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ASILOS EN MÉXICO

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En México, los asilos reciben ancianos y se encargan de su cuidado. También se les llama casa-hogar, albergue o residencia.

Cada historia es diferente, existen múltiples razones por las que los ancianos llegan a un asilo, pero, al final, éste se encarga de recluirlos y darles una asistencia médica básica.

No parece existir otra finalidad que el agrupamiento y la reclusión, acompañado de una supervisión médica elemental. La mayoría de los ancianos recluidos en los asilos mexicanos viven este encierro debido a que sus familiares los consideraron un estorbo en el marco de la vida familiar, a lo que se agregan, a veces, razones de tipo económico (Hernández Zamora, 2006:40-44).

Por lo general, los ancianos muestran un comportamiento regresivo en los asilos, por la organización jerárquica de las instituciones.

La regresión se manifiesta por exageración de las conductas de sumisión, de las limitaciones psíquicas y físicas, y de la pasividad. Es favorecida, igualmente, por la falta de motivación y de preparación del personal que en algunos casos, maltrata a los internos, saca provecho de ellos y comete hurtos, cuando la ocasión se presenta (Krassoievitch, 2001, en Hernández Zamora, 2006:40-44).

Un asilo comúnmente cuenta con un equipo multidisciplinario conformado por médicos, geriatras, gerontólogos, enfermeras gerontólogas, gericulturistas, terapistas físicos, trabajadores sociales, psicólogos, dietistas, odontólogos y podólogos, entre otros (Hernández y Muñoz, 2003:187-192). Esto no quiere decir que la atención sea siempre buena.

Además, a menudo la atención médica básica es deficiente, con estados tratables como depresión e incontinencia, a veces mal diagnosticadas, drogas mal prescritas; y casos de pacientes mantenidos con sobredosis de sedantes y descuidados (Hernández Zamora, 2006-40-44).

México es un país en vías de desarrollo y es ya al menos una ayuda que existan algunos asilos. Falta que los médicos tengan especializaciones y el personal de enfermería y otros cuidadores reciban más educación complementaria y mejores pagos. La salud pública en este país deja mucho que desear; cambiar esto implica la reforma de todo un sistema social. Lo que sí es claro es que resulta indispensable mejorar el cuidado en los asilos.

Para mejorar el cuidado, hace falta que más médicos reciban educación en geriatría; es necesario que se involucren más profesionales de salud mental; se necesitan políticas de reintegración que ofrezcan incentivos a los trabajadores de la salud pública para el buen cuidado a largo plazo, y deben establecerse sistemas para controlar la prescripción de medicamentos y otras prácticas (Papalia y Wendkos, 1997, en Hernández Zamora, 2006:40-44).

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