más fuerte y numeroso sino también, asegurar la victoria de la civilización sobre la fuerza bruta e imponer nuestra superioridad absoluta en materia política y moral para derrotar el fuego y el acero del enemigo. Hemos utilizado armas más o menos modernas junto con armas rudimentarias, para vencer a las muy modernas armas del enemigo. Gracias a su voluntad de combatir y de vencer, a su inteligencia y a su espíritu creador, nuestro pueblo supo sacar provecho de sus ventajas fundamentales y de sus puntos fuertes, limitar y neutralizar los relativos puntos fuertes del enemigo, agudizar sus debilidades fundamentales, desarrollando al máximo la fuerza conjugada de la guerra del pueblo en el nuevo período, a fin de atacar al enemigo y vencerlo.

3. Es una guerra de liberación nacional y de defensa de la patria emprendida en medio de las particulares condiciones internacionales de nuestra época: la del triunfo de la revolución socialista y de la revolución de liberación nacional, en que las fuerzas revolucionarias derrotan a las fuerzas contrarrevolucionarias a escala mundial, en que la revolución mundial se encuentra en posición de ofensiva ininterrumpida contra el imperialismo.

En la época feudal, nuestros antepasados debían contar solamente con sus propias fuerzas, sin esperar ningún tipo de ayuda exterior. En la actualidad, nuestro pueblo lleva a cabo la guerra de liberación nacional y de defensa de la patria, en condiciones internacionales totalmente diferentes.

El triunfo de la Revolución de Octubre inició una nueva época en la historia de la humanidad: la época de la liquidación del imperialismo y de la victoria del Socialismo en todo el mundo. También unió el movimiento de la revolución socialista de la clase obrera de los países capitalistas desarrollados con el movimiento revolucionario de liberación nacional de los pueblos oprimidos. La revolución vietnamita dirigida por nuestro partido es parte integrante de la revolución mundial y ha sido ayudada por la coordinación con los movimientos revolucionarios de otros países y su generoso apoyo. Más precisamente, luego de la Segunda Guerra Mundial, la victoria de la URSS sobre el fascismo creó condiciones propicias para la revolución en numerosos países de Europa y Asia. Surgió el sistema socialista mundial, convirtiéndose en el factor determinante del desarrollo de la revolución mundial. El campo socialista es la protección, el sólido apoyo de la lucha de liberación de los pueblos. Con el triunfo de la Revolución China y la fundación de la República Popular China, las fuerzas de la revolución mundial, cuyo centro es el campo socialista, superan a las fuerzas de la contrarrevolución, a las fuerzas del imperialismo. La revolución mundial está en posición de ofensiva ininterrumpida: ataca al imperialismo por diferentes partes y ha logrado grandes éxitos. Todas estas son condiciones internacionales favorables para la revolución y la guerra revolucionaria vietnamita en la actualidad.

Nuestro pueblo está embarcado en la tarea de edificar y defender el Socialismo en el Norte y llevar a cabo la guerra de resistencia contra la agresión norteamericana para liberar al Sur, obteniendo la reunificación de la nación. La revolución en nuestro país materializa la asociación entre las dos corrientes revolucionarias de nuestra época: la revolución socialista y la revolución de liberación nacional. Esta es una ventaja fundamental, que refuerza la posición de nuestra lucha revolucionaria en el seno del movimiento revolucionario mundial. En su larga y ardua lucha contra los imperialistas agresores más poderosos, siguiendo la línea revolucionaria y la línea política de solidaridad internacional justas, sobre la base del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario, nuestro pueblo aporta, tanto ahora como en el pasado, una contribución activa a la causa común de la revolución mundial. Por otra parte, goza de la ayuda cada día más considerable de la Unión Soviética, de China Popular y de los otros países socialistas hermanos; así como también del sostén activo de los pueblos progresistas de todo el mundo, incluso del pueblo norteamericano. Ese es un factor de victoria muy importante. Por su parte, los imperialistas agresores representan un régimen social reaccionario condenado por la historia. Despliegan todos sus esfuerzos para reunir las fuerzas disponibles y oponerse histéricamente a la ofensiva de la revolución mundial. Pero el imperialismo se encuentra, junto con las otras fuerzas reaccionarias, en una posición defensiva; se debilita cada día más y sufre una derrota tras otra. Los imperialistas se enfrentan con una creciente oposición en el seno de su propio pueblo y están cada vez más aislados en la escena mundial, a medida que sus contradicciones internas se van exacerbando. Esta es su debilidad fundamental, constituyendo una inmensa ventaja para la lucha de nuestro pueblo. Antes, nuestros agresores eran los fascistas japoneses que habían sido derrotados por la Unión Soviética y los Aliados, y los colonialistas franceses cuyo país había sido invadido por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y se encontraba en un período de plena restauración. En la actualidad, los imperialistas norteamericanos, aunque son el jefe de fila de los imperialistas, son el blanco de múltiples dificultades y contradicciones en todos los dominios; sufren fracaso tras fracaso y se debilitan cada día más.

Esas características de la guerra revolucionaria en nuestro país se reflejan claramente en el contenido de la línea militar de nuestro partido.

La línea militar de nuestro partido —la línea de la guerra del pueblo— surge de la línea política del partido y debe adaptarse a ella. Es la línea de una guerra del pueblo llevada a cabo en la actualidad por la nación vietnamita, por la independencia nacional, la democracia popular y el Socialismo. De acuerdo con la concepción marxista-leninista de la violencia revolucionaria, la línea militar del partido puede definirse del siguiente modo: toda la nación combate al agresor bajo la dirección de la clase obrera, desarrollando todas sus capacidades combativas, promoviendo la insurrección y la guerra del pueblo con el objeto de vencer a los poderosos ejércitos de agresión del imperialismo.

Ya desde hace tiempo los fundadores del marxismo hablaban de la guerra del pueblo. Engels asignó un gran valor a la lucha del pueblo francés en 1793 durante la revolución burguesa y la denominó “la insurrección de las masas, la insurrección de todo el pueblo”, “guerra del pueblo”. Además, estimó que la lucha del pueblo chino contra los colonialistas ingleses en el siglo XIX era “una guerra popular para preservar la nación china” y que “visto bien, esta guerra es una auténtica guerra del pueblo”.

Nuestra nación posee una sólida tradición de insurrección popular, de guerra popular para la liberación nacional y la defensa de la patria.

La historia de nuestro pueblo conoció guerras del pueblo llevadas a cabo bajo la dirección de la clase feudal contra las agresiones extranjeras; como por ejemplo, la guerra del pueblo surgida del movimiento revolucionario campesino Tay Son, dirigida a la vez contra los señores feudales en decadencia y los agresores extranjeros. En la actualidad, la guerra del pueblo se organiza bajo la dirección de la clase obrera.

Todas esas guerras del pueblo, esas insurrecciones del pueblo de épocas anteriores, conocieron limitaciones históricas en lo que concierne a sus objetivos, sus fuerzas dirigentes y sus fuerzas motrices. La guerra del pueblo que llevamos a cabo en la actualidad bajo la dirección de la clase obrera, es una guerra hecha “por el pueblo” y “para el pueblo”; con una significación y un contenido muy coherentes en el contexto de la época actual. Por sus objetivos —la independencia nacional, la democracia popular y el Socialismo— la línea revolucionaria de nuestro partido —el partido de la clase obrera vietnamita— permite a nuestra guerra del pueblo asociar estrechamente la “salvación de la patria” y la “salvación del pueblo”, la liberación y la defensa del país y la liberación del pueblo trabajador. Además, siguiendo la línea política del partido, las fuerzas del pueblo en este momento comprometidas en la lucha, constituyen las fuerzas combatientes más poderosas y representativas de toda la nación. Nuestro partido supo movilizar y reunir a los sectores populares en un amplio Frente Nacional Unido, que tiene como base la alianza obrero-campesina bajo la dirección de la clase obrera; y ese frente de combate está estrechamente unido con la clase obrera y los pueblos del mundo. Nuestra guerra del pueblo constituye una fuerza nueva, invencible. Profundamente conscientes de sus tareas revolucionarias y de los objetivos de la guerra, nuestros combatientes están fortalecidos por la conciencia nacional, el patriotismo y las tradiciones vietnamitas a las que asignan un nuevo contenido. Es un patriotismo asociado al espíritu democrático, al amor por el Socialismo y al internacionalismo proletario. Es la síntesis del ardiente patriotismo de nuestro pueblo con el espíritu revolucionario de la clase obrera.

En la actualidad, con la fuerza de toda la nación lista para combatir, nuestro pueblo se apoya esencialmente en sus propias fuerzas. Combatimos en nuestro propio suelo, con la fuerza del hombre vietnamita y del régimen socialista de vanguardia. Además contamos con el sostén y la ayuda, muy grandes, de la revolución mundial cuyo centro es el campo socialista.

Nuestra línea militar es una aplicación creadora de la concepción marxista-leninista de la violencia revolucionaria, que considera a la revolución como la obra de las masas y a la violencia revolucionaria como la violencia de las masas. La violencia revolucionaria debe unir a las fuerzas políticas de las masas y a las fuerzas armadas populares, a la lucha armada y a la lucha política de las masas, para llegar a la insurrección general y a la guerra de todo el pueblo. Sólo una comprensión correcta y profunda de esta concepción de la violencia permite movilizar y organizar las fuerzas del pueblo, de toda la nación. El enemigo es combatido por las fuerzas armadas y por la población con todos los medios apropiados. La población no solamente intensifica la producción para servir al combate, sino que participa directamente de él. De ese modo, llevamos a cabo luchas armadas y también luchas políticas de masas, acciones de propaganda con los soldados fantoches y los soldados norteamericanos, no solamente ofensivas militares sino también levantamientos populares de todo tipo y bajo las formas más diversas. Una nueva característica de la guerra actual del pueblo vietnamita, consiste en que la conciencia nacional y la conciencia de clase de las masas son muy elevadas y que la organización de la lucha es científica y rigurosa, aunque los métodos de combate sean múltiples; contándose efectivamente con los treinta y un millones de vietnamitas convertidos en valientes combatientes por la salvación de la patria.

Nuestra línea, que se resume en la consigna “toda la nación al combate”, gira alrededor de los siguientes problemas esenciales:

– Movilizar y organizar a toda la nación para la guerra, formar las fuerzas políticas y las fuerzas armadas del pueblo, estas últimas con sus tres categorías de tropas constituyendo el núcleo de todo el pueblo en combate.

– Basarse en las fuerzas políticas de masas, construir las bases y la retaguardia de la guerra del pueblo, coordinar la retaguardia local con la nacional, apoyándose en la retaguardia internacional constituida por el campo socialista.

– Aplicar de manera creadora el modo de conducción de la guerra y el arte militar propios de la guerra popular, vencer a un enemigo numéricamente superior con tropas ni tan numerosas ni tan bien pertrechadas; atacar al enemigo con la fuerza conjugada de la lucha armada y de la lucha política en las diferentes zonas estratégicas, tanto en el campo como en la ciudad, y lograr una serie de victorias parciales cada vez más grandes para llegar a la victoria total.

– Reforzar el papel dirigente del partido en la conducción de la guerra, siendo ese papel un factor esencial de la victoria.

En una palabra, nuestras experiencias son esencialmente las de la insurrección armada y la guerra revolucionaria, las de la guerra de liberación nacional para conquistar el poder, liquidar el yugo imperialista y, en cierta medida, son las experiencias de la guerra para la defensa de la patria en momentos en que ya tenemos un Estado dotado de una estructura política y económica adecuada.

Nuestro partido define su línea militar sobre la base de su línea política correcta, según las teorías marxistas-leninistas sobre la guerra y el ejército, el sistema de los conocimientos de nuestros antepasados sobre el arte militar y las experiencias de las luchas de vanguardia de la revolución en el mundo. Reflejando al mismo tiempo la práctica de la lucha revolucionaria de nuestro pueblo, rica en experiencias valiosas, bajo la dirección del partido durante los últimos cuarenta años.

Desde su formación y en el curso de su desarrollo, esta línea siempre demostró ser la justa; poseedora de una fuerza invencible, porque siempre fue compulsada con la línea política del partido y sostenida por la gran capacidad y el inagotable espíritu creador de las masas populares. La fuerza de la guerra revolucionaria es la expresión concentrada de toda la fuerza de la revolución. De la tarea revolucionaria correcta al objetivo político justo de la guerra del pueblo, de la tesis correcta de la violencia revolucionaria a las tesis de la insurrección popular y de la guerra del pueblo: ese es el vínculo dialéctico entre la línea militar y la línea política del partido; esa es la fuente de nuestra línea militar y de la guerra revolucionaria de nuestro pueblo.

En las condiciones de una guerra ininterrumpida, nuestra línea militar fue constantemente verificada en la práctica de los combates. No dejó de completarse, de desarrollarse y de perfeccionarse. No dejó de progresar teóricamente ni de conseguir nuevos éxitos en la lucha. Constituye, para nuestro pueblo, un arma invencible contra todos los imperialistas agresores y sus teorías militares burguesas, reaccionarias y retrógradas.

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