Читать книгу Los pájaros prefieren volar en la tierra - Diego Oquendo - Страница 5
ОглавлениеFlor, cosa sorprendente, no había soñado nunca. Pese a que sus compañeras de escuela le aseguraban que era fácil: había que cerrar los ojos y dejar volar la imaginación… Ella tuvo siempre los ojos muy abiertos.
Una tarde de verano, sin embargo, en lo más intrincado del bosque, Flor decidió cerrar sus ojos. Se remontó muy alto. Llegó a un castillo que resplandecía en medio de las nubes. Contempló sus torres, las enrejadas ventanas, el puente levadizo y el foso de aguas en calma. Todo lo contempló.
Un príncipe ataviado con ricas vestiduras, cabalgando un blanco corcel, atravesó el puente levadizo. Sonriente, se aproximó a la niña. Descendió del corcel. Hizo una reverencia y le preguntó:
–¿Cómo te llamas?
–Flor.
–¡Hermoso nombre! –exclamó el doncel. E hizo una nueva pregunta:
–¿Cómo viajaste hasta mis dominios?
–Soñando…
–¡Qué coincidencia! Soy el Príncipe de los Sueños o, si lo prefieres, el Príncipe Azul.
–Mis amiguitas me han hablado de usted –le dijo Flor.
–Oh, sí, ya lo creo. También son mis amigas. A propósito, ¿por qué no habías venido antes?
Flor no acertó a responder.
–Despreocúpate –le rogó el gentil caballero. Y añadió: ¿te gustaría conocer los jardines de mi castillo, sus fuentes, sus pájaros de finísimo plumaje? Y bajo el Árbol de Amor talvez te cantaría una canción…
Flor enrojeció. Recordó su modestísimo vestido, sus zapatos en malas condiciones. Abrió sus ojos, despacito, para mirarlos. Cuando los cerró nuevamente el Príncipe había desaparecido. A duras penas contuvo sus lágrimas.
…Y entonces aprendió a soñar. Supo que era necesario cerrar bien los ojos y tenerlos así…, hasta que el Príncipe Azul le cantase una canción a la sombra del Árbol del Amor.
9 de junio de 1964