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La fidelidad y sus acepciones

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Fidelidad proviene del latín fidelitas (11), que, según el diccionario de la RAE, significa en su primera acepción “lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona”. Su relación con la fe es también relación con las creencias y con el grupo de creyentes. Así solemos entenderlo cuando para hablar de este último grupo decimos “los fieles” y, a veces, de forma redundante, “los fieles creyentes”, reforzando enfáticamente la dimensión de la fe. Existe, por tanto, una estrecha relación entre fidelidad y fe. La fidelidad se relaciona con el hecho de fiarse de alguien. Fiarse, tener(le) confianza. La fidelidad, por su relación con la fe, con la adhesión incondicional a alguien -también a algo-, está unida a la confianza. Sin confianza no se entiende la fidelidad.

Las acepciones de la fidelidad nos llevan a distinguir dos niveles, al menos, que estando conectados entre sí no son reductibles el uno al otro. El primero es el nivel individual: quién es fiel y a qué o a quiénes. El segundo es el institucional: qué grupo, con qué ideología, sobre qué aspectos es fiel y exige fidelidad. La persona que profesa fidelidad o que jura fidelidad, puede hacerlo fuera, al margen o dentro de una institución. La institución, inconcebible sin sus miembros, es o puede ser la depositaria de la fidelidad de sus componentes, de una determinada ideología, de un sistema de creencias o, simplemente, de unas normas de conducta a las que se exige a sus miembros ser “fieles”.

Mi reflexión se va a referir a la fidelidad personal en relación con el contexto institucional dado que gira sobre la VR de las mujeres, es decir, sobre una institución de instituciones (12) y en relación con la sociedad y la cultura actual. Conviene aclarar, además, que dicha institución de instituciones se encuentra, a su vez, en un entorno asociativo mayor, el eclesial, que no hay que confundir con su aspecto y parte más visible, que es la clerical. Cuando me refiera a esta última, hablaré de contexto eclesiástico clerical. La iglesia es una institución, sin duda, pero en su sentido más genuino la entendemos como la comunidad de comunidades y como el Pueblo de Dios. Me detendré más adelante, concretamente, en la relación entre fidelidad e institución, pero el resto del tiempo me estaré refiriendo a los niveles de la fidelidad individual e institucional, relacionadas entre sí.

También indico, ya desde el principio, que aunque mi reflexión parte de la VR de las mujeres y se dirige preferentemente a ella, entiendo el tema y su desarrollo dentro y como parte del sistema social, cultural y político en el que vivo y del formo parte activa. Por esta razón, iré constantemente de uno a otro contexto. Por esta razón, además, el tema no se ciñe solo a la VR, sino que se extiende al resto de la realidad de la que, repito, formo parte como mujer y como religiosa.

La fidelidad en el tiempo

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