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ОглавлениеCapítulo 1
Pueblo nuevo
Era el año 1826. A pesar de la época, el tránsito de personas en Pueblo Nuevo era caótico, mucha gente que corría de arriba abajo tratando de cumplir con sus obligaciones diarias, era una ciudad de esas donde hay mucho bullicio, donde hay mucha gente practicando su propio arte; algunos haciendo reír, cantando, tocando toda clase de instrumentos, actuaciones en vivo, pintura, malabares y narradores de cuentos. Era todo un bullicio enorme que a todos los que no estaban acostumbrados les generaba aquel deseo de salir corriendo de dicho lugar. De nombre aquella concurrida ciudad: Pueblo Nuevo.
A Pueblo Nuevo llegaban todos los productores de los alrededores a ofrecer sus productos que, con tanto esfuerzo producían en el campo. Los sábados y domingos era aún más el número de personas, los mercados se llenaban de lugareños y personas de pueblos cercanos, con el objetivo de ofrecer su producto y así mismo abastecerse de víveres para sus familias. Otros, con un estatus social elevado asistían al teatro para apreciar diferentes artistas que se presentaban en el lugar. Los hijos de estos terratenientes también hacían lo suyo visitando las cantinas y prostíbulos de la ciudad, despilfarrando el dinero de sus padres y viviendo una vida que por muchos era criticada, y por otros muchos envidiada, se hacían llamar los príncipes de la ciudad. En esta selección entraban los hijos de aquellos ricos de las zonas rurales y los hacendados más poderosos, estos últimos dominaban el mercado de la carne, también estaban los banqueros, políticos y comerciantes de posición alta.
En la ciudad, los denominados príncipes hacían lo que querían, tomaban a las muchachas más bellas del pueblo para ellos, pisoteando su dignidad, haciéndoles perder algo muy valioso como la inocencia, deshonrando sus principios; a aquellos ciudadanos de clase media y baja solo les quedaba aguantar estas actitudes, ya que las autoridades formaban parte de la cúpula y respaldaban tales fechorías.
Don Emanuel Cortez se llamaba el alcalde mayor de Pueblo Nuevo. Un hombre con aspecto serio y de carácter firme, características que hacían juego con su elegancia. Un hombre que respaldaba a los suyos, heredero de una gran fortuna incalculable en oro y propiedades. Él y su esposa Lucía concibieron dos hijos: Mario el primogénito, y Martha de veinte años, la joven más hermosa de toda la ciudad y sus alrededores.
A diferencia de sus padres, estos contaban con un corazón noble y humilde, lleno de bondades y con un modo de actuar filantrópico para todos los necesitados. Se relacionaban con las familias más adineradas de la ciudad por mandato de sus padres, quienes les inducían a odiar a los pobres y a todos aquellos que no gozaban del mismo capital que ellos. Odiaban esta filosofía, sin embargo, eran hijos obedientes y cumplidores. De vez en cuando se daban una vuelta por la ciudad para interactuar con las demás personas, disfrutaban de charlas amenas que compartían luego entre los dos hermanos mientras tomaban té. Mario Cortez era un joven muy deseado por las muchachas de la ciudad, ya que contaba con lo suyo en cuanto a belleza se refería. Recién contaba un año de haber regresado de la gran ciudad, donde permaneció por un periodo de cuatro años hasta que se graduó de abogado, carrera que odiaba, ya que a él le gustaba la pintura y la actuación, era amante de la lectura, constantemente se le veía con un libro en la mano. Su forma de actuar era cuestionada por sus padres, ya que el objetivo de haber estudiado el arte de la jurisprudencia era para que se encargara de los asuntos legales de la familia. Le encantaba tanto la actuación que no faltaba los sábados en el teatro, nunca se le había conocido algún amor, en la ciudad lo consideraban un caballero.
Por otro lado, Martha, hermosa, divina, deslumbrante y con una personalidad de encanto; a esta, don Emanuel la quería casar con Celso Aspas, un señor de entre cuarenta y cuarenta y cinco años, con muchísimo dinero, fortuna que nadie sabía su procedencia, ya que hacía cinco años había llegado a Pueblo Nuevo y nadie conocía su historia, no se le conocía ningún tipo de negocio, pero todos conocían de su poder monetario.
Es un hombre hostil, rudo, con un carácter de esos que todos cuestionan y repudian. Se conoce que contrataba personal femenino para el cuidado de su mansión y principalmente para una atención especial a su persona. La gente hacía comentarios negativos de esta situación, ya que se rumoreaba que a las jóvenes que laboraban con él las obligaba a hacer cosas indecorosas aprovechándose de la ingenuidad de las mismas.
A Celso le encantaba la idea de poder casarse con Martha, no perdía oportunidad para halagarla y hacerle comentarios encantadores. En una ocasión se encontró con los hermanos en la plaza.
—Joven Martha, ¿cómo es que camina con tanta tranquilidad sin temer alguna situación lamentable como un secuestro? Lo digo, porque yo me aguanto las ganas de poder cometer tal crimen —dijo Celso, quien terminaba el comentario saludando a Mario—: Joven Mario, un placer saludarle. —Se quitó el sombrero y se inclinó, luego procedió a besar la mano de Martha.
Mientras besaba su mano, Martha respondió:
—Don Celso, usted siempre tan amable, pero considero que dicho acto le haría perder algo muy, pero muy valioso, como lo es la libertad, es decir, no creo que valga la pena. Permiso, adiós, don Celso —contestó la joven en tono amenazador.
—Valdría toda la pena del mundo sacrificar lo que sea que esté bien, joven Martha —terminó el caballero.
A Martha le desagradaba tanto la idea de poder casarse con él que, en muchas ocasiones le mencionaba a su hermano con el que tenía mucha confianza, que quería irse lejos, abandonar todo, y buscar la felicidad en otro lugar, donde pudiera desarrollar su gran talento de ser una cantante reconocida y poder ayudar a los demás con toda libertad, sin depender de la fortuna de sus padres, situación que le traía descontento, ya que su padre era muy criticado en la ciudad por el mal manejo que le daba a los fondos públicos.
Martha era el sueño de todos los jóvenes en la ciudad, y de algunos señorones que por respeto a su padre no se atrevían a hacer del conocimiento de la joven las intenciones hacia ella.
En relación con don Emanuel Cortez, este era criticado por su falta de gestión en la ciudad, ya que gobernaba solo para el sector socioeconómico pudiente.
Este modo de actuar molestaba a sus hijos, quienes de vez en cuando se lo dejaban saber. Esto ponía de mal humor a don Emanuel y a Lucía, padres de los jóvenes.
Una tarde, mientras Martha leía un libro de música en el jardín, apareció su hermano Mario y le dijo:
—Si no fueses mi hermana entendería a cada loco que se muere por ti, estas hermosa, hermanita.
—Si no fuese tu hermana no viviría en esta ciudad, quizás no te conociera… también eres hermoso, tienes un gran corazón, deberías pensar enamorarte de una muchacha de la ciudad. Me encantaría verte tomado de la mano con alguien.
—No está en mis planes eso por ahora, hermanita, pero el día que me enamore serás la primera en saberlo, te lo prometo. ¿Qué dices si le pido a Antonio (criado de confianza de la familia) que nos lleve a la plaza a caminar?
—Me parece muy bien, déjame ir a mi habitación a ponerme un vestido cómodo y nos vamos.
Antonio preparó un carruaje y procedió a esperar a los hermanos a los cuales les tenía mucho aprecio.