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1 Aquí damos por supuesto que el texto de la Física llegado hasta nosotros, y en general los del corpus , no son meras notas tomadas por sus oyentes, sino que es genuinamente aristotélico, a pesar de las múltiples adiciones que presenta, obra sin duda de sucesivos escoliastas y copistas. Los trabajos de Zürcher, y los de Gohlke, que cuestionaban la autenticidad del corpus , son hoy unánimemente rechazados por los eruditos. Véase P. MORAUX (ed.), Aristoteles in der neuren Forschung , Darmstadt, 1968; G. GRAYEFF , Aristotle and his School , Londres, 1974. Para más detalles sobre el texto véase la cuarta parte de esta Introducción.

2 Sobre la actitud de los aristotélicos ante la «nuova scienza» véase las interesantes observaciones de M. CLAVELIN , La philosophie naturelle de Galilee , París, 1968, cap. 1.

3 Desde Anaximandro, acaso desde Ferécides, Perì phýseōs llegó a ser el título de un género literario. Jonathan Barnes dice: «El pensamiento de los presocráticos solía expresarse en forma de discursos Perì phýseōs . Todo discurso sobre la phýsis se iniciaba con una cosmogonía, para pasar después al estudio del orbe celestial. Se investigaba el desarrollo de la tierra, de los seres vivientes y del hombre; se estudiaban las nubes, la lluvia y el viento, la estructura rocosa de la tierra y las aguas del mar. Se pasaba de lo inorgánico a lo orgánico, a la botánica y zoología: se hacía una tipología de las especies y se estudiaba su anatomía. Se estudiaba la psicología de la sensación, la naturaleza del conocimiento y su extensión, y el lugar del hombre en la naturaleza. En pocas palabras, un discurso Perì phýseōs abarcaba toda la ciencia y toda la filosofía» (The Presocratic Philosophers , Londres, 1979, vol. 1, pág. 24).

4 Lo que se dice en este pasaje sobre el método hipocrático es más bien lo siguiente: retórica y medicina proceden de la misma manera, dice Sócrates, pues en ambas hay que analizar (dielésthai ) una phýsis , la del cuerpo en la medicina y la del alma en la retórica, y «la phýsis del alma no es posible conocerla sin conocer la phýsis del todo». A lo que responde Fedro: «De creer a Hipócrates el Asclepíada, ni siquiera la phýsis del cuerpo podría entenderse sin ese método». Hay tres puntos a considerar en este pasaje: a) ¿Qué significa aquí «la phýsis del todo»? ¿El universo o la totalidad del cuerpo? b) ¿Qué hay que entender por «analizar la phýsis» ? c) ¿A qué texto del corpus hippocraticum se refiere Platón? Sobre estos tres puntos hay interesantes sugerencias y precisiones en: P. LAÍN ENTRALGO , La medicina hipocrática , Madrid, 1987, págs. 87-90; C. GARCÍA GUAL , «Introducción» a Tratados hipocráticos I Madrid, B.C.G., 1983, págs. 32-36.

5 Según los testimonios de que disponemos, Alcmeón de Crotona fue quien primero situó en el cerebro el centro de la inteligencia y la actividad anímica, doctrina común a los pitagóricos, a Demócrito, al autor del Sobre la enfermedad sagrada y a Platón (Tim . 73b-d). Para Aristóteles, en cambio, el principio vital está en el corazón, fuente del calor de la vida a través del movimiento sanguíneo; esta concepción parece inspirada en Empédocles, quien estableció la ecuación «caliente-alma», y aparece también en el escrito hipocrático Sobre el corazón , donde se concibe el pneûma o soplo vital como la rarefacción más fina, el producto último de la sangre (vid . I, DÜRING , Aristoteles , Heidelberg, 1966, págs. 537-540).

6 Estamos reflejando aquí esquemáticamente el punto de vista de Aristóteles. La aporía de la posibilidad planteada por Diodoro, sin embargo, es de un radicalismo tal que se puede decir que en cierto modo sale indemne del tratamiento aristotélico en Metafísica IX, y de hecho pervivió en el helenismo, y reaparece en la teología medieval y en la filosofía moderna. Se puede decir, pues, que es una de las aporías capitales de la tradición filosófica occidental. Para un estudio pormenorizado de la misma vid . J. VUILLEMIN , Nécessité ou contingence, L’aporie de Diodore et les systèmes philosophiques , París, 1984.

7 Cf. Fis . 254a27-30; Acerca del alma 428b11 sigs.

8 Vid . PLATÓN , Sofista 254d-256d.

9 M. CLAVELIN , o. c ., pág. 25.

10 Henri Carteron dice: «La afirmación, de orden empírico y metafísico, de que no hay movimiento independientemente de las cosas, muestra que la idea de una cinemática es ajena a Aristóteles. Incluso se puede decir que él ha negado la posibilidad de esta ciencia al establecer que no hay movimiento del movimiento, por una demostración cuyo principio es que el movimiento es una propiedad del móvil. Su substancialismo le impedía considerar la posibilidad de un cambio del cambio» (H. CARTERON , La notion de force dans le système d’Aristote , París, 1923, pág. 1).

11 Cf. Met . 1026a27-29.

12 Cf. Met . 1005a33-b2; Acerca del cielo 298b19-20.

13 H. WAGNER , «Zum Problem des aristotelischen Metaphysikbegriffs», Phil. Rundschau 7 (1959), 151.

14 W. JAEGER , Aristoteles. Grundlegung einer Geschichte seiner Entwicklung , Berlín, 1923, págs. 226-228.

15 PH . MERLAN , From Platonism to Neoplatonism , Den Haag, 1959, págs. 123 sigs.

16 P. AUBENQUE , El problema del ser en Aristóteles , tr. esp., Madrid, 1974, págs. 37-44.

17 S. MANSION , Symposium aristotelicum I, pág. 69. Véase también en esa misma publicación las interesantes intervenciones de Hirzel, Gadamer, Düring.

18 En Met . V 4 nos dice Aristóteles que phýsis tiene varios sentidos: principio de ser, principio de movimiento, elemento componente, elemento del cual están hechos todos los cuerpos, etc.; pero todos esos diversos sentidos tienen en común un significado fundamental: la phýsis es la ousía de los entes móviles, de los que tienen en sí mismos el principio (activo o pasivo) de su movilidad.

19 Tò òn autò ou gígnetai oudè phtheíretai, ék tinos gàr àn egígneto, Met . 1051b29-30. «El Ser mismo» —que Sto. Tomás identifica con el ente en cuanto ente— es una expresión típicamente platónica, como lo es toda la sentencia. Sto. Tomás comenta: «El ente secundum seipsum no se genera ni se corrompe, pues todo lo que se genera se genera de algo, pero el ente en cuanto ente, el ens simpliciter , no puede generarse de algo, porque no hay algo fuera del ente (simpliciter ), sino sólo fuera de tal ente. De donde el ente puede generarse secundum quid , pero no el ente simpliciter » (In Met . Marietti. Turín, 1911, pág. 458). La sentencia de Aristóteles, tomada aisladamente, bien podría haberla firmado un Parménides o un Platón; pero tomada según el contexto, donde se habla de «substancias separadas» (ousiai chōristaí ) en el sentido de formas que son pura enérgeia , la expresión «el Ser mismo» puede entenderse también en sentido teológico —lo que sería, para Jaeger, otra manera de ser platónico.

20 D. MERCIER , Metaphysique générale ou Ontologie , Lovaina-París, 1919, pág. 12.

21 Para los sentidos en que Aristóteles usa el vocablo «separado» (chōristós ), véase P. AUBENQUE , o. c ., pág. 39. Véanse también las observaciones sobre los usos de este vocablo en un autor mucho más riguroso y equilibrado: W. K. C. GUTHRIE :, Aristotle, an encounter (vol. VI de A Hist. of Greek Philosophy ), Cambridge, 1981, págs. 103, 144, etc.

22 W. BRÖCKER , Aristoteles , Francfort, 1957, pág. 34.

23 M. HEIDEGGER , Einführung in die Metaphysik (curso de 1935), Tubinga, 1952, pág. 14.

24 X. ZUBIRI , Cinco lecciones de filosofía , Madrid, 1963, pág. 55.

25 A. MANSION , Intr. a la Physique Aristotélicienne , Lovaina-París, 1946, pág. 215.

26 P. AUBENQUE , o. c ., pág. 289.

27 Para los análisis del lenguaje en la Física véase J. M. LE BLOND , Logique et méthode chez Aristotle , París, 1939, págs. 308-326. El estudio más importante sobre este aspecto de la filosofía de Aristóteles es el de W. WIELAND , Die aristotelische Physik , Gotinga, 1970, en especial el cap. II.

28 W. WIELAND , «Aristotle’s Physics and the Problem of Inquiry into Principles», en Barnes-Schofield-Sorabji, Articles on Aristotle 1, Londres, 1975, pág. 133.

29 Cf. Tóp . 159b17-23; Analíticos primeros 24b10-12.

30 Cf. G. E. L. OWEN , «Tithenai ta phainomena», en Articles on Aristotle I, pág. 114. La interpretación de Owen, discutida en su día por los eruditos británicos, fue seguida por ACKRILL (ed.), Aristotle’s Ethics , Londres, 1973, y es hoy aceptada por la mayor parte de los investigadores. El paper de Owen corresponde a su ponencia en el Symposium Aristotelicum II, Lovaina, 1960, y publicado en: S. Mansion (ed.) Aristote et les problèmes de méthode , Lovaina-París, 1961.

31 A. MANSION , Intr. à la Phys. arist ., pág. 211.

32 Véase: G. E. L. OWEN , art. c., pág. 116. Owen hace un estudio pormenorizado de alguna de las doctrinas fundamentales de la Física para mostrar la presencia del Parménides .

33 Por ej., E. BERTI , «Aristote et la méthode dialectique du “Parménide” de Platon», Revue Intern, de Phil ., 34(1980), 341-358.

34 Sobre las formas de argumentación del libro VIII véase: E. BERTI , «Les méthodes d’argumentation et de démostration dans la Physique », en DE GANDT & SOUFFRIN (ed.), La physique d’Aristote , París, 1991.

35 W. WIELAND , «Aristoteles als Rhetoriker und das Problem der exoterischen Schriften», Hermes 86 (1958), 324-346. Véase también Die aristotelische Physik , págs. 202-230.

36 Como ya se indicó antes, la pregunta por la phýsis del tiempo equivale a la pregunta por su esencia; el significado fundamental de phýsis en Aristóteles es el de ousía (cf. supra n. 18).

37 Sobre las diversas interpretaciones de esta expresión véase nota ad loc . en el libro IV.

38 Cf. Anal. seg ., I. 1.

39 La pregunta por la existencia del tragélaphos o hircociervo (Sobre la interpretación 16a16; Anal. seg . 92b7; Fis . 208a30), al parecer una referencia usual en la Academia, fue tratada como una hipótesis puramente especulativa y no daba lugar a un serio análisis de su existencia.

40 Cf. Met . 1030a5 ss.; Categorías 3b10.

41 Vid. Anal. Prim . 70a10; Ret . 1355a6 ss. Véase también E. H. MADDEN , «The Enthimeme: Crossroads of Logic, Rhetoric and Metaphysics», Philosophical Review , 61 (1952), 368-376.

42 Hay casos, sin embargo, en los que la argumentación por signos se asemeja a la «semiología» de los médicos empíricos hipocráticos, o a los experimentos que hará después Arquímedes, como cuando en apoyo de la afirmación sobre la corporeidad del aire aduce Aristóteles como signo (sēmeîon ) la diferencia de peso entre un odre vacío y otro lleno (Acerca del cielo 311b9). Pero en cualquier caso, en el discurso semiológico siempre se aducen razones fácticas, no de iure . De ahí que a este tipo de discurso lo adjetive Aristóteles con vocablo eúlogos (razonable), de uso constante en la Física . Habría, pues, dos tipos distintos de racionalidad, la de lo «razonable» y la de lo «necesario» (anankaíon ): la primera se refiere a los hechos (hóti ), la segunda a la causa (dióti ); sólo esta última puede ser apodictica, de iure . Pero la prueba de la existencia sólo puede aducir razones de facto . Sobre los usos de sēmeîon, martýrion y tekmḗrion véase J. DE BLOND , o. c ., pág. 241 ss. Sobre sēmeîon en los hipocráticos hay algunas interesantes observaciones en la citada obra de Laín Entralgo.

43 Así, para Wieland (art. cit., pág. 335), las múltiples pruebas de la inmortalidad del alma en el Fedón de Platón sólo pueden entenderse desde la técnica retórica. Otro tanto se podría decir de las demostraciones de la existencia de Dios en la escolástica medieval.

44 Cf. Fís . 203b15, 213a15, 270b33, etc.

45 Sobre la «tópica» de Aristóteles véase W. WIELAND , Die arist. Physik , § 14 «Die Prinzipien als Topoi».

46 F. DE GANDT , «Sur la determination du mouvement selon Aristote et les conditions d’une mathematisation», en DE GANOT -SOUFFRIN (eds.), La Phys. d’Aristote , pág. 96.

47 Aunque hay también oratoria en la Física . Hay partes que son sobrias notas del autor para sus clases, en forma preliteraria, sin ese pulimiento estilístico que, como todo texto griego, tendrían que haber tenido de haber sido editadas; en ellas lo retórico sólo se encuentra en la manera de argumentar. Pero hay también partes muy bien escritas, con la mejor técnica del discurso oratorio, como, por ej., las páginas iniciales del libro VIII.

48 El texto de Ross no es el ne varietur , algo definitivo que ha superado todas las dificultades. Antes bien, una obra que presenta tantos pasajes deteriorados es siempre mejorable, y muchas conjeturas de Ross son desde luego discutibles. Esperemos que en el futuro surja un nuevo Ross —acaso el mayor especialista en Aristóteles de este siglo— y nos de realmente una nueva edición crítica de la Física .

49 Sobre la transmisión del texto véase D. Ross, Aristotle’s Physics , Oxford, 1936, págs. 102 ss.; véase también H. DIELS , Zur Textgeschichte der aristotelischen Physik , Berlín, 1882 (acaso el antecedente más importante de la obra de Ross), J. BRUNSCHWIG , «Qu’est ce que “La Physique” d’Aristote?», en DE GANDT -SOUFFRIN (eds.), o. c ., págs. 41-52, y las obras citadas en nota 1.

50 Sobre VII véase D. ROSS , o. c ., págs. 11-19; R. WARDY , The chain of change. A study of Aristotle’s Physics VII , Cambridge, 1990; I. DÜRING , Arist ., Heidelberg, 1966, pág. 291.

51 Cf. D. ROSS , o. c ., pág. 10.

52 Cf. W. JAEGER , Arist., tr . esp., México, 1946, pág. 342.

53 Véase D. Ross, o. c ., págs. 3-8; I. DÜRING , o. c ., págs. 292-293. Con respecto a los testimonios antiguos sobre la obra de Aristóteles véase P. MORAUX , Les listes anciennes des ouvrages d’Aristote , Lovaina, 1951; I. DÜRING , Aristotle in the ancient biographical tradition , Gotemburgo, 1957, P. MORAUX , Der Aristotelismus bei den Griechen von Andronikos bis Alexander von Aphrodisias , 2 vols., Berlin-Nueva York, 1973 y 1984.

54 Obsérvese también la preferencia del español por la voz activa en forma tales como «Fulano nació (o murió) el pasado 7 de mayo», que tanto las lenguas antiguas como modernas expresarían en pasiva.

55 Cf. V. GARCÍA YEBRA , Metafísica de Aristóteles , Prólogo a la 2.a ed., Madrid, Gredos, 1982, págs. XLVI-XLVIIl.


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