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El idioma de las brujas

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Con la partida de Chloe, las chicas estaban algo tensas, ninguna se había movido de su asiento. Esperaban que dijera algo o tal vez que continuara con la clase. Me llevó un minuto ordenar mis ideas. Sin Chloe en la sala no la podía continuar, me predispuse a comentarle a Greta mis descubrimientos de su brebaje.

—Anoche investigué un poco, descubrí qué contenía ese trago, lo que produce, es un estado de inconsciencia tan fuerte que no te deja despertar por al menos dos días. Lo que sé, por el momento, es que querían secuestrarlas. Esta noche voy a ir a buscar a Ian para que nos ayude a entender lo que está ocurriendo.

—¿Quién es él? —preguntó Greta, que hasta ahora se mantenía al margen.

—Es un hechicero muy poderoso, también él presume de que es alquimista —dije revoleando los ojos. Su ego era infinito.

—¿Entonces hay hechiceros también? Y ¿brujos blancos? —se apresuró a preguntar Lizi.

—Sí, hay hechiceros y brujos, pero no te confundas, los hechiceros no están dentro de nuestra especie, ellos pueden pertenecer al bien y al mal, los hay buenos y malos, porque uno de su progenitor es un demonio.

Se hizo el silencio con esta última contestación, aún seguía confundida, su expresión me lo revelaba.

—Como en toda especie hay hombre y mujeres, es inevitable para que la vida pueda seguir. Al principio las brujas oscuras se llamaban los hijos de Lilith, pero con el tiempo se fue acortando el nombre y quedó las oscuras, por su descendencia. Eso no quiere decir que sean solamente mujeres, engloba los dos términos. Lo mismo pasó con los hijos de Eva. Que con el tiempo quedó las blancas.

Eso me daba el pie para empezar mi entrenamiento. Me asomé a la puerta y vi a Chloe lista para entrar, ya estaba más calmada.

—Esta mañana vamos a realizar hechizos de magia. Todas lo pueden hacer, ya crecen con magia en sus venas, algunas pueden empezar a hacerlos antes y otras después. Vamos a realizar unos fáciles. —Me dirigí a Lizi—. No te preocupes si no te sale a la primera. Todo requiere concentración y mucha práctica. —Ella asintió con la cabeza—. Primero van a visualizar en la mente lo que quieren hacer. Ahora bien, les voy a pedir que visualicen las hojas del árbol, del otro lado de la ventana, una vez que las puedan ver en sus mentes, van a dejar que caigan. Y cuando estén listas, lo vamos a ver. Hagan una fila de forma ordenada.

Para Greta era muy fácil porque ya sabía cómo realizar hechizos de magia más complicados, después siguió Chloe. Y por último Lizi, le llevó un poco más de tiempo que al resto. Pero lo importante es que lo logró.

—La magia es eso, como verán, en realidad el árbol no perdió sus hojas, sino que ustedes están realizando una ilusión para los demás, excepto ustedes, el resto ve y piensa que ese árbol no tiene hojas. Todos los hechizos de magia son iguales, tienen que visualizar lo que quieren hacer y después la magia está hecha. Con hechizos más poderosos se van a dar cuenta de que con tan solo pensarlo no basta, en ese momento van a utilizar las manos y todo su cuerpo para canalizar la magia. Ahora, por otro lado, están los conjuros o embrujos, como quieran llamarlos, eso es más complicado, ya que requiere otro nivel de concentración, estos conjuros sirven para la transformación de una cosa en otra, hacer explotar algo, como también repararlo. Pueden cegar a la otra persona, teletransportarse, en definitiva, pueden hacer lo que se les ocurra. Estos son hechizos de protección y muchos más violentos que los hechizos de magia. —Ahora que tenía su atención puesta en mis explicaciones, era más fácil hacer que me entendieran.

—Si quieren cegar a la otra persona, tienen que pensarlo y repetir las palabras VISAN JE, pero primero van a tener que aprender el idioma de las brujas.

—¿Cuál es ese idioma? —preguntó con curiosidad Lizi.

—Las brujas tienen un idioma muy antiguo, pero nosotras aprendemos las palabras más importantes, como las partes del cuerpo, también las relacionadas con la naturaleza, como les dije anteriormente, ustedes pueden hacer cualquier cosa, hasta absorber energía de la tierra cuando la necesiten. Por ejemplo: están en una batalla y no tienen armas físicas cerca para defenderse. Un árbol puede ser de mucha utilidad, haciendo un conjuro para que sus raíces o ramas crezcan y así de esa forma inmovilizar a su oponente con las extremidades que hicieron crecer.

El murmullo creció en la habitación de hechicería, ellas todavía no comprendían el poder que tenían en sus manos.

—¿Y en dónde podemos aprender el idioma? —Era una de las pocas veces en que veía a Greta tan interesada en un tema que les enseñaba, por lo general se limitaba a contestar un par de preguntas y a responder los mensajes de su celular.

—En el libro de La primera bruja —le respondí—. Si es que saben cómo buscar. —Hacía falta hacer unas preguntas picantes, y tenía a todas comiendo de mi mano.

—¿A qué te refieres con eso?, te aseguro que a ese libro lo leí un millón de veces y no hay nada.

—Como todo en este mudo, eso también está oculto. Si pasas la mano por su tapa, Greta, y dices la palabra Dimentes, al abrir el libro, ¡él se revelará ante ti!

—Después de realizar un conjuro, ¿cómo hacemos que desaparezca? —preguntó preocupada Lizi.

—Esa es una muy buena pregunta. —Ahora estaban haciendo las preguntas correctas—. ¿Cómo haces para que la música deje de sonar en tu reproductor? —le respondí a Lizi con otra pregunta.

—¡Fácil!, con el botón de stop —dijo entre risas.

—¡Sí!, muy bien. Para que se termine un conjuro tienen que decir Fínnen, y el embrujo va a desaparecer, esa palabra es para todos los hechizos por igual. Ahora quiero que practiquen un conjuro bastante simple, pero que les puede salvar la vida, van a intentar cegar a la otra persona, practiquen hasta que salga medianamente bien. Primero va a empezar Greta con Chloe, quiero ver qué tal lo hacen y después Lizi lo va a intentar con Greta. —Esta última se me quedó mirando con los ojos fuera de órbita.

—¿Por qué conmigo? —exigió levantando la voz y quejándose—, ¿y si me deja ciega? Ya no voy a poder ver a los chicos guapos en la playa.

Parecía que lo único que les preocupaba a estas alturas eran los chicos. Y a las chicas les causó tanta gracia su comentario que no podían dejar de reír.

—¡No te va a pasar nada!, yo lo voy a revertir si algo sale mal. —No podía disimular la sonrisa al contestarle—. ¡Empiecen!

Greta estaba en su primer intento, como era de esperar, no lo logró, hizo que se le nublara la visión a Chloe, pero eso fue todo, en su segundo intento Chloe estaba cegada por completo, mientras Greta peleaba con Chloe amenazándola con que la iba a dejar así, Lizi estaba más retrotraída, no estaba muy cómoda, tal vez había sido mucho por un día. Y quién podía culparla. Ahora era el turno de Chloe, a ella no le fue tan mal, pudo controlarlo después de unos intentos. En cambio, Lizi se resistía a que la magia fluyera.

—Sé que te falta más entrenamiento, tus compañeras te llevan algo de ventaja con respecto a esto, pero no quiere decir que no lo logres hoy. —Tenía que intentar que se relajara y consiguiera el control mental—. Ahora sigue todos los pasos que te diré —le ordené—. Cierra los ojos, empieza a relajar los hombros lentamente, piensa en algo que te dé tranquilidad, en tu casa o en el mar o el campo, o lo que a ti te haga sentir relajada, una vez que consigas eso, piensa que Greta se está aproximando a ti muy lentamente, la puedes ver en el horizonte, pero no quieres que te vea, tú quieres seguir en ese lugar que te transmite paz y para eso tienes que pronunciar las palabras Visan Je. Cuando estés lista abre los ojos y repítelas.

Lizi abrió los ojos muy lentamente y lo hizo tal cual le dije, Greta al instante quedó cegada.

—¡Gracias, Lisa, nunca pensé que podría llegar a hacer algo así! —Desbordaba alegría, y ya había sumado un granito más a su confianza.

—¡De nada!, yo estoy para enseñarles y ayudarlas en todo lo que pueda. —Le devolví la sonrisa.

—Podría alguien hacerle decir las palabras, no se olviden que sigo ciega y no me quiero perder a los galanes —replicó Greta.

Las risas se elevaron y Lizi le rompió el conjuro. Aunque a Greta no le hizo mucha gracia.

—Acá les dejo el libro, sigan practicando que yo vuelvo enseguida —lo coloqué sobre el pupitre le Greta.

Abandoné la sala de entrenamiento para intentar de localizar a Ian Leiss, necesitaba “el libro” que estaba en la biblioteca. Al entrar en ella, tuve que prender la lámpara que estaba sobre el escritorio, las cortinas pesadas no dejaban entrar la luz, era el sitio perfecto para que se escondiera un demonio, si estuviéramos en otro pueblo o ciudad, pensaría dos veces en poner cortinas oscuras. En Rosario estábamos protegidas. Tomé el libro del estante del fondo y me dirigí a la cocina, el ejemplar que tenía en mis manos era una reliquia familiar, y muchos matarían por él, ni siquiera una habitación llena de oro tenía tanto valor como esta reliquia. El libro de las almas, regalo de Tobías Amaya a Elha. Cualquier alma que estuviera viviendo en este planeta, el libro la encontraría, pero para encontrarla había que pagar un precio. El arcángel que lo había creado lo hizo pensando por si caía en manos equivocadas. El seguro que se encontraba en el centro del libro tenía un mecanismo que al intentar abrirlo disparaba una pequeña agujita, para tomar una gota de tu sangre, si el libro consideraba que tus intenciones eran buenas se abriría para quien lo reclamara. No había muchos de estos libros en el mundo. La piel con la que estaba forrado se estaba agrietando en las esquinas. Con los pasos de los siglos sus hojas se habían tornado amarillentas. Cualquier libro con la edad de este ya estaría desintegrado. La magia lo mantenía con vida. Lo coloqué sobre la barra de la cocina e intenté abrirlo, la aguja se clavó en mi dedo anular, esperé a que el seguro se abriera, después de tres largos segundos, escuché un clic, aparté la corredera que mantenía el libro cerrado y lo abrí. Me predispuse a buscar al hechicero, tenía un índice según las especies de seres sobrenaturales que vivían en la tierra, él estaba en la denominación de hechiceros. Sus hojas estaban en blanco, tan solo aparecía lo que uno estaba buscando. En la parte superior de la página del comienzo de los hechiceros había que escribir, con una pluma del arcángel que lo había creado, el nombre y apellido del individuo al que se estaba buscando, en esa misma página aparecieron por arte de magia los datos de mayor interés de Ian Leiss. Lo bueno era que se encontraba en la ciudad de Positano, a poco menos de dos horas en auto. Y lo malo, es que sería muy complicado de persuadirlo en ayudarnos sin meter a Chloe en el medio.

Retomé de nuevo mi papel de profesora. En la sala de hechicería había murmullos nada más. Me acerqué a la puerta. Pero Greta se percató de mi presencia.

—¿Y cómo les fue? —pregunté ansiosa.

—¡Bien! —respondieron a cuórum.

—¡Bueno!, cuéntenme qué hechizo practicaron.

—Estábamos con el hechizo de hacernos invisibles —dijo Greta, señalándome la página del libro que tenía en sus manos—. Aunque Chloe no participó en esta ocasión.

—No presumas de tu don —regañé a Chloe— que después Greta te va a ganar de mano con la teletransportación, y ese sí es un conjuro realmente complicado. Sigamos, ¿y cómo les fue? ¿Qué dificultades encontraron?

—Nos falta más concentración, cuando empezamos a desvanecernos, no llegábamos a desaparecer por completo que ya comenzamos a hacernos visibles de nuevo.

—Eso es así, es un hechizo un poco más complicado, la concentración es fundamental. Intenten hacer lo que le dije a Lizi. —Greta me interrumpió abruptamente.

—¡Lo intentamos también!, pero sigue fallando. —El desánimo era evidente al final de su frase.

—Un consejo, sigan practicando.

Mi comentario no fue bien recibido. Estaban tan ansiosas por ver resultados que no ponían en práctica el procedimiento.

No me gustaba dejarlas solas, pero era por fuerza mayor.

—Esta noche voy a ir a buscar al hechicero, tengo que ir hasta Positano, creo que para el amanecer ya voy a estar de vuelta.

—¿Y por qué no vas ahora? —comentó Chloe—. Es un viaje de dos horas y para el crepúsculo ya estarías—. Fue muy persuasiva con su comentario.

No era mala idea irme ahora. Para antes de que cayera el sol ya tendríamos ayuda.

—Bueno, voy a buscar algunas cosas que necesito y me voy. Pero óyeme bien, señorita, si no llego para el anochecer quiero que pongas un hechizo de protección, se llama Protecxo.

La Corte de los Ángeles

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