Читать книгу La fidelidad en el tiempo - Mercedes Navarro Puerto - Страница 8
Mi punto de partida
ОглавлениеRecuerdo que cuando hice la primera profesión (que se renovaba anualmente hasta la profesión perpetua) pensaba que su provisionalidad no tenía mucho sentido, pues aquella era para mí la profesión definitiva y mis votos eran para siempre. Tenía 19 años, pero en aquel momento, en mi cultura, esa afirmación sonaba normal. Mis compañeras de noviciado pensaban y sentían lo mismo, éramos hijas de aquel momento y de aquella sociedad. El divorcio no había llegado a nuestras leyes y las parejas, para bien y para mal, se casaban “hasta que la muerte” las separaba. Estábamos en un régimen político de dictadura que favorecía lo duradero entendido en oposición al cambio. También recuerdo que en aquellos momentos (yo ingresé en la congregación en 1968) la necesidad de cambio era acuciante y percibíamos, de una manera global y confusa, que este se iba acercando. Para el pueblo, para la gente como yo, el cambio no se oponía a lo duradero. Sin embargo, no se nos ocurría tener que explicarlo, pues quienes deseábamos que las cosas sufrieran las transformaciones necesarias, las que ya se daban en otros países y sociedades avanzadas, nos sentíamos fieles a nuestro tiempo.
Es lógico preguntarse de qué manera se sustituyó una mentalidad en la que la novedad, el cambio y el progreso eran expresión de fidelidad, por otra en la que la misma idea de fidelidad parece contraria a progreso y evolución.
Hoy la Vida Religiosa de las mujeres se las tiene que ver, en efecto, con una mentalidad completamente diferente. Ni mejor ni peor, solo distinta. O mejor en algunos aspectos y peor en otros. Cuando las novicias piden la profesión, somos las mismas religiosas mayores las primeras que nos cuestionamos su permanencia, la duración entre nosotras de quienes van a profesar. Somos las primeras que dudamos y desconfiamos. Eso indica varias cosas. Indica que también nosotras hemos cambiado, que nuestra mentalidad no ha permanecido inalterada, que nuestra idea de la fidelidad no es la misma que teníamos hace unas décadas. Vivimos en un entorno social muy distinto, que sigue influyendo en lo que somos, en cómo pensamos y en cómo nos percibimos y creemos que nos perciben los demás. Esta sociedad, esta cultura, tan complejas y convulsas no caben en fórmulas cerradas, pero algunas descripciones apuntan hacia aspectos que no podemos dejar de tener en cuenta. La “sociedad líquida” o el “mundo líquido” (2) se encuentran entre las fórmulas descriptivas más afortunadas. Más adelante nos detendremos en ello. Por el momento baste decir que es el entorno en donde la fidelidad de la VR de las mujeres puede convertirse en un signo, en una referencia luminosa y portadora de esperanza. Indica, también, que la fidelidad es difícil, aunque en algunos momentos de la historia parezca más sencilla debido a que está socialmente más arropada. Indica que cada generación alberga una cierta sospecha sobre la que le sigue.